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San Juan: fechas, hogueras y el origen de la fiesta

El calendario cambia según el lugar: la tradición popular y las Hogueras alicantinas no arden la misma noche.

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las hogueras de San Juan

La celebración popular de San Juan suele concentrarse en la noche del 23 al 24 de junio, víspera de la festividad de San Juan Bautista. En Alicante, sin embargo, las Hogueras tienen un calendario propio: la fiesta oficial se extiende del 20 al 24 de junio y sus monumentos se queman durante la noche del 24 al 25. Es la diferencia que explica por qué una misma fecha puede llevar a una playa llena de hogueras en un lugar y a una ciudad entera esperando la cremà en otro.

La confusión no es un error del calendario, sino el resultado de dos celebraciones que se solapan: una noche festiva extendida por muchas zonas de España y unas fiestas urbanas con identidad alicantina. En 2026, la víspera cayó entre el martes 23 y el miércoles 24, mientras que la cremà de Alicante tuvo lugar en la noche siguiente. El fuego remite al solsticio de verano, pero la fiesta combina también religión, costumbres locales y programas municipales que varían de una localidad a otra.

Una víspera popular y una fecha religiosa

La fiesta de San Juan Bautista se celebra el 24 de junio. En buena parte de España, las reuniones, las hogueras y las verbenas comienzan la tarde del día anterior y alcanzan su punto álgido durante la noche del 23 al 24. Por eso, cuando se habla de la Noche de San Juan, lo habitual es referirse a esa víspera, aunque el día señalado por el calendario religioso sea el 24.

El horario de Alicante responde a otra lógica. Allí las Hogueras no son solo una reunión nocturna, sino las fiestas oficiales de la ciudad, con actos repartidos durante varios días. La cremà, el acto que pone fin a la fiesta, comienza pasada la medianoche del 24 de junio: técnicamente, cuando ya es día 25. Así, quien quiera asistir a las hogueras de playa en muchas localidades mira al 23; quien espere ver arder los monumentos alicantinos debe fijarse en la noche siguiente.

La fecha astronómica tampoco coincide necesariamente con ninguna de las dos. El solsticio de verano puede caer entre el 20 y el 23 de junio, mientras que la festividad cristiana mantiene su fecha fija. En 2026, el verano astronómico comenzó el 21 de junio, dos días antes de la víspera de San Juan. El calendario de la fiesta no sigue exactamente el movimiento del Sol: conserva una fecha religiosa y, a la vez, tradiciones asociadas al cambio de estación.

El fuego entre el solsticio y la tradición cristiana

Antes de que San Juan quedara asociado a la celebración, el fuego ya formaba parte de ritos vinculados al verano y al ciclo agrícola. En el entorno rural, la llegada de los días largos se relacionaba con la recolección y con la esperanza de proteger las cosechas. Encender hogueras ofrecía una manera visible de marcar el cambio de estación, cuando el calendario natural parecía abrir un nuevo tramo del año.

El cristianismo incorporó esa fecha a la conmemoración del nacimiento de Juan Bautista, fijada el 24 de junio. La tradición religiosa vincula el anuncio de su nacimiento con Zacarías y una señal de fuego, una asociación que ayudó a acercar la celebración cristiana a costumbres populares ya arraigadas. No hace falta suponer que todas las hogueras actuales procedan de un único rito antiguo: las fiestas suelen reunir capas de distintas épocas, transformadas al pasar de una comunidad a otra.

De ahí que las explicaciones sobre su origen no sean idénticas en todas partes. La relación con el solsticio ayuda a entender el simbolismo del fuego, pero no convierte cada costumbre local en una supervivencia intacta de un culto ancestral. En algunos sitios pesan más los actos religiosos; en otros, la verbena, la playa o la quema de figuras. La continuidad está en la fecha y en el gesto de reunirse, no en una ceremonia única e invariable.

También conviene separar el significado simbólico de las creencias concretas. Quemar algo puede representar el final de una etapa o el deseo de empezar otra, y los baños nocturnos se asocian en ciertos lugares a la buena suerte o la purificación. Son prácticas populares, transmitidas de manera desigual, no una regla común a toda España. La Noche de San Juan cambia de sentido según el lugar y según la familia o el barrio que la celebra.

