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Por qué ‘El diablo viste de Prada 2’ promete arrasar en cines
El primer teaser de ‘The Devil Wears Prada 2’, lanzado el 12 de noviembre por el estudio 20th Century Studios, recupera el universo de la mítica revista Runway con una fórmula tan sencilla como calculada: glamour extremo.

Meryl Streep y Anne Hathaway se reencuentran en el explosivo tráiler de ‘El diablo viste de Prada 2’, con fecha de estreno en cines en 2026.
Poco más de medio minuto ha bastado para colocar de nuevo a Miranda Priestly y Andy Sachs en el centro de la conversación mundial. El primer teaser de ‘The Devil Wears Prada 2’, lanzado el 12 de noviembre por el estudio 20th Century Studios, recupera el universo de la mítica revista Runway con una fórmula tan sencilla como calculada: glamour extremo, nostalgia pura y un reencuentro cara a cara entre Meryl Streep y Anne Hathaway en un ascensor que ya empieza a ser icono antes incluso del estreno. El avance, de apenas unos 30 segundos, ha sumado decenas de miles de visualizaciones en cuestión de minutos y ha reactivado un fenómeno que llevaba casi dos décadas en barbecho.
La secuela de ‘El diablo viste de Prada’ (2006) llega con fecha definida: la película está programada para desembarcar en cines el 1 de mayo de 2026, con el regreso no solo de Streep y Hathaway, sino también de Emily Blunt y Stanley Tucci, de nuevo bajo la batuta del director David Frankel. El teaser confirma que la historia seguirá girando en torno a Runway y al peso de la moda en un mundo dominado ahora por plataformas digitales, pero lo hace sin destripar el argumento y concentrando toda la atención en un único gesto: el momento en el que Miranda le suelta a Andy un seco “Took you long enough” (“Ya era hora”) y cierra así el círculo con la película original.
Un avance mínimo que dispara la expectación
El teaser arranca con un plano que ya está llamado a convertirse en seña de identidad de la secuela: unos zapatos de tacón rojos, con tachuelas doradas, avanzan con paso firme por la redacción de una revista mientras suena “Vogue” de Madonna. No se ve el rostro de la dueña de los tacones, pero el mensaje es evidente: el diablo ha vuelto y lo ha hecho sin rebajar ni un milímetro su exigencia estética. Entre esos pasos se intercalan destellos de desfiles, focos, flashes de fotógrafos, telas que se cierran sobre cuerpos de modelos y copas de champán brindando en fiestas privadas. Es Runway en estado puro, pero en 2025.
La cámara recorre pasillos que recuerdan al laberinto de la redacción de la primera película, con empleados cruzándose a toda prisa, tablets en mano en lugar de archivadores, y pantallas que escupen gráficos de redes sociales junto a maquetas impresas. En ningún momento se explica quién es quién; el teaser confía en que el espectador reconoce de memoria el ecosistema. El lujo sigue presente, pero el contexto ha cambiado: ya no se trata solo de dirigir la biblia del papel couché, sino de sobrevivir en una industria que compite con influencers, newsletters de pago y algoritmos que deciden qué es tendencia y qué no.
Todo está rodado con un ritmo nervioso, casi musical, apoyado en el beat de Madonna y en un montaje que juega a insinuar más que a mostrar. De hecho, durante buena parte del avance no se ve ni a Meryl Streep ni a Anne Hathaway. Solo manos cerrando abrigos, perfiles fugaces, gafas de sol que se colocan en el último segundo antes de que se abra una puerta. La sensación es la de asistir a un desfile cerrado, al que solo en los últimos segundos se invita al público general.
La tensión sube cuando esos tacones rojos se detienen frente a un ascensor. Las puertas se abren y aparece, por fin, Miranda Priestly. Pelo blanco cortado al milímetro, falda de pata de gallo, camisa negra impecable, cinturón rojo marcando la cintura y las ya clásicas gafas oscuras que ha convertido en armadura. No dice nada. No hace falta. Con solo ajustarse el bolso y levantar ligeramente la barbilla, el teaser recuerda por qué la villana de Runway se convirtió en uno de los personajes más influyentes del cine reciente.
