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¿Por qué Juan Vivas cargó contra Sánchez y Marruecos en El Hormiguero?
Juan Vivas irrumpió en El Hormiguero con fuertes críticas a Marruecos, Pedro Sánchez y Marlaska por la gestión de la crisis migratoria de Ceuta.

Resumen
- Vivas calificó lo ocurrido en Ceuta como una «invasión en toda regla»
- Señaló a Marruecos y acusó al Gobierno de falta de previsión y firmeza
- Sánchez negó pasividad y rechazó que haya pruebas contra Rabat
Juan Vivas acudió este lunes 14 de septiembre a El Hormiguero y convirtió una entrevista televisiva en una de sus intervenciones políticas más duras desde el comienzo de la crisis de Ceuta. El presidente de la ciudad autónoma calificó lo ocurrido en la frontera como una «invasión en toda regla», responsabilizó a Marruecos y acusó al Gobierno de Pedro Sánchez de haber actuado con «indolencia» e «irresponsabilidad».
El dirigente del PP no repartió precisamente caricias. Su principal reproche interior fue para Pedro Sánchez y el Gobierno central, al que acusó de no haber utilizado a tiempo todos los recursos del Estado para prevenir y contener la entrada masiva. También señaló a Fernando Grande-Marlaska y cuestionó abiertamente la política seguida con Marruecos, país al que atribuye un papel decisivo en los acontecimientos de finales de julio.
La aparición de Vivas llegaba, además, en una noche de curioso desdoblamiento televisivo. Mientras él hablaba con Pablo Motos en Antena 3, Sánchez era entrevistado en El Intermedio, en La Sexta. Dos platós del mismo grupo, dos versiones casi antagónicas de la misma crisis. En una pantalla, el Gobierno defendía su actuación; en la otra, el presidente de Ceuta la desmontaba pieza por pieza.
Vivas rechaza hablar simplemente de una crisis migratoria
La frase que terminó marcando la entrevista fue muy clara. Para Vivas, lo sucedido en Ceuta no puede describirse únicamente como una crisis migratoria. Habló de una «invasión en toda regla» y justificó esa definición por la dimensión de la entrada, la manera en que se produjo y el actor que, a su juicio, estuvo detrás.
El presidente ceutí ha situado en torno a 80.000 las personas que cruzaron la frontera durante los días 30 y 31 de julio. Para ilustrar la magnitud del episodio, recurrió a una comparación que ya había empleado anteriormente: trasladado proporcionalmente a Madrid, sería como si unos 3,5 millones de personas entrasen en unas 30 horas sin conocer con precisión sus intenciones.
Más allá de la batalla por las palabras —«crisis», «avalancha», «entrada masiva» o «invasión»—, Vivas quiso poner el foco en algo más terrenal: el impacto sobre una ciudad pequeña, con un territorio limitado y unos servicios públicos que no pueden estirarse como una goma infinitamente. Ahí situó buena parte del malestar acumulado en Ceuta durante las últimas semanas.
Marruecos, señalado directamente por el presidente de Ceuta
Vivas fue especialmente severo con Marruecos. Según su interpretación, el país vecino utilizó el deseo de miles de personas de abandonar su territorio como instrumento de presión política. No presentó la entrada como un fenómeno espontáneo desligado de Rabat, sino como un episodio estrechamente relacionado con la actuación —o la falta de actuación— de las autoridades marroquíes.
El presidente ceutí llegó a cuestionar la fiabilidad de Marruecos como socio y reclamó que España le hable «con claridad». Su argumento es sencillo: una relación estratégica no puede consistir, sostiene, en mantener una cooperación privilegiada mientras una de las fronteras españolas queda expuesta a episodios de esta magnitud.
También vinculó esa exigencia al futuro Mundial de fútbol organizado por España, Portugal y Marruecos. La idea que deslizó resulta políticamente incómoda: no tiene demasiado sentido celebrar una gran alianza internacional sobre el césped mientras fuera del estadio permanece abierta una disputa tan seria sobre la seguridad fronteriza.
