Ocio
Marc Márquez: ¿cómo puede competir con el hombro tras 7 operaciones?
Marc Márquez enseña las secuelas de siete operaciones en su hombro derecho y explica por qué su físico sigue marcando cada fin de semana de MotoGP.

Resumen
- Marc Márquez muestra una fuerte asimetría en su hombro derecho
- El piloto arrastra las secuelas de siete operaciones en esa zona
- Aun así, sigue ganando y está a 19 puntos del liderato de MotoGP
Marc Márquez ha enseñado casi de pasada lo que durante meses había tratado de explicar con palabras. En una de las imágenes compartidas después del Gran Premio de Aragón aparece entrenando, con el torso descubierto y los brazos elevados. Y ahí está: el hombro derecho presenta una asimetría muy marcada respecto al izquierdo, con una pérdida de volumen muscular que convierte la fotografía en una especie de radiografía exterior de años de lesiones, quirófanos y rehabilitación.
No permite hacer un diagnóstico médico —una fotografía nunca debería servir para eso—, pero sí muestra hasta qué punto ha cambiado físicamente el vigente campeón del mundo. Y, pese a semejante castigo, Márquez continúa pilotando una MotoGP al límite, ganando carreras y peleando por otro título. La explicación está menos en una supuesta capacidad para ignorar el dolor que en algo bastante más complejo: adaptación, fuerza residual y gestión del esfuerzo.
El problema no significa que su brazo sea inútil ni que carezca permanentemente de fuerza. Significa que su capacidad muscular, resistencia y control no son idénticos durante todas las vueltas y todos los días de un gran premio. El piloto debe administrar esfuerzos, modificar movimientos y recurrir más a otras partes del cuerpo. Hay fines de semana en los que ese equilibrio funciona. En otros, el hombro termina pasando factura.
La imagen de Marc Márquez que muestra las secuelas de su hombro
La fotografía ha causado impacto precisamente porque Márquez suele rebajar públicamente la importancia de sus problemas físicos. Poco antes, cuando le preguntaron por las dificultades de su brazo derecho, resumió buena parte de su historia reciente con una cifra: siete operaciones.
La imagen pone carne —literalmente— a esas palabras. Se aprecia una diferencia evidente entre ambos lados del torso y entre los brazos, además de las huellas de anteriores intervenciones. Su entorno médico y deportivo conoce perfectamente esa realidad; para el público, en cambio, verla de manera tan directa provoca otra impresión. Una cosa es escuchar hablar de quirófanos. Otra, contemplar lo que dejan atrás.
Conviene precisar algo para no convertir una historia médica complicada en una cuenta demasiado simple. Cuando Márquez habla de las siete operaciones relacionadas con el hombro y la extremidad derecha, no significa que haya sufrido siete veces exactamente la misma lesión ni que todas las intervenciones hayan tenido idéntico objetivo. Su historial mezcla problemas de hombro, húmero, estabilidad articular y complicaciones posteriores.
Siete operaciones, pero no siete veces la misma lesión
Uno de los momentos decisivos llegó en Jerez 2020, cuando Márquez sufrió una gravísima fractura del húmero derecho. Aquella caída alteró su carrera. La lesión exigió varias intervenciones y desembocó en complicaciones, problemas de consolidación del hueso y una larga recuperación que terminó incluyendo una osteotomía correctora realizada en Estados Unidos en 2022 para modificar la rotación del húmero.
Pero el hombro ya había dado avisos antes. En diciembre de 2019 se sometió a una intervención de tipo Latarjet para estabilizar el hombro derecho y evitar episodios recurrentes de luxación. Aquel procedimiento volvería a aparecer, años después, en una de las historias más insólitas de su expediente médico.
Cuando parecía que la etapa más oscura había quedado atrás, otra caída en Indonesia en 2025 volvió a comprometer la misma zona. El español tuvo que afrontar una nueva recuperación y comenzó la temporada siguiente todavía condicionado físicamente. El cuerpo de un piloto de MotoGP, sometido a frenadas violentas y cambios de dirección continuos, tiene poca paciencia con las piezas que no funcionan exactamente como deberían.
