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Demasiadas lesiones: cierran esta montaña rusa extrema de Six Flags
Six Flags mantiene cerrada X2 tras dos graves lesiones cerebrales en seis días y una investigación que revisa su historial de casos previos.

Foto: sixflags.com
Six Flags Magic Mountain mantiene cerrada su famosa montaña rusa X2 desde el 12 de julio de 2026, después de que dos mujeres sufrieran graves lesiones cerebrales con apenas seis días de diferencia y tuvieran que ser operadas de urgencia. La atracción, una de las más extremas del parque californiano, está además bajo investigación de los organismos de seguridad de California. No existe, por el momento, un anuncio oficial que confirme su retirada definitiva.
Los dos casos ocurrieron el 5 y el 11 de julio. Pamela Guillen, de 40 años, sufrió un hematoma subdural y una fuerte compresión cerebral después de montar en X2. Naomi Greer-Wilkinson, de 25 años, padeció otra lesión cerebral crítica seis días después. Ambas necesitaron neurocirugía de emergencia. El segundo episodio fue seguido, al día siguiente, por el cierre de la montaña rusa.
El asunto ha adquirido una dimensión mucho mayor porque X2 arrastra un historial de incidentes que se remonta años atrás. Una investigación de CNN ha identificado más de una docena de lesiones graves y hospitalizaciones vinculadas a pasajeros de la atracción durante casi dos décadas, mientras documentos internos citados en procedimientos judiciales recogen al menos 70 quejas relacionadas con golpes o lesiones de cabeza y cuello durante un periodo de tres años. A ello se suman dos fallecimientos anteriores relacionados con pasajeros que habían subido a X2, aunque las circunstancias médicas de ambos casos no son idénticas y conviene no meterlas, alegremente, en el mismo saco.
Dos mujeres, seis días y dos operaciones cerebrales
Pamela Guillen había viajado desde Hawái con su familia para celebrar el 16 cumpleaños de su hija. El 5 de julio, según los registros de la ambulancia examinados en la investigación, su cabeza golpeó repetidamente contra el reposacabezas mientras recorría X2. Al regresar el tren a la estación necesitó ayuda para abandonar el asiento, comenzó a vomitar y posteriormente perdió el conocimiento.
Los médicos detectaron un hematoma subdural severo, es decir, una acumulación de sangre entre el cerebro y una de las membranas que lo recubren. La presión intracraneal obligó a practicar una intervención de emergencia en la que los cirujanos retiraron temporalmente parte del cráneo para reducir esa presión. Guillen recuperó plenamente la consciencia unas dos semanas más tarde y comenzó un proceso de rehabilitación para volver a caminar y hablar con normalidad. Sigue padeciendo, según las informaciones publicadas, dolores de cabeza, fatiga y dificultades cognitivas.
Seis días después llegó el segundo episodio. Naomi Greer-Wilkinson, residente en Los Ángeles, subió a X2 el 11 de julio junto a dos de sus hermanos. Tras terminar el recorrido perdió el conocimiento y fue trasladada de urgencia al hospital, donde también tuvo que someterse a cirugía cerebral. Según el estado conocido cuando se hizo pública la investigación, continuaba en coma y necesitaba asistencia respiratoria.
La aceleración y la desaceleración, bajo la lupa
Tres neurocirujanos que participaron en el tratamiento de las dos mujeres atribuyeron las lesiones a un episodio traumático de aceleración y desaceleración rápida experimentado durante la atracción. Dicho de una manera menos clínica: el problema no sería simplemente la velocidad, sino el movimiento violento que hace cambiar de dirección al cuerpo y, especialmente, a la cabeza.
Una lesión cerebral no necesita siempre que exista un golpe exterior espectacular. Una aceleración o frenada suficientemente brusca puede provocar que el cerebro se desplace dentro del cráneo y someter vasos sanguíneos y tejidos a fuerzas importantes. Precisamente por eso los hematomas subdurales descritos en varios de los casos relacionados con X2 resultan relevantes para los especialistas.
Six Flags ha defendido anteriormente en litigios que las fuerzas generadas por la atracción no deberían producir lesiones cerebrales en una persona que utilice correctamente el dispositivo y ha recordado que sus instalaciones advierten sobre los riesgos inherentes de este tipo de atracciones. Ese argumento forma parte de la controversia jurídica y técnica; no equivale, por sí solo, a una conclusión médica sobre lo ocurrido este verano.
X2 no es una montaña rusa convencional
X2 tiene algo de artefacto de ingeniería y algo de centrifugadora con vocación de espectáculo. Nació como X en 2002 y fue concebida por Arrow Dynamics como la primera montaña rusa comercial denominada de “cuarta dimensión”. En 2008 fue profundamente renovada y reapareció con su nombre actual, X2, nuevos trenes y efectos audiovisuales.
La peculiaridad está en los asientos. No permanecen simplemente fijados mirando hacia delante: se encuentran situados a los lados del tren y pueden girar 360 grados sobre un eje independiente mientras el convoy avanza por la vía. El pasajero puede caer mirando hacia atrás, quedar boca abajo o cambiar de orientación durante el recorrido. La sensación de referencia espacial desaparece durante unos segundos. Esa era precisamente la gracia.
Más de 120 km/h y una caída de unos 65 metros
X2 alcanza unas 76 millas por hora, alrededor de 122 kilómetros por hora, posee una caída máxima de unos 65 metros y llega aproximadamente a 4 g de fuerza. Sus características la convirtieron durante años en una especie de pieza de culto entre los aficionados a las montañas rusas extremas.
