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¿Qué hace el JEMAD en Melilla en plena crisis con Marruecos y Ceuta?
El JEMAD viaja a Melilla para respaldar a las tropas en un momento marcado por Ceuta, las reivindicaciones de Marruecos y la vigilancia militar.

Por Luis García - CC BY-SA 3.0 ES, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- El JEMAD visitó Melilla para respaldar a los militares destinados en la ciudad
- Defensa no anunció nuevos despliegues ni un aumento del nivel de alerta
- La visita coincide con la crisis de Ceuta y nuevas reivindicaciones marroquíes
El jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), Teodoro Esteban López Calderón, se desplazó el 3 de septiembre a Melilla para agradecer personalmente el trabajo de los militares destinados en la ciudad autónoma y mantener encuentros con autoridades civiles y militares. Ese es el motivo oficial de una visita que, por sí misma, no supone un nuevo despliegue de tropas ni una declaración de alerta militar.
Pero el calendario rara vez es inocente en asuntos de Estado. López Calderón ha llegado a Melilla mientras España sigue afrontando las consecuencias de la crisis de Ceuta, Marruecos ha vuelto a plantear públicamente sus reivindicaciones sobre las dos ciudades autónomas y Defensa mantiene una atención especial sobre los territorios españoles situados frente a la costa norteafricana. Una visita institucional, sí. En un momento bastante poco rutinario.
El motivo oficial del viaje del JEMAD a Melilla
El Estado Mayor de la Defensa explicó que López Calderón quería agradecer en persona la labor que desarrolla el personal de las Fuerzas Armadas destinado en Melilla. Durante su estancia se reunió también con representantes de las autoridades civiles y militares de la ciudad.
Entre ellos estuvieron el presidente de Melilla, Juan José Imbroda, y la delegada del Gobierno, Sabrina Moh. El JEMAD estuvo acompañado asimismo por altos mandos de la estructura militar, entre ellos responsables relacionados con el Mando de Canarias y el Mando de Operaciones.
Nada de eso equivale a anunciar un movimiento extraordinario de fuerzas. Conviene subrayarlo porque, con Ceuta y Melilla de nuevo instaladas en el centro del debate geopolítico, cualquier fotografía con uniformes puede empezar a correr por las redes con una velocidad bastante superior a la de los hechos.
La visita sirve, eso sí, para transmitir respaldo institucional a la guarnición de Melilla y recordar la presencia permanente de las Fuerzas Armadas en una zona especialmente sensible para la defensa española.
Melilla mantiene una de las principales guarniciones del Ejército
En torno a 3.200 militares del Ejército de Tierra están destinados en Melilla, integrados fundamentalmente en la Comandancia General de Melilla (COMGEMEL), encuadrada dentro del Mando de Canarias.
De La Legión a Regulares y el Regimiento Alcántara
La estructura militar de la ciudad incluye unidades históricas y operativas como el Tercio Gran Capitán 1.º de La Legión, el Grupo de Regulares de Melilla n.º 52, el Regimiento de Caballería Alcántara n.º 10, el Regimiento Mixto de Artillería n.º 32, el Regimiento de Ingenieros n.º 8, la Unidad Logística n.º 24 y el Batallón del Cuartel General.
No se trata, por tanto, de una presencia testimonial. Melilla alberga una guarnición estable con capacidad operativa y forma parte del dispositivo español de presencia, vigilancia y disuasión, el modelo mediante el cual las Fuerzas Armadas mantienen actividad permanente en territorios y espacios considerados de interés estratégico.
Chafarinas añade otra pieza al momento de tensión
La visita de López Calderón se produjo apenas unos días después de que 17 migrantes de origen subsahariano, tres de ellos menores, fueran localizados en las islas Chafarinas y trasladados posteriormente al puerto de Melilla por la Guardia Civil.
Chafarinas se encuentra frente a la costa norteafricana y depende militarmente de la estructura de la Comandancia General de Melilla. El archipiélago mantiene presencia española permanente, igual que otros enclaves como el peñón de Vélez de la Gomera o el de Alhucemas.
El episodio migratorio no convierte la visita del JEMAD en una respuesta militar a lo ocurrido. No existe anuncio oficial en ese sentido. Pero añade otra capa a una situación en la que frontera, soberanía y seguridad han vuelto a mezclarse, esa combinación que en el Estrecho nunca necesita demasiada ayuda para convertirse en asunto nacional.
La crisis de Ceuta cambia la lectura del viaje
El verdadero telón de fondo está al oeste, en Ceuta. La entrada masiva registrada a finales de julio abrió una crisis migratoria, diplomática y política que continúa marcando la relación entre España y Marruecos.