Cómo se formaron las Hogueras de Alicante

En Alicante, la costumbre de hacer hogueras durante San Juan convivió durante mucho tiempo con prohibiciones. En 1822, un bando municipal prohibió encender fuegos en las calles durante esas noches y estableció multas. Décadas después, en 1881, un descuido administrativo impidió que se publicara el bando correspondiente, y los vecinos aprovecharon la ocasión para organizar fiestas de calle con música, juegos y figuras satíricas. La fiesta moderna nació entre la costumbre popular y el intento de regularla.

El paso decisivo llegó en 1928. José María Py defendió la idea de organizar en Alicante unas fiestas inspiradas en las Fallas valencianas, con el propósito de atraer visitantes. La sociedad Alicante Atracción impulsó el proyecto y el Ayuntamiento autorizó las primeras celebraciones oficiales. Aquel junio se plantaron nueve monumentos y, en la noche del 24, se quemaron. La iniciativa dio forma institucional a una tradición que ya tenía antecedentes en la vida de los barrios.

La fiesta fue creciendo con nuevas costumbres y entidades. En 1929 se creó la Comisión Gestora y se compuso el pasodoble asociado a las Hogueras. En 1932 se eligió a la primera Bellea del Foc, representante de la celebración, y al año siguiente se lanzó por primera vez la palmera de fuegos artificiales desde el monte Benacantil como anuncio de la cremà. Tras la interrupción provocada por la Guerra Civil, las fiestas regresaron en 1940 y sumaron actos como la ofrenda floral a la Virgen del Remedio, incorporada en 1941.

Su reconocimiento oficial refleja que no se trata solo de una serie de fuegos. Las Hogueras fueron declaradas de Interés Turístico Internacional en 1983 y Bien de Interés Cultural Inmaterial en 2014. El monumento, la sátira, la música y la participación vecinal forman parte de una misma celebración, que se prepara durante meses y ocupa las calles con una intensidad difícil de resumir en una sola noche.

Monumentos efímeros, sátira y vida de barrio

En Alicante, una hoguera es tanto el monumento que se levanta en la calle como la comisión vecinal que participa en las fiestas. Los monumentos, hechos con materiales combustibles como madera y corcho, se componen de figuras llamadas ninots y suelen presentar escenas críticas o humorísticas. La sátira apunta a personajes, temas sociales o asuntos de actualidad: una especie de comentario público que, en vez de quedar impreso, se consume al final de la celebración.

La plantà es el montaje de las obras en sus emplazamientos. En el calendario descrito para las Hogueras, las figuras infantiles se colocan antes que las adultas, y los monumentos más grandes requieren más tiempo para quedar instalados. Después, los jurados valoran las piezas por categorías y conceden premios. El fuego borra casi todas, pero algunas figuras pueden salvarse mediante el indulto popular, tras una exposición en la que el público elige qué ninots no deben arder.

Junto a las obras aparecen las barracas, espacios festivos vinculados a las comisiones, con mesas, música y actividad social. También hay agrupaciones con formatos distintos, aunque la organización y el acceso pueden variar. La fiesta no se limita a contemplar esculturas: es una ocupación temporal del espacio público, donde vecinos y visitantes se cruzan entre bandas, pasacalles y reuniones que convierten cada barrio en parte del programa.

La representación oficial también tiene sus protagonistas. Cada comisión cuenta con una Bellea y una Bellea infantil, acompañadas en algunos casos por damas de honor; de entre las representantes de los distritos se eligen las Belleas del Foc de la ciudad. El cargo combina presencia festiva y representación institucional. La elección de estas figuras forma parte del tejido social que mantiene viva la celebración durante todo el año, no solo durante los días de junio.

La pólvora se escucha y el fuego marca el final

Las mascletàs son uno de los actos más reconocibles de las fiestas alicantinas. A diferencia de un espectáculo de fuegos artificiales pensado sobre todo para contemplar luces en el cielo, una mascletà se construye con una secuencia rítmica de explosiones. La intensidad crece hasta el terratrèmol, el tramo de mayor estruendo. Su efecto se siente tanto en el oído como en el cuerpo: el ruido, las vibraciones y el olor a pólvora son parte de la experiencia.

