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¿De qué murió Eugeni Sallent, fundador de RAC1?
Eugeni Sallent murió por cáncer: fundador de RAC1 y exdirector de TV3. Trayectoria desde Sabadell, fechas y legado en Grupo Godó y Mediapro. Eugeni Sallent Garriga ha muerto este 4 de febrero de 2026 tras una larga enfermedad que, según se ha publicado en las últimas horas en medios catalanes, fue un cáncer.

Eugeni Sallent murió por cáncer: fundador de RAC1 y exdirector de TV3. Trayectoria desde Sabadell, fechas y legado en Grupo Godó y Mediapro.
Eugeni Sallent Garriga ha muerto este 4 de febrero de 2026 tras una larga enfermedad que, según se ha publicado en las últimas horas en medios catalanes, fue un cáncer. La noticia golpea especialmente en Barcelona y en el ecosistema de la comunicación en Catalunya porque Sallent no fue “un nombre más” en una tarjeta corporativa: fue cofundador y primer director de RAC1, el hombre que abrió la persiana de una emisora que entonces era casi una apuesta de vértigo y que, con el tiempo, terminó convertida en referencia diaria para cientos de miles de oyentes.
El dato clave, el que explica por qué hoy se habla de él en radios rivales, en redacciones y en pasillos de televisión, es sencillo y a la vez enorme: Sallent estuvo en el origen de RAC1, la dirigió durante más de una década y después asumió otra silla incómoda y visible, la de director de Televisió de Catalunya (TV3) entre 2012 y 2016. Murió con 63 o 64 años —se conoce el año de nacimiento, 1962, pero no se ha divulgado de forma generalizada el día y el mes, y de ahí el margen—, y deja una biografía curiosa: un informático que acabó moviendo la aguja de la radio y la tele como si llevara toda la vida dentro de un estudio.
Una muerte discreta, una sacudida muy sonora
La muerte de Eugeni Sallent se ha conocido en una de esas franjas raras en las que el sector parece estar “en directo” incluso cuando no hay cámaras: primeras alertas, confirmaciones, mensajes cruzados y, de fondo, ese respeto inmediato que suele reservarse a quien ha sido pieza estructural. Se ha informado de que falleció después de una enfermedad prolongada y que el diagnóstico era un cáncer; no se han difundido más detalles médicos, y conviene quedarse ahí, en lo verificable, sin el morbo de la intrahistoria clínica. A veces el periodismo también consiste en medir la distancia: contar lo importante sin invadir lo que no corresponde.
Lo que sí se ha contado —y es lo que da dimensión a la noticia— es el perfil de Sallent como gestor de medios en el sentido más literal: alguien de sala de máquinas, con la capacidad de convertir una idea en una antena real, de ordenar equipos, presupuestos, parrillas, objetivos… y hacerlo sin necesidad de convertirse en personaje. Hay directivos que se notan por ruido; Sallent se notaba por resultado. Y eso, en radio y televisión, se escucha.
De Sabadell a la cúpula mediática: el “informático” que acabó mandando en antena
Eugeni Sallent nació en Sabadell en 1962 y su formación no era la que uno imaginaría para la foto clásica del ejecutivo de comunicación: era licenciado en Informática por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y además cursó un máster en Dirección de Empresas en EADA. Dicho así parece una línea fría de currículum, pero en su caso explica bastante: entendía los sistemas —los técnicos y los humanos— y tenía una mentalidad de arquitecto más que de “apagafuegos”. En medios, esa mezcla es oro cuando hay que crecer sin romperse.
Hay un detalle biográfico que también aparece en las reseñas de estas horas y que retrata un entorno: Sallent era hijo del creador de los juegos Educa. No es que eso determine una carrera, claro, pero sugiere un ecosistema familiar donde fabricar productos, pensar en público y convertir una idea en algo masivo no son conceptos abstractos. En el fondo, montar una radio desde cero se parece más de lo que parece a diseñar un juego: reglas, piezas, ritmo… y ese punto de intuición que no se aprende en un manual.
