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Economía

¿Por qué la valoración de Shein cae un 78 % antes de salir a bolsa?

Shein llega a su salida a bolsa con una valoración hundida un 78 %, menos beneficios y más presión por aranceles, costes y regulación global.

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Temu y Shein suben precios

Shein llega a uno de los momentos más importantes de su historia con una paradoja difícil de esconder bajo un vestido de 12 euros: vende decenas de miles de millones al año, sigue siendo una potencia mundial de la moda ultrarrápida y, sin embargo, su valoración se ha evaporado desde el máximo de 2022. Bloomberg Intelligence calcula que el negocio justificaría actualmente un valor de entre 22.000 y 25.000 millones de dólares, frente a los 98.200 millones alcanzados durante una ronda de financiación en 2022. En el extremo inferior, la caída ronda el 78 %.

El motivo no es que Shein haya dejado repentinamente de vender. Es más incómodo que eso. La compañía crece mucho menos, obtiene menos beneficio por cada dólar facturado y afronta aranceles, mayores costes logísticos, presión regulatoria y una competencia feroz. El mercado ya no está dispuesto a pagar por Shein como si fuera aquella máquina de hiperc crecimiento digital que parecía no tener techo durante la pandemia. La etiqueta sigue diciendo Shein; el precio que los inversores quieren ponerle es otro.

De casi 100.000 millones a una valoración de 22.000 millones

El punto de partida ayuda a entender la magnitud. En 2022, una ronda de financiación situó a Shein en una valoración previa a la inversión de 98.200 millones de dólares. Era el apogeo del comercio electrónico posterior a la pandemia: millones de consumidores compraban desde el móvil, la empresa lanzaba productos a una velocidad difícil de imitar y el dinero privado todavía premiaba el crecimiento casi a cualquier precio.

Aquella fotografía duró poco. Entre mayo y diciembre de 2023, nuevas operaciones de financiación redujeron la valoración a unos 64.000 millones de dólares. Ya se había perdido más de un tercio del valor teórico de la compañía. Durante julio de 2026 todavía se manejaba para la salida a bolsa de Hong Kong un rango de 40.000 a 50.000 millones; a comienzos de agosto, las conversaciones con inversores apuntaban más bien a 30.000-40.000 millones, con algunos posibles inversores de referencia presionando para acercarse a 30.000 o 32.000 millones.

Ahora Bloomberg Intelligence baja otro escalón. Su cálculo de 22.000 a 25.000 millones parte de aplicar aproximadamente entre 13 y 15 veces los beneficios proyectados para 2027, tomando 2026 como un ejercicio especialmente condicionado por aranceles y problemas logísticos. No significa que Shein haya acordado salir a bolsa exactamente a ese precio. Son cosas distintas: una es la estimación de lo que podría valer el negocio según determinadas previsiones financieras y otra, el precio que empresa e inversores terminen aceptando en una OPV.

La cifra del 78 % necesita una pequeña precisión

El desplome del 78 % corresponde a comparar la zona baja de la nueva estimación, unos 22.000 millones, con aquella valoración de 98.200 millones de 2022. Si se toma el extremo superior de 25.000 millones, la reducción es algo menor. En cualquier caso, la fotografía no cambia demasiado: tres cuartas partes del valor asignado a Shein han desaparecido en apenas cuatro años.

Y eso explica por qué su salida a bolsa está siendo negociada con tanta cautela. Shein podría preferir sacrificar parte de la valoración inicial antes que estrenarse con un precio demasiado elevado y ver cómo las acciones caen nada más empezar a cotizar. A comienzos de agosto, la empresa estaba priorizando un precio capaz de sostenerse después del debut bursátil frente a la tentación de exprimir la valoración máxima.

Shein vende más, pero sus beneficios ya no corren igual

El negocio continúa siendo enorme. Los ingresos pasaron de 32.100 millones de dólares en 2023 a 38.800 millones en 2024 y unos 41.900 millones en 2025. El problema está en la otra mitad de la cuenta de resultados: el beneficio neto de 2025 cayó un 38,7 %, hasta 2.060 millones de dólares. Crecer un 8 % mientras el beneficio retrocede casi un 39 % no es precisamente la combinación que suele hacer sonreír a quien tiene que poner miles de millones sobre la mesa.