Durante 2026 comenzaron a aparecer pérdida de fuerza y problemas de sensibilidad. Los médicos comprobaron que dos tornillos y un fragmento óseo procedentes de aquella antigua intervención de 2019 se habían desplazado y estaban comprimiendo el nervio radial. La solución exigía volver al quirófano.
La operación estaba prevista, pero una caída en Le Mans aceleró los acontecimientos. Márquez sufrió además una fractura del quinto metatarsiano del pie derecho y los médicos aprovecharon la misma jornada quirúrgica para estabilizar el pie y retirar del hombro los elementos que estaban afectando al nervio. Otra operación. Otro periodo de rehabilitación. Y vuelta a empezar.
Cómo puede pilotar una MotoGP con un brazo tan castigado
Aquí está la parte que la fotografía no cuenta. Una MotoGP no se conduce simplemente girando un manillar. El piloto frena con enorme violencia, desplaza el cuerpo, contiene movimientos de una máquina de más de 150 kilos, controla levantamientos de la rueda delantera y cambia de lado una y otra vez mientras rueda a velocidades que superan ampliamente los 300 kilómetros por hora.
Márquez todavía puede producir la fuerza necesaria para hacerlo. El problema aparece con la repetición. Su cuerpo no responde durante cuarenta minutos exactamente igual que en una vuelta rápida. Y un gran premio tampoco empieza el domingo: antes están los entrenamientos, la clasificación y la sprint. Todo suma en un hombro que llega al fin de semana con menos margen que el de sus rivales.
Su equipo ha tenido que trabajar alrededor de esa realidad. El español no siempre puede emplear toda su fuerza durante todas las vueltas y necesita escoger mejor cuándo atacar. En determinadas situaciones, cuando la Ducati tiende a levantar la rueda delantera, el trabajo sobre el manillar resulta especialmente exigente. Ahí entra la compensación: más piernas, más torso y movimientos distintos de los que durante años ejecutó casi de manera automática.
La fuerza se administra casi como el combustible
Eso explica una aparente contradicción. Márquez puede protagonizar una carrera formidable y poco después encontrarse físicamente mucho más limitado. No hay misterio ni milagro deportivo. Su rendimiento depende del desgaste acumulado durante el fin de semana, de las características del circuito, del número de curvas hacia cada lado y de cuánto tiempo pueda mantener una determinada intensidad muscular.
Silverstone mostró la versión más dura del problema. Tras una carrera especialmente exigente, el piloto reconoció que había llegado a un punto en el que prácticamente había perdido el control efectivo del brazo derecho. Posteriormente admitió que había afrontado el fin de semana con demasiada intensidad desde el viernes y había consumido buena parte de sus reservas antes del domingo.
En Aragón adoptó una lectura distinta. Administró mejor el esfuerzo, escogió los momentos y terminó dominando tanto la carrera sprint como el Gran Premio. No es que el hombro se hubiese curado de una semana para otra. Cambió la manera de gastar lo que tenía.
Los circuitos también deciden cuánto sufre Márquez
El dibujo de cada pista importa más de lo habitual. Históricamente, Márquez ha sido especialmente fuerte en trazados con numerosas curvas hacia la izquierda. Allí puede explotar una de sus especialidades: frenar muy tarde, mantener la moto inclinada y utilizar el cuerpo para hacerla girar. Su peculiar estilo siempre ha tenido algo de lucha física con la máquina.
Ahora ese estilo necesita ajustes. Después de tantas lesiones, incluso algunos movimientos que antes salían sin pensar pueden exigir una compensación diferente. La recuperación posterior a la intervención de mayo mejoró sus sensaciones, pero la resistencia muscular continúa siendo uno de los grandes interrogantes cuando el esfuerzo se prolonga.