Pedro Sánchez defendió el 3 de septiembre en el Congreso que no existen pruebas concluyentes de que Marruecos diseñara u organizara aquella entrada masiva. El presidente admitió, no obstante, que durante un periodo crítico las fuerzas marroquíes permitieron los cruces y anunció una revisión de algunos aspectos de la cooperación con Rabat.
La discusión política española sigue abierta. También la investigación sobre lo sucedido en la frontera. Hay informes policiales que han puesto el foco sobre el comportamiento de las autoridades marroquíes, mientras el Ejecutivo pide distinguir entre indicios, permisividad y una operación deliberadamente organizada por el Estado vecino.
Esa distinción no es menor. Una cosa es afirmar que Marruecos no impidió eficazmente una avalancha migratoria y otra, bastante más grave desde el punto de vista diplomático, sostener que la diseñó como instrumento de presión. En medio quedan muchas zonas grises; la diplomacia suele sentirse cómoda en ellas hasta que dejan de ser grises.
Marruecos vuelve a poner Ceuta y Melilla sobre la mesa
Al mismo tiempo, varios responsables del Gobierno marroquí han reactivado públicamente las reivindicaciones de Rabat sobre Ceuta y Melilla.
El ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, defendió en agosto un supuesto derecho «histórico y geográfico» de Marruecos sobre ambas ciudades y reclamó abordar la cuestión mediante el diálogo con España. Más recientemente, el ministro de Obras Públicas y Agua y dirigente del partido Istiqlal, Nizar Baraka, endureció el lenguaje al asegurar que Marruecos no retrocedería «ni un solo palmo» de lo que considera su territorio.
Madrid mantiene una posición exactamente opuesta: Ceuta y Melilla son ciudades españolas y su soberanía no está sometida a negociación. La relación bilateral puede abarcar inmigración, comercio, terrorismo, fronteras, pesca, cooperación policial o casi cualquier asunto imaginable a ambos lados del Estrecho. La soberanía de las dos ciudades, sostiene España, no forma parte de ese menú.
El viaje del JEMAD adquiere ahí su dimensión política aunque Defensa no haya querido revestirlo de ella. Cuando el máximo responsable de la estructura operativa de las Fuerzas Armadas visita una guarnición española situada en el norte de África mientras desde Marruecos vuelven a escucharse reclamaciones territoriales, el mensaje institucional resulta difícil de ignorar.
Una visita cuyo significado está en el momento elegido
No hay constancia de que López Calderón haya viajado a Melilla para anunciar refuerzos militares extraordinarios, elevar el nivel de alerta o preparar una operación relacionada directamente con Marruecos. Tampoco el Estado Mayor de la Defensa ha relacionado oficialmente el desplazamiento con una amenaza militar concreta.
Esa precisión importa. La tensión política y diplomática no equivale automáticamente a una crisis militar. Las Fuerzas Armadas mantienen presencia permanente en Melilla desde mucho antes del episodio de Ceuta y desarrollan regularmente actividades de vigilancia, preparación y presencia territorial.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, había mantenido también contacto con los destacamentos militares situados en las islas Chafarinas y los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas. El Gobierno ha querido así proyectar normalidad operativa y respaldo a los efectivos desplegados en los territorios españoles del norte de África.
Normalidad, en este caso, no significa indiferencia. Las estructuras militares están precisamente para que la vigilancia cotidiana no tenga que convertirse cada semana en espectáculo de tambores, banderas y titulares apocalípticos.
El desplazamiento del JEMAD a Melilla tiene una explicación oficial sencilla: respaldar y agradecer el trabajo de los militares de la ciudad. No existe información que permita presentarlo seriamente como el inicio de una escalada militar.
Su relevancia nace del contexto. España acaba de atravesar una de las mayores crisis fronterizas recientes en Ceuta, Marruecos vuelve a reivindicar las ciudades autónomas, los enclaves españoles próximos a su costa permanecen bajo vigilancia permanente y el debate sobre la relación con Rabat ha regresado al Congreso y a la política exterior.
Por eso una visita que en otro momento podría haber ocupado unas pocas líneas tiene ahora otra resonancia. López Calderón no ha anunciado movimientos de tropas ni cambios de estrategia. Ha hecho algo menos espectacular y, precisamente por eso, bastante reconocible en el lenguaje de los Estados: presentarse en Melilla, reunirse con sus mandos y dejar visible el respaldo de la cúpula militar española.












