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De la Dana a LaLiga: la curiosa trayectoria de Maribel Vilaplana

Para Maribel Vilaplana, aquel episodio de la DANA en la Comunidad Valenciana quedó incrustado en la memoria colectiva por una escena concreta —un almuerzo, un presidente autonómico, una ciudad empapada y enfadada— y, desde entonces.

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varios periodistas entrevistan a maribel villaplana

La trayectoria de Maribel Vilaplana, de la polémica de la DANA en Valencia a portavoz del Levante UD, entre focos, dudas y fútbol.

Hay días que te cambian el relato aunque uno no lo pretenda. Para Maribel Vilaplana, aquel episodio de la DANA en la Comunidad Valenciana quedó incrustado en la memoria colectiva por una escena concreta —un almuerzo, un presidente autonómico, una ciudad empapada y enfadada— y, desde entonces, su nombre se ha movido entre el escrutinio público y el escaparate del fútbol profesional. Hoy es portavoz del Levante UD, y la foto —ella delante de los micros, respondiendo por el club— convive con otra muy distinta, asociada a la emergencia, la coordinación política y las preguntas que todavía muchos se hacen. ¿Cómo llega hasta ahí? ¿Tenía recorrido deportivo? ¿Hubo algo raro? Vamos a ordenar la película con calma, sin atajos y sin pirotecnia, buscando hechos, contexto y sentido común.

Un punto de inflexión y una biografía que no empieza ahí

La polémica de la DANA no explica toda la trayectoria de Vilaplana. Su biografía profesional arranca en la radio valenciana —donde, por cierto, cubrió información del Levante en sus primeros pasos—, sigue con años de televisión en informativos y magacines, y deriva hacia la comunicación corporativa y la formación de portavoces. Ese es el hilo técnico: habla en público, enseña a hablar en público, gestiona mensajes ajenos. Lo que tensó la cuerda fue el contexto emocional de un desastre que empapó barrios, carreteras y conciencias. En ese marco, todo gesto se interpreta, todo minuto cuenta y cada presencia o ausencia pesa. Y sí, ese día la imagen quedó grabada para una parte de la sociedad.

Dato clave que suele perderse en el ruido: su vínculo con el Levante es anterior a la tormenta. El club la integra para labores de comunicación y relaciones institucionales, y aparece como portavoz cuando se necesita una voz que ordene, module y ponga cara a los mensajes del consejo. Esto no convierte a nadie en directora deportiva ni en experta en táctica avanzada; define otra especialidad: la de traducir lo que una institución quiere decir en momentos buenos, regulares o pantanosos. El fútbol moderno necesita ese perfil —nos guste o no— tanto como necesita un lateral que cierre bien el segundo palo.

El almuerzo, las versiones y el eco interminable

A partir de aquí, el relato público se acelera. La instantánea del almuerzo —en plena crisis meteorológica— se interpreta como símbolo de una forma de gestionar. Hay versiones cruzadas sobre el carácter de la reunión y sobre qué se habló exactamente. Circuló la hipótesis de una oferta para dirigir la televisión pública; se matizaron roles y agendas; se reconstruyeron horas y tiempos de llegada a las reuniones de emergencia. Lo importante, más allá del detalle de cada cronología, es esto: la percepción ciudadana se volvió implacable. Cuando una comunidad sufre, no perdona el desacierto, sospecha de la ambigüedad y pide claridad. Y esa ola —justa o no— arrastra a cualquiera que quede cerca del centro de la escena.

¿Por qué nos sigue importando? Porque no se disiparon todas las dudas y porque el episodio se convirtió en un test de confianza institucional. A ratos parece que todo el mundo opina y nadie tiene la foto completa. Ese es el terreno más peligroso para cualquiera que trabaje con su reputación: la semipenumbra. Cuando no hay certezas públicas totales, la opinión cubre los huecos. Y casi siempre los cubre mal.

Qué hace exactamente en el Levante UD y por qué encaja con su oficio

Aterrizaje en club, sin paracaídas improvisado. El papel de portavoz no es ornamental. Se diseña, se entrena y se mantiene. Implica marcar ritmos, preparar mensajes, responder a preguntas que a veces no tienen que ver con el fútbol, gestionar silencios y pactar marcos que no hagan daño en lo deportivo ni en lo reputacional. ¿Tenía “experiencia en deporte”? En el sentido periodístico, sí: cubrió al propio Levante en su etapa de radio, luego transitó el ecosistema televisivo, y más tarde giró hacia la consultoría y la docencia en comunicación. ¿Es eso “fútbol”? No en el sentido de vestuario y pizarras, pero sí en el de cámaras, titulares y control del ruido, que hoy forma parte de la competencia semanal tanto como una estrategia a balón parado.