Durante las Hogueras, las mascletàs se celebran en la plaza de los Luceros, tradicionalmente a las 2 de la tarde en los días centrales del programa. También se han programado disparos previos en otros días de junio, según el calendario de cada edición. Las fechas y los horarios pueden cambiar de un año a otro, por lo que los datos de un programa concreto no deben tomarse como una regla permanente. La participación de distintas pirotecnias añade un componente de exhibición y competencia.

La noche de la cremà empieza con una gran palmera de fuegos artificiales lanzada desde el entorno del castillo de Santa Bárbara, en el Benacantil. La señal da paso a la quema de la hoguera oficial y, después, a la de los monumentos de los distintos distritos. Los bomberos controlan el proceso y ayudan a contener las llamas. En la banyà, quienes observan reciben agua de las mangueras para aliviar el calor del fuego. La fiesta termina entre ceniza, agua y pólvora, una despedida que convierte la destrucción de los monumentos en un acto colectivo.

La cremà no agota necesariamente la actividad festiva de Alicante. La referencia de las Hogueras incluye fuegos artificiales nocturnos en la playa del Cocó entre el 25 y el 29 de junio, aunque las fechas y las características del espectáculo dependen del programa de cada año. Es una prolongación distinta del fuego: después de las esculturas satíricas, el protagonismo pasa a los destellos sobre el mar.

Una celebración distinta en cada localidad

La víspera del 24 se celebra en numerosos puntos de España, pero no existe una única forma de vivir San Juan. En municipios costeros puede predominar la reunión en la playa; en otros, las verbenas, la música o los actos organizados en plazas. Algunas localidades levantan monumentos o figuras para quemar, mientras que en Alicante la tradición ha desarrollado una estructura festiva propia, con comisiones, categorías y actos distribuidos por la ciudad.

La comparación entre una hoguera espontánea y un monumento alicantino ayuda a entender la diferencia. La primera suele ser el centro de una reunión nocturna, cuando está permitida; el segundo es una obra colectiva, construida para ser observada y finalmente quemada dentro de un programa. Comparten el fuego, pero no el mismo formato. Incluso en Alicante, la celebración popular del 23 puede convivir con las fiestas oficiales y no debe confundirse con la cremà de los monumentos.

La dimensión de las Hogueras se extiende también a localidades de la provincia y a otras asociaciones que organizan sus propias celebraciones. Los detalles no son necesariamente los mismos que en la capital: cambian los actos, las fechas concretas y la escala. Las fiestas alicantinas, por su parte, tienen reconocimiento internacional y una identidad desarrollada desde 1928. No es el santo quien fija un programa idéntico para todos; son las comunidades las que han dado forma a sus celebraciones.

En las playas, además, encender fuego no es una costumbre permitida automáticamente por el hecho de que sea San Juan. Las normas dependen del municipio y pueden variar según el año, las condiciones de seguridad y la organización de los servicios. Por eso, una hoguera libre en un arenal no debe darse por supuesta. La fecha es compartida, pero las reglas son locales, y también lo son las medidas sobre limpieza, acceso y uso del espacio público.

El sentido de una noche que no se celebra igual

Para muchas personas, el fuego representa la posibilidad de dejar atrás algo y abrir paso a una etapa nueva. Esa lectura convive con el motivo religioso de San Juan Bautista y con la asociación estacional al solsticio. Ninguna de ellas explica por sí sola todas las costumbres actuales; juntas muestran cómo una fecha puede acumular significados sin borrar los anteriores. Un papel arrojado a las llamas, una figura satírica o un monumento entero pueden expresar ideas distintas bajo el mismo resplandor.

La respuesta práctica depende del plan: la noche más extendida de celebraciones populares suele ser la del 23 al 24, mientras que la cremà de Alicante cae en la noche del 24 al 25. En 2026, esas fechas correspondieron al martes y miércoles, y al miércoles y jueves, respectivamente. Para entender las Hogueras en toda su dimensión, no basta con llegar al momento de la quema: también cuentan los monumentos, la pólvora, las barracas y el trabajo de las comisiones.

San Juan conserva su atractivo precisamente porque no exige una ceremonia idéntica en todas partes. Puede ser una verbena junto al mar o una ciudad que espera, entre tracas y humo, la caída de sus figuras. La noche reúne el calendario religioso, la memoria del verano y las tradiciones locales; después, el fuego se apaga y cada lugar vuelve a su propio ritmo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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