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¿Cómo sigue el incendio de Collserola tras los desalojos en Barcelona?

El incendio de Collserola queda estabilizado tras quemar unas 45 hectáreas, desalojar vecinos y confinar dos barrios del norte de Barcelona.

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Dos incendios en Algeciras

El incendio de Collserola que puso en alerta a Barcelona durante la tarde del martes está estabilizado después de quemar unas 45 hectáreas de terreno forestal. Los confinamientos de Torre Baró y Ciutat Meridiana han sido levantados y los 35 vecinos desalojados de las viviendas más próximas al bosque han podido regresar a sus casas. El fuego está perimetrado, pero todavía quedan focos secundarios que obligan a mantener el dispositivo sobre el terreno.

La situación, por tanto, ha mejorado mucho respecto a las horas más delicadas, aunque hablar de incendio estabilizado no equivale a darlo por extinguido. Bombers de Barcelona y Bombers de la Generalitat continúan trabajando este miércoles para alcanzar la fase de control, con especial vigilancia ante el aumento de las temperaturas y la posibilidad de que el viento reactive algún punto caliente. Las causas del fuego siguen bajo investigación y, por el momento, no constan indicios que permitan atribuirle un origen criminal.

El incendio de Collserola deja unas 45 hectáreas quemadas

El fuego comenzó poco después de las tres de la tarde del martes 25 de agosto en el entorno de la carretera Alta de les Roquetes, en el distrito barcelonés de Nou Barris. Las llamas encontraron una combinación poco amable: vegetación forestal, pendientes, calor y viento. La columna de humo creció con rapidez y pudo verse desde numerosos puntos de Barcelona y de otros municipios del área metropolitana.

Las primeras estimaciones situaron el área afectada en unas 25 hectáreas; más tarde, el perímetro provisional aumentó hasta alrededor de 35 hectáreas y, tras los trabajos nocturnos, la superficie quemada se calcula ya en unas 45 hectáreas. La mayor parte corresponde a arbolado y matorral del Parc Natural de la Serra de Collserola, principalmente dentro del término municipal de Barcelona, aunque el incendio también alcanzó terreno de Montcada i Reixac.

Durante la noche bajó la temperatura, subió la humedad y los equipos pudieron trabajar sobre el perímetro del incendio con condiciones menos hostiles. Es una de esas ocasiones en las que unos pocos grados y algo más de humedad separan un frente nervioso de otro bastante más manejable. El resultado fue decisivo: a primera hora de este miércoles los bomberos pudieron dar el incendio por estabilizado.

Torre Baró y Ciutat Meridiana recuperan la normalidad

El momento más preocupante llegó cuando el avance del fuego y, sobre todo, la intensa humareda obligaron a Protección Civil a ordenar el confinamiento preventivo de Torre Baró y Ciutat Meridiana. Entre ambos barrios, la medida afectó a alrededor de 14.000 personas, que recibieron avisos ES-Alert en sus teléfonos con instrucciones para permanecer en casa y mantener puertas y ventanas cerradas.

La proximidad de las llamas a algunas viviendas llevó después a adoptar una medida todavía más excepcional. Un total de 35 vecinos de Torre Baró fueron desalojados de manera preventiva, especialmente en la primera línea de casas próxima a la masa forestal, en las calles Castellví y Lliçà. No fue necesario ampliar la evacuación y, una vez estabilizado el frente durante la noche, los residentes pudieron regresar a sus domicilios.

Transporte y accesos también quedaron afectados

El incendio alteró durante varias horas la movilidad en el norte de Barcelona. Se cerraron accesos viarios próximos al parque y se produjeron afectaciones en el transporte público. La línea R4 de Rodalies dejó de efectuar temporalmente parada en Torre Baró por motivos de seguridad y también se vieron afectados servicios de Metro y varias líneas de autobús.

No era una precaución ornamental. Con un incendio forestal pegado a barrios habitados, mantener libres las vías de entrada y salida resulta esencial para que puedan circular camiones de bomberos, ambulancias y vehículos de coordinación. El atasco habitual de una gran ciudad es bastante menos pintoresco cuando al otro lado del parabrisas hay una ladera ardiendo.

Los focos secundarios mantienen movilizados a los bomberos

La palabra estabilizado describe un incendio cuyo perímetro ya no avanza de manera libre, pero todavía puede contener puntos activos. Y eso es precisamente lo que preocupa a los equipos desplegados en Collserola. Los trabajos de este miércoles se concentran en consolidar los flancos, enfriar zonas calientes, llegar a pequeños focos secundarios y evitar reactivaciones dentro del terreno quemado.

Una veintena de dotaciones de Bombers de la Generalitat siguen apoyando a los Bombers de Barcelona y los medios aéreos se han reincorporado durante la mañana. El objetivo es pasar de la estabilización al control completo del incendio y, solo después, a su extinción definitiva.