El primer trimestre de 2026 tampoco ayudó. Los ingresos avanzaron apenas un 1,1 %, hasta unos 9.000 millones de dólares, mientras el beneficio operativo cayó un 26 %, a 258 millones. El margen operativo se redujo al 2,9 %. Y la compañía terminó el trimestre con una pérdida neta de 99 millones.

Conviene, eso sí, no convertir esos 99 millones en una sirena de naufragio. Una parte importante procede de un ajuste contable sin salida inmediata de efectivo: un cargo de 328 millones de dólares relacionado con el valor razonable de determinadas acciones preferentes convertibles. El deterioro de los márgenes y el frenazo de las ventas son relevantes; presentar aquella pérdida como si el negocio hubiera dejado de generar dinero sería simplificar demasiado.

Estados Unidos dejó de ser aquel enorme atajo comercial

Una parte esencial del éxito de Shein descansaba en enviar directamente al comprador enormes cantidades de paquetes pequeños desde Asia. Durante años, muchas de esas compras entraban en Estados Unidos bajo la denominada exención de minimis, que permitía que paquetes de bajo valor evitaran determinados aranceles. Washington eliminó ese trato para los envíos procedentes de China en mayo de 2025.

El efecto ya aparece en las cuentas. Los ingresos estadounidenses descendieron un 14 % interanual durante el primer trimestre de 2026, hasta unos 2.000 millones de dólares. El peso de Estados Unidos en la facturación global también ha ido bajando: representaba el 29,4 % de los ingresos en 2023 y el 24,1 % en 2025.

Cuando el precio es una de las principales armas comerciales, unos pocos dólares adicionales importan mucho. Shein puede asumir parte del coste, subir precios o reorganizar su logística, pero ninguna de las tres opciones es gratis: una reduce márgenes, otra puede reducir demanda y la tercera exige almacenes, infraestructura y capital. Ese es, en esencia, el pequeño drama económico escondido detrás de camisetas que cuestan menos que dos cafés.

Europa también encarece el modelo de los paquetes baratos

Europa se ha vuelto todavía más importante para Shein. En 2024 superó a Estados Unidos como su mayor mercado regional y en 2025 aportó aproximadamente 14.800 millones de dólares, el 35,4 % de sus ingresos. Precisamente por eso, cualquier cambio europeo en aduanas o regulación pesa cada vez más en sus números.

Desde el 1 de julio de 2026, la Unión Europea aplica un arancel temporal de 3 euros a artículos incluidos en envíos de comercio electrónico de hasta 150 euros procedentes de fuera de la UE, dentro de la reforma destinada a eliminar la antigua franquicia aduanera para pequeños paquetes. La medida está prevista como solución transitoria hasta 2028.

No es una norma diseñada exclusivamente para Shein, pero pocas empresas simbolizan tanto ese modelo. En 2025 llegaron al mercado comunitario casi 5.900 millones de artículos de bajo valor mediante comercio electrónico. El volumen explica el cambio de tono político: aquello que hace unos años parecía simplemente una revolución comercial se contempla también como un gigantesco reto aduanero, fiscal y de seguridad de producto.

A ello se suma el frente digital. La Comisión Europea abrió en febrero de 2026 un procedimiento formal contra Shein para examinar cuestiones relacionadas con el diseño potencialmente adictivo de la plataforma, la transparencia de los sistemas de recomendación y los controles sobre productos ilegales. La investigación está abierta; una investigación no equivale a una condena, pero para un inversor sí constituye un riesgo regulatorio que debe entrar en la calculadora.

De Nueva York a Londres y, finalmente, Hong Kong

La salida a bolsa de Shein lleva años cambiando de aeropuerto sin terminar de despegar. Primero se trabajó en una cotización en Nueva York. Después el foco pasó a Londres. Finalmente, la empresa dirigió sus planes hacia Hong Kong, una plaza que permite conservar acceso a capital internacional al tiempo que reduce algunas de las fricciones políticas asociadas a una gran empresa de origen chino que pretende cotizar en Occidente.

