Economía
El déficit comercial español creció en el primer semestre de 2025
Las importaciones avanzaron más deprisa que las exportaciones y ampliaron el saldo negativo durante la primera mitad del año.

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España cerró el primer semestre de 2025 con un déficit comercial de 25.113 millones de euros, un 58,7% más que en el mismo periodo de 2024, cuando el saldo negativo fue de 15.822 millones. El desequilibrio aumentó porque las importaciones crecieron con más fuerza que las exportaciones: las compras al exterior subieron un 5,4%, hasta 222.263,6 millones, mientras que las ventas avanzaron un 1%, hasta 197.151 millones.
Las cifras describen los seis primeros meses del año, no el conjunto de 2025. Esa diferencia importa: el resultado permite medir la evolución del comercio de bienes durante la primera mitad, pero no anticipa por sí solo el cierre anual. Los datos posteriores disponibles, correspondientes a enero-mayo de 2026, muestran otro periodo y otra comparación: el déficit llegó a 25.094 millones, un 16,6% más que en esos mismos meses de 2025.
Qué mide el saldo comercial y por qué empeoró
El saldo comercial compara el valor de las mercancías que un país exporta con el de las que importa. Cuando las compras superan a las ventas, aparece un déficit; cuando ocurre lo contrario, hay superávit. En el primer semestre de 2025, España importó bienes por valor de 222.263,6 millones de euros y exportó por 197.151 millones. La diferencia entre ambos flujos explica el saldo negativo de 25.113 millones, redondeado a partir de las cifras publicadas.
El aumento interanual no significa que las exportaciones se redujeran: crecieron un 1% y alcanzaron la segunda mayor cifra registrada para un primer semestre, según los datos de referencia. El deterioro se produjo porque las importaciones avanzaron un 5,4%, más de cuatro puntos porcentuales por encima. Dicho de otro modo, las empresas y consumidores españoles compraron más bienes al exterior en términos de valor de lo que crecieron las ventas españolas fuera del país.
La diferencia entre el crecimiento de las exportaciones y el de las importaciones ayuda a leer el titular, pero no explica por sí sola qué productos o mercados determinaron el movimiento. Un saldo agregado reúne operaciones muy distintas: desde alimentos hasta equipos eléctricos o energía. Por eso, un déficit mayor no equivale automáticamente a una caída general de la actividad exportadora ni permite concluir, sin más información, que cada sector haya perdido competitividad. Es una señal sobre el balance entre compras y ventas de mercancías, no un diagnóstico completo de la economía.
La tasa de cobertura y lo que revela
La tasa de cobertura expresa qué proporción de las importaciones queda compensada por las exportaciones. Se calcula dividiendo las ventas al exterior entre las compras y multiplicando el resultado por cien. En el primer semestre de 2025 se situó en el 88,7%, 3,8 puntos menos que un año antes. En términos sencillos, por cada 100 euros de mercancías importadas, España exportó bienes por un valor equivalente a 88,7 euros.
Ese porcentaje y el déficit cuentan una historia relacionada, aunque no idéntica. El saldo se mide en euros y refleja la diferencia absoluta entre ambos flujos; la cobertura compara su tamaño relativo. Si las importaciones aumentan más que las exportaciones, como sucedió en este periodo, el porcentaje de cobertura tiende a bajar y el saldo negativo puede ampliarse. El dato no indica que las compras sean innecesarias ni que todas puedan sustituirse por producción nacional: informa de la relación entre dos magnitudes comerciales.
La cobertura también evita una lectura engañosa de las cifras récord. Un volumen elevado de exportaciones puede convivir con un déficit creciente si las importaciones aumentan todavía más. En la primera mitad de 2025, las ventas al exterior alcanzaron un nivel muy alto para ese periodo, pero las compras superaron los 222.000 millones de euros. El récord de exportación y el empeoramiento del saldo no se contradicen: describen aspectos distintos del mismo intercambio.
Los socios con los que España mantiene superávit
El resultado global oculta diferencias importantes entre destinos. Durante el primer semestre de 2025, los mayores superávits comerciales españoles se registraron con Francia, con 9.993 millones de euros; Portugal, con 8.392 millones; y Reino Unido, con 7.617 millones. En esos intercambios, el valor de las mercancías exportadas desde España superó al de las importadas desde cada uno de esos mercados.
