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Naturaleza

¿Por qué Galicia tiene más de 82.000 jabalíes y qué se está haciendo?

Galicia supera los 82.000 jabalíes: aumentan daños, accidentes y riesgo sanitario mientras la Xunta refuerza el control en toda la comunidad.

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spray para jabalíes

Galicia tiene un problema de jabalíes que hace tiempo dejó de pertenecer únicamente al monte. La estimación más reciente de la Xunta sitúa la población por encima de los 82.000 ejemplares, con una densidad media de 2,77 jabalíes por kilómetro cuadrado. No es un censo animal uno por uno —algo prácticamente imposible con una especie móvil y nocturna—, sino una estimación elaborada a partir de capturas, densidades y territorio disponible. Aun con ese matiz, la cifra coloca a Galicia entre las áreas con una presencia especialmente elevada de la especie.

Y la respuesta administrativa da una idea bastante clara del tamaño del problema: desde el 31 de julio de 2026 toda Galicia está en emergencia cinegética temporal por el jabalí, una situación excepcional que se mantendrá, salvo que cambien las circunstancias, hasta el 31 de julio de 2027. Es la primera vez que la medida cubre la comunidad entera y durante un año completo. Se podrán capturar o abatir ejemplares sin un cupo máximo, con prioridad sobre las hembras adultas y subadultas, además de utilizarse mecanismos extraordinarios de control.

La palabra “invasión” sirve para describir bastante bien lo que percibe quien encuentra una manada levantando una finca de maíz o cruzando una avenida de madrugada. El problema técnico, sin embargo, es la sobreabundancia y su expansión hacia lugares donde antes el encuentro con un jabalí era bastante menos cotidiano. Campo, carreteras, periferias y, cada vez más, ciudades. Lugo ofrece una fotografía bastante elocuente: ejemplares entrando en el espacio urbano y administraciones obligadas a coordinar actuaciones específicas.

Cuántos jabalíes hay realmente en Galicia

Los más de 82.000 animales proceden de un estudio elaborado por la Xunta para disponer de una referencia poblacional más sólida. El cálculo tomó como punto de partida las capturas de la temporada cinegética 2024-2025, cuando se abatieron cerca de 19.000 ejemplares, y aplicó una tasa de extracción para estimar la población existente dentro de los terrenos cinegéticos. También se añadió una estimación para las zonas situadas fuera de ellos.

Esto importa porque 82.000 no debe leerse como quien cuenta habitantes en un padrón. Es una estimación poblacional, y la propia Xunta utiliza expresamente ese término. Los jabalíes se desplazan, se reproducen, desaparecen individuos y aparecen camadas nuevas; una fotografía exacta de toda Galicia sería poco realista. Lo relevante es la magnitud: el volumen estimado resulta suficientemente alto como para justificar medidas que hasta hace pocos años se aplicaban solo en las comarcas más castigadas.

La evolución también se aprecia por otra vía. En la campaña 2024-2025 hubo 4.269 avisos por daños, frente a 4.118 en la anterior y 4.048 un año antes. En la temporada 2017-2018 habían sido 1.479. Al margen de las fluctuaciones anuales, la curva deja poco espacio para la nostalgia bucólica: el jabalí ya no es simplemente ese animal que se intuía entre los toxos al anochecer. Los daños comunicados prácticamente se han triplicado respecto a aquellos registros.

Por qué hay tantos jabalíes y por qué llegan a las ciudades

La Xunta atribuye buena parte del aumento de las afecciones a los cambios en los usos del territorio y a las propias características ecológicas del jabalí. Es una combinación poderosa. Galicia posee una enorme superficie rural y forestal, multitud de parcelas y áreas de transición entre monte, cultivo y vivienda, precisamente esos bordes donde un animal adaptable encuentra refugio y alimento con relativa facilidad.

El paisaje rural tampoco es el mismo que hace treinta o cuarenta años. Allí donde disminuye la actividad humana aparecen espacios menos trabajados, vegetación más densa y corredores que permiten a la fauna moverse con mayor discreción. El jabalí, poco exquisito a la hora de comer y notablemente hábil para aprovechar oportunidades, se adapta mejor que otras especies a ese mosaico.