El 10 de julio de 2026, el regulador chino de valores completó los trámites necesarios para la propuesta de cotización en Hong Kong. Es uno de los obstáculos que habían complicado anteriores intentos. A principios de agosto, Shein ya estaba reuniéndose con inversores y estudiaba una valoración de entre 30.000 y 40.000 millones de dólares; el precio, el tamaño definitivo de la oferta y el calendario permanecían sujetos a cambios.

La operación podría captar alrededor de 2.000 a 3.000 millones de dólares, según las estimaciones manejadas durante el proceso. El estreno bursátil se prepara así después de varios años de aplazamientos, con Hong Kong convertido en el punto de encuentro posible entre Shein, los reguladores chinos y unos inversores internacionales bastante menos dispuestos que en 2022 a pagar por promesas futuras.

El mercado ya no mira a Shein como una tecnológica

Aquí está probablemente el cambio más profundo. Durante su ascenso, Shein consiguió presentarse ante muchos inversores como algo más que una cadena de ropa: algoritmos, producción flexible, catálogo renovado constantemente y distribución directa, todo concentrado en una aplicación capaz de convertir la compra impulsiva en una sucesión casi infinita de deslizamientos de pantalla.

Pero al final hay prendas que fabricar, paquetes que transportar, devoluciones que gestionar, anuncios que pagar y aduanas que cruzar. Cuando esos costes aumentan, la apariencia de empresa tecnológica pierde algo de brillo y aparecen las viejas reglas del comercio minorista: margen, inventario, logística, regulación y beneficio.

Ese cambio de percepción ayuda a comprender por qué las comparaciones bursátiles son cada vez más exigentes. Con una valoración de 30.000 a 40.000 millones de dólares, Shein equivaldría aproximadamente a entre 0,7 y una vez sus ventas de 2025, frente a cerca de 1,1 veces para H&M, 4,6 para Inditex y 7,6 para Fast Retailing. Las diferencias reflejan negocios, márgenes y expectativas distintas, pero dejan claro que los inversores aplican un descuento considerable a Shein.

Bloomberg Intelligence va más lejos con su rango de 22.000 a 25.000 millones. Incluso así, utiliza múltiplos de 13 a 15 veces los beneficios estimados para 2027, cuando otras compañías exportadoras de bienes de consumo cotizadas en Hong Kong se mueven aproximadamente entre 8 y 13 veces esas ganancias futuras. No es, pues, una valoración que dé por muerta a Shein. Es una valoración que exige demostrar que puede volver a mejorar su rentabilidad.

Shein sigue siendo gigantesca, pero la fiesta de 2022 terminó

La caída del 78 % no significa que Shein se haya convertido en una empresa pequeña ni que su salida a bolsa esté condenada. En 2025 facturó cerca de 41.900 millones de dólares, vende en unos 160 mercados y Europa continúa ampliando su peso dentro del negocio. Hay escala, marca, tecnología, una red de proveedores extraordinariamente rápida y millones de consumidores. Todo eso vale dinero. Mucho.

Lo que ha desaparecido es otra cosa: la disposición a valorar ese crecimiento como si los obstáculos comerciales, políticos y regulatorios fueran apenas ruido de fondo. Los aranceles estadounidenses han golpeado uno de sus mercados históricos; Europa ha encarecido los pequeños envíos importados; los márgenes se estrechan y el escrutinio regulatorio aumenta. Mientras tanto, la competencia ya aprendió buena parte del idioma que Shein inventó.

Así se pasa de casi 100.000 millones a una horquilla que Bloomberg Intelligence coloca entre 22.000 y 25.000 millones. No mediante un único desastre, sino por acumulación: menos crecimiento, menor rentabilidad, más costes y más riesgo. El escaparate continúa lleno y los precios siguen llamando la atención. En la trastienda financiera, en cambio, la rebaja es bastante mayor que cualquiera de las que aparecen en la aplicación.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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