Ser intensa, por supuesto, no significa automáticamente ser peligrosa. Millones de personas utilizan atracciones de alta aceleración sin sufrir lesiones graves. La cuestión que rodea a X2 es otra: si la sucesión de traumatismos documentados constituía una señal suficientemente clara para revisar antes y con mayor profundidad el funcionamiento de una atracción que, por diseño, somete al cuerpo a movimientos particularmente complejos.
Un historial de lesiones que vuelve a primer plano
El caso de este verano no apareció sobre una hoja en blanco. La investigación que ha reabierto el debate encontró más de una docena de casos graves relacionados con pasajeros de X2 a lo largo de casi dos décadas, entre ellos hematomas subdurales, convulsiones, problemas de equilibrio, dificultades cognitivas y hospitalizaciones. No todos esos episodios prueban jurídicamente que la montaña rusa fuese su causa directa, una diferencia importante cuando se habla de responsabilidad.
En 2014, una adolescente de 17 años desarrolló fuertes dolores de cabeza, problemas de visión y posteriormente una convulsión; fue diagnosticada con un hematoma subdural. En 2020, otra pasajera terminó hospitalizada con una lesión cerebral traumática y varios hematomas. Un año después, una mujer denunció problemas de memoria, equilibrio y migrañas tras sufrir otra lesión cerebral después de montar en la atracción.
Especialmente llamativo resulta otro dato surgido de la documentación judicial. Un experto contratado por la familia de una de las víctimas aseguró que los propios registros internos de Six Flags recogían al menos 70 quejas de lesiones o molestias en cabeza y cuello relacionadas con X2 durante los tres años anteriores a 2022. Es una cifra de reclamaciones, no de lesiones cerebrales demostradas; confundir ambas cosas inflaría la noticia. Pero tampoco es un detalle menor.
Christopher Hawley murió después de montar en X2
El episodio más grave y mejor documentado antes de este verano ocurrió el 23 de junio de 2022. Christopher Hawley, un joven de 22 años que acababa de graduarse en la Universidad Estatal de San Diego, montó en X2 acompañado por su hermano y un primo. Al salir caminaba con dificultad, se sujetó a una barandilla, manifestó dolor de cabeza y terminó desplomándose.
Una tomografía reveló una hemorragia cerebral catastrófica. Hawley murió al día siguiente. El Departamento del Médico Forense del condado de Los Ángeles estableció como causa de la muerte un traumatismo craneal contundente producido en un accidente relacionado con una atracción del parque y calificó el fallecimiento como accidental.
Sus padres demandaron a Magic Mountain y al proveedor de los trenes de la montaña rusa, alegando negligencia, defectos y falta de advertencias suficientes. Six Flags rechazó esas acusaciones. El caso tenía previsto llegar a juicio en septiembre, pero acaba de producirse una novedad relevante: las partes han alcanzado un acuerdo extrajudicial, según documentación presentada ante el Tribunal Superior del condado de Los Ángeles. Los términos económicos no se han hecho públicos.
También se ha relacionado con X2 la muerte en 2010 de Hilda Farias, de 28 años. Aquí hay que afinar. Los médicos consideraron que existían varios factores y que Farias padecía previamente una anomalía cerebral que pudo romperse debido a la intensidad del recorrido. Su familia acabó alcanzando igualmente un acuerdo judicial confidencial. Presentar ambos fallecimientos como dos casos médicos idénticos sería ir bastante más rápido que la propia montaña rusa.
California investiga y Six Flags no fija una reapertura
X2 permanece sin funcionar desde la noche del 12 de julio, un día después del segundo episodio grave. La unidad encargada de las atracciones de la División de Seguridad y Salud Ocupacional de California mantiene abierta una inspección, sin que se haya comunicado públicamente una fecha para terminarla.
La propia información de Six Flags incluye X2 entre las atracciones cerradas o sometidas a trabajos, pero no anuncia una fecha de reapertura. De ahí una precisión importante: algunos titulares estadounidenses han hablado de cierre definitivo, mientras que la información oficial disponible solo permite afirmar que permanece cerrada y bajo investigación.
La inspección deberá determinar si existió algún problema mecánico, operativo o de mantenimiento y qué relación, en su caso, puede establecerse entre el funcionamiento de X2 y las emergencias médicas. Hasta entonces, una sucesión temporal —montar, enfermar, ser hospitalizado— no sustituye automáticamente una investigación causal. Pero dos operaciones cerebrales de emergencia en seis días, sumadas a antecedentes de lesiones graves, explican por qué el asunto ha dejado de ser una anécdota de parque temático.
Cuando la atracción extrema deja de ser solo espectáculo
Durante casi un cuarto de siglo X2 vendió exactamente aquello que mucha gente iba buscando a Magic Mountain: vértigo, desorientación y velocidad, unos minutos en los que la física parece haber discutido con el sentido común y haber ganado la discusión. Era su identidad.
El problema aparece cuando entre el mareo esperado y la lesión grave deja de verse una frontera cómoda. Los dos traumatismos cerebrales de julio, el fallecimiento documentado de Christopher Hawley, los precedentes médicos y las decenas de reclamaciones conocidas colocan a la montaña rusa bajo un escrutinio que ya no gira alrededor de cuánto miedo produce, sino de algo bastante menos divertido: qué riesgos eran conocidos, cuándo lo eran y qué se hizo con esa información.
Por el momento, X2 sigue inmóvil en Six Flags Magic Mountain. Sus raíles continúan allí, sus asientos también. Pero la atracción que durante años presumió de llevar al pasajero al límite tiene delante otro bastante más serio: el que debe separar una experiencia extrema de un daño que nadie compra con la entrada.












