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¿Por qué Netanyahu ordena desmontar puestos de colonos en Cisjordania?
La orden de Netanyahu afecta a puestos avanzados no autorizados en Cisjordania y llega tras la presión de EE. UU. por la violencia de colonos.

Foto: Avi Ohayon / Oficina de Prensa del Gobierno de Israel — CC BY-SA 3.0 — vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Netanyahu ordena desmontar unos 100 puestos de colonos no autorizados
- La decisión llega tras la presión de EE. UU. por la violencia de colonos
- Smotrich rechaza la medida y abre otra grieta dentro del Gobierno israelí
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha ordenado desmontar puestos avanzados de colonos levantados sin autorización del Estado israelí en Cisjordania. La decisión, conocida este domingo 6 de septiembre, puede afectar a alrededor de 100 enclaves y llega después de una fuerte presión de Estados Unidos para que Israel actúe contra el aumento de la violencia de colonos contra palestinos.
No es, por tanto, una retirada general de colonos de Cisjordania ni un abandono de la política israelí de asentamientos. El alcance es bastante más concreto: afecta a determinados puestos avanzados no autorizados, pequeños núcleos formados muchas veces por caravanas, casas prefabricadas y otras construcciones levantadas sin permiso oficial. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, confirmó la instrucción de Netanyahu y dejó claro que no la comparte.
Netanyahu ordena retirar puestos avanzados de Cisjordania
La medida podría alcanzar unos 100 puestos de colonos repartidos por Cisjordania. Se trata de enclaves construidos sin la autorización formal de las autoridades israelíes, una diferencia administrativa importante dentro de Israel aunque no elimine la controversia jurídica internacional que rodea al conjunto de los asentamientos en territorio ocupado.
En Cisjordania conviven, de hecho, categorías distintas que suelen mezclarse cuando se habla simplemente de “asentamientos”. Israel reconoce oficialmente algunos núcleos, mientras otros nacen como puestos avanzados creados por colonos sin el visto bueno del Gobierno. Algunos han sido desmontados en el pasado; otros acabaron obteniendo reconocimiento oficial años después. Lo provisional, allí, puede echar raíces.
Según los datos manejados por la organización israelí Peace Now, contraria a la expansión de los asentamientos y partidaria de una solución de dos Estados, existen alrededor de 340 puestos avanzados y 146 asentamientos reconocidos por Israel en Cisjordania. La orden de Netanyahu, por tanto, afectaría solo a una parte de ese extenso mapa.
Tampoco existe por el momento un calendario público para las evacuaciones. No se ha detallado cuándo comenzarán los desmontajes, qué enclaves concretos estarán incluidos ni cómo se desarrollarán sobre el terreno unas operaciones que pueden generar resistencia entre los propios colonos.
La presión de Estados Unidos cambia el escenario
Detrás de la decisión aparece un factor difícil de esconder: Washington. La orden de Netanyahu llega bajo una creciente presión estadounidense para que Israel contenga los ataques de colonos contra comunidades palestinas y haga efectiva la responsabilidad por los episodios violentos.
El episodio más significativo llegó apenas un día antes. El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, visitó Turmus Ayya, una localidad palestina de Cisjordania donde viven también ciudadanos estadounidenses, y empleó un término extraordinariamente duro para referirse a los responsables de ataques violentos entre los colonos: los calificó de “terroristas”.
Huckabee mencionó acciones como incendiar vehículos y mezquitas, entrar en viviendas, vandalizar propiedades o apropiarse de terrenos. Ya no habló únicamente de delincuencia. Washington está reclamando investigaciones y consecuencias, una presión particularmente incómoda para un Gobierno israelí donde el movimiento de colonos cuenta con defensores en puestos de enorme peso político.
La tensión venía creciendo desde semanas atrás. En agosto, colonos rodearon viviendas palestinas en Qusra, incluida la de una familia palestino-estadounidense, hasta que las fuerzas israelíes los obligaron a abandonar el lugar. El 2 de septiembre, dos jóvenes palestinos de 16 y 19 años murieron durante otro episodio violento en Al Mughayyir, cerca de Ramala.
Las autoridades palestinas atribuyeron esas muertes a una incursión en la que participaron colonos y fuerzas israelíes. El Ejército israelí sostuvo que sus soldados respondieron a disturbios con lanzamiento de piedras y señaló que el incidente estaba siendo investigado. Versiones enfrentadas, otra vez, sobre un terreno donde la violencia lleva demasiado tiempo dejando víctimas.
Smotrich confirma la orden, pero se distancia de Netanyahu
La confirmación más llamativa llegó precisamente desde dentro del Gobierno. Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, dirigente de la derecha nacionalista religiosa y residente en un asentamiento, explicó durante una conferencia en Jerusalén que Netanyahu había ordenado evacuar construcciones levantadas en las áreas A y B de Cisjordania.
