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Economía

¿Qué empleos dominados por mujeres están más amenazados por la IA?

Los empleos dominados por mujeres aparecen entre los más expuestos a la IA, con una brecha laboral que ya empieza a notarse en las vacantes.

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La inteligencia artificial no parece estar entrando en el mercado laboral por donde muchos imaginaban. No son necesariamente las fábricas, los almacenes o los empleos manuales los primeros en sentir su presión. Los trabajos administrativos y de oficina, donde la presencia femenina es muy elevada, figuran entre los más expuestos a la automatización mediante IA. Y ahí aparece una brecha de género que empieza a ser difícil de ignorar.

Un análisis reciente del mercado laboral australiano ofrece una fotografía especialmente clara: entre las 20 ocupaciones con mayor exposición a la automatización, 15 están dominadas por mujeres. Secretarias, recepcionistas, auxiliares administrativos, contables, personal de recursos humanos o encargadas de nóminas aparecen en la zona más sensible. Los datos australianos coinciden, además, con investigaciones internacionales que llevan tiempo detectando el mismo patrón.

La IA amenaza antes al escritorio que al trabajo físico

Durante años, la imagen clásica de la automatización fue un brazo mecánico sustituyendo a un operario. Era una escena fácil de entender: metal, cadenas de montaje, máquinas haciendo tareas humanas. La inteligencia artificial generativa ha dado la vuelta al decorado.

Los sistemas actuales son especialmente eficaces procesando información, redactando textos, clasificando documentos, resumiendo expedientes, preparando informes, organizando agendas, gestionando bases de datos o realizando determinadas operaciones contables. Precisamente muchas de las tareas presentes en los puestos administrativos, contables y de apoyo empresarial.

Las capacidades actuales de la IA se encuentran más cerca de poder ejecutar trabajos basados en procesamiento rutinario de información, tareas administrativas y procedimientos fácilmente codificables. En cambio, la distancia sigue siendo mayor cuando el empleo exige juicio contextual, comprensión interpersonal, responsabilidad compleja o interacción con entornos físicos imprevisibles.

Dicho de manera menos académica: una IA puede enfrentarse bastante bien a una hoja de cálculo ordenada. Una obra en construcción bajo la lluvia, con un problema que nadie había previsto a las ocho de la mañana, sigue siendo otro asunto.

Ese contraste explica parte de la paradoja. Muchos empleos tradicionalmente considerados más vulnerables a la mecanización están, al menos frente a la IA generativa, relativamente protegidos por la destreza física y la capacidad de improvisación humana.

Quince de los veinte empleos más expuestos están dominados por mujeres

Los datos de Jobs and Skills Australia utilizados en el análisis clasifican las ocupaciones mediante un indicador que estima hasta qué punto las tareas realizadas por un trabajador podrían automatizarse utilizando inteligencia artificial generativa.

El resultado es llamativo. De los veinte empleos con mayor exposición, quince tienen mayoría femenina y cinco de ellos cuentan con una plantilla formada por mujeres en al menos un 80%.

Entre los puestos situados en la parte alta aparecen secretarias, recepcionistas, contables, personal encargado de nóminas, auxiliares de recursos humanos y otros empleos administrativos. El sector administrativo australiano supera el 70% de presencia femenina y representa aproximadamente uno de cada cinco puestos ocupados por mujeres en el país.

Al mirar la otra punta de la tabla ocurre prácticamente lo contrario. Entre las veinte ocupaciones menos expuestas a la automatización, 17 están dominadas por hombres. Oficios relacionados con construcción, instalaciones eléctricas y otros trabajos físicos aparecen considerablemente más resguardados.

No porque la tecnología haya olvidado esos sectores. La razón es más terrenal. Manipular objetos, moverse por espacios variables, detectar problemas físicos inesperados y tomar decisiones sobre el terreno continúa siendo mucho más difícil de automatizar que gestionar información digital.

El fenómeno no termina en Australia

Sería un error convertir los datos australianos en una profecía automática para España o para cualquier otro país. Cada mercado laboral tiene su estructura, sus convenios, sus salarios y su velocidad tecnológica. Pero la dirección general coincide con estudios internacionales.

Una investigación publicada en 2026 por la Organización Internacional del Trabajo concluye que las ocupaciones dominadas por mujeres tienen casi el doble de probabilidades de estar expuestas a la IA generativa que aquellas dominadas por hombres: alrededor del 29% frente al 16%.

La diferencia aumenta al observar las categorías con mayor posibilidad de automatización. Aproximadamente el 16% de las ocupaciones femeninas se encuentra en los niveles superiores de exposición, frente a apenas el 3% de las masculinas. La explicación vuelve a aparecer en el mismo lugar: la concentración histórica de mujeres en puestos administrativos, burocráticos y de apoyo empresarial.

No es precisamente una cuestión de que la tecnología tenga sexo. Lo tiene la estructura del mercado de trabajo que recibe esa tecnología.

Menos ofertas de empleo, aunque todavía no existe una prueba definitiva

Hay otro dato que empieza a encender luces amarillas. En Australia, varias de las ocupaciones más expuestas a la inteligencia artificial están registrando una caída considerable de las ofertas de trabajo.

En junio de 2026, las vacantes para asistentes personales y contables eran aproximadamente un 22% inferiores a las de doce meses antes. Las de auxiliares administrativos generales habían caído alrededor de un 9%. Durante el mismo periodo, el conjunto de las vacantes laborales retrocedió únicamente un 1,7%.