Antes de convertirse en el hombre asociado a RAC1, Sallent pasó por la administración tecnológica: entre 1994 y 1995 trabajó como consultor de sistemas de información en el Centre Informàtic de la Generalitat. El paso siguiente lo mete de lleno en un terreno donde la tecnología y la comunicación ya empiezan a mezclarse de verdad: entre 1995 y 1999 fue gerente del Grup d’Emissores Catalunya Ràdio. Gerente suena a despacho, sí, pero en radio significa otra cosa: presupuesto, estructura, relaciones, músculo operativo… y también saber qué necesita un equipo para que la antena no tiemble.
RAC1: una emisora que nació con hambre y acabó con estilo propio
Cuando se habla de Eugeni Sallent como cofundador y primer director de RAC1, no se está usando una etiqueta bonita: se está resumiendo una etapa fundacional completa. A finales de los noventa, el Grupo Godó impulsa el proyecto y Sallent se convierte en una figura clave desde el arranque. Su posición durante años fue la de director general de Radiocat XXI, la empresa del grupo que gestiona RAC1 y RAC105; dicho de otra forma: no estaba “solo” en un despacho, estaba en el centro de la decisión sobre qué debía ser la emisora, cómo debía sonar, cómo debía competir y, sobre todo, cómo debía hacerse mayor sin perder la frescura.
RAC1 nace con una ambición evidente: ser una gran radio en catalán con vocación comercial, con una oferta potente y reconocible, capaz de plantar cara a gigantes y de construir un tono propio. Ese “tono propio” no se fabrica únicamente con una voz famosa o con un programa estrella; se fabrica con una cultura interna: apuestas de parrilla, fichajes, paciencia para sostener proyectos, capacidad de asumir golpes… y, también, intuición para saber cuándo apretar y cuándo no tocar nada. En esa clase de decisiones es donde se suele notar un director, aunque no se vea.
Sallent dirigió RAC1 hasta 2012, un periodo largo —más de una década— en el que la emisora pasó de promesa a actor central del mapa radiofónico catalán. En esos años, RAC1 consolidó una marca y una manera de hacer radio donde la actualidad convivía con el entretenimiento sin pedir permiso, donde el análisis podía ser serio sin volverse plomizo y donde el deporte, el humor y la política se mezclaban con un ritmo que encajaba bien en la vida real: el coche, la cocina, la oficina, el bar de media mañana. La radio se gana así, minuto a minuto, y quien dirige sostiene el andamiaje para que ese minuto funcione.
El “sonido RAC1” y la idea de equipo como producto
Uno de los legados menos obvios —y más valiosos— de un director fundador es el ADN de redacción. La emisora no es solo su parrilla; es cómo se informa, cómo se decide qué abre, cómo se jerarquiza una mañana complicada, cómo se maneja una crisis, cómo se convive con la presión de la audiencia. RAC1 fue creciendo con una identidad reconocible y, aunque el público tiende a asociar esa identidad a nombres concretos que salen al micrófono, el diseño general —la idea de emisora— se cocina arriba y se ejecuta abajo, en cadena. Sallent fue, durante años, uno de los grandes responsables de ese diseño.
En entrevistas y apariciones puntuales vinculadas a aniversarios de la emisora, se ha insistido en esa idea de origen: una redacción que se construyó con hambre, con ganas de probar, con un punto irreverente sin perder el rigor. En el fondo, el éxito sostenido de una radio no se explica solo por un golpe de suerte o por un programa que despega; se explica por la capacidad de crear continuidad, de lograr que lo de mañana no sea una copia cansada de lo de hoy, y que el oyente note que hay una mano que cuida el conjunto.
Radiocat XXI, RAC105 y la trastienda de la industria
Hablar de Sallent también obliga a mirar la estructura empresarial, porque su carrera no fue la del presentador que salta a la dirección por prestigio; fue la del gestor que entiende la comunicación como sistema. Desde 1999 fue director general de Radiocat XXI, la empresa que gestionaba las emisoras del grupo en ese ámbito, y ahí el trabajo va más allá de la antena: inversión, estrategia comercial, relación con el mercado publicitario, posicionamiento, tecnología de emisión, expansión de marca. Dicho sin romanticismo: sostener una radio significa hacer que suene… y que se pague.
