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¿Por qué Joaquín Torres vende su mansión familiar por 15 millones?

Joaquín Torres vende por 15 millones la mansión familiar de Pozuelo y se refugia en sus hijos tras una etapa marcada por pérdidas y cambios.

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Joaquín Torres vende su mansión

Resumen

  • Joaquín Torres vende por 15 millones la mansión familiar de Pozuelo
  • La finca está regularizada, genera ingresos y aún no tiene comprador
  • Sus hijos son su principal apoyo tras varias pérdidas y cambios personales

Joaquín Torres y sus hermanos han puesto a la venta por 15 millones de euros la casa familiar de Pozuelo de Alarcón, una propiedad diseñada por el arquitecto cuando apenas tenía 25 años. La decisión llega después de la muerte de sus padres, la regularización jurídica del inmueble y un periodo familiar áspero, de esos en los que el patrimonio deja de parecer un trofeo y empieza a ocupar demasiado espacio.

La imagen más reciente de Joaquín Torres ofrece el contrapunto: el arquitecto aparece de vacaciones junto a su hijo Álvaro, relajado y lejos del mármol solemne. Sus hijos, Manuel y Álvaro, se han convertido en su principal apoyo tras el fallecimiento de sus padres, las secuelas de un accidente de moto y la ruptura de su matrimonio con el productor televisivo Raúl Prieto.

La venta no acaba de empezar: se conoce desde marzo

La casa no ha aparecido súbitamente en el mercado. La operación se hizo pública en marzo de 2026, aunque las nuevas imágenes familiares y las últimas entrevistas de Torres han devuelto la propiedad a los titulares. Conviene aclararlo porque las mansiones, como ciertos dramas familiares, parecen estrenarse varias veces.

El precio solicitado ronda los 15 millones de euros. No consta que la compraventa se haya cerrado. Torres aseguró en marzo que había recibido varias ofertas, pero ninguna definitiva, y apuntó que el futuro comprador probablemente sería una fortuna extranjera. La operación, explicó, se desarrollaría de forma privada y sin prisas.

La familia decidió desprenderse de la vivienda después de resolver las cargas que pesaban sobre ella. El arquitecto sostuvo que había comprado la deuda y que el inmueble se encontraba limpio de procedimientos de ejecución, subastas pendientes u otras amenazas jurídicas. No se vende, por tanto, como quien intenta apagar un incendio, sino como un activo ya regularizado.

Una finca de 10.651 metros cuadrados en Pozuelo

La propiedad se levanta en la urbanización Las Encinas, dentro del exclusivo entorno residencial de Pozuelo de Alarcón, a unos 14 kilómetros del centro de Madrid. Ocupa una parcela de 10.651 metros cuadrados y cuenta con más de 2.800 metros construidos, distribuidos en varias plantas.

En su interior hay grandes salones, dormitorios, zonas de recepción y estancias concebidas para una vida social a gran escala. Fuera aparecen jardines, porches, terrazas y piscina. Todo envuelto en accesos controlados, vigilancia y esa privacidad minuciosamente fabricada que caracteriza a las urbanizaciones de lujo: silencio, setos altos y vecinos cuyos apellidos suelen necesitar pocas presentaciones.

La vivienda estaba pensada como una casa representativa, no solo doméstica. Era el escenario de una familia en pleno ascenso económico y social, con espacios para recibir invitados, exhibir una importante colección de arte y desplegar una manera de vivir en la que la arquitectura también funcionaba como tarjeta de visita.

El primer gran proyecto de un arquitecto de 25 años

La dimensión sentimental resulta más difícil de tasar. Torres diseñó la residencia junto a su padre, el ingeniero y empresario Juan Torres Piñón, cuando todavía era un arquitecto muy joven. Fue su primer gran proyecto y, en buena medida, la piedra inaugural de una carrera que terminaría vinculada a viviendas de empresarios, artistas y futbolistas.

Juan Torres Piñón, fallecido en noviembre de 2025, fue cofundador de ACS junto a Florentino Pérez, presidió Metro de Madrid y ocupó puestos directivos en distintas compañías. Su esposa, Joaquina Vérez, murió en marzo de 2024. Ambos residieron durante años en la casa, aunque el propio Joaquín ha descrito una relación muy distinta de cada uno con el inmueble: su padre fue feliz allí; su madre, no.

Ese contraste explica parte de la venta. Torres llegó a plantearse conservar la propiedad e incluso vivió en ella durante algún periodo, pero terminó descartándolo. La casa reunía recuerdos profesionales y familiares; también otros menos luminosos. El hormigón aguanta casi todo. La memoria, regular.

Cargas saldadas, alquiler rentable y una venta sin prisa

Antes de colocarla definitivamente en el mercado, la familia explotó la finca mediante alquileres para eventos y producciones audiovisuales. Torres declaró que esa actividad generaba más de 200.000 euros anuales, una cifra considerable aunque coherente con las dimensiones, el mantenimiento y la singularidad del espacio.