El ataque más duro fue contra el Gobierno de Sánchez
El segundo destinatario de la intervención fue el Ejecutivo. Vivas habló de «indolencia, irresponsabilidad» y de un «manifiesto intento de no molestar a Marruecos». Ahí está probablemente el núcleo político de toda la entrevista.
Su reproche parte de los antecedentes. Ceuta ya había sufrido en mayo de 2021 una entrada masiva desde Marruecos. Cinco años después, Vivas considera difícil explicar que no existiera un dispositivo suficientemente sólido para impedir una repetición o que, si existía, no fuera activado con la intensidad necesaria.
El presidente ceutí reconoció que su Gobierno no conocía de antemano la magnitud exacta de lo que estaba a punto de ocurrir. Sí sostuvo, en cambio, que durante los días anteriores se apreciaba un aumento de la presión en la frontera, con más intentos de entrada a nado y señales de que «algo estaba ocurriendo».
Para Vivas, ese escenario debería haber encendido todas las alarmas del Estado. El dirigente había asegurado días antes que trató de contactar con Sánchez y que reclamó medidas excepcionales ante el deterioro de la situación. Moncloa, por su parte, ha discutido públicamente parte de ese relato. La pelea ya no gira únicamente alrededor de qué ocurrió en la frontera, sino también sobre quién sabía qué y cuándo lo sabía.
Y aquí el tono subió otro escalón. Vivas afirmó que los antecedentes le impiden confiar en Pedro Sánchez para la defensa de Ceuta y de España, una declaración mucho más contundente que una crítica administrativa sobre quién puso más policías o quién llamó primero por teléfono. Es una ruptura de confianza política expresada públicamente.
Marlaska también quedó bajo el foco
Fernando Grande-Marlaska tampoco salió indemne. Vivas cuestionó la actuación del Ministerio del Interior durante las primeras horas de la crisis y volvió a colocar en el centro de la discusión la respuesta desplegada por el Estado cuando la frontera quedó sometida a una presión extraordinaria.
El presidente ceutí también ha cuestionado las primeras estimaciones sobre cuántas personas permanecían en territorio español después del regreso de una parte de quienes habían entrado. En los últimos días, Vivas ha situado en torno a 13.000 las personas que continuaban en Ceuta, mientras la situación sigue cambiando por los traslados, retornos y procedimientos administrativos.
Su demanda es que quienes no tengan derecho a permanecer en España sean devueltos mediante los procedimientos legales correspondientes. Ahí conviene separar discurso político y procedimiento jurídico: una devolución no se resuelve apretando un botón. Identificación, protección internacional y garantías legales forman parte de un proceso que inevitablemente necesita tiempo.
El Gobierno ha desplegado recursos para tramitar la situación de quienes permanecen en Ceuta y ha trasladado a parte de los migrantes a instalaciones de acogida. La crisis, por tanto, no terminó cuando bajó la presión en la frontera. Cambió de forma. Pasó de las imágenes de masas entrando a una tarea administrativa, policial y humanitaria mucho menos televisiva, pero bastante más larga.
Sánchez responde y niega la pasividad del Gobierno
Mientras Vivas cargaba contra La Moncloa desde El Hormiguero, Pedro Sánchez defendía su gestión en El Intermedio. El presidente del Gobierno rechazó la idea de que el Ejecutivo hubiera permanecido pasivo y defendió la estrategia seguida para afrontar una llegada de dimensiones excepcionales.
Sánchez mantiene, además, una diferencia fundamental con Vivas: el Gobierno sostiene que no existen pruebas suficientes para responsabilizar a Marruecos como planificador o instigador de la entrada masiva. El Ejecutivo ha insistido en que cualquier acusación de ese calibre debe sustentarse en evidencias y defiende que mantener la cooperación con Rabat sigue siendo esencial para gestionar los movimientos migratorios.
El jefe del Ejecutivo ha admitido que antes de los días críticos se habían detectado movimientos y un aumento de la presión, aunque no una concentración de la dimensión que finalmente se produjo. Durante su entrevista televisiva expresó su confianza en que Ceuta pueda recuperar la normalidad antes de terminar el año.
