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¿Por qué Milei dice que Pedro Sánchez está «más sucio que una papa»?

Javier Milei llama a Sánchez «más sucio que una papa» en Chile y mezcla corrupción, inmigración y su vieja confrontación con el Gobierno español.

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reforma laboral de Milei

Resumen

  • Milei dijo que Sánchez está «más sucio que una papa» durante un acto en Chile
  • El argentino ligó su ataque a corrupción, inmigración e identidad española
  • La bronca entre ambos viene de 2024, aunque la relación diplomática se normalizó

Javier Milei ha vuelto a cargar contra Pedro Sánchez, y esta vez sin molestarse demasiado en envolver el golpe en papel diplomático. El presidente argentino afirmó este jueves 3 de septiembre, durante una intervención política en Santiago de Chile, que el jefe del Gobierno español está «más sucio que una papa» y rodeado de «gentuza». También recuperó una acusación anterior contra el Ejecutivo de Sánchez, al que había definido como un Gobierno de «ladrones».

Las palabras se pronunciaron durante el V Encuentro Regional de Foro Madrid, una plataforma impulsada por la Fundación Disenso, vinculada a Vox. Milei mezcló en el mismo discurso corrupción, inmigración, identidad nacional y confrontación ideológica. Acusó a Sánchez y al PSOE de facilitar una inmigración «descontrolada» y sostuvo que España estaría perdiendo deliberadamente su identidad.

Hay, sin embargo, una frontera que conviene no borrar entre el ruido político y los hechos. Milei no aportó una resolución judicial que atribuya personalmente a Pedro Sánchez los delitos a los que aludió durante su intervención. Sí existen condenas que afectan a antiguos dirigentes socialistas y procedimientos abiertos en el entorno del presidente, pero eso no convierte automáticamente a Sánchez en responsable penal. El matiz parece obvio. En estos tiempos, quizá no tanto.

Milei vuelve a elegir a Sánchez como adversario político

El presidente argentino utilizó a España como ejemplo de su ofensiva contra la izquierda europea. Su tesis fue que los gobiernos progresistas buscan conservar el poder mediante un Estado cada vez más grande, una elevada presión fiscal y políticas que, según él, erosionan las sociedades occidentales. Dentro de ese retrato apareció de nuevo Pedro Sánchez, convertido desde hace tiempo en uno de sus adversarios internacionales predilectos.

Milei se refirió al presidente español como «Pedrito», recuperó las acusaciones de corrupción y aseguró que los acontecimientos ocurridos en España terminarían dando la razón a sus ataques anteriores. No fue una salida aislada ni un calentón de micrófono: forma parte de una confrontación política que lleva más de dos años entrando y saliendo de los titulares.

Sánchez representa, para el dirigente argentino, casi el negativo fotográfico de su propio proyecto: socialdemocracia frente a libertarismo, mayor intervención pública frente a reducción del Estado y posiciones muy distintas sobre inmigración, impuestos, servicios públicos o protección social. La discrepancia ideológica es perfectamente legítima. El lenguaje empleado para expresarla pertenece a otro departamento.

La diplomacia, entretanto, queda a menudo aparcada en el guardarropa. Milei había enviado previamente un saludo a Santiago Abascal, presidente de Vox y de la Fundación Disenso, que no acudió al encuentro. El discurso tenía así un destinatario español evidente y otro más amplio: la red internacional de fuerzas conservadoras y de derecha que el presidente argentino intenta cohesionar alrededor de su batalla contra la izquierda.

Qué hay detrás de la acusación de corrupción

Cuando Milei afirmó que los «hechos» confirmarían sus antiguas acusaciones, no precisó exactamente a qué procedimientos judiciales se refería. El contexto español, sin embargo, permite entender el terreno elegido. El pasado junio, el Tribunal Supremo condenó al exministro socialista José Luis Ábalos a 24 años y tres meses de prisión y a su antiguo asesor Koldo García a 19 años y ocho meses por delitos relacionados con mordidas en contratos de mascarillas y otras irregularidades.

La sentencia contra ambos supuso uno de los golpes judiciales más graves sufridos por el PSOE durante la etapa de Sánchez. El Supremo consideró a Ábalos y García responsables de delitos como organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Eso es un hecho judicial y no una interpretación partidista.

También continúa el procedimiento que afecta a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno. El juez Juan Carlos Peinado la envió a juicio por presuntos delitos, entre ellos tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación, aunque posteriores decisiones judiciales obligaron a reordenar parte del procedimiento. Gómez conserva plenamente la presunción de inocencia mientras no exista una sentencia condenatoria.

Ese detalle jurídico es esencial. Una cosa es que existan condenas por corrupción de antiguos dirigentes socialistas y causas abiertas que afectan al entorno del presidente; otra, bastante diferente, concluir que Pedro Sánchez es personalmente culpable de un delito. Milei fundió ambas dimensiones dentro de un discurso político. Es eficaz para un mitin. Para describir la realidad judicial, bastante menos.

Inmigración, identidad y la crisis de Ceuta

El ataque llegó, además, en plena tormenta política por la crisis migratoria de Ceuta. Sánchez compareció este mismo jueves ante el Congreso después de la llegada masiva registrada a finales de julio, cuando más de 70.000 personas cruzaron desde Marruecos hacia la ciudad autónoma en un episodio de una dimensión excepcional.