¿Por qué un club profesional querría un perfil así? Porque compite por el relato. En 2025, el día a día de una entidad sucede en ruedas de prensa, canales propios, previas televisivas, redes sociales y pasillos. La portavocía ordena ese caos ruidoso. Y cuando la actualidad externa toca la puerta —una polémica, una filtración, una negociación sensible—, conviene que al otro lado haya alguien que entienda cómo se apagan fuegos sin quemar la casa.

La sospecha del “premio” y el muro de los hechos

Llega la pregunta incómoda que muchos formulan en voz baja: ¿su posición en el Levante es un “premio” por callar, por no incomodar, por no decir algo? No hay pruebas públicas que sostengan esa teoría. Lo que sí hay es una cronología que para mucha gente “hace mala óptica”: controversia muy visible, tiempo de silencio prudente, vuelta a lo público en un escaparate potente como LaLiga. Y en medio, la certeza —a menudo ignorada— de que su relación profesional con el club venía de antes.

Sospecha no es evidencia. Conviene repetirlo porque en España tenemos cierta tendencia al atajo insinuado. Sin documentos, sin decisiones trazables, sin nombres y fechas, lo otro es ruido. Legítimo como sensación, comprensible como desconfianza, pero ruido. ¿Que en España existen “puertas giratorias” y redes de influencia? Por supuesto, como en cualquier país. ¿Que cada nombramiento tras una polémica se mira con lupa? Normal. ¿Que todo nombramiento polémico sea un pago encubierto? No. Y acusarlo sin base no mejora el sistema; solo lo intoxica.

Idolatría, chivos expiatorios y la frágil matemática de la reputación

Hablemos del foco social. ¿Por qué alguien puede ser presentado como “icono” incluso cuando parte del público considera que tuvo una vida cómoda, resuelta desde joven, con más glamur que calle? Porque funciona. La televisión crea familiaridad parasocial: crees que conoces a quien te habla cada día. El fútbol aporta tribu y ritual: los clubes necesitan caras que personalicen el mensaje. Cuando esas dos corrientes se cruzan, nace el “icono utilitario”: alguien que serena una rueda de prensa, pone calma en un comunicado, sonríe cuando al equipo le tiembla la mano. ¿Es justo? No siempre. ¿Es eficaz? A menudo, sí.

La otra cara es el chivo expiatorio. En situaciones traumáticas, buscamos un rostro que condense la frustración. Ocurre con políticos, con directivos y con comunicadores. Si estabas en la foto el día que dolía, quedarás pegado a ese marco. Da igual que tu cargo formal fuese otro, que tu ámbito de decisión fuese limitado o que, simplemente, estuvieras ahí en el momento más inapropiado posible. Así funciona la psicología colectiva: simplifica para digerir. Y si además eres visible, la simplificación te alcanza antes.

El debate sobre la “vida fácil” y los estereotipos que empobrecen la conversación

La caricatura es tentadora: “no trabajó un día en su vida”, “siempre en yates, fiestas, amantes”. No hay base para transformar esas frases hechas en biografía probada. Son tópicos que florecen cuando una figura pública resulta antipática a una parte de la audiencia. Dicho de otro modo: sirven para descargar bilis, no para entender nada. ¿Se puede criticar a una profesional por un silencio o por no haber dado explicaciones a la altura de lo que pedía la sociedad? Claro. ¿Se la puede convertir en símbolo de una supuesta vida de privilegio para cerrar la discusión? Eso ya es otra cosa. Y ahí perdemos todos, porque desplazamos el foco de lo relevante —la gestión, la información, la responsabilidad— a lo morboso.

El periodismo serio debe separar rumor de hecho y contexto de moralina. En este caso, lo relevante es qué se decidió, cuándo, con qué criterios, quién asumió qué y cómo se comunicó a la ciudadanía. El resto —la leyenda negra de la vida fácil— dice más de nuestras envidias que del objeto de la crítica.

Qué sí sabemos y qué razonablemente no

Sabemos que hubo una reunión en horas sensibles que marcó la percepción pública. Sabemos que el vínculo de Vilaplana con el Levante viene de antes. Sabemos que su función en el club se sitúa en el eje institucional y comunicativo, visible en previas, entrevistas y comparecencias puntuales. Sabemos que el impacto social de la DANA dejó cicatrices que todavía condicionan la conversación, porque cuando una emergencia golpea la memoria colectiva se vuelve lenta para perdonar.

No sabemos —con certeza pública suficiente— la conversación exacta de aquel almuerzo, ni los compromisos precisos que pudieron ponerse sobre la mesa. No sabemos si algunas hipótesis muy difundidas son realidad documentable o proyecciones interesadas. No sabemos cómo habrían leído los mismos hechos quienes hoy defienden otra versión, si el encuadre fotográfico hubiese sido menos lesivo. Y no pasa nada por admitirlo: la honestidad sobre lo que ignoramos es la única base para que el debate no se pudra.