La discrepancia, pues, es profunda. Vivas cree que la crisis podía haberse evitado movilizando antes las capacidades del Estado. Sánchez defiende que no era previsible semejante escala y que, una vez desencadenada la entrada, el Gobierno tuvo que gestionar una situación extraordinariamente compleja.
Y hay política, claro. Sería ingenuo fingir que no. El PSOE acusa al PP de utilizar la crisis para desgastar al Ejecutivo, mientras los populares consideran que el Gobierno trata de rebajar la responsabilidad política de lo ocurrido. Con unas elecciones generales acercándose en el calendario, Ceuta se ha convertido también en campo de batalla partidista.
Ceuta siguió la entrevista desde la calle
La dimensión de la aparición televisiva de Vivas se entendió mejor a cientos de kilómetros del plató. En la Plaza de los Reyes de Ceuta, cientos de personas siguieron la entrevista mediante una pantalla gigante instalada por iniciativa de empresarios locales.
No era la habitual imagen de una ciudad viendo un programa de entretenimiento. Banderas españolas y ceutíes, negocios implicados en la convocatoria y una concentración que mezclaba apoyo a Vivas con protesta contra la gestión del Gobierno. La televisión se convirtió durante una hora en una especie de plaza pública improvisada.
El fenómeno explica también por qué la figura de Juan Vivas ha adquirido una visibilidad nacional poco habitual. Presidente de Ceuta desde 2001 y tradicionalmente asociado a un perfil más institucional que estridente, durante esta crisis ha elevado notablemente el tono. Marruecos, Sánchez y Marlaska aparecen ahora en el centro de sus críticas.
Aun así, durante la entrevista evitó cruzar alguna línea particularmente delicada. Cuando Pablo Motos planteó la posibilidad de relacionar la política española hacia Marruecos con el espionaje mediante Pegasus sufrido por el teléfono de Sánchez, Vivas no quiso dar por probado un supuesto chantaje. Una cosa es la sospecha política; otra, bastante distinta, convertirla en hecho.
Una crisis que ya desborda la frontera de Ceuta
La entrevista de Juan Vivas en El Hormiguero deja una fotografía bastante precisa del momento político. Ceuta continúa gestionando las consecuencias materiales de la llegada masiva, pero la discusión hace tiempo que desbordó sus 18 kilómetros cuadrados. Se ha convertido en un conflicto sobre inmigración, seguridad nacional, relaciones con Marruecos y responsabilidad política.
Vivas sostiene que España debe modificar su actitud ante Rabat, reforzar físicamente la frontera y evitar que su control dependa en buena medida de las decisiones del país vecino. El Gobierno replica que la cooperación con Marruecos es precisamente una de las herramientas indispensables para contener futuras entradas y gestionar una frontera extremadamente sensible.
Entre ambas posiciones queda Ceuta, con miles de personas pendientes de su situación administrativa, servicios sometidos a presión y una población que reclama certezas después de semanas de sobresaltos. El debate nacional resulta ensordecedor; sobre el terreno, en cambio, quedan problemas bastante menos retóricos: alojamiento, seguridad, expedientes y convivencia.
La frase que resume un conflicto mucho mayor
La expresión más explosiva de Vivas —«invasión en toda regla»— garantiza titulares y una discusión inmediata sobre el lenguaje. Pero detrás del estruendo verbal hay una disputa bastante más importante: quién debía haber visto venir lo ocurrido, qué podía haberse evitado y hasta dónde está dispuesta España a tensar la relación con Marruecos para impedir que vuelva a suceder.
Eso es lo que dejó la noche televisiva. Dos presidentes hablando casi al mismo tiempo y dos interpretaciones difíciles de reconciliar sobre una crisis que sigue abierta. Vivas acusa de falta de previsión y reclama firmeza; Sánchez defiende la actuación del Estado y rechaza señalar a Rabat sin pruebas suficientes. Entre ambos discursos permanece Ceuta, que es donde la discusión política deja de ser una frase de plató y se convierte, sencillamente, en vida cotidiana.