Mientras tanto, algunos trabajos poco expuestos avanzaban en sentido contrario: las ofertas para trabajadores del hormigón crecieron un 5,5% y las de electricistas, un 14,3%.

La tentación de sumar dos y dos resulta evidente. También conviene resistirse un poco.

Una caída de vacantes no demuestra por sí sola que la IA esté destruyendo puestos de trabajo. Influyen el ciclo económico, los tipos de interés, los costes empresariales, la demanda, los cambios sectoriales y decenas de factores más. De hecho, los análisis disponibles apuntan a que, en términos generales, la inteligencia artificial generativa tiene actualmente más posibilidades de complementar el trabajo humano que de sustituir empleos completos.

La transformación puede ocurrir de forma bastante menos cinematográfica que un despido masivo. Una empresa que antes necesitaba seis personas para determinadas tareas administrativas quizá necesite cinco. O mantiene las seis, pero produce mucho más. Otra deja de contratar al trabajador junior que realizaba tareas repetitivas. Otra redistribuye esas funciones.

El empleo no desaparece necesariamente de golpe. A veces se va encogiendo por los bordes.

Estar expuesto a la IA no significa que el puesto vaya a desaparecer

Esta diferencia es fundamental. Exposición no equivale a sustitución.

Cuando un estudio calcula que una ocupación está expuesta a la inteligencia artificial, lo que mide normalmente es cuántas de sus tareas podría realizar, acelerar o transformar la tecnología. No afirma que pueda reemplazar automáticamente a la persona que ocupa ese puesto.

Una administrativa puede utilizar IA para preparar documentos en minutos y dedicar más tiempo a resolver incidencias. Un departamento de recursos humanos puede automatizar parte de la clasificación de currículos pero seguir necesitando profesionales para entrevistar, interpretar situaciones y asumir decisiones. Un contable puede reducir horas dedicadas a operaciones mecánicas mientras aumenta el peso del asesoramiento y la supervisión.

Las estimaciones internacionales apuntan a que alrededor de una cuarta parte del empleo mundial presenta algún grado de exposición a la IA generativa, aunque la transformación de las tareas sigue apareciendo como un escenario más probable que la eliminación completa de ocupaciones.

La frontera importante estará, probablemente, entre tareas fácilmente automatizables y capacidades que continúan dependiendo de experiencia, criterio y relaciones humanas.

Una brecha de género construida mucho antes de ChatGPT

Lo peculiar de esta nueva desigualdad es que la inteligencia artificial no la ha creado desde cero. Está apoyándose sobre una división laboral que viene de lejos.

Las mujeres continúan concentrándose en muchos países en trabajos administrativos, servicios personales, educación, sanidad y cuidados, mientras los hombres siguen teniendo mayor peso en construcción, ingeniería, transporte y numerosos oficios técnicos.

En la Unión Europea, las mujeres constituyen más del 60% de determinados grupos de empleados administrativos y de servicios, precisamente algunas de las áreas donde la automatización digital puede penetrar con mayor facilidad.

La vieja segregación profesional produce así una consecuencia bastante moderna: trabajadores y trabajadoras no se encuentran frente a la misma inteligencia artificial porque tampoco parten del mismo mapa laboral.

Existe, además, otro desequilibrio. Los hombres siguen teniendo mayor presencia entre especialistas tecnológicos. En la Unión Europea trabajan más de diez millones de profesionales de las tecnologías de la información y la comunicación, pero la participación femenina continúa siendo suficientemente baja como para que el equilibrio entre hombres y mujeres siga siendo uno de los grandes asuntos pendientes del sector digital.

Puede producirse, por tanto, una situación incómoda: más mujeres ocupando puestos susceptibles de transformación por IA y menos mujeres en algunas de las profesiones encargadas de diseñar, desarrollar o gobernar esa misma tecnología.

La automatización entra por la oficina

La discusión sobre inteligencia artificial y empleo suele plantearse como una competición algo rudimentaria entre máquinas y personas. Los datos están dibujando algo bastante más complejo.

La IA generativa no avanza uniformemente por el mercado laboral. Golpea primero determinadas tareas, y las ocupaciones que acumulan esas tareas quedan más expuestas. Como muchas de ellas están fuertemente feminizadas, el impacto potencial también adquiere una dimensión de género.

Australia ofrece un ejemplo especialmente visible: quince de los veinte empleos con mayor exposición a la automatización tienen mayoría femenina. Otros estudios internacionales encuentran una brecha parecida. Y la explicación se repite: la tecnología actual maneja cada vez mejor aquello que ocurre dentro de documentos, bases de datos, formularios y procesos administrativos.

Eso no permite anunciar la desaparición de secretarias, administrativas, contables o profesionales de recursos humanos. Sería precipitado. Sí permite afirmar algo menos espectacular pero probablemente más importante: sus trabajos están cambiando antes y con mayor intensidad que muchos empleos tradicionalmente considerados vulnerables a las máquinas.

La revolución de la inteligencia artificial, al menos por el momento, no siempre llega con un robot atravesando la puerta. A veces aparece silenciosamente en la pantalla del ordenador, termina en segundos una tarea que antes ocupaba media mañana y deja sobre la mesa una brecha laboral mucho más incómoda.

Antes de dejarnos, igual te puede resultar útil este otro post nuestro sobre los trabajos más humanos y resistentes a la IA.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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