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¿Por qué viaja el jefe de la CIA a Moscú en plena guerra de Ucrania?
El director de la CIA viaja a Moscú para mantener reuniones en plena guerra de Ucrania, con una agenda secreta y muchas incógnitas abiertas.

El director de la CIA, John Ratcliffe, ha viajado este martes 25 de agosto a Moscú para mantener reuniones con responsables rusos cuyo contenido no ha sido revelado. El desplazamiento supone la primera visita conocida de Ratcliffe a Rusia desde que asumió la dirección de la agencia de inteligencia estadounidense en enero de 2025.
El viaje llega, además, en un momento especialmente delicado. Las negociaciones impulsadas por Estados Unidos para buscar una salida a la guerra de Ucrania continúan sin resolver las grandes diferencias entre Moscú y Kiev, mientras los ataques sobre territorio ucraniano y ruso siguen marcando el ritmo militar. De momento, ni Washington ni el Kremlin han explicado con quién se reúne Ratcliffe ni cuál es la agenda. Y ahí está precisamente buena parte de la importancia de la noticia.
Ratcliffe llega a Moscú sin una agenda pública
El jefe de la CIA se encuentra en la capital rusa para mantener varios encuentros de alto nivel, aunque los detalles permanecen bajo una considerable reserva. No se han comunicado oficialmente los nombres de sus interlocutores ni el contenido concreto de las reuniones.
Tampoco existe, por ahora, una explicación pública detallada del desplazamiento. La CIA mantiene silencio sobre los movimientos de su director y las autoridades rusas tampoco han desvelado quién recibe al funcionario estadounidense. En asuntos de inteligencia, por supuesto, la transparencia suele llegar con cuentagotas. A veces ni llega.
Lo que sí parece claro es que estamos ante un desplazamiento poco habitual. Ratcliffe no había realizado hasta ahora una visita conocida a Moscú como director de la CIA, aunque el contacto entre los servicios secretos de ambos países nunca desapareció por completo, ni siquiera durante los momentos más tensos de la invasión rusa de Ucrania.
El perfil del visitante tampoco es menor. Ratcliffe fue director de Inteligencia Nacional durante el primer mandato de Donald Trump y tomó posesión como jefe de la CIA el 23 de enero de 2025. Es la primera persona que ha ocupado ambos puestos, dos de los vértices de la arquitectura de inteligencia estadounidense.
El C-17 estadounidense que puso el viaje bajo el foco
La presencia de Ratcliffe comenzó a cobrar forma pública cuando un Boeing C-17A Globemaster III de la Fuerza Aérea estadounidense fue detectado en el aeropuerto moscovita de Vnukovo. También se produjeron movimientos relacionados con una comitiva diplomática estadounidense.
El avión, identificado como RCH4555, había salido previamente de Riga, la capital de Letonia, antes de aterrizar en Moscú. Su recorrido se había iniciado en la base conjunta Andrews, en Maryland, uno de los principales centros de operaciones aéreas del Gobierno estadounidense.
De Washington a Riga y después a Moscú
Ratcliffe salió de Washington el domingo en una aeronave del Gobierno de Estados Unidos, se desplazó primero hasta Letonia y desde allí continuó hacia Rusia en el C-17.
El Globemaster III no es precisamente el aparato discreto de una novela de espías. Es un enorme avión militar de transporte utilizado por Estados Unidos para trasladar personal, vehículos y material a grandes distancias. Ver uno aterrizar en Moscú en mitad de las actuales tensiones internacionales inevitablemente llama la atención, aunque el tipo de avión no permite deducir por sí solo la naturaleza de la misión.
También ha trascendido que Washington habría avisado a Ucrania de que una delegación estadounidense de alto nivel viajaría a Moscú y habría solicitado temporalmente la suspensión de ataques mientras permaneciera allí. El extremo no ha recibido una confirmación pública detallada por parte de los gobiernos implicados, de modo que conviene mantener cierta cautela sobre su alcance.
Ucrania aparece inevitablemente sobre la mesa
Nada permite afirmar todavía que el motivo principal del desplazamiento sea negociar directamente sobre Ucrania. Sería prematuro. Pero resulta difícil separar la llegada del director de la CIA del contexto de la guerra y las negociaciones diplomáticas en el que se produce.
Los contactos promovidos por Washington durante los últimos meses no han conseguido cerrar la distancia entre Rusia y Ucrania en asuntos esenciales, especialmente el futuro de los territorios ocupados y las condiciones de un eventual alto el fuego. Moscú insiste en que cualquier acuerdo debe reconocer las llamadas realidades sobre el terreno; Kiev rechaza convertir las conquistas militares rusas en una cesión territorial impuesta.
Este mismo 25 de agosto, Volodímir Zelenski ha defendido que todavía existe margen para una mediación estadounidense y ha situado hasta el verano de 2027 una posible ventana diplomática. Ucrania y sus socios han trabajado en nuevas propuestas que Washington podría trasladar a Moscú, mientras Rusia asegura estar dispuesta a escuchar planteamientos siempre que tengan en cuenta sus exigencias.