Y luego está la comida. Un maizal recién sembrado puede parecerle al agricultor una inversión de meses y al jabalí, sencillamente, un comedor abierto. Durante la primavera, explotaciones de varias comarcas coruñesas denunciaron parcelas levantadas, removidas o inutilizadas poco después de la siembra. Las incidencias han sido especialmente fuertes en zonas como Bergantiños, Ordes, Compostela, Xallas, Ortegal y Costa da Morte. Solo en la provincia de A Coruña llegaron a contabilizarse más de un millar de avisos por daños en un año.

El salto hacia las zonas urbanas añade otra capa. Los márgenes con vegetación, solares y parques periféricos funcionan en algunos lugares como vías de entrada. Si a eso se suman puntos donde los animales encuentran restos de comida o refugio, la frontera entre monte y ciudad se vuelve mucho más porosa. Y cuando una especie aprende que acercarse a una zona habitada sale rentable, la postal cambia deprisa.

Los riesgos: accidentes, ataques puntuales y enfermedades

Los destrozos agrícolas son la parte más visible en el rural, pero el problema más inmediato para cualquier conductor es otro. En Galicia se producen alrededor de 11 accidentes diarios relacionados con jabalíes, cerca de 4.000 al año según las estimaciones difundidas por organizaciones agrarias. En determinadas provincias, como A Coruña, la incidencia alcanza varios siniestros cada jornada. La seguridad vial se ha convertido así en uno de los argumentos centrales para intensificar el control.

Una colisión con un animal de varias decenas de kilos que aparece de noche entre la vegetación deja muy poco margen de reacción. Peor aún puede resultar un volantazo brusco para esquivarlo. Por eso la presencia creciente de jabalíes junto a carreteras y núcleos habitados no es solamente una cuestión de daños agrícolas o de gestión cinegética.

También está el riesgo en pueblos y ciudades. Un jabalí normalmente evita el contacto con las personas, pero eso no convierte en inocua una presencia recurrente entre coches, peatones o perros. Un ejemplar sorprendido, acorralado o acompañado de crías puede reaccionar de forma defensiva. La escena tiene poco de documental de naturaleza cuando ocurre junto al portal de casa.

La peste porcina africana eleva la preocupación sanitaria

La peste porcina africana (PPA) introduce una preocupación diferente. No es una zoonosis, por lo que no infecta a las personas, pero puede resultar devastadora para cerdos domésticos y jabalíes y provocar importantes pérdidas al sector porcino por mortalidad animal, sacrificios y restricciones comerciales.

Las poblaciones elevadas de jabalí favorecen la difusión y persistencia de determinadas enfermedades. El asunto ha adquirido especial sensibilidad por la aparición de casos de peste porcina africana en jabalíes en España, una circunstancia que obliga a reforzar la vigilancia y convierte el tamaño de la población salvaje en algo más que una cuestión cinegética.

El jabalí puede actuar también como reservorio o transmisor de otras enfermedades animales y de algunas zoonosis, entre ellas hepatitis E, brucelosis o triquinosis. Eso no significa que cruzarse con un ejemplar en una carretera equivalga a un riesgo sanitario inmediato. Significa algo bastante menos espectacular, pero importante: cuanto mayor es la densidad de fauna silvestre susceptible de mantener determinados patógenos, más complicada puede volverse su gestión.

Qué está haciendo la Xunta para reducir la población

La decisión más contundente ha sido declarar la emergencia cinegética en toda Galicia. Hasta ahora se utilizaba en determinadas comarcas: en 2025 alcanzó 38 comarcas, 254 ayuntamientos y alrededor del 83% de la superficie gallega. En 2026 se ha pasado de ese mapa parcialmente coloreado al territorio completo.

Durante la emergencia se permite abatir o capturar jabalíes sin límite de ejemplares, de ambos sexos, dando prioridad a las hembras adultas y subadultas. También pueden autorizarse excepcionalmente actuaciones sobre crías o hembras acompañadas de crías bajo las condiciones previstas por la normativa. La lógica es poblacional: reducir hembras reproductoras tiene un efecto mayor sobre el crecimiento futuro que limitarse a retirar machos.

El periodo ordinario de caza del jabalí va del 15 de agosto de 2026 al 28 de febrero de 2027, pero la emergencia permite ampliar las actuaciones. En terrenos cinegéticos especiales pueden desarrollarse determinadas modalidades durante todos los días de la semana previa comunicación, mientras que fuera del periodo hábil pueden autorizarse controles mediante esperas, acechos, batidas, desencames o capturas en vivo.

