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PS Plus pierde 7 juegos en mayo: ¿cuáles se van?

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Qué juegos trae PS Plus en enero de 2026

PS Plus pierde Control, Sand Land y otros juegos en mayo, con una despedida que convierte el catálogo en una cuenta atrás incómoda de verdad

PlayStation Plus Extra y Premium ya tiene marcado el próximo pequeño desalojo del catálogo: el 19 de mayo de 2026 saldrán varios títulos de PS5 y PS4 que hasta ahora podían jugarse con la suscripción. La lista deja un nombre por encima del resto, Control Ultimate Edition, una de esas obras que no conviene dejar enterrada en el menú como quien guarda un abrigo en verano. También se marchan Sand Land, Soul Hackers 2, MotoGP 25, Mortal Shell, The Dark Pictures Anthology: Man of Medan y The Dark Pictures Anthology: Little Hope; algunas tiendas y medios cuentan ocho entradas porque separan Mortal Shell y Mortal Shell: Enhanced Edition, pero el bloque real se mueve en torno a siete juegos principales.

La consecuencia práctica es sencilla, y bastante menos amable que el mármol azul de la interfaz de PlayStation: cuando un juego sale del catálogo de Extra o Premium, no basta con haberlo descargado antes. Deja de estar disponible mediante la suscripción y, salvo que el usuario lo compre, se apaga la luz. No es como los juegos mensuales de Essential reclamados mientras están activos; el catálogo de Extra y Premium funciona como una biblioteca rotatoria, cómoda, amplia, pero con puertas giratorias. Extra da acceso a un catálogo amplio de juegos con incorporaciones regulares, mientras Premium añade ventajas como clásicos, pruebas de juego y streaming en determinados mercados.

La salida de mayo toca una fibra sensible del catálogo

No estamos ante una limpieza menor de nombres olvidados en una esquina. Mayo se lleva un puñado raro, desigual y bastante representativo de lo que PS Plus ha sido en los últimos años: un escaparate donde caben la acción de autor, el rol japonés, el terror de sofá, la simulación deportiva anual y esa clase de aventuras que uno siempre cree que jugará “cuando tenga un hueco”. El hueco, por cierto, suele llegar justo cuando el juego anuncia su despedida. Qué casualidad tan humana.

El caso más evidente es Control Ultimate Edition. La edición incluye el juego principal de Remedy y sus expansiones La Fundación y SMA, el nombre español de AWE, dentro de un único paquete. En PS5, además, cuenta con mejoras visuales como resolución 4K, trazado de rayos y modo de rendimiento a 60 imágenes por segundo. No es un detalle cosmético: Control gana mucho cuando sus pasillos imposibles, sus oficinas suspendidas en un mal sueño burocrático y sus combates telequinéticos se mueven con esa fluidez seca, casi clínica.

La otra gran pérdida, por carga simbólica, es Sand Land. No solo porque sea un RPG de acción de Bandai Namco para PS4 y PS5, lanzado el 25 de abril de 2024, sino porque procede del universo creado por Akira Toriyama, el autor de Dragon Ball. Su mundo desértico, con humanos y demonios peleando contra la escasez de agua, tiene esa mezcla tan suya de aventura infantil, chatarra con encanto y melancolía limpia. Una especie de Mad Max con mejillas redondas, tanques imposibles y humor de polvo al sol.

Control Ultimate Edition, la prioridad más sensata

Si solo hay tiempo para uno, Control Ultimate Edition debería ser el primero. No por obedecer al consenso, que a veces parece un rebaño con WiFi, sino porque es el juego más completo, más redondo y más difícil de sustituir de los que se marchan. Puede haber más RPG, más juegos de terror episódico y más simuladores de motos, pero no abundan obras que conviertan un edificio administrativo en una catedral de lo paranormal. Remedy hizo aquí algo bastante delicado: mezclar acción en tercera persona, ciencia ficción, terror burocrático, humor helado y arquitectura brutalista sin que el resultado pareciera un mueble montado con instrucciones de tres cajas distintas.

