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Naturaleza

¿Por qué las abejas carpinteras están dañando la madera en Almería?

Las abejas carpinteras avanzan por Almería y perforan vigas, pérgolas y postes. Así actúan, qué daños causan y cómo proteger bien la madera.

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abejas carpinteras

Almería tiene un nuevo inquilino de tamaño considerable y mandíbulas capaces de perforar madera para convertir una viga desnuda en lugar de cría. La Xylocopa pubescens, una abeja carpintera llegada recientemente al sur de la península ibérica, está en expansión por Andalucía y su presencia ya está documentada en la provincia almeriense. Durante este verano se han comunicado ejemplares y daños en estructuras de madera en el Poniente, Aguadulce y distintos barrios de la capital. La literatura científica publicada en 2026 confirma su expansión por Almería, Cádiz y Málaga.

Lo esencial, antes de que el zumbido produzca más alarma que el propio insecto: no devora la madera para alimentarse como hacen termitas o carcomas. La perfora para construir sus nidos. Una hembra puede abrir un orificio prácticamente circular y continuar excavando una galería en el interior, dejando detrás serrín fresco. Un ataque aislado suele provocar un daño limitado; el problema aparece cuando la madera queda disponible durante varias temporadas y los túneles se reutilizan o multiplican. Ahí una pérgola, un poste o una viga pueden terminar convertidos en un pequeño laberinto.

Una abeja recién llegada que ya se deja ver en Almería

No estamos ante una especie que llevara discretamente siglos escondida entre los parrales. La historia española de Xylocopa pubescens es bastante reciente. Su primera cita confirmada en Europa occidental se produjo en 2016 en la zona de Algeciras y Campamento, en Cádiz. Los investigadores señalaron entonces que su llegada a la Península debía de ser reciente y plantearon dos posibilidades: el transporte accidental en cargamentos de madera o una llegada natural desde el norte de África, separado del sur peninsular por apenas unos kilómetros de Estrecho.

Después siguió avanzando. Un trabajo científico de 2022 ya hablaba expresamente de la continuación de su expansión por el sur de la península ibérica, y una revisión publicada en 2026 sitúa a la especie en Almería, Cádiz y Málaga, además de Gran Canaria, Tenerife y Fuerteventura. En Almería hay registros en el valle del Andarax y observaciones recientes verificadas también en Viator. No es, por tanto, una aparición puntual de agosto. La abeja lleva tiempo ganando terreno.

En la capital se ha señalado su presencia en lugares tan urbanos como Vega de Acá, Ciudad Jardín, El Zapillo o el entorno de la Plaza de Toros, mientras que en el Poniente y Aguadulce vecinos han localizado perforaciones en elementos de madera de terrazas y jardines. El escenario le resulta cómodo: calor, flores ornamentales y estructuras de madera expuestas. Una combinación bastante frecuente en cualquier terraza mediterránea que se precie.

No se come la viga: construye una casa dentro

El apellido de carpintera es particularmente acertado. Estas abejas tienen nidificación xilícola, es decir, utilizan madera para fabricar el lugar donde se desarrollará su descendencia. Los estudios sobre las especies ibéricas del género describen galerías excavadas en troncos, ramas gruesas, postes, empalizadas, vigas e incluso cañas.

La hembra trabaja con las mandíbulas. Abre la entrada, avanza hacia el interior y construye distintas celdas, separadas mediante tabiques elaborados con material vegetal masticado. En cada espacio deposita alimento —polen y néctar— y un huevo. La madera es, por decirlo de una manera menos académica, el edificio y no el menú.

Los agujeros redondos y el serrín son las pistas más claras

Una de las señales más reconocibles es un agujero limpio y redondeado, acompañado muchas veces por serrín acumulado debajo. La geometría desconcierta: a simple vista puede parecer que alguien haya pasado una broca por una pérgola y después se haya marchado sin recoger.

La madera sin pintar, deteriorada por la intemperie o poco protegida resulta especialmente atractiva para las abejas carpinteras. El daño inicial producido por un único nido suele ser pequeño, pero las galerías pueden ampliarse si el mismo lugar se utiliza repetidamente. La experiencia acumulada con distintas especies del género muestra que el deterioro serio suele ser progresivo, no una demolición súbita de la estructura en cuestión de días.

Ese matiz importa. Comparar cualquier Xylocopa española con las plagas residenciales de Estados Unidos exige cierta prudencia porque allí buena parte de los estudios se refieren a otras especies, especialmente Xylocopa virginica. Comparten el hábito de perforar madera, sí, pero no son el mismo insecto. Convertir automáticamente la experiencia estadounidense en pronóstico para Almería sería estirar el dato más de la cuenta.

