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Salud

¿Qué comunidades te operan antes? La espera cae a 121 días

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cirujano le pasan tijeras para vasectomia

La espera para operarse baja a 121 días en España, pero las diferencias entre comunidades dibujan una sanidad desigual y tensa.

La foto que deja el último balance del Sistema Nacional de Salud tiene algo de alivio y bastante de bofetada. La espera media para una operación no urgente bajó a 121 días al cierre de 2025, cinco menos que un año antes, y el porcentaje de pacientes que llevaba más de seis meses aguardando también retrocedió, del 22,9% al 21,6%. Pero el atasco no se ha disuelto, ni mucho menos: 853.509 personas seguían pendientes de una intervención quirúrgica electiva, unas 7.000 más que en diciembre de 2024. Es decir, el reloj corre un poco menos despacio, sí, aunque la sala de espera sigue llena hasta los topes.

Lo decisivo, en realidad, no está en la media nacional sino en el mapa. Ahí es donde el dato se vuelve político, cotidiano y casi corporal. Andalucía cerró 2025 con 173 días de demora media para operarse y Cataluña con 142; Cantabria marcó 137 y Extremadura 135. Al otro lado, Madrid se quedó en 50 días, el País Vasco en 64 y Galicia en 73. La distancia es tan grande que hablar de “la” lista de espera en España resulta casi una cortesía estadística: más bien hay diecisiete ritmos, diecisiete embudos y diecisiete maneras de envejecer aguardando una llamada del hospital.

La media baja, el atasco sigue ahí

Conviene mirar el dato con un poco de calma, sin fanfarrias y sin el automatismo de siempre. El propio balance permite comparar semestres equivalentes, porque la segunda mitad del año suele ofrecer peores resultados en toda la serie. Y, visto así, la mejora existe: diciembre de 2023 cerró con 128 días de espera, diciembre de 2024 con 126 y diciembre de 2025 con 121. La tendencia, por tanto, es mejor que hace dos inviernos. Ahora bien, tampoco hay épica: el sistema sigue ligeramente por encima de los 120 días de diciembre de 2022 y muy lejos de una situación que cualquiera llamaría normal sin ponerse colorado.

La otra pista la da el volumen. Entre 2023 y 2025, el número de pacientes en lista quirúrgica apenas se ha movido en una franja altísima, en torno a las 850.000 personas. No es poca cosa. La mejora en la demora media no se traduce en una caída fuerte del embalse, sino más bien en una circulación algo menos espesa. En 2025 el equilibrio entre entradas y salidas quedó ajustado, mientras la actividad anual siguió apoyándose en una maquinaria enorme, con más de 3,5 millones de intervenciones al año entre urgentes y programadas. Traducido al castellano de la calle: la sanidad pública no está parada, ni mucho menos, pero continúa trabajando con una presión estructural que no termina de aflojar.

El mapa real: un SNS a varias velocidades

Si uno se queda solo con los días de espera, pierde media historia. También importa cuántos pacientes hay en cola por cada mil habitantes, porque no es lo mismo contener una demora con poca presión que hacerlo con una demanda desbordada. En esa tasa, las peores cifras quirúrgicas las firman Cantabria con 24,92 pacientes por mil habitantes, Cataluña con 24,84, La Rioja con 23,80 y Andalucía con 23,51. En el extremo opuesto aparecen la Comunidad Valenciana con 9,91, Castilla y León con 10,57, el País Vasco con 10,81 y Madrid con 11,23. El retrato cambia el foco: no se trata únicamente de cuánto se tarda, sino de cuánta gente está atrapada en la fila.

A partir de ahí, las comparaciones empiezan a incomodar. Andalucía y Cataluña rondan ambas los 200.000 pacientes pendientes de cirugía, con más de un 32% esperando más de seis meses. Madrid, en cambio, acumula 80.525 pacientes, una cifra alta en términos absolutos, pero con solo un 0,8% por encima del medio año y una demora media de 50 días. El País Vasco presenta 24.069 pacientes y apenas un 2,3% por encima de seis meses; Galicia, con 49.554 personas en lista, se mueve en 73 días y un 5,7%. No hace falta retórica inflamable para ver la fractura: un ciudadano puede vivir en el mismo país, cotizar al mismo sistema y, sin embargo, estar dentro de calendarios casi incompatibles.

No solo importan los días, también el tipo de espera

Hay otro matiz que suele escaparse cuando el debate se convierte en una guerra de promedios. Esperar 140 días para una catarata no significa lo mismo que esperar ese mismo tiempo para una prótesis de rodilla o una neurocirugía. El dolor, la pérdida de autonomía, la limitación para trabajar o para moverse, todo eso no cabe limpio en una cifra única. Por eso el dato nacional sirve para abrir la puerta de la noticia, pero no para contar la casa entera. El informe, leído con calma, sugiere precisamente eso: el SNS no padece un atasco homogéneo, sino una suma de cuellos de botella distintos, según la comunidad, la especialidad y el proceso concreto. Esa es la razón de que el discurso triunfalista dure muy poco en cuanto se pisa suelo.

