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Pet tourism y turismo con mascotas: datos del auge en España

Viajar con mascotas deja de ser rareza: ya pesa en hoteles, trenes, campings y escapadas familiares en España.

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señora viajando con su carlino

El Pet tourism ya es una pieza visible del turismo español, no una manía de cuatro viajeros con correa y maleta rígida. El viaje con animales de compañía ha pasado de ser una excepción tolerada a convertirse en una decisión que condiciona destino, alojamiento, transporte y gasto. El dato que mejor retrata el cambio es contundente: las búsquedas de alojamientos que admiten mascotas en España superaron los 7,5 millones en 2025, y el filtro “admite mascotas” se colocó entre los más usados por los viajeros, por encima de comodidades clásicas que antes parecían intocables.

El fenómeno crece porque hay masa crítica, dinero y una nueva forma de vivir la familia. España suma más de 20 millones de mascotas en los censos sectoriales más prudentes y otras mediciones amplias elevan el universo del animal de compañía por encima de los 30 millones. No todas viajan, claro. Un pez tropical no pide ventana ni desayuno continental. Pero el perro, sobre todo el perro, sí está tirando del mercado: hoteles, campings, apartamentos, trenes, seguros, veterinarios, playas caninas y plataformas de reserva ya compiten por un cliente que viaja con un miembro más de su casa. Peludo, caro, encantador y a veces con menos paciencia que el recepcionista.

El viaje con mascotas ha dejado de ser una rareza

Viajar con perro era hasta hace poco una operación de fontanería emocional: llamar, preguntar, explicar el tamaño del animal, asumir un suplemento confuso y esperar que en recepción no apareciera la frase temida, “solo admitimos hasta diez kilos”. Esa escena sigue ocurriendo, pero cada vez pesa menos. El turismo con mascotas ha entrado en la conversación normal del sector porque afecta a una reserva completa. Si el animal no puede ir, muchas veces tampoco va la pareja, la familia o el grupo.

El cambio no consiste solo en que haya más carteles de pet-friendly. Lo importante es que el animal empieza a aparecer antes de la reserva. Para una parte creciente de viajeros, el alojamiento se filtra primero por aceptación de mascotas y luego por precio, ubicación o piscina. La mascota funciona como una llave de entrada: abre unas puertas y cierra otras. En un mercado turístico saturado, donde muchos destinos ofrecen la misma habitación blanca, el mismo desayuno correcto y la misma foto de terraza al atardecer, permitir mascotas con reglas claras puede decidir la venta.

España tiene una ventaja evidente. Es un país de escapadas cortas, coche, costa, montaña, casa rural y clima razonable durante buena parte del año. Ese formato encaja mejor con el perro que un vuelo largo, una escala absurda y un hotel urbano donde salir a pasear se convierte en expedición. Por eso el turismo con mascotas no crece solo en grandes ciudades; crece también en campings, apartamentos turísticos, pueblos de interior y destinos de naturaleza donde el animal no es un problema logístico sino parte del plan.

Cuánto dinero mueve el pet tourism en el mundo

El mercado mundial específico de servicios de viaje para mascotas fue valorado en torno a 2.400 millones de dólares en 2024 y las previsiones lo sitúan cerca de 4.000 millones de dólares en 2030, con una tasa anual próxima al 9%. No es todavía una industria gigantesca si se compara con el turismo global, pero sí una línea de negocio muy clara: transporte, gestión documental, traslados, relocalización, reservas adaptadas, seguros, asistencia veterinaria y servicios que hacen posible mover animales de forma segura.

La tendencia se entiende mejor cuando se mira la economía de las mascotas en conjunto. El mercado global del cuidado animal ya se mide en cientos de miles de millones de dólares, con crecimiento sostenido por alimentación premium, salud, seguros, accesorios, higiene y bienestar. El viaje aparece como una consecuencia bastante lógica. Quien gasta durante todo el año en pienso especializado, revisiones veterinarias, cama ortopédica, arnés de seguridad y snacks funcionales difícilmente acepta que el animal desaparezca de la planificación vacacional como si fuera una planta que se riega cada tres días.

También hay una razón social, menos contable pero igual de potente. La mascota ocupa un lugar más estable en la vida cotidiana. No sustituye necesariamente a los hijos, aunque algunos anuncios parezcan escritos por un poeta de tienda de animales después de dos cafés. Pero sí organiza rutinas, gastos, horarios y afectos. Muchas parejas sin hijos, hogares pequeños, personas que viven solas y familias urbanas integran al animal en sus desplazamientos. El pet tourism crece porque el turismo sigue a la vida real. Y la vida real, últimamente, tiene muchos perros esperando junto a la puerta.

