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¿Cómo cambiará La Palma el plan de 2.100 nuevas plazas turísticas?
Puerto Naos encara una transformación histórica: 2.100 plazas turísticas, suelo agrícola, agua y un proyecto capaz de cambiar toda La Palma.

La costa occidental de La Palma se prepara para una transformación de una escala poco habitual en la isla. El Instrumento de Planificación Singular Turística de Puerto Naos y Charco Verde plantea ordenar unas 27,7 hectáreas del litoral de Los Llanos de Aridane y permitir la implantación de establecimientos alojativos con una capacidad máxima cercana a 2.100 nuevas plazas turísticas. No es todavía una urbanización ejecutándose ni un paquete de hoteles con las grúas esperando en la cuneta: el documento está en tramitación y permanece sometido a consulta pública.
Pero las cifras explican por qué el proyecto ya ha levantado tanta polvareda. En la documentación económica manejada para la operación aparece un valor potencial del aprovechamiento lucrativo superior a 205 millones de euros, mientras terrenos vinculados durante décadas al cultivo del plátano quedarían integrados en una gran ordenación turística. De ahí esa expresión, tan gráfica como incómoda, del “plátano de oro”: debajo de las hojas verdes hay suelo y, cuando cambia lo que puede hacerse sobre él, cambia también el dinero que representa.
Puerto Naos mira al turismo mientras todavía se recupera del volcán
El proyecto afecta principalmente al corredor costero entre Puerto Naos y Charco Verde, dos enclaves fundamentales para la economía turística del Valle de Aridane. El Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane promueve el instrumento y el Cabildo de La Palma tramita un procedimiento que se ampara en la legislación canaria sobre suelo y en el marco específico de las denominadas Islas Verdes.
La operación llega, además, en un momento peculiar. Puerto Naos lleva años recuperando lentamente la normalidad perdida tras la erupción del Tajogaite de 2021. Las concentraciones de dióxido de carbono obligaron a restringir durante largo tiempo el acceso a viviendas, comercios y determinadas zonas del núcleo. Durante 2026 se han seguido autorizando reaperturas y ampliando espacios accesibles a medida que las mediciones ofrecen condiciones adecuadas.
Es decir, mientras todavía quedan sensores vigilando el subsuelo y protocolos de seguridad relacionados con los gases volcánicos, sobre las mesas de urbanistas y administraciones ya se dibuja el Puerto Naos de las próximas décadas. La contradicción es solo aparente: precisamente la devastación económica provocada por el volcán sirve como uno de los argumentos para acelerar la recuperación turística y empresarial del oeste de La Palma.
El turismo insular, de hecho, está recuperando terreno. Entre enero y marzo de 2026 llegaron a La Palma 113.564 visitantes, unos 16.000 más que durante el mismo periodo de 2025. La cuestión ya no parece ser si el turismo tendrá peso en la recuperación. Lo tendrá. El debate es cuánto, dónde y con qué forma.
Qué se quiere construir en las 27,7 hectáreas
El IPST prevé establecimientos alojativos, nuevos viales, aparcamientos y espacios comerciales, además de toda una red de servicios vinculada al crecimiento turístico. No se trata simplemente de colocar varios hoteles junto al mar. Cambiaría la estructura territorial de una zona donde todavía dominan parcelas agrícolas, cultivos y un paisaje que conserva buena parte de la identidad tradicional de la costa palmera.
La planificación establece una edificabilidad turística cercana a 135.000 metros cuadrados. Paralelamente, sus promotores defienden un modelo compacto e integrado en el paisaje, con más del 55% del ámbito destinado a zonas ajardinadas y espacios libres y con parte de las plataneras conservadas dentro de terrenos no edificables o incorporadas al diseño paisajístico.
Ahí aparece uno de los equilibrios más delicados del expediente. Una cosa es mantener plataneras alrededor de un complejo turístico y otra, bastante distinta, mantener un territorio agrícola. La diferencia puede resultar casi filosófica, pero también se mide en hormigón, tráfico, consumo energético y metros cuadrados construidos.
Del campo de plátanos al suelo turístico
El efecto económico más llamativo se produce antes incluso de levantar una habitación. El estudio económico utilizado en la planificación sitúa el valor de mercado del aprovechamiento urbanístico en torno a 205,5 millones de euros, tomando como referencia la edificabilidad prevista y determinados valores estimados para los usos turísticos.
Conviene distinguir bien las magnitudes. Esos 205 millones no equivalen necesariamente a una inversión que vaya a desembolsarse mañana, tampoco son un beneficio neto asegurado para los propietarios. Expresan el valor potencial atribuido al aprovechamiento permitido por la ordenación. Aun así, dejan claro el tamaño económico del cambio.
Las cerca de 278.000 metros cuadrados afectados se encuentran repartidos entre numerosos propietarios, incluidos particulares, familias vinculadas históricamente a la agricultura y sociedades mercantiles. La propia tramitación ha necesitado acreditar un respaldo que represente más del 75% de los derechos incluidos en el ámbito.