La protagonista, Jesse Faden, entra en la Agencia Federal de Control como quien abre una puerta que llevaba años respirando al otro lado. Lo que encuentra no es solo una organización secreta, sino un espacio que se deforma, se repliega y se ríe de la lógica con cara de funcionario. El jugador levita, lanza muebles, arranca trozos de pared, dispara con un arma que no termina de ser un arma y atraviesa documentos clasificados que parecen escritos por Kafka después de tomarse tres cafés malos en un ministerio.

Por qué Control encaja mejor en la cuenta atrás

Hay otra razón menos literaria y más útil: Control se puede jugar con cierta dignidad antes del 19 de mayo. La historia principal no exige una vida paralela. No es uno de esos mundos abiertos que te miran desde el mapa con 137 iconos, como si estuvieran reclamando la custodia compartida de tus tardes. La campaña puede completarse en una ventana razonable y las expansiones aportan capas interesantes, sobre todo para quien disfrute del universo conectado de Remedy. La Ultimate Edition tiene valor precisamente por eso: no entrega solo el tronco, también ramas, sótano y fantasmas.

El jugador que tenga PS5 debería darle prioridad todavía con más claridad. La mejora técnica no transforma Control en otro juego, pero sí le quita polvo a sus virtudes. El combate se lee mejor, la iluminación gana intención, el edificio pesa más. Y Control necesita peso. Sus habitaciones no son simples habitaciones; son peceras de luz fría, archivos, ascensores, pasillos que huelen a moqueta vieja y secreto gubernamental. Una fantasía muy poco épica en apariencia, pero de las que se quedan haciendo ruido.

Sand Land y Soul Hackers 2: dos despedidas con otro valor

Sand Land es la recomendación para quien busque una aventura más luminosa, aunque su premisa tenga el agua como ausencia. Su atractivo no está únicamente en la acción ni en la progresión de rol, sino en el carácter del mundo. Toriyama tenía una manera muy particular de dibujar máquinas que parecían juguetes serios, cacharros con alma de lata caliente. El videojuego recoge esa herencia con vehículos, exploración y un grupo de personajes que avanzan por un desierto donde cada depósito, cada fuente y cada pieza mecánica parece tener valor de tesoro doméstico.

El problema de Sand Land, pensando en la fecha límite, es su duración. No es una partida de una tarde. Requiere más margen, más paseos, más tolerancia al ritmo de aventura. Quien empiece puede avanzar bastante, incluso terminarlo si organiza bien sus sesiones, pero no es el título más cómodo para exprimir a contrarreloj. Eso no lo hace menos recomendable. Al contrario: quizá sea el juego que más se lamentará quien lo haya ido aplazando por esa enfermedad moderna del suscriptor, el “ya lo jugaré”. Spoiler: el “ya” caduca.

Soul Hackers 2, por su parte, habla para un público más concreto. Atlus lo presenta como un RPG sobrenatural de invocadores, demonios y Japón ciberpunk, con una trama sobre el fin del mundo y una guerra soterrada entre facciones capaces de usar poderes sobrenaturales. No entra tan fácil como un juego de acción directo; pide al jugador aceptar sus códigos, su estilo, sus menús, sus fusiones y su pulso de rol japonés. Pero quien conecte con esa liturgia —neón, apocalipsis, conversaciones densas, demonios con carisma raro— encontrará una despedida más dolorosa de lo que parece a simple vista.

Aquí la cuestión vuelve a ser el reloj. Los RPG de Atlus no suelen prestarse al picoteo inocente. No se entra cinco minutos, se saluda a un demonio y se sale. Exigen mesa, mantel y paciencia. Por eso Soul Hackers 2 no es necesariamente la prioridad universal, pero sí una alarma clara para quien ya lo tenía empezado o llevaba meses orbitándolo. Mayo le pone una fecha a esa órbita.

Terror breve para una noche larga: Man of Medan y Little Hope

La salida simultánea de The Dark Pictures Anthology: Man of Medan y The Dark Pictures Anthology: Little Hope tiene una lectura curiosa. No son los juegos más grandes de la lista, ni los más prestigiosos, pero quizá sí los más abordables antes de que desaparezcan. Supermassive Games construyó con The Dark Pictures una serie de relatos de terror interactivo donde la gracia está en decidir mal, sospechar de todos, mirar cada puerta como si detrás hubiese una factura pendiente y aceptar que el grupo de personajes puede salir bastante peor de lo que entró.

