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¿Habrá moción de censura? Feijóo pone a prueba a Junts, PNV y Vox
Feijóo promete una moción de censura en 48 horas si Junts o PNV dejan a Sánchez. Los 176 votos revelan quién puede decidir el rumbo político.

Alberto Núñez Feijóo vuelve a colocar la moción de censura contra Pedro Sánchez en el centro de la batalla política, pero esta vez añade un compromiso concreto: asegura que la presentará en un plazo de 48 horas si alguno de los socios parlamentarios del Gobierno rompe con el presidente y ofrece los votos necesarios para que la iniciativa pueda prosperar. No la registrará, en cambio, para perderla de antemano.
El mensaje apunta sobre todo a Junts y el PNV. Feijóo reconoce que el PP mantiene contactos con ambas formaciones —más frecuentes con Junts, según ha explicado— y plantea una moción de carácter instrumental: desalojar a Sánchez de La Moncloa, formar un Ejecutivo de transición y convocar elecciones. La pieza que falta no es constitucional ni reglamentaria. Son votos. Y ahí el Congreso vuelve a parecerse bastante a una calculadora con los botones gastados.
Feijóo promete una moción de censura en 48 horas
La declaración llega después de varios meses en los que el líder del PP ha amagado con recurrir a este instrumento sin llegar a registrarlo. Su argumento sigue siendo el mismo: una moción derrotada permitiría a Sánchez presentarse ante el Congreso como presidente respaldado de nuevo por una mayoría parlamentaria, justo el efecto contrario del que busca Génova.
Feijóo ha endurecido esta vez el lenguaje. Ha pedido a los partidos que sostienen al Ejecutivo un “arrebato de dignidad” y sostiene que seguir manteniendo a Sánchez resulta incompatible con esa dignidad política. La fórmula tiene poco de diplomacia de salón, desde luego, pero permite entender el objetivo: trasladar la presión desde el PP hacia quienes pueden decidir la legislatura sin formar parte del Consejo de Ministros.
El presidente popular también ha confirmado conversaciones con Junts, PNV, Coalición Canaria y UPN. De Junts dice que es la formación que más se atreve a votar contra el Gobierno. No significa que exista un acuerdo para derribarlo; significa, simplemente, que los canales de comunicación están abiertos. En política española, donde un café puede interpretarse como una alianza estratégica y un silencio como una ruptura histórica, la diferencia no es menor.
Los 176 votos explican todo
Una moción de censura en España no sirve únicamente para censurar al presidente. La Constitución establece un sistema constructivo: quienes pretenden derribar al Gobierno deben proponer al mismo tiempo un candidato alternativo. La iniciativa necesita al menos 35 diputados para ser registrada y debe obtener la mayoría absoluta del Congreso, es decir, 176 votos.
El PP dispone de 137 diputados y Vox de 32. Juntos suman 169. Junts cuenta con siete parlamentarios: si esos siete respaldaran una moción presentada por Feijóo y Vox votara a favor, el resultado alcanzaría exactamente los 176 escaños necesarios. Junts tiene, por tanto, una capacidad aritmética muy concreta para convertir la amenaza en una operación parlamentaria viable.
El PNV necesita más compañeros de viaje
Con el PNV la cuenta es distinta. Sus cinco diputados llevarían a PP y Vox hasta 174. Para superar la mayoría absoluta harían falta al menos otros dos votos, y ahí entrarían en escena UPN y Coalición Canaria, formaciones con las que Feijóo también asegura mantener contactos. La mayoría posible existe sobre el papel, pero exige colocar en la misma fotografía a partidos cuyas relaciones políticas son, por decirlo suavemente, poco familiares.
Feijóo ya había utilizado una cuenta algo más amplia: PP, Vox, Junts, PNV, UPN y Coalición Canaria suman diputados suficientes para superar ampliamente los 176 y, según viene defendiendo, buena parte de estas fuerzas comparten la idea de que España debería acudir a elecciones anticipadas. Una cosa es coincidir en que una legislatura está agotada y otra bastante distinta votar al mismo candidato para terminarla. Ahí empieza el verdadero problema.
Junts tiene los votos, pero no ha dado el sí a Feijóo
La posición de Junts es especialmente incómoda para todos. La formación independentista ha venido reclamando elecciones y se ha desmarcado del Gobierno en votaciones importantes, hasta coincidir con PP y Vox en determinadas iniciativas contra el Ejecutivo. Esa capacidad para construir mayorías alternativas ha convertido sus siete escaños en uno de los activos políticos más valiosos del Congreso.
Eso demuestra que una mayoría para derrotar al Gobierno puede aparecer en una votación determinada. No demuestra que exista una mayoría para investir a Feijóo. Son dos fotografías distintas, aunque desde lejos puedan parecer la misma.
