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¿Cómo queda España para el Mundial FIBA 2027 tras caer ante Portugal?
España cae ante Portugal y se complica el camino al Mundial FIBA 2027: así queda el grupo, qué necesita y cuándo vuelve a jugar la Selección.

España ha convertido en unas horas una clasificación bastante cómoda en una carrera mucho más incómoda. La Selección perdió 89-95 contra Portugal en Zaragoza, en el estreno de la segunda fase de las eliminatorias europeas para el Mundial FIBA 2027, y su margen de seguridad se ha estrechado: mantiene un balance de cinco victorias y dos derrotas, pero Ucrania también suma cinco triunfos y Portugal, Georgia y Montenegro aparecen inmediatamente detrás con cuatro.
No es, ni mucho menos, una catástrofe clasificatoria. España sigue dependiendo de sí misma y conserva una posición favorable para estar en Catar 2027, pero el calendario ya no admite demasiadas tardes distraídas. Los tres primeros del grupo I irán directamente al Mundial y quedan cinco partidos. El siguiente, además, tiene bastante más peso del que parecía hace apenas unos días: Grecia-España, el lunes 31 de agosto en Atenas.
España pierde ante Portugal y el grupo I se aprieta
La derrota tiene un añadido histórico bastante poco agradable para la Selección: fue la primera victoria de Portugal sobre España en un partido oficial. No llegó mediante una carambola ni después de cuarenta minutos de resistencia desesperada. Portugal compitió mejor durante largos tramos, castigó el rebote español y encontró respuestas cada vez que el equipo de Chus Mateo parecía dispuesto a darle la vuelta al encuentro.
España empezó torcida. Portugal cerró el primer cuarto con un 14-21 y se marchó al descanso por delante, 41-47. Hubo reacción española después, con 30 puntos en el tercer periodo y un partido aparentemente reconstruido, pero el último cuarto volvió a caer del lado portugués. Ahí estuvo buena parte de la historia: cuando el encuentro pedía precisión, rebote y cierta sangre fría, Portugal encontró las tres cosas.
El rebote ofensivo fue especialmente doloroso. Los portugueses capturaron 18, una cifra que en un partido igualado equivale a regalar al rival una colección de segundas oportunidades. No hace falta convocar a Arquímedes para entenderlo: defender bien durante veinte segundos sirve de bastante poco si después el contrario recoge el balón debajo del aro.
Chus Mateo reconoció tras el encuentro que al equipo todavía le faltan horas de vuelo. Tiene lógica. Esta España mezcla veteranos, jugadores en plena consolidación internacional y una nueva generación que empieza a asomar sin pedir permiso. El problema es que las ventanas FIBA no conceden demasiado tiempo para realizar ensayos clínicos: mientras un equipo aprende a conocerse, el marcador sigue contando.
Portugal ya no es aquel rival cómodo
El resultado sorprende por la historia de ambas selecciones, pero bastante menos por la Portugal actual. Neemias Queta, pívot de los Boston Celtics, representa el salto físico de una selección que lleva tiempo creciendo. Ante España terminó con 16 puntos y nueve rebotes antes de abandonar el encuentro por problemas físicos en el tramo final.
El daño portugués, de hecho, estuvo repartido. Travante Williams anotó 22 puntos, Ruben Prey añadió 15 y Diogo Ventura firmó 19. Portugal movió el partido hacia el terreno que más le convenía: contacto, rebotes divididos, energía y ataques capaces de castigar cualquier despiste español.
Hay una fotografía bastante gráfica del cambio. En el ranking mundial FIBA publicado en julio, España ocupaba el sexto puesto del mundo y Portugal el 45º. Casi cuarenta posiciones de distancia. Sobre el parqué, ninguna. El baloncesto internacional lleva años avisando de estas cosas: los apellidos históricos siguen adornando mucho, pero no defienden ni cierran el rebote.
