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Salud

¿Por qué el 8 de agosto es el Día Internacional del Orgasmo Femenino?

El 8 de agosto pone el foco en el placer femenino, su historia, la brecha orgásmica y lo que la ciencia revela sobre el orgasmo de la mujer.

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Día Internacional del Orgasmo Femenino

Cada 8 de agosto se conmemora el Día Internacional del Orgasmo Femenino, una fecha nacida para sacar el placer de las mujeres de ese extraño cajón donde durante décadas convivieron el pudor, la desinformación y no pocos mitos. Su propósito es bastante menos frívolo de lo que puede sugerir el nombre: hablar de salud sexual, conocimiento del propio cuerpo y desigualdad en el placer.

La jornada tiene sus raíces en Esperantina, una localidad del estado brasileño de Piauí, donde a comienzos de los años 2000 surgió una iniciativa municipal relacionada con el orgasmo y la satisfacción sexual femenina. Con los años, aquella historia fue viajando, cambiando de fecha y adquiriendo dimensión internacional hasta asociarse el 8 de agosto específicamente al orgasmo femenino. Conviene hacer una precisión: pese a que habitualmente se denomina Día Internacional, no forma parte del calendario oficial de Naciones Unidas.

Una fecha que empezó en Brasil y terminó rompiendo un tabú

La historia más repetida conduce hasta el político brasileño José Arimateia Dantas Lacerda, concejal de Esperantina, que impulsó a principios de siglo una jornada dedicada al orgasmo después de conocer datos sobre las dificultades de muchas mujeres de la zona para alcanzar el clímax. Hay versiones que sitúan el origen en 2001 y otras que popularizaron 2006 como año de nacimiento de la celebración internacional. La cronología, por tanto, tiene más curvas que una carretera secundaria.

Lo sustancial es lo que había detrás. El orgasmo femenino comenzaba a ser tratado no como una extravagancia privada ni como el premio final de una noche especialmente inspirada, sino como una cuestión vinculada al bienestar y la salud sexual. La visión moderna de la salud sexual incluye precisamente experiencias seguras, respetuosas y también placenteras, libres de coerción, discriminación y violencia.

Del chiste fácil a una cuestión de salud sexual

Durante mucho tiempo el placer de las mujeres quedó situado en un plano secundario. La educación sexual se ocupaba de embarazos, infecciones, anticonceptivos y anatomía reproductiva; el placer aparecía poco o directamente desaparecía del mapa. Como si el cuerpo humano viniera acompañado de un manual en el que ciertas páginas hubieran sido arrancadas.

Eso está cambiando. Incorporar el placer sexual a la educación y a la salud permite una visión más completa y positiva de la sexualidad e incluso puede favorecer prácticas sexuales más seguras. El concepto no consiste en convertir el orgasmo en una obligación —sería cambiar un mandato por otro—, sino en reconocer que una vida sexual satisfactoria también forma parte del bienestar.

La brecha del orgasmo sigue existiendo

La razón por la que el 8 de agosto continúa teniendo cierta carga reivindicativa cabe en una expresión bastante gráfica: brecha orgásmica. Diferentes investigaciones llevan años observando que, en las relaciones heterosexuales, hombres y mujeres no alcanzan el orgasmo con la misma frecuencia.

Uno de los estudios más conocidos, realizado con más de 52.000 adultos, encontró que el 95% de los hombres heterosexuales afirmaba llegar al orgasmo habitualmente o siempre durante sus encuentros sexuales, frente al 65% de las mujeres heterosexuales. Entre las mujeres lesbianas, la proporción ascendía al 86%. Los porcentajes no describen a cada pareja ni pueden trasladarse mecánicamente a toda la población mundial, pero muestran una diferencia demasiado grande para despacharla como una simple casualidad.

Y el fenómeno no parece desaparecer automáticamente con la experiencia. Una investigación publicada en 2024, basada en 24.752 adultos de entre 18 y 100 años, concluyó que la diferencia persistía en todos los grupos de edad analizados. Los hombres declaraban orgasmos aproximadamente en un 70% a un 85% de las relaciones, frente a porcentajes del 46% al 58% entre las mujeres. La distancia se mantenía entre unos 22 y 30 puntos porcentuales.