Una escena espejo de 2006
La elección del ascensor no es casual. Es un espejo directo de la primera gran aparición de Miranda en la cinta original, cuando la redacción entra en pánico al descubrir que la directora ha decidido subir a la planta y todo el mundo se afana por cambiar zapatos, esconder sándwiches y dejar el escritorio impoluto. Aquella escena definió el tono de la película: el miedo reverencial al poder y el culto al gusto impecable.
En el teaser de ‘The Devil Wears Prada 2’ la situación se invierte ligeramente. Miranda sigue siendo la misma figura intimidante, pero ya no entra sola. Cuando las puertas del ascensor están a punto de cerrarse, una mano las detiene desde fuera. Entra Andy Sachs, y lo hace convertida en todo lo contrario de aquella becaria desaliñada de 2006: traje perfectamente entallado, maquillaje milimetrado, pelo pulido, bolso de firma y unas gafas de sol que se coloca con la naturalidad de quien lleva años jugando en la primera división de la moda.
La puesta en escena está pensada para que el espectador vea el cambio de un solo vistazo. Andy entra sin pedir permiso, se coloca a la altura de Miranda y comparte plano con ella de igual a igual. Ya no hay diferencia de altura, ni de luz, ni de seguridad. En la película original, cada vez que aparecían juntas, la cámara tendía a privilegiar el espacio de Miranda; ahora el encuadre se equilibra. Esa decisión visual es, probablemente, el dato más revelador del teaser.
La frase que ya define la secuela
El momento clave llega cuando el ascensor se pone en marcha. Ninguna de las dos habla durante unos segundos. Solo se escucha la base de “Vogue” amortiguada, como si viniera de otra planta. De repente, Miranda gira ligeramente la cabeza y, sin mirar del todo a Andy, suelta el ya viral “Took you long enough”. Dos segundos, tres palabras y un tono que mezcla reproche, ironía y un cierto reconocimiento.
Andy responde de la única forma posible: con una sonrisa casi imperceptible y colocándose las gafas de sol como si se plantara una coraza. No hay explicaciones, no se sabe qué ha pasado entre ambas en estos veinte años, pero el teaser deja claro que la relación ya no es la de jefa todopoderosa y asistente temblorosa. Ahora son dos mujeres que se conocen demasiado bien, que han sobrevivido la una a la otra y que vuelven a coincidir en un tablero de juego mucho más complejo.
Esa frase, repetida hasta la saciedad en redes sociales, funciona también como guiño metacinematográfico: sí, ha tardado, pero la secuela ya está aquí.
Reparto y equipo: quién vuelve y quién se suma
Una de las claves del entusiasmo alrededor de ‘The Devil Wears Prada 2’ es el casi pleno regreso del equipo original. Meryl Streep vuelve a enfundarse en la piel de Miranda Priestly, el papel que le valió nominación al Óscar y que muchos consideran uno de los mejores de su carrera. Anne Hathaway retoma a Andy Sachs, ahora presumiblemente convertida en una profesional consolidada en el entorno editorial o en el ecosistema digital, aunque el estudio se guarda los detalles.
También repiten Emily Blunt, como la mordaz y siempre al límite Emily Charlton, y Stanley Tucci, de nuevo en la piel del director creativo Nigel Kipling, una de las almas del universo Runway. A ellos se suman Tracie Thoms (Lily, la amiga de Andy) y Tibor Feldman (Irv Ravitz, el temido presidente del grupo editorial), completando el núcleo duro de la primera película.
Entre las incorporaciones destaca Kenneth Branagh, que interpreta al nuevo marido de Miranda Priestly. Su presencia apunta a que la vida personal de la directora, apenas esbozada en la cinta original, tendrá más peso en la secuela. Y no es el único fichaje llamativo: el reparto se refuerza con nombres como Simone Ashley, Lucy Liu, Justin Theroux, B. J. Novak, Pauline Chalamet, Rachel Bloom o Patrick Brammall, lo que sugiere tramas que tocarán desde conglomerados de lujo hasta medios digitales y nuevos talentos del sector.
El proyecto mantiene también la columna vertebral creativa que hizo funcionar la primera entrega. David Frankel vuelve a la dirección, mientras que el guion corre a cargo de Aline Brosh McKenna, responsable también del libreto original. En la producción repite Wendy Finerman, que ya fue clave hace casi veinte años para traducir al cine la novela de Lauren Weisberger. La banda sonora continúa en manos del compositor Theodore Shapiro, otro regreso que apunta a una continuidad tonal entre ambas películas.
