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¿Por qué Paramount acusa a Mark Ruffalo de antisemitismo por Gaza?

Mark Ruffalo choca con Paramount por Gaza y la fusión con Warner, mientras la acusación de antisemitismo sacude Hollywood y abre otra crisis.

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Ruffalo llama a Trump peor ser humano

Mark Ruffalo ha convertido su oposición a la gigantesca operación entre Paramount Skydance y Warner Bros. Discovery en algo bastante más áspero que una discusión sobre estudios, películas y cuentas de resultados. El actor criticó públicamente a la familia Ellison, vinculó sus intereses empresariales con la tecnología suministrada por Oracle a Israel y utilizó términos como «genocidio» y «apartheid». Paramount respondió acusándole de recurrir a tropos antisemitas. Ruffalo lo niega de forma tajante.

Ese es, sin adornos, el núcleo de la polémica. El intérprete sostiene que cuestionar al Gobierno israelí, los contratos tecnológicos relacionados con su aparato militar o las actuaciones empresariales de Larry y David Ellison no equivale a atacar a los judíos. Paramount considera, por el contrario, que introducir determinadas imágenes sobre riqueza, control, poder mediático y los Ellison dentro de esa crítica cruza una frontera. Dos lecturas incompatibles de unas mismas palabras y, detrás, una operación empresarial gigantesca.

La discusión todavía ha subido otro peldaño. Creative Community for Peace, una organización de defensa de Israel vinculada al mundo del entretenimiento estadounidense, ha pedido que Hollywood deje de dar plataforma a Ruffalo hasta que retire sus declaraciones y se disculpe. No es poca cosa, aunque tampoco conviene convertir la petición de una organización concreta en un supuesto veto de toda la industria. Son fenómenos distintos.

Qué dijo Ruffalo y por qué entra Oracle

El origen inmediato fue una publicación de Ruffalo en Instagram el viernes 21 de agosto. El actor compartió un vídeo de Safra Catz, antigua consejera delegada de Oracle y actualmente vicepresidenta ejecutiva de su consejo de administración, hablando de la tecnología de la compañía y de Israel tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Catz ya no dirige Oracle como CEO: ese dato importa porque parte de la información que circula sobre la polémica la sigue presentando con su antiguo cargo.

Ruffalo construyó a partir de ahí una acusación política y empresarial. Relacionó a Larry Ellison, fundador de Oracle, presidente ejecutivo de su consejo y director tecnológico, con la financiación que rodea la operación impulsada por su hijo David Ellison en Paramount. Después advirtió sobre el poder que supondría concentrar tecnología, datos y grandes medios bajo la influencia de un círculo empresarial tan reducido.

El actor fue mucho más lejos al asociar esa tecnología con lo que él describe como el «genocidio» de Gaza y un sistema de «apartheid». Es precisamente ahí donde la controversia dejó de ser una crítica clásica a una concentración empresarial. Ya no se discutía únicamente quién posee HBO, CNN o un catálogo cinematográfico; entraban Israel, Gaza, antisemitismo y poder económico en el mismo párrafo. El combustible estaba servido.

De Gaza a la concentración mediática

La segunda pata del discurso de Ruffalo es menos ideológica y bastante más reconocible dentro de Hollywood: su rechazo a la concentración de empresas audiovisuales. El actor lleva tiempo señalando el posible efecto de la unión entre Paramount y Warner Bros. sobre el empleo, la competencia y la independencia editorial.

No está solo en la preocupación por la concentración, aunque eso no significa que quienes cuestionan la operación compartan su discurso sobre Israel. Una coalición formada por 12 fiscales generales estatales demandó en julio para impedir la adquisición. Su argumento jurídico es antimonopolio: consideran que la operación reduciría de forma sustancial la competencia en distribución cinematográfica y televisión por cable.

Según las autoridades que combaten la operación, Paramount y Warner Bros. son dos de los cinco grandes distribuidores cinematográficos de Estados Unidos y, unidos, alcanzarían alrededor del 27% del mercado de distribución de películas de estreno amplio. En el segmento de producciones destinadas a convertirse en grandes éxitos de taquilla, la cuota superaría el 30%. También reunirían aproximadamente un 27% del mercado de licencias de canales básicos de cable. Ruffalo, por tanto, ha escogido un terreno donde el debate sobre el poder corporativo ya existía antes de que él introdujera Gaza en la conversación.

Paramount responde: antisemitismo y límites del debate

Paramount no contestó simplemente diciendo que Ruffalo estaba equivocado. Eligió una acusación mucho más grave: sostuvo que sus declaraciones invocaban estereotipos antisemitas dentro de una disputa empresarial y calificó su retórica como algo que había ido demasiado lejos.

La compañía rechazó especialmente que palabras como «genocidio» o «apartheid» se proyectasen sobre una transacción corporativa y defendió que utilizar esos conceptos en ese contexto devaluaba el sufrimiento real asociado a ellos. Paramount añadió que no tolera los prejuicios contra ningún colectivo y pidió rebajar la temperatura del enfrentamiento.

Hay aquí una diferencia importante, porque suele desaparecer cuando una bronca salta de Instagram a los titulares. Paramount no ha demostrado que Ruffalo sienta hostilidad hacia los judíos; ha afirmado que la retórica empleada reproduce tropos antisemitas. Ruffalo, a su vez, rechaza tanto esa interpretación como la equivalencia entre criticar actuaciones israelíes y atacar a una comunidad religiosa o étnica.