Junts ya había rechazado respaldar una moción de censura planteada por el PP y llegó a calificar movimientos anteriores de este tipo como una maniobra partidista. Jordi Turull incluso retó en su momento a Feijóo a desplazarse a Waterloo y hablar directamente con Carles Puigdemont si quería abordar seriamente semejante operación. Desde entonces existen contactos, según admite el líder popular, pero no se conoce un compromiso de los siete diputados independentistas para investirlo.
Y existe una contradicción política difícil de esconder bajo la alfombra. El PP ha construido buena parte de su oposición contra la amnistía y contra los acuerdos del PSOE con Puigdemont; Junts, a su vez, tendría que explicar por qué facilita la llegada a La Moncloa de un candidato cuya mayoría parlamentaria depende necesariamente de Vox. La política permite piruetas. La gravedad, de momento, sigue funcionando.
El PNV mantiene una distancia todavía mayor
El escenario vasco parece incluso más cerrado. Aitor Esteban ha rechazado durante los últimos meses la posibilidad de respaldar una moción instrumental de Feijóo. El PNV puede considerar muy deteriorada la legislatura y expresar dudas sobre la capacidad de Sánchez para agotarla, pero una cosa no conduce automáticamente a la otra. Reclamar elecciones no equivale a investir al presidente del PP.
Las diferencias son profundas. El PNV ha reprochado al PP sus posiciones sobre el euskera, las transferencias y el autogobierno vasco. Más decisiva todavía resulta su incompatibilidad con Vox, partido prácticamente imprescindible en cualquier aritmética razonable para una censura encabezada por Feijóo. Para los nacionalistas vascos, participar en una operación apoyada por una formación que cuestiona buena parte del modelo autonómico supone una frontera política difícil de cruzar.
Hay, además, una ironía histórica difícil de ignorar. El PNV fue decisivo en 2018 para que prosperara la moción de censura que terminó con Mariano Rajoy y convirtió a Pedro Sánchez en presidente. Aquella sigue siendo la única moción de censura triunfante desde la aprobación de la Constitución de 1978. Todas las demás fracasaron.
Una moción instrumental para convocar elecciones
Feijóo intenta desactivar el principal argumento de Junts y PNV presentando su propuesta como una operación de duración limitada. No les pide —al menos según la fórmula que viene defendiendo— sostener durante años un Gobierno del PP ni compartir un Ejecutivo con Vox. Les reclama los votos necesarios para investirlo y convocar elecciones de manera inmediata.
La Constitución, sin embargo, no contempla una categoría especial llamada “moción instrumental”. Jurídicamente sería una moción de censura convencional: debería incluir un candidato, superar los 176 votos y, si triunfara, ese candidato quedaría automáticamente investido presidente del Gobierno. Que después convocara elecciones sería un compromiso político. El mecanismo constitucional es bastante menos poético que el nombre elegido para presentarlo.
Vox sigue siendo el invitado que nadie puede hacer desaparecer
La dificultad tampoco se evapora dejando a Vox fuera de un hipotético Gobierno provisional. Sus 32 diputados continúan siendo fundamentales para construir la mayoría. El partido de Santiago Abascal se ha mostrado dispuesto a respaldar una moción que permita desalojar a Sánchez si existen también los apoyos necesarios de otras fuerzas.
Feijóo ha ido un poco más lejos al hablar del escenario posterior a unas elecciones: sostiene que su objetivo sería gobernar en solitario, aunque admite que alcanzaría un acuerdo con Vox si necesitara sus votos para obtener una mayoría. Para Junts y, sobre todo, para el PNV, esa posibilidad pesa tanto como cualquier promesa de una presidencia provisional y breve.
La moción depende menos de Feijóo que de sus posibles socios
A 11 de agosto de 2026, el escenario puede resumirse sin demasiada ceremonia: Feijóo no ha presentado una moción de censura. Ha prometido hacerlo en 48 horas si aparecen los apoyos que todavía no tiene garantizados. Junts dispone de votos suficientes para hacerla viable junto a PP y Vox; el PNV necesitaría además otros respaldos. Ninguno de los dos partidos ha comunicado un cambio que permita dar por construida esa mayoría.
La novedad política está en otro sitio. El líder del PP ya no habla de la moción como una posibilidad abstracta para algún momento de la legislatura, sino que liga públicamente su presentación a una ruptura concreta de los socios de Sánchez y fija un plazo de 48 horas para reaccionar. Ha puesto la pelota en el tejado de Junts y del PNV, aunque ambos llevan tiempo respondiendo, a su manera, que el tejado es suyo y que no aceptan que Génova les diga cuándo deben mover las tejas.
La legislatura continúa porque una mayoría alternativa capaz de castigar al Gobierno en el Congreso no es necesariamente una mayoría capaz de sustituirlo. Esa diferencia, aparentemente pequeña, mide exactamente 176 votos cuando llega la hora decisiva.

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