El estudio responsable es 20th Century Studios, la marca actual del histórico sello de Fox, ahora dentro del conglomerado Disney. La secuela se enmarca en la estrategia del estudio de revitalizar franquicias con base literaria y alto reconocimiento de marca, apoyándose en el tirón de intérpretes icónicos y en la explotación de catálogos en plataformas de streaming, donde ‘El diablo viste de Prada’ se ha mantenido como valor seguro desde hace años.
Historia y punto de partida de la nueva entrega
Aunque el teaser se guarda celosamente el argumento, los primeros datos oficiales y las informaciones publicadas en los últimos meses permiten trazar el contexto en el que se moverá la secuela. La sinopsis adelantada sitúa a Miranda Priestly en plena batalla por mantener la relevancia de Runway en un mercado en el que la prensa en papel pierde peso frente al mundo digital. Su poder ya no es incuestionable: depende de grandes anunciantes, de conglomerados de lujo y de los caprichos de un público que decide a golpe de scroll.
En paralelo, una de las ideas centrales de la película parece ser el choque con personajes que antes ocupaban posiciones subordinadas. Filtraciones y declaraciones de los implicados apuntan a que Emily Charlton se ha convertido en una alta ejecutiva dentro de un grupo de marcas de lujo cuyo presupuesto publicitario es clave para la supervivencia de Runway. Eso sitúa a la antigua asistente en un lugar de poder desde el que puede negociar, presionar o incluso humillar a su antigua jefa.
El proyecto toma como base la novela ‘Revenge Wears Prada: The Devil Returns’, publicada por Lauren Weisberger en 2013, que continuaba la historia de Andy y Emily años después de abandonar la revista. En el libro, ambas acaban dirigiendo juntas una revista de bodas, convertidas en socias y amigas, mientras Miranda reaparecía como amenaza empresarial. El film, sin embargo, no pretende adaptar la trama de forma literal, sino utilizarla como punto de partida para un relato más centrado en la transformación del sector de los medios y en el choque entre la vieja guardia del lujo y los nuevos modelos de negocio.
Lo que sí parece garantizado es que Andy Sachs llega a esta secuela con un perfil muy distinto al de la recién graduada que se coló en Runway “porque era lo único que habían encontrado”. Las imágenes de rodaje en Nueva York la muestran con estilismos de alto nivel, moviéndose con naturalidad entre photocalls y aeropuertos, lo que invita a pensar en una Andy plenamente integrada en la élite profesional, quizá no tan lejos de aquello de lo que quiso huir.
El conflicto emocional —ese equilibrio imposible entre vida personal y ambición profesional que marcó la primera película— volverá previsiblemente a primer plano, pero actualizado a un momento en el que el “éxito” se mide también en seguidores, viralidad y presencia en plataformas. La pregunta de fondo, aunque la película no la formule abiertamente, es qué significa ahora “triunfar” en la industria de la moda y de los medios.
Rodaje, localizaciones y guiños al mundo real de la moda
La secuela no se ha conformado con recrear oficinas y pasarelas en plató. El rodaje, que comenzó oficialmente el 30 de junio de 2025 y concluyó el 20 de octubre, ha pasado por distintos puntos de Nueva York, Nueva Jersey y Milán, en una agenda pensada para capturar no solo interiores de revista, sino también el pulso real de capitales de la moda.
En verano se vieron a Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt filmando escenas en Manhattan, con decenas de curiosos siguiendo el rodaje desde la calle. Más tarde, Stanley Tucci se unió al equipo en tomas rodadas en Brooklyn y en exteriores cercanos a algunas de las sedes de grandes firmas. Una secuencia importante se grabó en el aeropuerto de Newark, lo que apunta a que los viajes relámpago —tan presentes en el primer film con la inolvidable escapada a París— seguirán formando parte del ADN de la historia.
El capítulo italiano del rodaje ha generado todavía más ruido. Parte del equipo se desplazó a Milán en octubre para filmar en plena Semana de la Moda, incluyendo escenas en un desfile real de Dolce & Gabbana en el que Streep y Tucci aparecieron caracterizados como Miranda y Nigel en mitad de un público auténtico de editores, compradores y celebridades. A ello se suma la presencia de Donatella Versace, vista en el set y confirmada como cameo, y la participación de Lady Gaga, cuyo papel no se ha detallado pero que refuerza la conexión entre el film y la cultura pop contemporánea.