Ruffalo niega la acusación y redobla su oposición

El actor respondió el sábado 22 de agosto calificando la acusación de «atroz» y «fundamentalmente deshonesta». Su argumento es bastante nítido: criticar al primer ministro israelí, un contrato de tecnología militar o a los empresarios que participan en ese ecosistema, sostiene, no es criticar al pueblo judío.

Ruffalo también quiso separar expresamente sus posiciones políticas de cualquier animadversión personal hacia los judíos. Aludió al peso que amigos, colegas y personas judías cercanas han tenido en su vida y en su formación como actor, y volvió inmediatamente al asunto que quiere situar en primer plano: el poder de los Ellison, los negocios de Oracle, los contratos gubernamentales, la vigilancia tecnológica y los efectos que una concentración mediática semejante podría tener sobre miles de trabajadores y sobre las redacciones.

Y no retiró su oposición a la operación. Al contrario. Reclamó un escrutinio de seguridad nacional y sostuvo que el acuerdo no debería avanzar hasta que las autoridades hayan aclarado sus implicaciones. Es una respuesta que no enfría precisamente la escena: Ruffalo niega el antisemitismo, pero mantiene intacta la crítica política y económica que provocó la reacción de Paramount.

El boicot reclamado por CCFP no representa a Hollywood entero

Creative Community for Peace endureció todavía más el tono. Su director ejecutivo, Ari Ingel, acusó a Ruffalo de haber pasado de la crítica a Israel a una retórica extremista y antisemita. La organización sostiene que las referencias del actor a grandes fortunas, concentración mediática, poder y tecnologías que podrían utilizarse contra la población evocan viejas teorías conspirativas antijudías.

CCFP reclamó que Ruffalo retire sus comentarios, pida disculpas y no reciba plataformas profesionales en Hollywood mientras no lo haga. Esa es la posición de la organización. No equivale, al menos por el momento, a una decisión de Paramount de despedir al actor, ni a una prohibición acordada por estudios, sindicatos o el conjunto de la industria. El matiz parece obvio, pero en una polémica de este calibre los matices duran poco.

Una fusión de 110.000 millones atrapada en los tribunales

Debajo del choque verbal hay mucho dinero. Muchísimo. La adquisición de Warner Bros. Discovery por Paramount está valorada en torno a 110.000 millones de dólares; algunas estimaciones que incorporan deuda elevan todavía más el valor empresarial. La operación uniría bajo una misma estructura activos y marcas de enorme peso en cine, televisión, cable y ‘streaming’.

Y, de momento, no puede cerrarse con normalidad. California y otros 11 estados demandaron el 13 de julio para bloquearla alegando que reduciría la competencia. Posteriormente, Paramount y Warner Bros. acordaron permanecer separadas hasta cinco días después de una resolución judicial sobre el fondo del litigio o hasta el 1 de junio de 2027, lo que ocurra antes.

La factura de esperar también es extraordinaria. Paramount asegura que, si el acuerdo no se completa después del 30 de septiembre, debe afrontar unos 7 millones de dólares diarios en pagos ligados al retraso. La compañía llegó a solicitar que los estados que impugnan la operación depositasen una fianza de 1.880 millones para cubrir potenciales pérdidas. El juicio antimonopolio está previsto para marzo de 2027.

Mientras Ruffalo y Paramount intercambian acusaciones, la empresa tiene previsto mantener contactos con representantes de California para explorar una posible vía de acuerdo sobre el litigio. Se trata de conversaciones preliminares y no existe garantía de que desemboquen en una negociación formal. Ahí está la curiosa fotografía del momento: en las redes se discute sobre antisemitismo, Gaza y oligarquías; en los despachos, abogados y ejecutivos hacen cuentas con miles de millones.

Cuando una operación empresarial se convierte en una guerra cultural

La polémica de Mark Ruffalo no puede reducirse limpiamente a una de esas dos frases cómodas que tanto gustan en internet: ni la acusación de Paramount convierte por sí sola al actor en antisemita, ni la afirmación de Ruffalo de que únicamente critica decisiones políticas resuelve automáticamente todas las objeciones sobre el lenguaje que utilizó.

Lo verificable es más interesante. Ruffalo atacó una concentración empresarial real y jurídicamente cuestionada, conectó esa crítica con Oracle y con la guerra de Gaza y empleó un lenguaje extremadamente duro. Paramount respondió afirmando que ese marco reproducía tropos antisemitas. Ruffalo rechazó la acusación. Una organización proisraelí ha reclamado después su boicot. Y, mientras tanto, 12 fiscales generales tienen en los tribunales una batalla antimonopolio contra la operación por razones que existen al margen de toda esta tormenta política.

Hollywood ha conocido muchas peleas entre estrellas y estudios, casi siempre con contratos, salarios o egos como decorado. Esta es diferente. Aquí se mezclan concentración de medios, tecnología, política exterior, libertad de expresión, antisemitismo y Gaza en un negocio valorado en más de cien mil millones de dólares. Un cóctel demasiado grande para caber en una simple bronca de celebridades. Y bastante más relevante que cualquier intercambio de insultos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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