A ese perfil se suma otro dato que aparece en su trayectoria: presidió la Associació Catalana de Ràdio (ACR) entre 2003 y 2010, una etapa en la que el sector privado en Catalunya necesitaba coordinación, defensa de intereses y cierta capacidad de negociación. No es un detalle menor: coloca a Sallent como figura con peso institucional dentro del negocio radiofónico, alguien que no solo miraba su emisora, sino el tablero entero.
El salto a TV3: una dirección bajo focos y en tiempos tensos
En 2012, la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals lo nombró director de Televisió de Catalunya, en sustitución de Mònica Terribas. El movimiento tenía lógica interna: un gestor curtido, con experiencia en medios, con capacidad de ordenar estructuras y con un conocimiento profundo del ecosistema catalán. Pero también era, inevitablemente, un salto a un lugar más expuesto, con más presión política, más ruido mediático y más expectativas cruzadas. La dirección de TV3 no es un cargo “técnico” aunque lo desempeñe alguien técnico; es una silla que suena incluso cuando no dices nada.
Sallent ocupó el cargo hasta 2016. En esos años, TV3 mantuvo el liderazgo entre las generalistas en Catalunya, en un contexto de competencia feroz y de fragmentación de audiencias. Mantener el liderazgo parece una frase cómoda, pero no lo es: implica sostener informativos, programas de prime time, producción propia, identidad de canal, equilibrio presupuestario y una gestión diaria que, en televisión, tiene un punto de maratón. La tele te obliga a decidir rápido, a asumir que fallarás a veces, a corregir sobre la marcha… y a aguantar críticas desde todos los lados.
Hay un matiz importante: Sallent llega a TV3 tras una etapa muy marcada por el protagonismo editorial de la cadena y por el debate público sobre su papel. Su dirección, por tanto, no podía ser “neutra” en términos de percepción, aunque se pretendiera gestión pura. Y ahí aparece la imagen que hoy se repite sobre él: un directivo de perfil más bajo, más de engranaje, que intentó operar en un escenario donde todo se interpreta. Ese es, quizá, uno de los aprendizajes de su etapa: en medios públicos, incluso la decisión más administrativa tiene eco simbólico.
La continuidad, el relevo y la idea de servicio público
En 2016 deja la dirección, en un contexto de cambios en la cúpula y de reordenación del tablero institucional. La sucesión en TV3 fue parte de esos movimientos de etapa, con nombres que cambiaban y con un clima político que no daba tregua. Aun así, su periodo queda asociado a la continuidad del liderazgo de audiencia y a la gestión de una cadena que, más allá de debates, es una maquinaria enorme: informativos diarios, deportes, ficción, entretenimiento, producción externa, relaciones con productoras y una responsabilidad permanente sobre la reputación del medio.
Si RAC1 era velocidad y una sensación de “radio viva”, TV3 era otra cosa: estructura pesada, foco constante, expectativas de servicio público. Sallent pasó por ambos mundos, y eso no es habitual. Muchos directivos se especializan y no salen de su carril; él sí cambió de carril, y lo hizo en plena autopista.
Después de TV3: Mediapro y el perfil internacional
Tras su etapa al frente de TV3, Sallent ocupó cargos directivos vinculados a Mediapro, uno de los grandes grupos de producción audiovisual con fuerte implantación en deporte y entretenimiento, y con presencia internacional. En 2021 se le situó como responsable de The Mediapro Studio en Latinoamérica, un rol que encaja bien con su perfil: gestión, expansión, coordinación de proyectos y visión industrial. Si su carrera empezó con cables, sistemas y radio, terminó orbitando un sector audiovisual globalizado, donde la producción viaja, las plataformas mandan y el contenido se negocia como un activo estratégico.