La resolución abre igualmente la puerta al empleo excepcional de detectores electrónicos de presencia, determinados dispositivos de visión y cebaderos instalados en cultivos dañados para aumentar la eficacia y seguridad de las actuaciones. Los propietarios afectados también pueden ser autorizados a realizar esperas en determinadas condiciones. No es exactamente barra libre, aunque el titular fácil pueda sugerirlo: sigue existiendo un marco de autorizaciones y seguridad cinegética.

Jaulas, desbroces y una factura millonaria para el campo

En una finca aislada puede organizarse una actuación cinegética. En una urbanización, junto a una carretera o entre edificios, disparar es evidentemente otra historia. Ahí entran las jaulas trampa y otros mecanismos de captura, pensados para espacios donde una batida convencional resultaría imprudente o directamente inviable.

La Xunta utiliza este sistema desde 2023 en zonas urbanas y periurbanas y ha contabilizado alrededor de 150 jabalíes capturados mediante jaulas. El Gobierno gallego también ha previsto dispositivos de mayor tamaño para ponerlos a disposición de los ayuntamientos que los necesiten y contempla su instalación en explotaciones agroganaderas con presencia reiterada de animales y en determinados espacios naturales.

Lugo se ha convertido en una especie de laboratorio forzoso de esa convivencia. Tras la creciente entrada de jabalíes en la ciudad, las administraciones acordaron coordinarse para limpiar y mantener terrenos, además de estudiar nuevas medidas preventivas. El desbroce parece bastante menos espectacular que una batida, pero retirar refugios vegetales y reducir corredores de acceso puede ser decisivo precisamente donde las armas no son una solución razonable.

La dimensión económica tampoco es menor. Las organizaciones agrarias calculan alrededor de 12 millones de euros anuales en daños relacionados con el jabalí en el sector agroganadero gallego. Las pérdidas no consisten únicamente en unas plantas comidas: hay parcelas que deben resembrarse, forraje que deja de producirse, horas de trabajo desperdiciadas y explotaciones obligadas a comprar alimento que esperaban obtener de sus propias tierras.

El caso del maíz forrajero explica bien el problema. Galicia dedica más de 72.000 hectáreas a este cultivo y A Coruña concentra una parte muy importante de esa superficie. Una finca levantada después de sembrarla parece desde la carretera apenas una extensión de barro; dentro de una explotación lechera puede significar menos alimento propio durante meses.

La Xunta, por su parte, ha destinado millones de euros a prevenir y paliar daños ocasionados por el jabalí durante la última década. La cuestión que sigue flotando sobre el rural es si compensar pérdidas y aumentar capturas bastará mientras las condiciones del territorio continúan siendo extraordinariamente favorables para una especie tan adaptable.

Galicia entra en otra fase de convivencia con el jabalí

La imagen de 82.000 jabalíes no significa que Galicia vaya a amanecer tomada por manadas en cada plaza. Significa algo menos cinematográfico y bastante más serio: existe una densidad elevada, los daños se han extendido, los encuentros periurbanos son más habituales y el modelo de control utilizado hasta ahora no ha impedido que la presión termine alcanzando toda la comunidad.

Esta es, además, la sexta emergencia cinegética activada desde 2019. Hubo declaraciones en 2019, 2021, 2023, 2024 y 2025; la diferencia es que la de 2026 ya no dibuja únicamente áreas concretas sobre el mapa. Lo cubre entero. Ese detalle explica mejor que cualquier metáfora la dimensión que ha adquirido el problema.

La batalla tampoco consiste simplemente en abatir cuantos más animales mejor. Hay carreteras, cultivos, explotaciones porcinas, montes abandonados, periferias urbanas y una especie extraordinariamente capaz de aprovechar el paisaje que encuentra. Menos jabalíes y mejor controlados, sobre todo allí donde los daños y los riesgos son mayores: esa es la dirección de las medidas adoptadas.

Porque el jabalí llevaba mucho tiempo en Galicia. Lo nuevo es otra cosa. Que cada vez resulte menos extraño encontrarlo donde, hasta hace no tantos años, empezaban las farolas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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