Las especialidades donde el reloj se vuelve más cruel

La especialidad quirúrgica con peor demora media sigue siendo Cirugía Plástica, con 269 días. Detrás aparecen Neurocirugía, con 172, y Angiología y Cirugía Vascular, con 151. En el lado más ágil figuran Dermatología, con 64 días, y Cirugía Cardíaca y Oftalmología, ambas con 77. Pero el volumen añade un segundo sobresalto: Traumatología concentra 200.584 pacientes en espera, Oftalmología 172.974 y Cirugía General 149.749. Es decir, no siempre coinciden la especialidad más lenta y la más pesada; a veces el gran problema no es el peor promedio, sino el volumen monstruoso de gente atascada en áreas muy frecuentes.

Ese detalle ayuda a entender por qué la conversación pública gira tantas veces alrededor de huesos, articulaciones, cataratas y operaciones de alta frecuencia. Los once procesos quirúrgicos seleccionados por el sistema reúnen 295.275 pacientes, el 34,6% del total, y su espera media se sitúa en 93 días. Ahí hubo mejoras en ocho de los once procedimientos, con bajadas llamativas en colecistectomía y corrección de hallux valgus, ambas ocho días menos, y también en prótesis de cadera, cinco días por debajo del año anterior. Suena bien; lo es, hasta cierto punto. El problema llega cuando uno aterriza en las intervenciones con garantía de tiempo máximo y descubre que la palabra “garantía” a veces funciona más como deseo administrativo que como experiencia real del paciente.

Donde más pesa la demora: cadera, rodilla y cirugía compleja

Ahí aparecen los cinco procedimientos sometidos al tope de 180 días en el SNS. El by-pass coronario ofrece la mejor cara, con 54 días de espera media y solo un 1,6% por encima del plazo. La cirugía cardíaca valvular sube a 71 días y un 6,9% de pacientes que superan el máximo. Cataratas se mantiene en 68 días y un 2,6%. El panorama se complica en las prótesis: cadera, 98 días y un 13,7% de pacientes por encima de 180 días; rodilla, 105 días y un 15,9%, el peor registro entre los procesos garantizados. Ahí está uno de los nudos más duros del sistema, uno que no cabe bien en los discursos complacientes porque toca movilidad, dependencia y calidad de vida de una población cada vez más envejecida.

La otra cola: ver al especialista

Mientras el foco mediático se posa en el quirófano, la antesala también se atasca. A 31 de diciembre de 2025 había 84,42 pacientes por cada mil habitantes esperando su primera consulta en atención especializada hospitalaria, alrededor de cuatro millones de personas, con una demora media de 102 días. La cifra mejora tres días frente a 2024, pero la tasa sube 1,2 puntos, y el 61,5% de los pacientes tenía una cita asignada a más de 60 días. Dicho de otra forma, se tarda algo menos, aunque hay más gente esperando entrar en la consulta. El cuello de botella no desaparece: se desplaza, muta, cambia de puerta.

Además, esta parte del balance trae una advertencia metodológica importante y muy poco comentada. Desde diciembre de 2024 se incluyen en el cálculo del porcentaje de espera superior a 60 días pacientes que permanecían en “buzones” pendientes de cita y que ya superaban ese plazo, con el fin de reflejar mejor la realidad. Eso significa que algunas comparaciones largas, esas que suelen lanzarse con demasiada alegría en la tertulia de sobremesa, deben leerse con cautela. Aun así, el mapa territorial sigue siendo elocuente: Navarra marcó 152 días de demora media en consultas, Aragón 138, Andalucía 136, Cataluña 120 y Extremadura 112, mientras La Rioja bajó a 32, el País Vasco a 49, Cantabria a 61, Galicia a 63 y Madrid a 68.

La consulta también parte a España en dos

El detalle fino vuelve a desmontar simplificaciones. Madrid presenta en cirugía una de las mejores demoras del país, pero en consultas suma 965.548 pacientes y una tasa de 134,69 por mil habitantes, la más alta de largo entre las grandes comunidades. El País Vasco, por contraste, combina 49 días de espera media con una tasa mucho menor. En consultas externas, Traumatología lidera la demora con 132 días y Dermatología la sigue con 127, mientras Cirugía General se queda en 61, Ginecología en 64 y Cardiología en 68. Hay una ironía muy sanitaria en todo esto: Dermatología es la especialidad quirúrgica con menos demora para operar, pero una de las más lentas para conseguir la primera cita. El paciente, claro, no vive la estadística por departamentos; vive la cadena completa.

Lo que este descenso no consigue tapar

La noticia, bien leída, no es que España haya resuelto sus listas de espera. La noticia es más áspera y también más reveladora: el promedio mejora, sí, pero el sistema sigue dividido en velocidades difícilmente defendibles como normales dentro de una sanidad que se quiere común. Hay comunidades donde una operación programada entra en un plazo razonable y otras donde se alarga casi medio año; hay territorios que contienen mejor las esperas largas y otros donde una de cada tres personas supera los seis meses; hay especialidades que se aligeran y otras que continúan funcionando como un pasillo sin final.

Por eso el dato de los 121 días merece ser contado sin trampas. No es un fracaso absoluto, porque mejora frente a 2024. Tampoco una victoria para sacar pecho. Es, más bien, una mejora insuficiente sobre un fondo todavía muy desigual: la clase de avance que cabe en una nota estadística, pero no siempre en la vida del paciente que sigue mirando el teléfono y oyendo, al otro lado, lo de siempre: todavía no hay fecha.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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