Aday Mara debuta y deja una de las mejores noticias de España
La noche dejó, al menos, una ventana abierta. Aday Mara debutó con la selección absoluta y lo hizo sin esconderse: 12 puntos, seis rebotes y dos asistencias. El pívot aragonés, además, vivió el estreno en Zaragoza, delante de su gente y frente a un interior NBA como Queta. Un bautismo poco ceremonial.
Mara mostró lo que España espera encontrar en él durante los próximos años: tamaño, manos y capacidad para finalizar cerca del aro, además de una lectura del juego poco habitual para un jugador de su envergadura. Le faltan kilómetros, claro. También sería raro que llegara al baloncesto internacional con el manual completamente aprendido.
Debutó igualmente Baba Miller, otra pieza de esa generación con la que la Federación pretende construir el siguiente ciclo. La España que ganó casi todo durante dos décadas no puede clonarse. Pau Gasol, Marc Gasol, Ricky Rubio, Sergio Rodríguez o Rudy Fernández no están esperando detrás de una cortina. Toca otra cosa: formar un equipo nuevo sin renunciar mientras tanto a clasificarse para los grandes torneos.
Entre quienes sostuvieron a España ante Portugal destacó Álvaro Cárdenas, con 18 puntos, mientras Darío Brizuela terminó con 17 y cinco asistencias. Hubo talento ofensivo suficiente para acercarse y discutir el partido. Faltó continuidad. Y defensa después de la defensa, esa segunda tarea menos vistosa de asegurar el rebote.
Sin Santi Aldama y con una Selección entre dos generaciones
La ventana tiene otra circunstancia relevante. Santi Aldama no está disponible después de que se decidiera no forzar su recuperación de una lesión que necesitó cirugía. Su ausencia resta uno de los jugadores españoles con mayor capacidad para alterar un partido desde la anotación, el tamaño y la versatilidad.
Chus Mateo dispone, aun así, de nombres importantes: Willy y Juancho Hernangómez, Brizuela, Joel Parra o Jaime Pradilla conviven con Cárdenas, Mara, Miller, Sergio de Larrea, Hugo González y Mario Saint-Supery. La mezcla es atractiva. También irregular, como suelen ser todas las mezclas cuando todavía se están agitando.
Eso explica algunas cosas, pero no todas. Portugal llegó igualmente a finales de agosto, también condicionado por calendarios y preparaciones. La diferencia estuvo en que pareció más compacto y reconocible, especialmente en los momentos en los que el partido dejó de ser bonito y pasó a resolverse a codazos deportivos: rebotes, contactos, balones sueltos.
Cómo queda España en la clasificación para el Mundial 2027
La situación es apretada pero perfectamente manejable. Después de los primeros partidos de esta segunda fase, España y Ucrania tienen cinco victorias y dos derrotas. Por detrás aparecen Georgia, Montenegro y Portugal con 4-3, mientras Grecia queda con 3-4.
La distancia entre España y el quinto puesto es, por tanto, de apenas una victoria. Esa es la verdadera consecuencia del tropiezo de Zaragoza. La Selección continúa en la zona alta, aunque ha perdido el colchón que tenía después de una excelente primera fase.
El sistema FIBA contribuye a que cada resultado pese tanto. España llegó a esta ronda con los partidos de la primera fase frente a Ucrania y Georgia incorporados a su balance. Ahora juega contra los tres equipos procedentes del otro grupo: Portugal, Grecia y Montenegro, a ida y vuelta. No empieza desde cero. Todo lo anterior viaja en la maleta.
Al final de esta segunda fase, los tres primeros del grupo I se clasificarán para el Mundial. Europa dispone de 12 plazas, repartidas entre los tres mejores de cada uno de los cuatro grupos de seis selecciones.
España conserva además una circunstancia interesante en los desempates derivados de sus anteriores enfrentamientos con Ucrania y Georgia, pero ponerse a hacer contabilidad fina en agosto sería una manera algo extravagante de complicarse la vida. El camino más limpio sigue siendo ganar partidos.