Man of Medan lleva al jugador hacia una historia marítima, húmeda, oxidada, con ese terror de barco abandonado donde el metal cruje como si recordara cosas. Little Hope cambia el agua por la niebla, el pueblo maldito y la sombra de los juicios por brujería. Son experiencias más narrativas que mecánicas, apoyadas en decisiones, exploración ligera, tensión y quick time events. Dicho en castellano limpio: juegos para apagar la luz, sentarse con alguien al lado y discutir cada elección como si uno estuviera negociando un tratado internacional. Y luego pulsar mal el botón, claro.

Su ventaja está en la escala. Frente al compromiso de Sand Land o Soul Hackers 2, estos dos títulos pueden liquidarse en pocas sesiones. No conviene despreciarlos por eso. En un catálogo donde muchas obras compiten por horas que nadie tiene, el terror breve puede ser un regalo. También son buenos candidatos para quienes no buscan empezar una relación larga con un videojuego, sino pasar un fin de semana con algo de susto, palomitas y mala leche narrativa.

La salida de ambos juegos, además, deja un pequeño hueco en una zona cada vez más apreciada del catálogo: la del juego social sin ser multijugador competitivo. No todo tiene que ser subir rangos, farmear materiales o entrar a un chat de voz con desconocidos que gritan como si estuvieran defendiendo Numancia. A veces basta con una historia tensa, una decisión incómoda y una muerte absurda por haber confiado en el personaje equivocado.

Mortal Shell y MotoGP 25, dos públicos muy distintos

Mortal Shell ocupa el espacio de los jugadores que disfrutan sufriendo con elegancia. Es un soulslike compacto, áspero, con combate deliberado y una atmósfera de ruina viscosa. No tiene el volumen de un Dark Souls ni pretende tenerlo. Su atractivo está en otra parte: en el golpe seco, en el aprendizaje por castigo, en esa sensación de entrar en un mundo que no te odia personalmente, aunque lo disimule fatal. La existencia de Mortal Shell: Enhanced Edition complica el recuento de la lista porque algunas publicaciones la separan como ficha propia para PS5, mientras otras agrupan ambas versiones bajo el mismo juego. De ahí el baile entre siete juegos y ocho entradas.

Para quien disfrute de este tipo de diseño, Mortal Shell puede ser una buena despedida de catálogo porque no exige una eternidad. Es denso, sí, pero no gigantesco. Tiene más de piedra negra que de enciclopedia. El usuario que llegue desde Elden Ring o Lords of the Fallen encontrará algo más pequeño, más crudo, quizá menos espectacular, pero con personalidad. Y a estas alturas eso cuenta. Mucho.

MotoGP 25 juega otra liga. La del calendario anual, los circuitos oficiales, la física, los reglajes y esa obsesión extraña por recortar una décima en una curva que antes parecía inofensiva. Milestone destaca en el juego el uso de Unreal Engine 5, los sonidos de motos grabados en pista y la presencia del campeonato oficial con pilotos y circuitos de la temporada 2025. No es un título para todo el mundo, pero quien sabe distinguir una frenada limpia de una entrada suicida probablemente ya entiende su atractivo sin demasiada literatura alrededor.

La cuestión con MotoGP 25 es distinta: al ser un juego deportivo ligado a una temporada, su valor dentro de un servicio como PS Plus depende mucho del perfil del jugador. Para el aficionado al motociclismo, perderlo puede molestar; para quien lo tenía como curiosidad, quizá baste con unas carreras antes de la fecha límite. No necesita el mismo tipo de compromiso emocional que Control ni el mismo pacto de duración que Sand Land. Se entra, se cae, se ajusta, se vuelve a caer con más dignidad. Hay belleza en eso también.