La rentabilidad permitía esperar. No había necesidad de aceptar la primera propuesta ni de rebajar el precio con precipitación. La estrategia consistía en mantener el inmueble activo mientras aparecía un comprador capaz de asumir una operación de este tamaño, probablemente interesado tanto en el terreno como en la arquitectura y la ubicación.

El precio de 15 millones no representa únicamente una casa enorme. Incluye una parcela excepcional dentro del mercado madrileño de lujo, seguridad, privacidad y la firma de un arquitecto conocido. Otra cuestión, mucho menos matemática, es cuánto está dispuesto a pagar alguien por habitar el pasado de otra familia.

Torres ha defendido en sus últimas entrevistas una visión bastante menos reverencial del dinero. Después de trabajar para algunas de las mayores fortunas de España, sostiene que el patrimonio no concede categoría humana: «El dinero no te hace ser más nada; solo más rico». La frase suena especialmente nítida mientras intenta vender una residencia de 2.800 metros cuadrados. La paradoja está ahí, pero no invalida el argumento; quizá lo vuelve más visible.

Sus hijos, el refugio después de un año de pérdidas

Mientras la casa busca comprador, Joaquín Torres ha mostrado una escena mucho más pequeña: unas vacaciones en barco con Álvaro, uno de los dos hijos nacidos de su anterior matrimonio con Mercedes Rodríguez. Ropa informal, gafas de sol, cubierta blanca y mar abierto. Nada que ver con los grandes vestíbulos de Pozuelo.

El arquitecto ha contado que mantiene una relación muy estrecha con Álvaro y Manuel y que la forma en que sus hijos lo miran se ha convertido en una fuente de estabilidad. En la publicación más reciente resumió esos días con una expresión sencilla, «tiempo con mis hijos», sin necesidad de convertir el afecto en una memoria de calidades.

Este regreso a la familia se produce tras una cadena de golpes. Primero sufrió un grave accidente de motocicleta, con lesiones y una recuperación prolongada. Después llegaron las muertes de su madre y de su padre. A ello se sumó la separación de Raúl Prieto, con quien se había casado en mayo de 2023.

Torres ha reconocido que tocó fondo tras la muerte de su madre y que durante años construyó una imagen pública que no correspondía por completo con su identidad. También ha resumido su aprendizaje con otra frase seca: «No hay que mendigar amor». Su prioridad, asegura, ya no consiste en crecer más, sino en vivir con cierta paz.

El Viso, la nueva casa y una vida menos monumental

Su residencia actual está en El Viso, uno de los barrios más exclusivos de Madrid. Llegó allí hace casi dos años y ha explicado que eligió originalmente la vivienda pensando, en buena medida, en Raúl Prieto. Tras la ruptura decidió permanecer en ella y adaptarla a una nueva etapa.

La casa, abierta a dos jardines, ha sido diseñada e interiorizada por Torres junto a su estudio A-cero. Conserva materiales nobles, arte contemporáneo y mobiliario concebido a medida, pero su propietario insiste en presentarla como un refugio personal, no como una demostración profesional. El jardín es el lugar donde lee, medita y busca silencio.

Tampoco ha renegado de la arquitectura de lujo, que sigue siendo una parte esencial de su carrera. Sí se muestra incómodo con la etiqueta de «arquitecto de los famosos», una expresión que, según ha dicho, terminó vulgarizando su trabajo al reducirlo a la celebridad de algunos clientes. Entre ellos han figurado Cristiano Ronaldo, Penélope Cruz y Alejandro Sanz, aunque Torres reivindica también los proyectos sin nombres de portada.

Lo que queda cuando se apagan los metros cuadrados

La venta de la mansión familiar no puede reducirse a una mala situación económica ni presentarse como una liquidación desesperada. El inmueble está regularizado, produce ingresos y continúa esperando una oferta adecuada. La decisión parece responder a una mezcla mucho más reconocible: reparto patrimonial, costes de conservación, oportunidad inmobiliaria y necesidad de cerrar una etapa.

También revela algo incómodo sobre las casas familiares. Durante años guardan celebraciones, ambiciones, discusiones, enfermedades y ausencias; después se convierten en una referencia catastral, unas fotografías cuidadosamente iluminadas y un precio. Quince millones de euros, en este caso. El mercado calcula los jardines, la piscina y los metros construidos. Lo demás queda fuera de tasación.

Joaquín Torres, que dedicó buena parte de su vida a levantar viviendas capaces de impresionar, parece interesado ahora en otra escala. Sus hijos, un jardín tranquilo, menos explicaciones. La gran casa de Pozuelo seguirá siendo el edificio donde comenzó su carrera. Pero un origen no tiene por qué convertirse en domicilio permanente.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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