Smotrich añadió que no comparte la decisión. El desacuerdo tiene un peso evidente: ha sido una de las figuras centrales de la política israelí de expansión y regularización de asentamientos y considera que el actual Ejecutivo ha conseguido avances importantes para consolidar la presencia israelí en el Área C.
Ahí aparece la verdadera grieta política. Netanyahu responde a una exigencia de Estados Unidos mientras una parte de sus aliados considera cualquier retroceso en la implantación de colonos una concesión innecesaria. Un equilibrio conocido en la política israelí de los últimos años, aunque esta vez ocurre con caravanas, carreteras y excavadoras en medio.
Qué significan las áreas A, B y C de Cisjordania
La referencia de Smotrich a las áreas A y B no es un detalle burocrático. Procede de los Acuerdos de Oslo de la década de 1990, que dividieron Cisjordania en tres grandes categorías administrativas con distintos grados de control israelí y palestino.
En el esquema nacido de Oslo, el Área A quedó bajo administración civil y de seguridad palestina; el Área B mantiene administración civil palestina con competencias de seguridad compartidas o ejercidas también por Israel; y el Área C permanece bajo control civil y militar israelí. La mayoría de la población palestina reside en las dos primeras.
Por eso, la construcción de puestos israelíes en las áreas A y B resulta particularmente sensible. La instrucción comunicada por Netanyahu parece centrarse precisamente en enclaves levantados fuera del Área C, donde Israel ejerce su control administrativo más amplio.
Desmontar un puesto no equivale a frenar los asentamientos
Conviene separar dos realidades. Una cosa es retirar construcciones que ni siquiera cuentan con autorización oficial israelí. Otra, bastante distinta, sería detener la expansión de los asentamientos reconocidos por Israel. La decisión anunciada no supone eso.
El Gobierno de Netanyahu ha impulsado durante los últimos años una rápida expansión de la presencia israelí en Cisjordania, mediante nuevos asentamientos, autorizaciones y el reconocimiento de construcciones que anteriormente carecían de estatus oficial. Smotrich ha desempeñado un papel protagonista en esa política.
La orden del domingo no borra esa trayectoria. De hecho, el propio ministro utilizó los avances conseguidos por los colonos en el Área C para relativizar su desacuerdo con Netanyahu. Se desmontan unas piezas mientras otras permanecen —o crecen— sobre el tablero.
El problema jurídico que rodea a los asentamientos
La diferencia entre un asentamiento autorizado y otro no autorizado existe dentro del sistema jurídico y administrativo israelí, pero no resuelve la controversia internacional. Son dos planos distintos que a menudo se confunden.
Naciones Unidas y gran parte de la comunidad internacional consideran ilegales los asentamientos israelíes establecidos en Cisjordania conforme al derecho internacional y consideran el territorio ocupado militarmente. Israel rechaza esa interpretación y sostiene una posición jurídica diferente sobre el estatus del territorio.
Israel conquistó Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza en 1967. Los palestinos reclaman Cisjordania y Jerusalén Este como partes esenciales de un futuro Estado palestino. Más de medio millón de israelíes viven actualmente en asentamientos de Cisjordania, sin contar Jerusalén Este.
Ese es el terreno político que convierte una decisión aparentemente administrativa —retirar unas caravanas, desmontar algunas construcciones, evacuar un pequeño núcleo— en algo bastante mayor. Cada nuevo asentamiento transforma físicamente el territorio sobre el que desde hace décadas se intenta negociar una solución política entre israelíes y palestinos.
Una decisión limitada que llega en un momento delicado
Netanyahu afronta esta disputa interna a pocas semanas de las elecciones israelíes del 27 de octubre. El Likud intenta conservar y ampliar su espacio electoral mientras formaciones situadas más a la derecha compiten por un votante para quien la expansión de los asentamientos es una cuestión ideológica central.
No existe evidencia pública de que la orden sobre los puestos avanzados responda exclusivamente a un cálculo electoral. Lo que sí está sobre la mesa es la presión directa de Estados Unidos y el incremento de la preocupación por los ataques de colonos. Washington ha elevado el tono de una forma poco habitual.
La incógnita ya no está tanto en el anuncio como en su ejecución. Falta conocer qué puestos serán realmente evacuados, cuándo comenzarán las operaciones y hasta dónde estará dispuesto Netanyahu a enfrentarse al sector más duro del movimiento de colonos.
Porque sobre el papel se pueden desmontar cien enclaves. Sobre las colinas de Cisjordania, donde una caravana puede terminar acompañada por una carretera, viviendas y servicios hasta formar un núcleo consolidado, la política suele ser bastante menos provisional. La orden de Netanyahu marca un cambio concreto; todavía no, ni mucho menos, un vuelco de fondo.

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