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¿Cómo es el museo de George Lucas que por fin abre en Los Ángeles?

El Lucas Museum of Narrative Art abre en Los Ángeles con más de 40.000 piezas, 30 galerías, cine, cómic, pintura y un espacio para Star Wars.

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museo de George Lucas en Los Ángeles

Por RON RAFFETY - CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • El museo de George Lucas abre en Los Ángeles el 22 de septiembre de 2026
  • La colección supera las 40.000 piezas y reúne arte, cómic, cine y fotografía
  • Star Wars ocupa solo una parte del recorrido, no es el centro de todo el museo

George Lucas está a punto de abrir en Los Ángeles uno de los proyectos culturales más ambiciosos —y extraños, en el mejor sentido— surgidos de Hollywood. El Lucas Museum of Narrative Art abrirá al público el 22 de septiembre de 2026 en Exposition Park, después de una gestación de casi dos décadas, con una inversión superior a los 1.000 millones de dólares, más de 30 galerías y unas 1.300 obras en su montaje inaugural.

Conviene despejar pronto la confusión inevitable. No es un museo de Star Wars con algunos cuadros alrededor. La galaxia creada por Lucas tiene una presencia importante, sí, pero ocupa alrededor del 7% del espacio expositivo. El verdadero asunto es mucho más grande: explicar cómo los seres humanos llevamos miles de años contando historias mediante imágenes, desde una pintura rupestre hasta una viñeta de cómic, una fotografía de guerra o el diseño de una nave espacial.

Un museo que George Lucas tardó 17 años en levantar

Lucas, de 82 años, lo ha contado sin demasiada épica impostada. Está acostumbrado a intentar cosas que parecen imposibles, pero esta aventura llegó a poner a prueba su voluntad. No cuesta entenderlo. El proyecto ha necesitado unos 17 años entre ideas, negociaciones, rechazos, mudanzas sobre el papel y construcción.

Antes de aterrizar definitivamente en Los Ángeles hubo intentos en San Francisco y Chicago. Solo levantar el complejo en Exposition Park consumió alrededor de ocho años. Para alguien capaz de construir imperios galácticos en un estudio, la burocracia urbana terminó siendo un adversario bastante más tangible que Darth Vader.

Finalmente apareció el lugar. El museo ocupa un terreno anteriormente dedicado en buena medida a aparcamientos, dentro de uno de los principales polos culturales del sur de Los Ángeles, cerca del Natural History Museum y del California Science Center. La operación transforma así una superficie de asfalto en un nuevo campus dedicado al arte narrativo.

El resultado tiene unas dimensiones poco discretas: alrededor de 28.000 metros cuadrados de edificio y más de 9.000 metros cuadrados destinados a galerías. El conjunto ocupa algo más de cinco hectáreas e integra arquitectura, jardines, esculturas y espacios públicos.

Una nave espacial, una nube o algo difícil de clasificar

El edificio es obra del arquitecto chino Ma Yansong, fundador de MAD Architects, junto con Stantec. Desde fuera parece uno de esos objetos que obligan a detenerse un momento antes de decidir qué se está mirando. Hay quien ve una nave espacial. Otros, una enorme forma orgánica suspendida sobre el parque. Ma prefiere hablar de una nube.

La estructura blanca, curva y prácticamente sin ángulos rectos se eleva parcialmente sobre el terreno mientras la vegetación penetra alrededor y bajo el edificio. El paisaje diseñado por Mia Lehrer y Studio-MLA intenta borrar la frontera entre museo y parque: árboles, senderos, jardines y esculturas rodean una arquitectura que podría haber quedado como un monumental artefacto futurista y, sin embargo, busca mezclarse con el verde.

Es una combinación peculiar. Metal, vidrio, sombras, vegetación. Un objeto de ciencia ficción plantado en medio de Los Ángeles, pero sin la intención de convertirse simplemente en otro decorado de Hollywood. El edificio quiere ser parte del relato antes incluso de que el visitante cruce la puerta.

