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¿Dónde será Fury-Joshua? Nueva York se perfila para el gran combate
Tyson Fury sitúa el Madison Square Garden en el centro del esperado combate con Anthony Joshua, aún pendiente de cerrar sus últimas condiciones.

Tyson Fury y Anthony Joshua están más cerca que nunca de compartir por fin un ring. El escenario que gana terreno es el Madison Square Garden de Nueva York y la fecha que manejan las negociaciones es el viernes 20 de noviembre de 2026. Fury ha ido incluso un poco más lejos: ha publicado en redes sociales una imagen promocional con Joshua y el perfil de Manhattan, presentando el histórico recinto neoyorquino como destino del combate.
Pero conviene separar el entusiasmo de la tinta del contrato. El combate entre ambos pesos pesados está encaminado en sus líneas generales, mientras que el traslado desde Reino Unido a Estados Unidos todavía requiere cerrar condiciones económicas y contractuales con el equipo de Joshua. Matchroom no ha anunciado oficialmente que AJ vaya a pelear en Nueva York. Dicho de otro modo: Fury ha levantado el telón antes de que todos hayan terminado de colocar el escenario.
Fury señala Nueva York, pero falta la confirmación definitiva
La última maniobra del llamado Gypsy King ha disparado las expectativas. Fury utilizó sus redes sociales para asociar abiertamente el esperado enfrentamiento con Joshua al Madison Square Garden, acompañado de una imagen de ambos púgiles y referencias a Nueva York. No anunció formalmente la fecha, ni la publicación vino acompañada de una comunicación conjunta de los promotores.
No es un detalle menor. En el boxeo de máximo nivel, donde alrededor de dos hombres con guantes viaja una pequeña galaxia de promotores, televisiones, patrocinadores, contratos y fiscalistas, una publicación en redes sociales no sustituye a un anuncio oficial. Sí sirve, eso sí, para mostrar hacia dónde sopla el viento.
Lo relevante es que ese viento sopla con bastante fuerza hacia Manhattan. Estados Unidos ha ganado peso como opción, mientras que el entorno de Fury ha mostrado confianza en que el combate termine celebrándose allí. El propio británico se mueve públicamente como si Nueva York estuviera cada vez más cerca de convertirse en el escenario definitivo.
La paradoja resulta deliciosa: después de años vendiéndose como la gran batalla del boxeo británico, Fury-Joshua podría celebrarse a más de 5.000 kilómetros de Londres. Wembley era el decorado obvio. Manhattan, sin embargo, empieza a parecer el decorado probable.
El problema no es Fury contra Joshua, sino dónde pelearán
El atasco de las últimas semanas no nace principalmente de una negativa de los boxeadores a enfrentarse. El punto delicado está en la sede del combate. Y detrás de una sede hay mucho más que unas cuerdas, cuatro esquinas y un vestuario.
El acuerdo manejado por el equipo de Anthony Joshua contemplaba inicialmente la celebración de la pelea en Reino Unido. Wembley tenía toda la lógica deportiva y comercial: dos excampeones mundiales británicos, decenas de miles de aficionados y una rivalidad que lleva años esperando una noche propia.
Después apareció Nueva York. Los organizadores comenzaron a impulsar la opción estadounidense y el Madison Square Garden pasó de alternativa a favorito. Para el mercado norteamericano tiene sentido: una pelea gigantesca, dos nombres reconocibles incluso fuera del boxeo y uno de los recintos con mayor carga simbólica de este deporte.
Joshua quiere que el cambio de sede no le cueste dinero
Para Joshua, sin embargo, cambiar Londres por Nueva York modifica las cuentas. Disputar el combate en Estados Unidos puede implicar consecuencias fiscales y contractuales diferentes, alterando la cantidad neta que acabaría percibiendo respecto a las condiciones previstas para Reino Unido.
El equipo de Joshua ha trabajado por ello en una modificación de las condiciones para aceptar el escenario estadounidense. Las conversaciones han avanzado y algunos de los asuntos económicos que habían generado ruido alrededor del acuerdo se han ido resolviendo. El núcleo de la negociación está en conseguir que el salto al Madison Square Garden no perjudique a AJ.
Eso explica mejor el momento actual. No estamos ante un Fury-Joshua cancelado, pero tampoco ante una pelea completamente cerrada en Nueva York. Existe una voluntad clara de organizarla; quedan piezas económicas y contractuales por encajar antes de convertir las publicaciones y declaraciones en un anuncio definitivo.
Y en el boxeo, pequeño recordatorio histórico, la distancia entre esas dos situaciones puede ser microscópica o eterna.
El 20 de noviembre es la fecha que domina las negociaciones
La fecha alrededor de la que se está construyendo el evento es el viernes 20 de noviembre de 2026. Las conversaciones sitúan ese día en el centro de la operación, con el Madison Square Garden como escenario prioritario para un combate que lleva años apareciendo y desapareciendo del calendario imaginario del boxeo.
