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Los nombres que marcaron el flamenco en Jerez en 2025

Jerez reunió a figuras del cante, el baile y la guitarra en una ceremonia con premios, música y memoria.

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Premios Nacionales de Flamenco 2025

Mayte Martín, Juan Manuel Cañizares, Ana María Bueno, Juan Villar, Cristina Cruces, Eulalia Pablo, José María Castaño y Calixto Sánchez figuran entre los distinguidos en la edición de 2025 de los premios que concede la Cátedra de Flamencología y Estudios Folclóricos Andaluces de Jerez. La relación reconoce tanto a intérpretes como a personas dedicadas a la investigación y la difusión, y se completa con tres galardones Copa Jerez para artistas de la ciudad: Enrique Soto, José Quevedo, conocido como Bolita, y Leonor Leal.

La ceremonia se celebró el 8 de noviembre en los Museos de la Atalaya, en Jerez de la Frontera, con actuaciones de artistas flamencos y la participación de la Orquesta Álvarez Beigbeder. La cita dio continuidad a unos galardones creados en 1964 y recuperados en 2023 tras más de una década sin celebrarse. Su historia y su estructura explican por qué la convocatoria mira a la vez al panorama nacional y a la tradición artística local.

Los galardones de 2025 y sus protagonistas

El reconocimiento al cante fue para Mayte Martín; el de baile, para Ana María Bueno, y el de guitarra, para Juan Manuel Cañizares. La categoría de maestría distinguió a Juan Villar, mientras que José María Castaño recibió el premio a la divulgación y Cristina Cruces, el de investigación. Eulalia Pablo obtuvo el premio especial de investigación, y Calixto Sánchez fue reconocido con la Cátedra de Honor. En conjunto, las distinciones abarcan interpretación, conocimiento y transmisión del flamenco, en lugar de limitarse a una sola faceta artística.

Los tres premios Copa Jerez recayeron en Enrique Soto, en la modalidad de cante; José Quevedo, Bolita, en guitarra, y Leonor Leal, en baile. La categoría introduce una dimensión local dentro de una ceremonia que también reconoce trayectorias de alcance nacional. Así, el listado combina nombres asociados a distintos oficios y labores del flamenco, desde el escenario hasta la investigación, sin presentar las categorías como si midieran una misma actividad.

La variedad importa porque el flamenco no se sostiene solo sobre quien canta, toca o baila ante el público. También depende de quienes estudian sus formas, documentan su historia y explican sus repertorios. Que esas tareas tengan un espacio propio en la relación de premiados deja ver una idea amplia del patrimonio flamenco: el arte vivo y el trabajo que permite conocerlo y hacerlo circular forman parte de una misma cultura.

Qué distingue a los premios nacionales de la Copa Jerez

La división entre los premios nacionales y la Copa Jerez es uno de los rasgos centrales de esta edición. Las categorías nacionales abarcan cante, guitarra y baile, pero también maestría, divulgación, investigación, investigación especial y Cátedra de Honor. La Copa Jerez, en cambio, se organiza en torno a cante, guitarra y baile y distingue a artistas locales. No se trata, por tanto, de dos nombres para un mismo premio, sino de dos ámbitos de reconocimiento que conviven en la gala.

Ese reparto ayuda a entender el papel de la Cátedra como entidad dedicada al flamenco desde Jerez. La ceremonia pone en relación a artistas y estudiosos de distintas procedencias con nombres vinculados a la ciudad. En lugar de hacer que la tradición local quede al margen de una distinción de alcance nacional, la Copa Jerez la incorpora de manera explícita y reserva un espacio para sus intérpretes.

La diferencia también permite reconocer trabajos que no son comparables entre sí. La labor de un cantaor no se evalúa con el mismo criterio que la de una investigadora o una persona dedicada a divulgar el arte jondo. Por eso, las categorías temáticas amplían el mapa de los premiados: muestran que la continuidad del flamenco requiere escena, estudio y difusión, además de figuras con una trayectoria interpretativa reconocida.

Una institución con raíces en 1964

La Cátedra de Flamencología y Estudios Folclóricos Andaluces de Jerez presentó los nombres el miércoles 15 de octubre en el Palacio de Villapanés, sede de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento. En el acto participaron el presidente de la Cátedra, Francisco Pereira; el delegado municipal de Cultura, Francisco Zurita; el responsable de la Fundación Unicaja en Cádiz, Javier Vela, y el artista jerezano Luis Márquez, autor del cartel. También acudió Jesús López, presidente del Club Filatélico Jerezano, que preparó un sello conmemorativo.