De Altamira y Van Gogh a los cómics de Batman

Dentro cambia completamente la escala del asunto. La colección permanente del Lucas Museum reúne más de 40.000 obras y objetos, mientras que la exposición inaugural mostrará alrededor de 1.300 distribuidos por más de 30 galerías.

George Lucas y su esposa, la empresaria y filántropa Mellody Hobson, llevan décadas coleccionando lo que definen como arte narrativo: imágenes capaces de contar historias, representar mitos, transmitir valores o construir personajes. Esa definición, deliberadamente amplia, permite juntar mundos que durante mucho tiempo apenas se saludaban desde extremos opuestos de la cultura.

Eso produce combinaciones que en un museo convencional resultarían casi heréticas. Aparecen Artemisia Gentileschi, Vincent van Gogh, Frida Kahlo, Diego Rivera y Norman Rockwell, pero también Robert Crumb, Charles Schulz, Frank Miller, Frank Frazetta, Beatrix Potter, Robert Capa, Gordon Parks, Banksy o Takashi Murakami.

No están colocados necesariamente según el canon académico habitual. Las galerías trabajan también con asuntos universales —amor, maternidad, familia, trabajo, deporte, aventura, comunidad— y ponen frente a frente lenguajes visuales que durante décadas vivieron separados por paredes bastante rígidas: la pintura por aquí, la ilustración comercial por allá, el cómic más lejos todavía.

Ese es probablemente el gesto cultural más interesante del museo. Lucas no acepta demasiado bien la vieja frontera entre bellas artes y cultura popular. Un óleo puede contar una historia. También una portada, una tira cómica, un mural político o un dibujo preparatorio realizado para una película.

Una réplica de Altamira a miles de kilómetros de Cantabria

El recorrido empieza incluso antes de la cultura contemporánea. Una de las primeras instalaciones intenta condensar miles de años de narración visual mediante reproducciones tecnológicas de obras y espacios imposibles de trasladar.

Entre ellas aparecen las pinturas rupestres de Altamira, reproducidas a partir de imágenes de alta resolución y escaneados tridimensionales realizados en colaboración con el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira. También se incluyen reproducciones relacionadas con la Piedra del Sol azteca, piezas del Louvre y el techo de la Capilla Sixtina.

No pretende sustituir a los originales —sería una ocurrencia considerable—, sino mostrar en una misma secuencia algo difícil de contemplar físicamente: cómo culturas separadas por continentes y milenios recurrieron a imágenes para construir dioses, héroes, miedos y memoria colectiva.

Star Wars está dentro, pero no se ha quedado con todo el museo

Y entonces, naturalmente, llega Star Wars. El Lucas Museum conserva el Lucas Archives, una enorme colección de materiales procedentes de producciones de Lucasfilm desde los años setenta hasta 2012. Incluye piezas de las seis primeras películas de Star Wars, las primeras cuatro entregas de Indiana Jones y títulos como Willow.

Aquí la diferencia respecto a una exposición convencional de objetos cinematográficos es importante. Las piezas no aparecen únicamente como fetiches para aficionados. Lucas quiere mostrar el proceso mediante el que una idea termina transformándose en una imagen reconocible por medio planeta.

Star Wars in Motion y las máquinas de una galaxia muy lejana

La primera gran exposición cinematográfica se titula Star Wars in Motion y pone el foco en el movimiento y los vehículos de la saga.

Hay diseños conceptuales, vestuario, maquetas y objetos utilizados en las películas, desde el landspeeder de Luke Skywalker de Una nueva esperanza hasta la moto rueda del general Grievous de La venganza de los Sith. El espectador puede seguir así el camino que va del dibujo inicial al objeto físico y, finalmente, a la pantalla.

Es un territorio especialmente revelador para entender a Lucas. Antes que empresario multimillonario o propietario de una franquicia, siempre fue un cineasta obsesionado con la construcción visual de mundos. Los vehículos, ciudades, armaduras y criaturas de Star Wars no surgieron de la nada: fueron dibujados, descartados, rediseñados, modelados y fotografiados una y otra vez.