El pequeño lío de contar siete u ocho juegos

La noticia se ha contado de dos formas y ambas tienen una explicación razonable. Algunos titulares hablan de siete juegos porque agrupan Mortal Shell y su Enhanced Edition dentro del mismo nombre principal. Otros elevan la cifra a ocho títulos o entradas porque PlayStation Store y varias publicaciones distinguen entre la versión estándar y la edición mejorada. No es un terremoto informativo, pero sí conviene aclararlo para no convertir una diferencia de catálogo en una conspiración de sótano.

El bloque que debe vigilar el suscriptor queda claro: Control Ultimate Edition, Sand Land, Soul Hackers 2, MotoGP 25, Mortal Shell, Man of Medan y Little Hope, con la particularidad de Mortal Shell Enhanced Edition en el recuento por versión. Todos están vinculados a la rotación de mayo y la fecha que aparece en las informaciones actualizadas es el 19 de mayo de 2026.

Este tipo de matices importan porque PS Plus ya no se consume como una simple lista de “juegos gratis”, expresión cómoda pero bastante engañosa. El usuario paga una suscripción, accede a un catálogo y convive con entradas y salidas mensuales. La biblioteca parece estable hasta que deja de serlo. No hay drama, pero sí una regla que conviene recordar: descargar no equivale a conservar cuando se habla del catálogo de Extra y Premium. Comprar, sí. Reclamar juegos mensuales de Essential mientras están disponibles, también bajo las condiciones del servicio. Pero el catálogo rotatorio tiene otro contrato emocional: te presto esto hasta que deje de prestártelo.

La rotación de PS Plus también cuenta cómo jugamos

La marcha de estos juegos llega justo después de que PlayStation Plus reforzara en abril su catálogo Extra y Premium con nombres como The Crew Motorfest, Horizon Zero Dawn Remastered, Football Manager 26 Console y Warriors: Abyss, disponibles desde el 21 de abril. Ese es el pulso del servicio: una mano entrega, la otra retira. En medio, el jugador intenta decidir qué merece su tiempo, que es la moneda más escasa de todas, bastante más que los puntos de fidelidad y las ofertas de temporada.

Ahí está la paradoja. Cuanto más grande es el catálogo, más fácil resulta no jugar a nada. La abundancia produce una pereza muy fina, casi educada. Uno abre PS Plus, ve cientos de juegos, entra en tres fichas, duda, mira un tráiler, vuelve al menú, acaba jugando lo de siempre. Cuando llega la sección de “última oportunidad”, el catálogo deja de ser un buffet y se convierte en una cuenta atrás. No hace falta ponerse solemnes, pero funciona. La escasez, incluso cuando es fabricada por una licencia que termina, ordena el deseo.

En ese paisaje, mayo deja una recomendación bastante clara. Control Ultimate Edition es la elección más fuerte para quien quiera jugar algo memorable antes de que desaparezca. Sand Land merece atención si apetece una aventura con sello de Toriyama y sabor a desierto mecánico. Soul Hackers 2 pide amor por el rol japonés. The Dark Pictures ofrece terror rápido y compartible. Mortal Shell queda para quienes prefieren que el juego les mire con desprecio. MotoGP 25, para quienes escuchan una moto y no oyen ruido, sino geometría.

El catálogo se mueve, el jugador decide

La salida de mayo no hunde PlayStation Plus, ni mucho menos, pero sí recuerda la naturaleza exacta del servicio. PS Plus Extra y Premium no son una estantería propia, sino una sala con alquiler, luces bonitas y fecha de cierre para algunas obras. Se disfruta mientras están. Luego, se compran o se pierden. Así de poco romántico, así de claro.

Entre todos los juegos que se van, Control Ultimate Edition es el que más merece ser rescatado antes del 19 de mayo. Tiene entidad, duración razonable, edición completa y una identidad que no se encuentra todos los meses en el catálogo. Sand Land queda como la despedida más cálida; Soul Hackers 2, como la más de nicho; The Dark Pictures, como el plan más fácil para una noche; Mortal Shell, como el reto compacto; MotoGP 25, como la curva rápida que se puede probar sin casarse con ella.

Mayo, en realidad, no borra solo juegos. Borra excusas. Y esta vez la primera excusa que conviene borrar es la de dejar Control para más adelante.

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