Cómo reconocer a Xylocopa pubescens

Su tamaño ayuda. Xylocopa pubescens ronda los dos centímetros y tiene una presencia bastante más aparatosa que la abeja doméstica. No necesita demasiados efectos especiales: cuerpo ancho, vuelo pesado y un zumbido grave bastan para que alguien levante la vista.

También presenta un marcado dimorfismo sexual. Las hembras son predominantemente negras y muestran pilosidad amarilla en la parte dorsal del tórax; los machos aparecen mucho más cubiertos de pelo amarillento y tienen ojos verdosos. Las alas son oscuras. En Canarias, donde la especie está registrada como introducida, las fichas especializadas sitúan su longitud aproximadamente entre 19 y 22 milímetros.

La confusión con otros abejorros o con las propias abejas carpinteras autóctonas es posible. España cuenta con varias especies de Xylocopa y la revisión taxonómica de 2026 reconoce siete taxones en la Península, Baleares y Canarias. La novedad no es, pues, que existan abejas capaces de excavar madera, sino la expansión de esta especie concreta, Xylocopa pubescens, llegada durante la última década.

Un insecto grande que impresiona más de lo que ataca

Su aspecto juega en su contra. Una abeja negra de dos centímetros entrando en un agujero de la pérgola tiene pocas posibilidades de ganar un concurso de popularidad. Sin embargo, las abejas carpinteras no suelen ser agresivas con las personas.

Los machos pueden volar alrededor del nido y aproximarse con actitud territorial, pero carecen de aguijón. Las hembras pueden picar, aunque normalmente solo lo hacen si son atrapadas, manipuladas o se sienten directamente amenazadas. El riesgo para una persona que simplemente comparte terraza con ellas es, por tanto, muy diferente del que plantea un avispero defensivo.

Y existe otra parte de la historia que se pierde cuando todo se reduce a una madera agujereada: son polinizadores. Xylocopa pubescens visita flores y transporta polen; en su área de distribución incluso se ha estudiado su potencial como polinizador agrícola. En Canarias aparece ligada con frecuencia a jardines urbanos y plantas ornamentales como pelargonios, aloes o Callistemon.

Invasora, introducida o recién llegada: no es exactamente lo mismo

Aquí el lenguaje tiene importancia. Xylocopa pubescens es una especie llegada recientemente a España y los estudios científicos describen su expansión por Andalucía. En Canarias figura como especie introducida. Trabajos internacionales también la consideran una abeja no nativa recientemente establecida en países europeos como España, Grecia y Chipre.

Pero llamar a una especie invasora en sentido coloquial y decir que pertenece oficialmente al Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras son cosas distintas. En el catálogo estatal vigente consultado no aparece Xylocopa pubescens ni el género Xylocopa. La legislación española reserva esa inclusión para taxones cuya presencia constituye una amenaza grave acreditada para especies autóctonas, hábitats, ecosistemas u otros recursos.

También permanece abierta la cuestión de cómo llegó. La hipótesis del transporte internacional de madera resulta plausible y ha sido señalada en trabajos científicos, pero no es la única. La primera publicación española ya planteaba una posible llegada natural desde África, mientras investigaciones posteriores señalan tanto el transporte de madera como el cambio climático entre las posibles explicaciones de su expansión europea. Incluso otros estudios sobre la llegada de insectos africanos al sur ibérico consideran posible una colonización natural favorecida por el calentamiento. A falta de una maleta encontrada a nombre de la abeja, el origen exacto del viaje sigue sin sentencia.

El problema está en la madera, no en el aguijón

La expansión de Xylocopa pubescens por Almería merece seguimiento porque ya no se limita a un ejemplar anecdótico: la ciencia confirma su establecimiento y avance por Andalucía, mientras las observaciones urbanas muestran que ha encontrado en jardines, pérgolas y terrazas un hábitat bastante conveniente.

Tampoco hace falta imaginar una nube de abejas triturando edificios. La amenaza es mucho más concreta. La madera exterior desnuda, blanda o envejecida ofrece lugares de nidificación; una perforación aislada puede quedarse en un desperfecto menor, mientras que el uso continuado de la misma estructura puede incrementar el deterioro. Mantener la madera pintada, barnizada o correctamente sellada reduce considerablemente su atractivo para las carpinteras, y cuando aparecen numerosas galerías en vigas o elementos estructurales conviene comprobar el estado real de la pieza antes de hablar de simple daño estético.

Almería tiene, en definitiva, una nueva especie grande, visible y perfectamente capaz de hacer agujeros donde nadie se los ha pedido. También un polinizador que no persigue personas ni mastica casas por hambre. Entre el pánico y la indiferencia hay un territorio bastante más razonable: vigilar su expansión, proteger la madera vulnerable y medir el daño real. El resto es ruido. Y de ruido, precisamente, esta abeja ya trae bastante de fábrica.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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