Sebastià Massagué, responsable de Bombers de Barcelona, ha señalado que la atención está puesta especialmente en esos focos secundarios y en lo que pueda ocurrir hacia las horas centrales del día. Cuando sube el termómetro, la humedad cae y aparece viento, una zona aparentemente tranquila puede volver a humear. No significa necesariamente que el incendio haya escapado de nuevo, pero exige vigilancia constante.

La investigación sobre el origen continúa abierta

Por ahora no existe una explicación oficial sobre cómo comenzó el fuego. Los Agents Rurals investigan las causas y las autoridades municipales han pedido prudencia antes de establecer hipótesis. El teniente de alcalde de Seguridad de Barcelona, Albert Batlle, ha explicado que debe aclararse el origen y que, hasta este momento, no consta ninguna evidencia que permita hablar de una acción criminal.

La precisión importa porque Collserola viene de otro incendio muy reciente. El 14 de agosto, menos de dos semanas antes, otro fuego afectó a unas diez hectáreas en la zona de Sant Pere Màrtir y obligó a confinar Can Caralleu. En aquel caso sí fue detenido un sospechoso, aunque no existe ningún elemento conocido que permita relacionar ambos episodios. Mezclar sucesos por simple proximidad temporal puede resultar tentador; convertir la coincidencia en prueba, bastante menos.

Dos incendios en menos de dos semanas en Collserola

El segundo incendio importante de agosto vuelve a poner el foco sobre la vulnerabilidad de una sierra que tiene una peculiaridad evidente: el bosque y la ciudad prácticamente se dan la mano. Collserola no es una masa forestal remota. Tiene carreteras, barrios, tendidos eléctricos, caminos y áreas residenciales en sus márgenes; Barcelona aparece detrás de los árboles casi sin pedir permiso.

Esa proximidad explica la rapidez con la que un incendio forestal aparentemente limitado puede transformarse también en una emergencia urbana. No hacen falta kilómetros de llamas. Basta un cambio de viento, una columna de humo sobre viviendas o un frente que alcance una zona de difícil acceso para obligar a confinar miles de personas.

La campaña estival todavía no ha terminado. El calendario se acerca a septiembre, sí, pero el monte no consulta calendarios: temperaturas elevadas, vegetación seca y episodios de viento pueden mantener el peligro durante semanas. De ahí que los responsables municipales hayan reclamado extremar la vigilancia en los llamados barrios de montaña de Barcelona.

Una extinción condicionada también por la peste porcina africana

Hay otro elemento poco habitual en este incendio. Parte de la zona afectada se encuentra dentro del área sometida a restricciones de acceso relacionadas con la peste porcina africana (PPA). Los Agents Rurals han recordado que la prohibición de entrar en el entorno se mantiene, independientemente de que el fuego haya sido estabilizado.

Esto obliga también a incorporar medidas de bioseguridad al operativo de emergencia. El incendio ya es bastante complejo por sí solo, pero los equipos deben trabajar en un espacio natural sometido previamente a controles sanitarios. Una circunstancia extraña, casi insólita para cualquiera que contemple el fuego desde la ciudad, aunque muy concreta para quienes atraviesan el perímetro con vehículos, mangueras y material de extinción.

Por eso tampoco conviene interpretar el levantamiento del confinamiento como una invitación a acercarse a comprobar cómo ha quedado el bosque. El dispositivo de emergencia continúa trabajando y el acceso a determinadas áreas sigue restringido.

Collserola amanece sin evacuados, pero todavía bajo vigilancia

La imagen de este miércoles es bastante más tranquila que la del martes por la tarde. Torre Baró y Ciutat Meridiana ya no están confinadas, los vecinos desalojados han regresado a sus casas y las llamas han dejado de avanzar libremente. Sobre el terreno, sin embargo, continúa el trabajo menos espectacular y quizá más importante: enfriar, remojar y revisar el perímetro.

El balance provisional ronda las 45 hectáreas quemadas. No hay constancia de daños personales graves y el incendio permanece estabilizado mientras los bomberos intentan declararlo controlado. Queda también por conocer su origen, una incógnita que los Agents Rurals deberán resolver cuando la emergencia permita examinar con detalle el área donde comenzó el fuego.

Collserola ha dado dos avisos serios en menos de dos semanas. El de este martes llegó a las puertas de los barrios, obligó a miles de personas a encerrarse en casa y recordó algo que Barcelona a veces olvida entre asfalto, terrazas y tráfico: a muy pocos kilómetros del centro hay un bosque mediterráneo. Y en agosto, cuando se seca, ese vecino verde puede convertirse en uno muy difícil de manejar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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