Esta parte de su trayectoria explica algo que a veces se olvida cuando se habla de directivos de medios en clave local: muchos de ellos, en realidad, tienen un mapa mental bastante internacional. El audiovisual se ha convertido en una industria transfronteriza, y Mediapro es un buen ejemplo. Sallent, con formación técnica y experiencia en gestión, encajaba en ese tipo de estructura: menos foco personal, más foco en proyectos, acuerdos y ejecución.
Premios, carácter y una forma de mandar sin levantar la voz
En 2010 recibió el Premio Quim Regàs de Periodismo, un reconocimiento que, en su caso, no premia una firma o una crónica, sino una trayectoria ligada a la construcción de medios. Es un tipo de galardón que suele otorgarse a quienes han aportado algo sustancial al oficio desde la dirección, desde la gestión o desde la creación de espacios donde el periodismo ocurre. En su carrera, ese “espacio” fue RAC1 de manera clarísima, y también TV3 en un periodo clave.
Quienes lo han tratado lo han descrito a menudo como un perfil de trato correcto, incluso cercano, con poca inclinación al protagonismo. Eso no significa falta de carácter; al revés: dirigir una emisora que compite fuerte, y luego una televisión pública bajo presión, requiere una mezcla rara de resistencia, paciencia y capacidad de decisión. La diferencia está en la forma: algunos mandan como si estuvieran permanentemente dando un discurso; otros mandan como si estuvieran afinando un motor. Sallent pertenecía más a los segundos.
También hay una clave de su legado que se percibe en lo que hoy se está diciendo: la idea de que un directivo puede dejar huella sin convertirse en figura mediática. En un tiempo donde parece que todo cargo necesita un personaje, su perfil funciona casi como una anomalía elegante: menos foco, más estructura.
Qué queda de Eugeni Sallent en el mapa mediático catalán
El legado de Eugeni Sallent se entiende mejor si se piensa en términos de ecosistema. RAC1 no es solo una emisora exitosa; es un símbolo de cómo una radio privada en catalán puede ser competitiva, influyente y popular a la vez. Haber estado en el origen y haber sostenido su dirección durante años lo coloca como una figura fundacional en un proyecto que cambió hábitos de escucha y repartos de poder en la radio catalana.
En TV3, su huella es más compleja, porque la televisión pública es un animal con demasiadas capas y demasiadas interpretaciones. Aun así, su etapa se asocia a la continuidad del liderazgo de audiencia en Catalunya y a la gestión de una corporación audiovisual con peso cultural y político. Se puede discutir casi todo sobre TV3, y de hecho se discute; lo que cuesta más negar es que su dirección pasó por años de alta exigencia y que el canal siguió siendo dominante.
Y luego está el tercer plano, el que no se ve en el día a día: la profesionalización de la industria, la manera de estructurar equipos, de entender el contenido como producto serio sin perder la pasión por la antena. Sallent encarna esa transición de los medios hacia estructuras más sofisticadas, donde la tecnología, la estrategia y el contenido se cruzan constantemente. Fue un directivo “de época”, sí, pero también bastante contemporáneo: entendía que el medio no es solo lo que suena o se ve, sino el sistema entero que lo hace posible.
La huella de un fundador que sabía desaparecer
La muerte de Eugeni Sallent deja una sensación particular: la de haber perdido a alguien que, precisamente, era experto en que el protagonismo lo tuvieran otros. Fundó y dirigió una emisora que acabó siendo parte del paisaje emocional de mucha gente; gestionó una televisión pública en años de máxima tensión; trabajó en una industria que se hizo internacional a golpe de plataforma y de derechos. Y, aun así, su figura pública siempre fue más bien la del tipo que entra, mira, ajusta dos cosas, hace que todo funcione… y se va.
A veces el legado más grande es ese: haber construido algo que sigue en pie cuando tú ya no estás, y haberlo hecho sin necesidad de firmar en grande cada ladrillo. RAC1 queda como su gran obra visible; TV3, como su etapa bajo foco; y el resto, esa red de decisiones, equipos y estructuras que no se fotografían, pero sostienen lo que escuchamos y vemos cada día.

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