Mientras tanto, la franquicia ha seguido expandiéndose en otros formatos. ‘The Devil Wears Prada’ cuenta ya con un musical en el West End londinense, con música de Elton John y Vanessa Williams encarnando a Miranda Priestly sobre las tablas del Dominion Theatre, donde se ha anunciado temporada hasta, al menos, 2026. Este eco teatral mantiene vivo el imaginario de Runway y contribuye a que la marca ‘Prada’ —en su acepción cinematográfica— siga presente en la cultura popular mientras la secuela se aproxima a su estreno.
La producción de la película ha sabido explotar esa expectación con una estrategia de comunicación dosificada: filtraciones puntuales de fotos de rodaje, confirmación gradual del reparto y, finalmente, un teaser ultracorto que deja al público pidiendo más. Falta aún un tráiler largo, donde se espere ver por primera vez a los nuevos personajes en acción y se desvelen algunos diálogos extensos, pero el equipo ha preferido empezar por un gesto más íntimo: un ascensor, dos mujeres y una frase.
Hacia el estreno de 2026: lo que ya se puede anticipar
Con el rodaje ya cerrado y el calendario marcando el 1 de mayo de 2026 como fecha clave, ‘The Devil Wears Prada 2’ se coloca como uno de los grandes estrenos del próximo año dentro de la cartelera comercial. El proyecto llega con varios factores a favor: una base fan intergeneracional, una historia que conecta de manera directa con debates actuales sobre la crisis de la prensa y la obsesión por la imagen, y un reparto cargado de estrellas capaces de atraer tanto al público cinéfilo como a quienes se acercan a la sala por el puro espectáculo visual.
El peso de la comparación con la cinta original, no obstante, será inevitable. ‘El diablo viste de Prada’ recaudó más de 326 millones de dólares en todo el mundo y se convirtió en un caso casi único: una comedia sobre el mundo de la moda que logró funcionar como fenómeno de taquilla, elemento de culto para profesionales del sector y puerta de entrada a debates sobre precariedad laboral, autoexigencia y límites de la ambición. La secuela deberá demostrar que no se limita a repetir fórmulas, sino que tiene algo nuevo que decir sobre un universo que, en veinte años, ha cambiado de arriba abajo.
Lo que el teaser sí deja claro es el tono. El universo de Runway sigue siendo elegante, afilado, con un punto cruel y lleno de detalles reconocibles: desde la música hasta los planos de armarios infinitos, pasando por ese tipo de diálogo seco que en boca de Miranda Priestly funciona como estocada. La presencia de Kenneth Branagh como marido de Miranda abre la puerta a un retrato más amplio de la jefa que se escondía tras la puerta del despacho, y los nuevos fichajes indican que veremos una selva corporativa donde ya no basta con saber de tendencias; hace falta manejar informes de datos, estrategias de redes y alianzas con grupos de lujo globales.
El regreso de Andy y Emily en posiciones de poder permite también explorar algo que muchas secuelas olvidan: cómo cambian los protagonistas cuando consiguen aquello por lo que tanto luchaban. Si la primera película terminaba con Andy alejándose de la revista y recuperando una vida aparentemente más auténtica, esta nueva entrega tendrá que explicar qué la ha llevado de vuelta —o al menos de vuelta al mismo ecosistema— y qué precio está dispuesta a pagar. Lo mismo ocurre con Emily, que parece haber ascendido ahí donde siempre quiso estar, en el corazón de la industria, pero enfrentada ahora a la versión más vulnerable de quien fue su jefa y modelo.
De aquí al estreno, el estudio irá desvelando nuevas piezas: probablemente un tráiler completo en los próximos meses, carteles centrados en personajes concretos y más imágenes de los rodajes en pasarelas reales. A falta de todo eso, este primer avance ha conseguido lo esencial: reinstalar a Miranda Priestly y Andy Sachs en el imaginario colectivo y dejar flotando la sensación de que, por mucho tiempo que haya pasado, el mundo sigue queriendo saber qué ocurre cuando el diablo vuelve a ponerse los tacones.

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