Su vida fuera de la pista también se ha adaptado. La fisioterapia ocupa una parte importante de su rutina y ha reducido actividades capaces de añadir riesgo a la articulación. Los médicos incluso le han recomendado evitar dormir apoyado sobre el lado derecho. Una restricción pequeña comparada con pilotar una Ducati a más de 300 por hora, quizá, pero reveladora: el hombro no deja de existir cuando se apaga el motor.
Marc Márquez vuelve a estar en plena lucha por el Mundial
Aquí la fotografía adquiere otra dimensión. Márquez no está simplemente completando carreras mientras intenta prolongar su trayectoria. Está metido de lleno en la pelea por el Mundial de MotoGP 2026.
Después de su victoria en Aragón alcanzó los 237 puntos y quedó a solo 19 puntos de Jorge Martín, líder del campeonato. Había recortado una diferencia que semanas atrás parecía mucho más difícil de enjugar y lo hizo completando un fin de semana casi perfecto en MotorLand.
La carrera tampoco fue un paseo administrativo. Márquez tuvo problemas inicialmente con el dispositivo de altura de su Ducati, recuperó terreno y acabó superando a Marco Bezzecchi después de una batalla a más de 300 kilómetros por hora. Pedro Acosta terminó segundo y el propio Bezzecchi completó el podio. El resultado dejó el campeonato mucho más abierto.
MotorLand continúa siendo territorio especialmente favorable para el 93. Con su última victoria alcanzó ocho triunfos en el circuito aragonés y volvió a demostrar que, cuando consigue administrar el esfuerzo físico, sigue teniendo velocidad suficiente para marcar diferencias frente a una parrilla extraordinariamente competitiva.
El décimo título mundial ya no parece una fantasía
Márquez afronta la recta decisiva de la temporada como vigente campeón y con una oportunidad real de conquistar su décimo Mundial, que sería el octavo en la categoría reina. Pocos meses atrás, con las lesiones acumulándose y otra visita al quirófano, el escenario parecía bastante menos amable.
La siguiente fase del campeonato volverá a medir algo más que la velocidad de la Ducati. Misano y el resto de circuitos pendientes exigirán controlar el desgaste de un brazo que no admite demasiados excesos. A estas alturas, Márquez conoce perfectamente el mecanismo: puede ser rápido desde el viernes, pero la auténtica cuenta llega el domingo.
Ahí aparece también la paradoja más interesante de su temporada. Cuanto más competitivo vuelve a ser, más fácil resulta olvidar su limitación física. Una victoria esconde cicatrices con sorprendente eficacia. Basta después una imagen en el gimnasio para recordar que el hombro derecho no se parece al izquierdo y probablemente nunca volverá a comportarse exactamente como antes.
Un cuerpo distinto, la misma ambición
Durante años, cada resultado discreto de Marc Márquez ha terminado bajo la misma lupa: cuánto era la moto, cuánto el piloto y cuánto aquel brazo reconstruido intervención tras intervención. Él mismo parece cansado de explicarlo. Comprensible. En un paddock donde cualquier gesto termina convertido en teoría, reconocer una debilidad física también ofrece información a los rivales.
La fotografía publicada esta semana reduce bastante el debate. El brazo derecho de Márquez conserva secuelas visibles y condiciona su rendimiento. Eso no significa que cada derrota pueda atribuirse a la lesión, ni convierte sus victorias en una especie de fenómeno sobrenatural. Significa algo más concreto: compite adaptándose a un límite físico real.
Ha tenido que aprender dónde gastar fuerza, cuándo guardarla, cómo trasladar trabajo hacia las piernas y hasta qué punto puede castigar el hombro antes de que la fatiga aparezca. Ya no pilota exactamente con el cuerpo que tenía antes de aquella caída de Jerez en 2020. La técnica, la experiencia y una preparación física casi artesanal han ido llenando los huecos.
Y ese es el dato que termina dando sentido a la fotografía: después de siete operaciones, años de rehabilitación y nuevas complicaciones médicas, Marc Márquez continúa ganando carreras y se encuentra a solo 19 puntos del liderato de MotoGP. La imagen del hombro impresiona. La clasificación, vista después, quizá todavía más.