Un superávit bilateral no significa que el comercio con ese país sea siempre favorable en todos los productos, ni que el conjunto de la relación económica pueda resumirse en una sola cifra. El saldo agrega las ventas y las compras de mercancías contabilizadas en el periodo. También puede cambiar según el tipo de bienes intercambiados y el volumen de cada flujo. Aun así, las cifras muestran que los mercados europeos cercanos y Reino Unido aportaron saldos positivos destacados mientras el conjunto del comercio español terminó en déficit.
La comparación entre el saldo total y esos superávits ayuda a entender por qué no basta con observar los mercados donde España vende más de lo que compra. Los excedentes con algunos socios coexisten con déficits frente a otros y con importaciones de gran volumen. El resultado nacional es la suma de todos esos intercambios, no una media de los saldos bilaterales. Por eso, un buen comportamiento con Francia o Portugal puede amortiguar el desequilibrio general sin eliminarlo.
China y Estados Unidos, dos déficits de distinta escala
China destacó por el volumen de su déficit comercial con España. Entre enero y junio de 2025, el saldo negativo bilateral alcanzó los 20.207 millones de euros, un 17% más que en el mismo periodo de 2024. Las exportaciones españolas al país asiático crecieron un 13,7%, hasta 3.949 millones, pero las importaciones avanzaron un 16,4%, hasta 24.157 millones. La distancia entre ambas cifras explica por qué el aumento de las ventas no bastó para reducir el desequilibrio.
China representó el 2% de las exportaciones españolas del semestre y el 10,9% de las importaciones. El contraste muestra que la relación comercial tiene pesos diferentes según se mida la salida o la entrada de bienes. En junio, las ventas españolas a ese mercado se mantuvieron en 612 millones de euros, mientras las compras aumentaron un 27,4% interanual, hasta 4.286,1 millones. Ese dato mensual aporta contexto, aunque no debe confundirse con el acumulado de los seis meses.
Con Estados Unidos, el déficit también aumentó, pero fue menor en valor absoluto. Entre enero y junio se situó en 7.083,3 millones de euros, frente a 5.196,6 millones en el mismo tramo de 2024, un incremento del 37%. España exportó bienes por 8.754,5 millones, un 5,1% menos, e importó por 15.838 millones, un 10,1% más. En junio, el saldo negativo bilateral subió a 1.193 millones, frente a 616 millones un año antes. La evolución combinó menos ventas y más compras, a diferencia del caso chino, donde las exportaciones también crecieron, aunque menos que las importaciones.
Un déficit no equivale a una pérdida automática de competitividad
El saldo comercial suele leerse como un termómetro de la posición exterior, pero aislarlo del resto de los datos conduce a conclusiones demasiado tajantes. Que un país importe más de lo que exporta en mercancías no demuestra por sí solo que sus empresas hayan perdido capacidad para competir. El déficit puede aumentar porque suben las compras, porque las ventas avanzan con lentitud o porque se combinan ambas circunstancias. En el primer semestre de 2025 se dio esta última configuración: las exportaciones crecieron, pero las importaciones lo hicieron a un ritmo mayor.
También conviene distinguir entre valor y cantidad. Las cifras comunicadas están expresadas en euros y reflejan el valor de los bienes intercambiados. Sin información adicional sobre precios y volúmenes físicos, no es posible atribuir todo el cambio a que se compraran más unidades o a que cada producto costara más. Esa cautela es especialmente importante al comparar periodos: una variación monetaria puede recoger movimientos distintos que no se separan en el saldo agregado.
El comercio de bienes tampoco abarca por sí solo toda la actividad económica internacional. Las cifras aquí descritas se refieren a mercancías y no deben presentarse como un balance completo de los intercambios de España con el exterior. Además, un saldo negativo no determina por sí mismo cómo evolucionan otros componentes de la economía. Su utilidad está en mostrar la brecha entre exportaciones e importaciones de bienes; para explicar sus causas profundas harían falta desgloses adicionales por producto, precio, volumen y mercado.