La fragmentación puede convertirse en un problema a la hora de ejecutar el desarrollo. Por eso la documentación contempla mecanismos de cooperación urbanística en los que la Administración podría asumir un papel relevante para evitar que los desacuerdos privados paralicen una actuación considerada estratégica.
El agua será una de las pruebas más difíciles
Construir habitaciones es relativamente sencillo. Conseguir después que tengan agua, electricidad, saneamiento, carreteras y servicios suficientes es donde el dibujo bonito empieza a pesar.
La nueva ordenación calcula una demanda próxima a 891 metros cúbicos de agua diarios, con una dotación global cercana a los 1.000 metros cúbicos al día para disponer de margen operativo. Y la costa occidental palmera no nada precisamente sobre un océano de agua potable, por más Atlántico que aparezca en la ventana.
El desarrollo depende por ello de infraestructuras que van mucho más allá de los hoteles: una futura desaladora, depósitos reguladores, conducciones, sistemas de bombeo, reutilización de aguas regeneradas y la nueva estación depuradora de El Remo figuran entre las piezas necesarias para sostener el crecimiento previsto.
Turismo y plataneras compiten por un recurso limitado
El asunto tiene una peculiaridad evidente. El plan aspira a mantener parte de la actividad platanera y, al mismo tiempo, incrementar considerablemente la capacidad turística. Son dos actividades con una importante demanda hídrica.
De ahí que la sostenibilidad del proyecto no pueda reducirse a plantar jardines alrededor de los establecimientos. La capacidad para desalar, depurar y reutilizar agua será probablemente mucho más decisiva que cualquier catálogo de vegetación ornamental. También más cara.
Pardelas, murciélagos y un cielo que no admite cualquier luz
El otro gran examen será ambiental. La costa oeste de La Palma conserva unas condiciones de oscuridad nocturna especialmente valiosas y está sometida a las exigencias de protección del cielo vinculadas al observatorio astronómico de la isla.
La planificación contempla iluminación con limitación del espectro azul, luminarias cálidas y sistemas destinados a reducir emisiones hacia el cielo. No es un detalle decorativo. La luz artificial puede afectar a aves marinas como la pardela cenicienta, cuyos ejemplares jóvenes pueden desorientarse, y a distintas especies de murciélagos que dependen de ambientes oscuros.
A eso habrá que añadir el efecto acumulativo de hoteles, carreteras, tráfico nocturno, comercios, aparcamientos e instalaciones técnicas. Un territorio con más actividad humana será, inevitablemente, un territorio distinto. La cuestión ambiental será determinar cuánto puede absorber sin perder aquello que precisamente lo hace atractivo.
La planificación juega aquí con una idea sugerente, la de conservar elementos agrícolas dentro del paisaje turístico hasta construir una especie de “isla jardín” o “isla huerto”. Sobre el papel suena bien. La verdadera prueba llegará cuando haya que decidir qué porcentaje del territorio sigue funcionando como paisaje vivo y qué parte se convierte simplemente en decorado verde.
El proyecto aún puede cambiar
El procedimiento está ahora en una fase especialmente importante. El Instrumento de Planificación Singular Turística se encuentra en consulta pública, y las personas y entidades interesadas pueden presentar alegaciones hasta el 9 de octubre de 2026.
Por tanto, las 2.100 plazas, la distribución de usos o determinadas soluciones previstas deben entenderse dentro de un documento en tramitación. La evaluación ambiental, los informes administrativos, las alegaciones y las posteriores decisiones institucionales pueden introducir modificaciones antes de una eventual aprobación definitiva.
No hay, por ahora, 2.100 habitaciones encargadas ni un calendario que permita poner fecha a la transformación completa del litoral. Entre aprobar una ordenación y verla construida pueden pasar años. Más aún cuando existen numerosos propietarios, grandes infraestructuras pendientes y actuaciones cuya viabilidad depende de varias administraciones.
La costa que La Palma decida conservar
La Palma tiene ante sí un dilema bastante más interesante que el viejo combate entre turismo sí o turismo no. La isla necesita actividad económica, empleo y oportunidades para una población golpeada por una erupción que destruyó viviendas, carreteras, explotaciones agrícolas y parte del tejido productivo del Valle de Aridane. Negarlo sería mirar el paisaje desde una cómoda postal.
Pero convertir suelo agrícola en suelo con aprovechamiento turístico multimillonario tampoco es una operación neutral. Cambia el valor de las propiedades, transforma intereses privados, obliga a construir infraestructuras públicas y altera para décadas el territorio donde se realiza.
Puerto Naos puede convertirse en uno de los grandes polos turísticos de la nueva La Palma o en el lugar donde la isla descubra que crecer deprisa también tiene factura. Entre ambos extremos queda el camino difícil: crear riqueza sin fabricar otra costa intercambiable, una más de tantas.
Porque 27,7 hectáreas parecen poca cosa vistas desde un avión. A ras de suelo contienen cultivos, agua, propietarios, especies protegidas, negocios, recuerdos de un volcán y 205 millones de razones económicas para discutir cada metro. Ahí está, en realidad, el verdadero tamaño del “plátano de oro”.

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