Que sea viernes tampoco parece casual. Un combate celebrado en Nueva York permite colocar el evento en un horario atractivo para el público estadounidense y una audiencia internacional. Para los aficionados británicos y españoles la consecuencia será bastante menos romántica: probablemente tocará trasnochar.
Todavía no existe una hora oficial para el paseo al ring y sería prematuro fijarla. El horario dependerá del cierre definitivo de la sede, de la cartelera completa y de las necesidades de retransmisión. Hasta que llegue la confirmación, cualquier hora concreta sería poco más que una apuesta con corbata.
Fury, mientras tanto, trabaja públicamente como si el 20 de noviembre fuese una referencia firme. Su entorno sostiene que pretende pelear en esa fecha tanto si enfrente está Joshua como si finalmente aparece otro peso pesado. Es una declaración deportiva, pero también una forma bastante reconocible de negociar: el tren sale igualmente; falta decidir quién sube al vagón.
Kabayel aparece como el gran plan B de Tyson Fury
Aquí entra Agit Kabayel. El peso pesado alemán ha aparecido como posible sustituto de Joshua en caso de que las conversaciones terminen rompiéndose. El entorno de Fury ha reconocido la existencia de alternativas importantes sin confirmar de forma definitiva el nombre del rival.
No sería precisamente un premio de consolación sencillo. Kabayel se ha convertido en uno de los pesos pesados más incómodos de la división gracias a su presión, movilidad y trabajo al cuerpo, construyendo una reputación que hace tiempo dejó atrás la etiqueta de simple aspirante peligroso.
Sus victorias sobre Arslanbek Makhmudov, Frank Sánchez y Zhilei Zhang reforzaron esa posición. Kabayel ha demostrado que puede sobrevivir a rivales físicamente intimidantes, desgastarlos y convertir combates que parecían desfavorables sobre el papel en noches sorprendentemente cómodas.
Para Fury, además, aceptar a Kabayel tendría una lógica deportiva completamente diferente a enfrentarse a Joshua. Fury-Joshua es un acontecimiento comercial y cultural; un duelo con Kabayel tendría un componente competitivo más directamente vinculado a la élite actual de los pesos pesados.
Fury y Joshua llegan con dudas distintas
Los dos británicos han hecho antes sus respectivos deberes, aunque de manera muy diferente. Fury derrotó el 24 de julio al veterano Mariusz Wach en Tailandia. Dominó el combate y el rincón del polaco decidió no continuar después del séptimo asalto. El resultado dejó a Fury con 36 victorias, dos derrotas y un empate, con 25 triunfos antes del límite.
Joshua vivió una noche bastante más accidentada 24 horas después en Yeda. Kristian Prenga lo derribó dos veces durante el primer asalto, amenazando durante unos minutos con dinamitar uno de los mayores negocios del boxeo mundial. AJ reaccionó, encontró su derecha y terminó imponiéndose por nocaut en el segundo episodio, dejando su registro en 30-4.
Aquellos dos combates tenían una finalidad bastante transparente: mantener activos a Fury y Joshua sin destruir la pelea que todos estaban preparando detrás del telón. Cumplieron la misión, aunque Joshua estuvo peligrosamente cerca de convertir un trámite en un desastre.
Fury-Joshua llega tarde, pero sigue siendo gigantesco
Hubo una época en la que Tyson Fury contra Anthony Joshua podía haber decidido quién era, sin demasiadas discusiones, el gran peso pesado británico de una generación. Aquella oportunidad pasó. Oleksandr Usyk entró por medio, las carreras cambiaron, llegaron derrotas, cinturones perdidos, retiradas anunciadas y regresos. El tiempo, como suele ocurrir, siguió trabajando aunque los promotores no lo hicieran.
Fury tiene 38 años. Joshua, 36. Ninguno ocupa ya aquella posición casi imperial que disfrutaron durante sus mejores temporadas. Eso reduce parte del significado estrictamente deportivo de la pelea, pero apenas toca su capacidad para atraer público. Los nombres continúan pesando mucho, quizás más que cualquier cinturón disponible.
Precisamente ahí reside su rareza. Fury-Joshua ya no necesita necesariamente un campeonato mundial para ser enorme. Tiene otra clase de cinturón invisible: una rivalidad pendiente desde hace casi una década, alimentada por negociaciones fallidas, declaraciones, retiradas, regresos y demasiados años de espera.
Y el Madison Square Garden añadiría una última ironía. El combate que durante años debía convertir Wembley en una caldera británica podría terminar bajo las luces de Manhattan. Nueva York es el destino que más fuerza ha ganado y el 20 de noviembre, la fecha alrededor de la que gira la operación.
Fury se comporta públicamente como si el rumbo estuviera decidido. Joshua y su equipo todavía quieren que los números y las condiciones acompañen al cambio de continente. Hasta que ambas partes cierren ese último tramo y llegue el anuncio definitivo, el Madison Square Garden tiene prácticamente dibujado el ring, pero todavía falta escuchar la campana.