Qué aporta el dato más reciente de 2026
La información correspondiente a enero-mayo de 2026 sitúa el déficit comercial en 25.094 millones de euros, 3.570 millones más que en los cinco primeros meses de 2025. El incremento interanual fue del 16,6%. En ese periodo, las exportaciones sumaron 165.588 millones, un 1,3% más, frente a importaciones por 190.682,6 millones, un aumento del 3,1%. La tasa de cobertura quedó en el 86,8%.
El dato permite comprobar que el saldo volvió a ampliarse en los primeros meses de 2026, pero no debe compararse directamente con los 25.113 millones del primer semestre de 2025 como si fueran periodos equivalentes. Una cifra cubre cinco meses y la otra seis; además, cada variación interanual se compara con los mismos meses del año anterior. Que los importes acumulados sean parecidos no significa que la evolución haya sido igual: cambian la duración del periodo y la base de comparación.
En mayo de 2026, las importaciones alcanzaron 42.939 millones de euros, un 14,4% más que un año antes. Las exportaciones fueron de 34.694 millones: retrocedieron un 0,9% en términos brutos, aunque crecieron un 3,3% al corregir los efectos del calendario y la estacionalidad. Las dos tasas no se excluyen; una refleja la comparación observada y la otra ajusta factores que pueden alterar la actividad de un mes concreto. El saldo mensual se amplió en 5.702 millones respecto a mayo de 2025 y la cobertura bajó al 80,8%, 12,4 puntos menos.
Energía, sectores con superávit y composición del saldo
El desglose de los cinco primeros meses de 2026 atribuye el aumento del déficit tanto al componente no energético como al energético. El primero se amplió en 3.018 millones de euros y el segundo, en 552 millones. En conjunto, ambos movimientos ayudan a explicar el deterioro del saldo acumulado. El encarecimiento de las compras energéticas también se señaló como un factor en el resultado mensual de mayo, aunque esa explicación corresponde a ese periodo concreto y no debe trasladarse sin matices al conjunto de 2025.
El balance general, además, reúne actividades con resultados muy diferentes. Entre enero y mayo de 2026, alimentación, bebidas y tabaco registraron un superávit de 8.386 millones de euros. También presentaron saldos positivos las semimanufacturas no químicas, con 2.599 millones, y otras mercancías, con 2.492 millones. Esos excedentes muestran que algunos grupos de productos vendieron al exterior por más valor del que importaron, incluso en un contexto de déficit agregado.
La distribución sectorial impide describir el comercio español como una única corriente uniforme. Un superávit en alimentación puede coexistir con déficits en otros productos, y los resultados cambian al observar distintos periodos. Los datos de 2026 también registraron un superávit comercial con la Unión Europea de 11.190 millones de euros; Francia, Portugal y Reino Unido sobresalieron como mercados con saldo favorable en esa referencia. El mapa comercial depende del producto, del socio y del intervalo observado, no solo de la cifra total del país.
La lectura correcta depende del periodo y del detalle
La fotografía del primer semestre de 2025 es clara: el déficit comercial español creció un 58,7% respecto al mismo periodo del año anterior porque las importaciones aumentaron con más rapidez que las exportaciones. El país mantuvo ventas exteriores elevadas y superávits con varios socios, pero esos resultados no compensaron la diferencia entre el total de mercancías compradas y vendidas. El descenso de la tasa de cobertura, hasta el 88,7%, reflejó esa brecha relativa.
Los datos de enero-mayo de 2026 indican que el déficit volvió a aumentar frente a los mismos meses de 2025, aunque el ritmo fue del 16,6% y el periodo es distinto. Entre ambas referencias no hay una contradicción: cambian el número de meses y el año usado como comparación. Separar los acumulados, las cifras mensuales y los saldos por socio evita confundir una variación puntual con una tendencia anual completa.
El saldo comercial, por tanto, es un punto de partida más que una explicación definitiva. Sirve para medir si las exportaciones de bienes cubren el valor de las importaciones y para detectar qué componentes ensanchan la diferencia. Pero su significado depende de la composición de esos flujos y del marco temporal. La cifra de 2025 describe una primera mitad del año con compras creciendo más que las ventas; no sustituye al balance anual ni basta, por sí sola, para juzgar la fortaleza de toda la economía exterior española.

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