La antigüedad de los galardones fue uno de los elementos destacados durante la presentación: fueron creados en 1964. Sin embargo, su trayectoria no ha sido ininterrumpida. En 2023 volvieron a celebrarse después de más de una década de paréntesis, y la edición de 2025 afianzó esa reanudación con una nueva ceremonia. La diferencia entre tener una historia larga y mantener una continuidad anual es relevante: la recuperación reciente forma parte del contexto con el que se entiende esta convocatoria.

Zurita vinculó la actividad de la Cátedra con el conocimiento, la investigación y la difusión del flamenco, y situó esa tradición en el marco de la candidatura de Jerez a Capital Europea de la Cultura en 2031. La alusión explica el interés institucional por la cita, aunque los premios tienen un propósito propio: reconocer el trabajo y la dedicación de quienes contribuyen al arte flamenco. El respaldo del Ayuntamiento y de entidades colaboradoras permitió organizar el acto, pero la razón de ser de los galardones es cultural.

La ceremonia convirtió la entrega en un espectáculo

La gala reunió a intérpretes y músicos en una mañana construida alrededor de la entrega de premios y de actuaciones en directo. La Orquesta Álvarez Beigbeder de Jerez participó junto al guitarrista Santiago Lara, con dirección musical de José Colomé. El programa incluyó una pieza de Lara vinculada a su primera obra sinfónica, estrenada en 2023, y contó con percusión de Carlos Merino. La presencia de la orquesta situó la guitarra flamenca en un formato distinto al recital habitual, en diálogo con una formación sinfónica.

Entre los artistas anunciados para la gala estaban José Méndez, Miguel Lavi, Lidia Hernández, Felipa del Moreno, Eva Ruiz-Berdejo, Fernando Galán, Miguel Téllez, Antonio Higuero y Nono Jero. Santiago Lara y la orquesta completaban un programa que enlazó cante, baile y guitarra con la entrega de los reconocimientos. La diversidad de nombres no funcionó como un simple acompañamiento ceremonial: permitió que distintas expresiones del flamenco ocuparan el escenario durante el acto.

La gala evocó también al bailaor Fernando Belmonte. Fernando Galán, Eva Ruiz-Berdejo y Miguel Téllez, vinculados a su Ballet Albarizuela, recuperaron la coreografía Benamor, asociada a la trayectoria del grupo en la década de 1980. Ese momento añadió una dimensión de memoria a la ceremonia: además de premiar a artistas vivos y reconocer trabajos, el programa recuperó una pieza ligada a otra etapa de la danza flamenca jerezana. La tradición apareció así como una práctica que se transmite y se recuerda.

Otros pasajes del espectáculo reunieron a Miguel Lavi con cantes de corridos y romances y una interpretación por seguiriyas, acompañado por la guitarra de Nono Jero. Felipa del Moreno actuó con Antonio Higuero, y José Méndez participó acompañado también por Higuero. El cierre musical contó con Lidia Hernández y la orquesta en una interpretación de La canción de Andalucía, obra de Manolo Sanlúcar. La programación, por tanto, no se limitó a anunciar ganadores: hizo de la entrega una muestra de repertorios y generaciones.

Reconocimientos que abarcan el escenario y el estudio

Los premios de interpretación distinguieron tres disciplinas fundamentales del flamenco. Martín recibió el reconocimiento de cante, Bueno el de baile y Cañizares el de guitarra. En la ceremonia, los tres galardones tuvieron circunstancias distintas: José Gálvez recogió el de Martín, que no pudo asistir por motivos profesionales; José Antonio, antiguo director del Ballet Nacional, entregó el de Bueno, y María José Santiago hizo entrega del correspondiente a Cañizares. La entrega presencial y la recepción en nombre de otra persona formaron parte de una ceremonia con numerosos participantes.

Juan Villar fue reconocido por su maestría, aunque el premio lo recogió María Vargas. La distinción a Calixto Sánchez, Cátedra de Honor, cerró la entrega de premios nacionales, y el artista recibió el reconocimiento de Javier Vela, de la Fundación Unicaja. En el caso de Cristina Cruces, el premio a la investigación destacó una tarea distinta de la interpretación; Eulalia Pablo recibió el premio especial en ese mismo ámbito, que recogieron sus nietos Alba y José. La ceremonia reunió trayectorias y formas de trabajo muy diferentes, sin reducirlas a una única definición de excelencia flamenca.

José María Castaño fue distinguido por su labor de divulgación. El premio señala la importancia de comunicar y acercar el flamenco, una tarea que acompaña al escenario y al estudio, pero que tiene sus propios métodos y públicos. La combinación de divulgación e investigación en el palmarés también permite diferenciar dos trabajos relacionados: producir conocimiento y hacerlo accesible no son necesariamente la misma labor, aunque ambos contribuyan a que el arte se conozca más allá de su práctica inmediata.