El presidente del Gobierno sostuvo ante los diputados que, hasta el momento, no existen pruebas concluyentes de que las autoridades marroquíes organizaran deliberadamente aquella entrada masiva, aunque reconoció que durante varias horas las fuerzas marroquíes permitieron los cruces y admitió deficiencias que deberán analizarse en los mecanismos españoles de información, prevención y respuesta.

Milei tomó esa crisis y la introdujo en una interpretación ideológica mucho más amplia. Acusó al PSOE de «facilitar la inmigración descontrolada», de degradar la identidad española y de preparar el terreno para que extranjeros terminen sustituyendo a la población del país. Incluso habló de «hordas extranjeras», una expresión que lleva el debate desde la gestión migratoria hasta un terreno mucho más áspero.

Aquí las palabras importan. Hablar de inmigrantes como una masa que avanza sobre España transforma problemas muy reales —fronteras, integración, seguridad, vivienda, servicios públicos y capacidad de acogida— en una imagen casi bélica. Y sugerir que existe una sustitución deliberadamente organizada de la población española requiere pruebas que Milei no aportó durante su discurso.

España puede discutir, y de hecho discute, sobre cuánta inmigración puede absorber, cómo controlar sus fronteras, qué exigir para la integración o cómo distribuir los costes entre administraciones. Eso forma parte de la política democrática. Otra cosa es convertir millones de historias personales distintas en un bloque homogéneo destinado a reemplazar a la población local.

Una bronca que empezó en 2024 y nunca desapareció del todo

La enemistad entre Milei y Sánchez tiene memoria. En mayo de 2024, durante un acto organizado por Vox en Madrid, el presidente argentino calificó de «corrupta» a Begoña Gómez en plena investigación judicial sobre la esposa del jefe del Ejecutivo español.

El Gobierno exigió una rectificación. Milei se negó. Madrid terminó retirando a su embajadora en Buenos Aires y el enfrentamiento personal pasó a convertirse durante meses en una auténtica crisis diplomática entre España y Argentina. Lo que había comenzado como una pelea verbal acabó entrando en los despachos de Exteriores.

La situación institucional se recondujo en octubre de 2024, cuando España nombró a Joaquín María de Arístegui nuevo embajador en Argentina. Ambos gobiernos recuperaron entonces la normalidad diplomática, algo bastante lógico teniendo en cuenta los enormes vínculos humanos, culturales, económicos y comerciales que unen a los dos países.

Se arregló la embajada. No la química.

Desde entonces, Milei ha mantenido buenas relaciones con sectores de la derecha española, especialmente con Vox, mientras su relación política con Sánchez continúa marcada por una hostilidad difícil de disimular. Las palabras pronunciadas en Chile muestran que aquella normalización diplomática no significó una reconciliación personal ni ideológica.

Foro Madrid y una batalla que pretende ser global

El escenario elegido tampoco fue accidental. Foro Madrid nació con vocación internacional y como espacio de coordinación de fuerzas conservadoras y de derecha frente a gobiernos y movimientos de izquierda de España y América Latina. Milei encaja ahí casi sin necesidad de ajustar el traje.

Durante su intervención pidió una mayor organización internacional de la derecha y sostuvo que sus distintas corrientes deben concentrarse en aquello que las une. Llegó a hablar de la necesidad de extirpar el «cáncer de la izquierda» de las instituciones y volvió a presentar la disputa política como una batalla cultural de dimensiones globales.

Pedro Sánchez funciona perfectamente dentro de ese marco narrativo. Es socialista, preside el Gobierno de una de las principales economías de la Unión Europea y mantiene posiciones prácticamente opuestas a las de Milei en materias como fiscalidad, inmigración, protección social y papel del Estado. Convertirlo en símbolo permite al presidente argentino trasladar su política doméstica a un escenario internacional.

También permite fabricar titulares. Pocas frases cruzan el Atlántico con tanta facilidad como decir que un presidente está «más sucio que una papa». Milei conoce perfectamente el valor político de una expresión que cabe entera en una pantalla de móvil y deja el resto del discurso corriendo detrás.

Entre la provocación y los hechos

Las nuevas declaraciones confirman que la relación política entre Milei y Sánchez continúa profundamente deteriorada pese a que los vínculos diplomáticos entre España y Argentina fueron normalizados. El presidente argentino mantiene intacta una estrategia reconocible: confrontación ideológica, lenguaje agresivo y ataques personales allí donde considera útil marcar la frontera entre aliados y adversarios.

Y existe material político real alrededor del Gobierno español. Las condenas de Ábalos y Koldo, las investigaciones todavía abiertas, el procedimiento que afecta a Begoña Gómez y la crisis migratoria de Ceuta forman parte del panorama español de septiembre de 2026. Ocultarlo sería absurdo; confundir responsabilidades, también.

Ábalos y Koldo han sido condenados. Begoña Gómez afronta un procedimiento judicial. Sánchez responde políticamente por la actuación de su Gobierno. Son realidades distintas y responsabilidades distintas, aunque en un discurso político puedan terminar dentro del mismo saco.

Milei las metió todas en la misma coctelera y agitó con entusiasmo. El resultado sirve para un foro político, para unas cuantas portadas y, desde luego, para volver a colocar la bronca Milei-Sánchez en primer plano. La Justicia, por suerte, funciona de otra manera.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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