Es decir, hay movimiento diplomático, aunque todavía no haya acuerdo. En ese escenario, un canal directo entre los responsables de inteligencia puede servir para transmitir mensajes que los gobiernos prefieren no colocar sobre una mesa con cámaras y banderas.
Ratcliffe y los servicios rusos ya mantenían contacto
El diálogo entre Ratcliffe y Sergei Naryshkin, director del Servicio de Inteligencia Exterior ruso, no empezó con este viaje. Ambos hablaron por teléfono el 11 de marzo de 2025 y acordaron mantener contactos regulares para abordar asuntos relacionados con la seguridad internacional y la gestión de crisis.
Meses más tarde quedó claro que los dos responsables habían acordado poder comunicarse cuando fuese necesario. El detalle tiene cierto peso. La CIA y el SVR son adversarios históricos y sus operaciones chocan de manera permanente, pero eso no impide que conserven líneas de comunicación.
El espionaje tiene estas contradicciones. Se intenta descubrir qué hace el otro mientras se mantiene su número de teléfono a mano.
Esos canales pueden resultar útiles para evitar errores de cálculo, transmitir advertencias, gestionar intercambios de detenidos o abordar crisis demasiado sensibles para las vías diplomáticas habituales.
Los presos también forman parte del precedente
Ratcliffe ya ha participado directamente en negociaciones sensibles con Rusia. En abril de 2025 intervino en el acuerdo que permitió la liberación de Ksenia Karelina, ciudadana ruso-estadounidense condenada en Rusia, dentro de un intercambio de prisioneros realizado en Abu Dabi.
La CIA también tuvo un papel en operaciones anteriores de este tipo, incluida la gran negociación de 2024 que permitió recuperar, entre otros ciudadanos occidentales, al periodista Evan Gershkovich y al exmarine estadounidense Paul Whelan.
Por esa razón tampoco puede descartarse que los estadounidenses encarcelados en Rusia formen parte de alguna de las conversaciones actuales. No existe información pública que permita afirmarlo y sería un error convertir una posibilidad razonable en una certeza.
Hay un precedente adicional que invita a la prudencia antes de interpretar la visita únicamente en términos de negociación de paz: los directores de la CIA han viajado anteriormente a Rusia para transmitir mensajes de seguridad directamente al Kremlin.
El precedente de William Burns antes de la invasión
En noviembre de 2021, el entonces director de la CIA, William Burns, viajó a Moscú y mantuvo reuniones con altos responsables rusos. También habló directamente con Vladímir Putin.
Aquel desplazamiento tuvo una finalidad muy distinta: Washington trataba de advertir a Rusia sobre las consecuencias de una invasión de Ucrania cuando las tropas rusas se estaban concentrando cerca de la frontera. Tres meses después comenzó la ofensiva a gran escala.
La comparación tiene límites, pero recuerda algo importante. Una visita del jefe de la CIA no significa necesariamente que exista un acuerdo en preparación. Puede servir para negociar, comprobar posiciones, intercambiar información, entregar una advertencia o simplemente mantener abierto un conducto entre dos potencias nucleares que llevan años enfrentadas indirectamente.
Una visita importante precisamente por lo que no se sabe
El dato central es sólido: John Ratcliffe está en Moscú y mantiene reuniones con responsables rusos. El resto continúa cubierto por una niebla bastante espesa. No se conocen oficialmente la agenda, los interlocutores ni los resultados de los encuentros.
Eso obliga a distinguir entre información y conjetura. Ucrania ocupa inevitablemente el centro del contexto; los intercambios de detenidos ofrecen otro antecedente plausible; las relaciones bilaterales, la seguridad estratégica e incluso otros conflictos internacionales pueden formar parte de las conversaciones. Pero ninguna de esas hipótesis ha sido presentada todavía como explicación oficial del viaje.
Y quizá esa ausencia de focos forme parte del propio mecanismo. Cuando la diplomacia convencional se atasca, los gobiernos suelen buscar puertas laterales. Los servicios de inteligencia cumplen también esa función: hablan cuando los ministerios no pueden, tantean posiciones sin convertir cada frase en un compromiso político y permiten transmitir mensajes que perderían utilidad pronunciados ante un atril.
Moscú vuelve a abrir una puerta que nunca estuvo del todo cerrada
La llegada del jefe de la CIA a la capital rusa no significa que Washington y Moscú hayan encontrado una salida a sus enormes diferencias. Tampoco demuestra que exista un acuerdo próximo sobre Ucrania. Sería demasiado pronto para semejante conclusión.
Sí demuestra algo más sencillo y, probablemente, más relevante: Estados Unidos y Rusia mantienen abierto un canal directo al máximo nivel de sus servicios de inteligencia incluso mientras continúan enfrentados en torno a Ucrania y otros asuntos estratégicos.
Ratcliffe llegó a Moscú en un C-17 militar, sin anuncio solemne y sin agenda publicada. Mucho ruido alrededor de un viaje diseñado, paradójicamente, para decir muy poco en público. En diplomacia ocurre bastante: cuando las puertas principales parecen cerradas, alguien acaba entrando por la lateral.

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