Grecia-España gana peso después del tropiezo de Zaragoza
El lunes 31 de agosto, a las 18.00 horas, España juega en Atenas contra Grecia. Hace una semana podía contemplarse como una oportunidad para dejar medio billete encarrilado. Después del 89-95 ante Portugal se parece bastante más a un partido de control de daños.
Grecia llega todavía más necesitada. Perdió 82-76 frente a Ucrania y tiene un balance de 3-4. Una nueva derrota la dejaría en una posición muy delicada. España, por su parte, podría cerrar esta ventana con un 6-2 que devolvería tranquilidad antes de los partidos de noviembre.
Y aquí aparece otro factor habitual —y algo absurdo para el espectador que solo mira nombres— de las eliminatorias mundialistas. Las plantillas pueden cambiar muchísimo entre ventanas. Los encuentros de noviembre y febrero coinciden con las temporadas de NBA y Euroliga, de modo que muchas selecciones deberán competir sin varios de sus principales jugadores.
España conoce bien ese ecosistema. Durante años ha encontrado una profundidad extraordinaria para sobrevivir a las ventanas. Esa denominada clase media de la Selección, jugadores quizá menos mediáticos pero curtidos en ACB y competiciones europeas, puede volver a resultar decisiva cuando lleguen los partidos de otoño e invierno.
Cuántas victorias necesita España para clasificarse
No existe todavía una cifra matemática que garantice el billete porque quedan demasiados cruces directos. España tiene cinco encuentros por disputar y alcanzar las siete victorias colocaría la clasificación muy bien encaminada; superar esa cifra reduciría considerablemente la posibilidad de terminar fuera de los tres primeros.
Lo importante es otro detalle: España todavía controla su destino. Tendrá enfrentamientos directos contra Grecia, Montenegro y Portugal, precisamente los equipos que pueden discutirle una de las plazas. Cada victoria en esos partidos hace un trabajo doble: suma para España y se la niega a un rival.
El 5-2 actual tampoco debería confundirse con una situación límite. La Selección empezó la segunda ronda desde una posición mejor que la mayoría de sus perseguidores y todavía dispone de margen. Lo que desapareció en Zaragoza fue el lujo de equivocarse sin mirar inmediatamente la clasificación.
Portugal, por su parte, ha vuelto a meterse de lleno en la pelea con su 4-3. Y no parece una presencia decorativa. Su victoria en España, unida al crecimiento mostrado durante toda la clasificación, obliga a considerarla candidata real a discutir uno de los tres billetes. Para el baloncesto portugués es una noche que cabe en una vitrina. Para España, una advertencia.
Catar sigue cerca, pero España tendrá que ganárselo
España lleva más de cuatro décadas instalada entre las grandes selecciones del baloncesto mundial y ha disputado de forma consecutiva todos los Mundiales desde 1982. Esa continuidad genera una peculiar deformación de la perspectiva: clasificarse parece un trámite administrativo hasta que un rival entra en Zaragoza, captura 18 rebotes ofensivos y recuerda que los trámites también caducan.
El Mundial FIBA 2027 se disputará en Catar del 27 de agosto al 12 de septiembre. España sigue bien situada para estar allí. Tiene cinco victorias, talento, profundidad y varios partidos directos por delante. Pero Portugal ha eliminado de golpe cualquier sensación de piloto automático.
El siguiente capítulo se escribe en Atenas. Una victoria ante Grecia devolvería aire, colocaría el balance en 6-2 y dejaría la clasificación nuevamente encarrilada antes de las ventanas de noviembre y febrero. Otra derrota no eliminaría a España, ni mucho menos, pero convertiría un camino que parecía ancho en uno bastante más estrecho. Y en las eliminatorias FIBA, cuando el pasillo se estrecha, hasta el rebote más pequeño empieza a hacer ruido.