El clítoris sigue siendo el gran olvidado

Buena parte del problema aparece cuando se equipara sexo casi exclusivamente con penetración vaginal. Es una definición cultural muy resistente, favorecida también por décadas de representaciones cinematográficas y pornográficas donde la penetración funciona como centro de gravedad: empieza el sexo, ocurre la penetración, llega el orgasmo. Fundido a negro. El cuerpo real suele ser bastante menos obediente al guion.

Una investigación realizada con una muestra representativa de 1.055 mujeres de entre 18 y 94 años encontró que solo el 18,4% declaraba que el coito sin estimulación adicional del clítoris era suficiente para llegar al orgasmo. Otro 36,6% afirmaba necesitar estimulación clitoriana durante el coito, mientras que un 36% señalaba que podía alcanzar el orgasmo sin ella pero lo experimentaba de manera más placentera cuando el clítoris también era estimulado.

El dato no significa que exista una receta universal. Justamente lo contrario. Presión, ritmo, duración, zona estimulada y preferencias cambian enormemente de una persona a otra. El clítoris tiene un papel central para muchas mujeres, pero convertir cualquier técnica en una fórmula matemática sería repetir el mismo error con distinto envoltorio.

El orgasmo tampoco es un examen que haya que aprobar

Hay otra paradoja. Una jornada dedicada al orgasmo puede terminar transmitiendo que alcanzarlo es obligatorio, cuando la sexualidad no funciona como una oposición de universidad: aprobado, orgasmo; suspenso, nada. El placer no debería convertirse en rendimiento.

Factores físicos y psicológicos pueden modificar la respuesta sexual. Influyen las hormonas, determinados medicamentos, el cansancio, la ansiedad, el estado de ánimo, las enfermedades, la relación con la pareja, el grado de excitación o simplemente las circunstancias de ese momento. Una persona puede llegar al orgasmo con facilidad una vez y no conseguirlo otra. No existe una única respuesta sexual correcta.

También importa la presión. Convertir el orgasmo en una obsesión puede hacer que la experiencia termine pareciendo una prueba de rendimiento. Y ahí el placer empieza a evaporarse. Fingir el orgasmo para tranquilizar a la pareja tampoco arregla demasiado: quizá protege un ego durante cinco minutos, pero deja intacto el problema.

Autoconocimiento, comunicación y una idea menos estrecha del sexo

Los estudios sobre frecuencia orgásmica apuntan a elementos bastante terrenales. La estimulación manual, el sexo oral, los besos prolongados, una duración suficiente del encuentro y la capacidad de expresar qué resulta agradable aparecen asociados a una mayor frecuencia de orgasmos femeninos. No hay mucha alquimia escondida: conocer el propio cuerpo y poder hablar de él parece bastante más efectivo que esperar que la otra persona posea poderes telepáticos.

También conviene separar dos conceptos que suelen confundirse. El orgasmo puede contribuir a una experiencia sexual satisfactoria, pero placer y orgasmo no son sinónimos. Puede existir placer sin clímax y un orgasmo tampoco garantiza por sí mismo una relación sexual satisfactoria, íntima o respetuosa.

El punto relevante es la libertad para conocer qué gusta, qué no gusta y dónde están los límites. Eso incluye masturbación, relaciones de pareja, orientación sexual, consentimiento, deseo y capacidad para hablar con naturalidad. Para algunas personas resultará sencillo; para otras, no tanto. Biología y cultura se mezclan aquí como dos tintas sobre un papel húmedo.

El 8 de agosto habla de algo más que llegar al clímax

El Día Internacional del Orgasmo Femenino conserva un nombre llamativo, incluso propicio para la broma, pero su fondo toca una cuestión bastante seria: durante demasiado tiempo el placer femenino fue tratado como algo accesorio mientras el masculino ocupaba el centro de la escena.

La investigación científica muestra que esa diferencia no ha desaparecido. Persisten una brecha orgásmica, un conocimiento desigual de la anatomía sexual y modelos de relación excesivamente centrados en la penetración. Al mismo tiempo, sabemos bastante más que hace unas décadas sobre el papel del clítoris, la diversidad de respuestas sexuales y la importancia de la comunicación.

Quizá ahí esté la mejor lectura de este 8 de agosto. No en contar orgasmos como quien lleva el marcador de un partido, sino en asumir que el placer femenino forma parte de la salud sexual y merece información, respeto y espacio propio. Parece evidente. Ha costado bastante que lo fuera.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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