La diversidad de las categorías revela además que el reconocimiento cultural no siempre se expresa como una competición directa entre artistas. En algunas disciplinas se distingue una interpretación; en otras, una trayectoria, un trabajo de investigación o una dedicación a la difusión. El resultado es un palmarés que ofrece varias puertas de entrada al mundo flamenco y recuerda que su historia depende tanto de las figuras visibles como de quienes conservan, interpretan y explican sus formas.

La memoria local también tuvo un lugar en la gala

La Copa Jerez distinguió a Leonor Leal en baile, a José Quevedo, Bolita, en guitarra y a Enrique Soto en cante. Sus premios aportaron a la ceremonia un foco específicamente jerezano dentro del reconocimiento general. En el caso de Leal, la entrega tuvo un vínculo personal con sus comienzos: recibió el galardón de manos de la maestra Angelita Gómez, con quien dio sus primeros pasos en el flamenco. El gesto conectó el reconocimiento público con la transmisión entre maestras y artistas.

Bolita recibió su premio de manos de la alcaldesa de Jerez, y el reconocimiento de Soto fue entregado por Luis El Zambo. Más allá de quién presentó cada galardón, la ceremonia mostró que las categorías locales no son un añadido menor al programa. Se integraron en la misma secuencia que los premios nacionales y dieron visibilidad a artistas de la ciudad en los tres campos que organizan la Copa: cante, guitarra y baile.

La memoria apareció también en el homenaje a Belmonte y en el recuerdo de las personas que han formado parte de la cultura flamenca de Jerez. Esa combinación explica por qué una gala de premios puede funcionar a la vez como celebración y como archivo escénico: algunas trayectorias se reconocen con un galardón, otras reaparecen en una coreografía o en una interpretación. El escenario sirve para mostrar el presente, pero también para traer al presente aquello que lo precedió.

El cartel, el sello y la dimensión cultural de Jerez

La edición incorporó un cartel específico, realizado al óleo por el artista jerezano Luis Márquez. La obra buscaba representar el cante, el baile y la guitarra, e incluía un homenaje a las mujeres mayores y a sus maneras de bailar y vivir. La pintura estaba destinada a ser donada a una institución social de la ciudad. Ese destino añadió una dimensión solidaria a una pieza concebida para anunciar el acto, sin desplazar el centro de la convocatoria: reconocer el trabajo ligado al flamenco.

El Club Filatélico Jerezano preparó además un sello conmemorativo presentado durante el anuncio de los premios. Cartel y sello son objetos distintos, pero comparten una función: fijar una edición concreta y asociarla con una imagen. La gala no quedó documentada únicamente mediante los nombres de los galardonados; también dejó una obra visual y una pieza filatélica vinculadas a la convocatoria. Son formas de memoria material que acompañan a los registros escritos y a las actuaciones.

El Ayuntamiento relacionó la defensa de las raíces culturales de Jerez con su candidatura a Capital Europea de la Cultura en 2031. Esa conexión sitúa los premios en una conversación más amplia sobre la proyección cultural de la ciudad, pero no convierte a los galardones en un acto de candidatura. Su recorrido arranca mucho antes: nació en 1964, atravesó un largo paréntesis y fue recuperado en 2023. La continuidad, más que el anuncio de una sola gala, es el desafío que deja esta historia.

Una fecha anunciada con horarios distintos

La entrega se celebró el sábado 8 de noviembre en los Museos de la Atalaya, con acceso abierto hasta completar el aforo. En la información difundida antes del acto aparecieron dos horarios distintos: una referencia situaba la gala a las 12, mientras que el detalle del programa la anunciaba para las 11:30. Por esa discrepancia, la hora no puede fijarse de manera inequívoca a partir de los datos publicados antes de la celebración; la fecha y el lugar, en cambio, coinciden en la convocatoria.

La diferencia no altera el dato principal para entender la edición: la ceremonia tuvo lugar en Jerez y reunió a los premiados, artistas invitados y representantes de las entidades vinculadas a la organización. También recuerda que las notas previas pueden contener ajustes o datos discordantes, sobre todo cuando el programa se difunde en más de una versión. En este caso, lo riguroso es señalar la divergencia y no presentar uno de los horarios como definitivo sin confirmación.

En la sala, la entrega enlazó los reconocimientos con actuaciones y homenajes, mientras que el palmarés abarcó desde el cante, la guitarra y el baile hasta la investigación y la divulgación. Esa mezcla resume el sentido de la convocatoria: preservar el lugar de Jerez en la cultura flamenca y reconocer que el arte se mantiene vivo tanto en el escenario como en quienes lo estudian y lo transmiten. La edición de 2025 prolongó una tradición recuperada y volvió a ponerla en manos de sus artistas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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