¿Es “normal” que figuras salpicadas por polémicas regresen a puestos visibles?

En España, sí sucede —y no solo en España— que figuras con controversias previas vuelvan a posiciones de peso. A veces porque no hay inhabilitación alguna ni causa penal abierta; a veces porque gozan de confianza interna y capital relacional; a veces porque el mercado del talento en comunicación es pequeño en ciertas ciudades y los perfiles experimentados son contados. Y a veces porque una institución decide plantarse ante la corriente y decir: “esta es nuestra elección, y la defenderemos por su valía profesional”.

¿Es sano para la vida pública? Depende. Cuando hay explicaciones transparentes y controles internos claros, sí. Cuando se confunden roles y se marea la narrativa, no. Lo que no ayuda es normalizar que toda continuidad tras una tormenta es un pago; ni tampoco infantilizar a la ciudadanía negándole información que debería ser pública. El antídoto es el de siempre: reglas, actas, criterios de nombramiento y comunicaciones completas, sin silencios estratégicos que después explotan.

La parte poco glamurosa del micrófono

Se habla poco de la parte dura del oficio. Un portavoz también es pararrayos. Sale a hablar de un fichaje y le preguntan por un sumario o por una foto incómoda. Prepara un mensaje y recibe una repregunta que no puede contestar por confidencialidad, prudencia o simple desconocimiento. Cada gesto se trocea en clips de quince segundos que pierden matiz. Y cada silencio se interpreta como culpa. Para quien no quiera entenderlo, resultará provocador. Para quien conozca el ecosistema, será un trabajo que alguien tiene que hacer.

Ese es el marco en el que hoy se mueve Maribel Vilaplana: representar a un club querido, con historia y sensibilidades, mientras convive con un pasado reciente que no caduca porque aún duele. ¿Está preparada para ese equilibrio? Su currículo indica que sí; la práctica —los partidos, los mercados de verano, las rachas— dirá si la apuesta resulta.

Un apunte de método para no perdernos

En un país con hipersensibilidad al agravio, la discusión pública se nos llena de eslóganes: “premios”, “castigos”, “enchufes”, “vetos”. Se entiende; son palabras comodín que alivian. Pero si uno quiere entender —no solo opinar—, conviene hacerse preguntas mejores: ¿qué gobernanza interna tiene ese club? ¿Quién nombra a la portavoz y bajo qué criterios? ¿Qué métricas de éxito se le piden más allá de “que no haya líos”? ¿Qué protocolos activan cuando una polémica externa contamina la agenda deportiva? ¿Se ha aprendido algo de aquel día de la DANA en términos de comunicación de crisis? Esas respuestas —más que una teoría sobre recompensas silenciosas— determinan la calidad de nuestras instituciones.

La prensa también tiene su examen. No basta con amplificar lo ruidoso; toca ordenar lo que sabemos, documentar lo que no, preguntar sin hacer de fiscal ni de abogado defensor y evitar la tentación de la etiqueta fácil. Ni santa ni villana: profesional bajo foco. Esa perspectiva no exculpa ni condena; ubica.

Entre el derecho a saber y el derecho a seguir

Una sociedad adulta sostiene dos ideas a la vez. Primera: el derecho a saber con precisión qué ocurrió durante aquella emergencia, qué decisiones se tomaron, quién debía estar dónde y cómo se comunicó todo a la población. Segunda: el derecho de una profesional a seguir con su carrera si su nombramiento en el ámbito privado es legal, venía de antes y responde a una competencia acreditada. Ambas cosas pueden convivir, aunque a veces nos cueste aceptarlo.

¿Qué nos quedamos entonces? Con una biografía larga —radio, tele, formación de portavoces, consultoría, club—, un episodio crítico que mancha el cristal por el que miramos a sus protagonistas, y un presente en el que la comunicación deportiva es, en igual medida, escudo y altavoz. Si hubo errores de criterio, que se expliquen y se corrijan. Si hubo injusticia en el señalamiento, que se retire con la misma energía con que se lanzó. Y si el Levante decidió sostener a Maribel Vilaplana como portavoz, que lo haga con transparencia, criterios claros y exigencia de rendimiento —los ingredientes que convierten cualquier sospecha en irrelevante.

Lo demás, el murmullo, las frases hechas, la novela de sobremesa sobre vidas supuestamente perfectas, nos aparta del objetivo: instituciones que funcionan y comunicaciones que informan. El balón ya está rodando. La conversación también. Nos toca mirarla sin prejuicios y con memoria, que es la forma menos cómoda, sí, pero la única adulta de encarar estas historias.

Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y confiables, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: RTVE, El País, Levante-EMV, Las Provincias.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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