Y aun con todo eso, Star Wars no domina el museo. Esa es quizá una de las decisiones más sorprendentes del proyecto: Lucas tenía material de sobra para levantar un gigantesco santuario dedicado a su propia saga y optó por integrarla en una historia visual mucho más amplia.

Dos cines donde las películas no paran

El cine tampoco queda reducido a vitrinas. El Lucas Museum dispone de dos salas cinematográficas, dedicadas a Robert Flaherty y Slavko Vorkapich, con proyecciones continuas que permitirán al visitante entrar y salir como si estuviera recorriendo otra galería.

La programación inicial mezcla documental, animación, cine experimental, producciones históricas y trabajos relacionados con los artistas presentes en las exposiciones. También habrá películas estudiantiles de George Lucas, una oportunidad poco habitual para observar qué hacía el creador de Star Wars antes de que existieran imperios, jedis y miles de millones de dólares alrededor de su apellido.

La institución cuenta igualmente con una biblioteca de investigación gratuita, cuyo fondo incluye más de 30.000 cómics, materiales procedentes de la antigua biblioteca de investigación de Skywalker Ranch y unos 3.000 libros de arte donados por Steve Martin y su esposa, Ann Martin.

Cuánto cuesta entrar y qué habrá alrededor del museo

La entrada general para adultos está fijada en 25 dólares, mientras que los mayores de 65 años pagarán 21 dólares. Los menores de 18 años podrán acceder gratuitamente, al igual que los miembros del museo y determinados colectivos incluidos por la institución.

Existe asimismo un programa específico para residentes del código postal 90037, el área inmediata del museo. Es un detalle relevante en una ciudad donde la llegada de una institución cultural multimillonaria a un barrio no es precisamente un asunto neutro.

Fuera de las galerías habrá jardines abiertos, esculturas monumentales y zonas de estancia. El parque incorpora obras de Fernando Botero y otros artistas junto a personajes procedentes del universo de Lucas. Una estatua puede recordar a Emiliano Zapata y, unos metros más allá, aparecer Yoda. Esa mezcla resume bastante bien la filosofía del lugar.

También funcionarán una cafetería y el Skywalker Grill, restaurante situado en la quinta planta. El nombre, al menos ahí, deja pocas dudas sobre quién pagó la factura.

Antes de la apertura general habrá jornadas reservadas a miembros entre el 5 y el 11 de septiembre y una visita especial para la comunidad local el día 13. La inauguración institucional del 19 de septiembre contará con figuras como Steven Spielberg, Guillermo del Toro, Tom Cruise y Greta Gerwig.

Cuando la cultura popular entra por la puerta principal

El Lucas Museum llega con una idea que hace algunas décadas habría incomodado a más de un conservador: una historieta de cómic, una ilustración comercial o un diseño cinematográfico también pueden formar parte de la historia del arte.

No significa que todo valga lo mismo. Significa algo bastante menos pueril: que las imágenes que una sociedad consume masivamente terminan diciendo mucho sobre esa sociedad. Norman Rockwell lo hizo desde las portadas de revistas; Rivera desde un muro; Capa con una cámara; Schulz mediante unas pocas líneas de tinta. Lucas construyó otra mitología utilizando celuloide, maquetas y efectos especiales.

El museo de Los Ángeles intenta meter esas tradiciones dentro de una misma conversación. Habrá discusión, inevitablemente. Algunas comparaciones irritarán a los guardianes del canon y otras parecerán deliciosamente obvias a quienes crecieron entendiendo el mundo tanto a través de cuadros como de películas, mangas o viñetas.

Quizá ahí esté el verdadero museo que George Lucas ha tardado 17 años en construir. No un santuario dedicado exclusivamente a su propia carrera, aunque material habría de sobra, sino una enorme defensa de las imágenes populares que durante mucho tiempo fueron consideradas demasiado comerciales, demasiado accesibles o sencillamente demasiado divertidas para entrar en ciertos templos culturales.

El 22 de septiembre de 2026 esas puertas se abren en Los Ángeles. Y esta vez, después de tantos años, no será ficción.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.