España: miles de alojamientos y una demanda que ya se ve

España no tiene una cifra oficial cerrada que diga cuánto factura exactamente el pet tourism como categoría turística separada. Sería cómodo, pero no existe una caja única con esa etiqueta. Lo que hay son señales muy consistentes. Booking muestra miles de opciones que aceptan mascotas en sus resultados: Galicia supera los 4.300 alojamientos, la Costa Brava pasa de los 4.100, Asturias ronda los 2.100, Tenerife supera los 2.000 y Mallorca aparece por encima de los 1.500. En ciudades y destinos concretos, Madrid ronda los 1.279 alojamientos, Marbella los 1.139, Málaga los 1.042, Benidorm los 769, Valencia los 654 y Sevilla los 538.

Estas cifras no deben sumarse como si fueran un censo oficial, porque los directorios turísticos pueden solapar zonas, categorías y tipos de alojamiento. Pero sirven para medir una cosa: la oferta ya no es testimonial. Hay miles de hoteles, apartamentos, casas rurales y campings que compiten por aparecer ante el viajero que marca el filtro de mascotas. Hace diez o quince años, encontrar un alojamiento así exigía paciencia arqueológica. Ahora hay exceso de opciones, aunque no siempre exceso de claridad.

El camping lleva ventaja. Más del 90% de los campings españoles presentes en algunas plataformas especializadas admite animales, una proporción que explica bien por qué este segmento se ha convertido en refugio natural del turista con perro. Parcela, coche cerca, exterior, menos moqueta, más sombra y un margen mayor para convivir sin molestar. El hotel urbano lo tiene más difícil, pero también más incentivo: una habitación que acepta mascotas puede capturar una reserva que de otro modo se perdería entera.

Perros, gatos y otros compañeros menos previsibles

El perro manda en el pet tourism por volumen, costumbre y logística. En España, las encuestas de convivencia con mascotas sitúan al perro por delante del gato entre los hogares con animales: alrededor del 65% de los propietarios convive con al menos un perro, frente a un 44% con al menos un gato. Además, en las estadísticas específicas sobre viajes con perro, casi la mitad de los dueños declara moverse con él entre tres y seis veces al año. El perro acompaña porque pasea, socializa, tolera mejor el coche y suele encajar en alojamientos de exterior. También porque mira la maleta como si entendiera el capitalismo.

El gato viaja menos, aunque no porque tenga menos vínculo con su dueño. Viaja menos porque el desplazamiento suele estresarlo más, porque necesita un entorno controlado y porque muchos alojamientos pet-friendly son en realidad dog-friendly con otro nombre. Esta distinción importa. “Admite mascotas” no siempre significa “admite gatos”, y muchos viajeros felinos terminan llamando por teléfono para confirmar lo evidente. O lo que debería ser evidente.

Después llegan las especies menos habituales: hurones, conejos, aves de compañía, roedores y reptiles. La normativa europea reconoce especialmente el movimiento de perros, gatos y hurones con pasaporte sanitario, microchip y vacunación antirrábica cuando procede. Para otras especies, como aves, conejos, reptiles o pequeños roedores, los requisitos cambian según origen, destino y finalidad del viaje. En la práctica, el turismo convencional está pensado para perros y, en menor medida, gatos. Lo demás existe, pero viaja por carriles más estrechos: más llamadas, más documentos, más comprobaciones y menos sonrisas automáticas en recepción.

Hay casos pintorescos, claro. Conejos que viajan en transportín a una segunda residencia, hurones que cruzan frontera con documentación, loros que acompañan mudanzas largas, tortugas que se desplazan con familias durante estancias prolongadas. No son el corazón económico del pet tourism, pero revelan algo útil: la movilidad con animales ya no cabe en la imagen simple del perro pequeño en bolso caro. El mundo real es más raro. Por suerte.

El negocio español: del suplemento al destino entero

El valor económico del turismo con mascotas en España está repartido en muchas cajas pequeñas. Un hotel puede cobrar entre unos pocos euros y varias decenas por noche; algunos añaden limpieza, otros exigen fianza, otros limitan peso, raza o número de animales. Pero el ingreso relevante no es solo el suplemento. Es la reserva completa. Una pareja que elige un hotel porque acepta a su perro deja gasto en habitación, restaurante, gasolina, tren, cafés, compras locales y actividades compatibles. El perro no paga la cuenta, pero empuja la mano que la firma.

El sector español de animales de compañía ya tiene tamaño suficiente para alimentar esta tendencia. La industria de alimentación para mascotas supera los 2.100 millones de euros anuales en España y la actividad global del sector del animal de compañía se ha situado en estimaciones sectoriales por encima de los 36.000 millones de euros, si se incluyen actividades directas e indirectas. Incluso tomando las cifras con prudencia, el mensaje es claro: las mascotas no son un gasto menor en la economía familiar. Son un presupuesto estable.

El viajero con mascota suele gastar de forma distinta. Busca alojamientos más flexibles, acepta pagar por limpieza si el precio está claro, valora terrazas, zonas verdes, acceso fácil al exterior, suelos resistentes, habitaciones en planta baja y servicios cercanos. No necesita que le pongan un menú degustación al perro con espuma de calabaza. Necesita que no le arruinen el viaje con normas opacas. Esa es la frontera entre negocio serio y postureo con huella dibujada en la web.

En España, el crecimiento puede notarse especialmente en escapadas de fin de semana, turismo rural, costa fuera de temporada y viajes de proximidad. El perro favorece trayectos más cortos, estancias prácticas y destinos donde caminar sea parte natural del día. Eso puede beneficiar a pueblos, comarcas de interior y alojamientos que no siempre compiten bien con el gran turismo de playa. El pet tourism, bien trabajado, no solo vende habitaciones: puede repartir flujo turístico con menos ruido.

La movilidad marca el techo del negocio

El gran límite no está en el deseo de viajar, sino en cómo se mueve el animal. En tren, Renfe permite mascotas pequeñas en transportín en varios servicios y ha abierto en determinados AVE la posibilidad de viajar con perros de hasta 40 kilos, con plazas limitadas y condiciones concretas. Es un avance importante porque el perro mediano y grande era, hasta hace nada, el gran excluido de la movilidad cómoda. El turista con chihuahua encontraba soluciones; el de labrador encontraba obstáculos.

El avión sigue siendo más complejo. Cabina o bodega dependen de peso, transportín, compañía, ruta y disponibilidad. Para muchos dueños, meter al animal en bodega no es una opción aceptable salvo necesidad. En coche hay más autonomía, pero también más responsabilidad: arnés, transportín, descansos, agua, temperatura, sombra y seguridad. El viaje con mascota no se improvisa bien. Parece fácil hasta que una ola de calor convierte una parada de veinte minutos en una pequeña amenaza.

La documentación añade otra capa. Para moverse por la Unión Europea con perros, gatos y hurones, lo normal es necesitar identificación, vacunación antirrábica y pasaporte europeo para animales de compañía. En terceros países pueden aparecer certificados sanitarios, legalizaciones y requisitos específicos. El pet tourism internacional crece, sí, pero crece sobre una mesa de papeles. Nada muy romántico. Muy real.

Entre moda, familia y bienestar animal

El auge del turismo con mascotas tiene una parte luminosa y otra que conviene mirar sin azúcar. Es positivo que los alojamientos dejen de tratar al animal como una molestia inevitable. Es razonable que los viajeros puedan organizar vacaciones sin separarse de un compañero cotidiano. Pero no todos los animales viajan bien. Algunos perros se estresan, muchos gatos prefieren su territorio, los animales mayores necesitan rutina y ciertos destinos son directamente hostiles por calor, ruido o falta de espacios.

La madurez del pet tourism dependerá de no confundir negocio con capricho. Un destino pet-friendly de verdad no es el que acepta perros a regañadientes; tampoco el que convierte al animal en accesorio de Instagram. Es el que ofrece condiciones claras, sombra, agua, normas comprensibles, espacios limpios, veterinarios localizables y convivencia razonable con otros clientes. Lo demás es decoración.

También hay que pensar en quienes no viajan con animales. Personas con alergias, miedo o simple preferencia por espacios sin mascotas tienen derecho a una experiencia tranquila. La solución no es la bronca cultural, tan de nuestro tiempo, sino la gestión adulta: habitaciones específicas, zonas delimitadas, limpieza reforzada, información previa y normas de conducta. El turismo funciona cuando reduce fricciones. No cuando las tapa con un eslogan.

Cuando la correa también decide el mapa

El pet tourism no es una moda blanda ni una rareza importada por anglicismo. Es una señal de cómo cambia el consumo turístico: más condicionado por la vida privada, por hogares pequeños, por parejas sin hijos, por familias que no quieren dejar al animal atrás y por una economía de mascotas que ya mueve cifras serias. En España, el mercado está creciendo más rápido que su medición estadística. Hay demanda, oferta, gasto y una conversación social bastante clara. Falta ordenar mejor el producto.

Los alojamientos que ganarán no serán necesariamente los más cursis ni los que pongan la cama canina más fotogénica. Ganarán los que expliquen bien sus normas, cobren de forma transparente y entiendan que viajar con mascota no es pedir trato de estrella, sino evitar problemas básicos. El cliente con perro no compra solo una habitación. Compra tranquilidad.

Por eso el auge tiene recorrido. Cada vez que una pareja elige destino porque puede llevar a su mascota, cada vez que un camping llena una parcela gracias a su política flexible, cada vez que un tren acepta perros grandes o un hotel deja de esconder sus condiciones en letra pequeña, el pet tourism avanza un poco más. No hace ruido de revolución. Hace ruido de uñas sobre el suelo del vestíbulo. Y de caja registradora, también.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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