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¿Qué pasó en el crimen de Tauste? La jueza apunta a Carlota y su novio

La jueza atribuye a Carlota un papel impulsor en el crimen de Tauste mientras cámaras, móviles y testimonios estrechan el cerco sobre la pareja.

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ayuntamiento de tauste

El doble crimen de Tauste empieza a tener una reconstrucción mucho más precisa. La jueza que investiga la muerte de Javier Sánchez Ansó y Esther Latorre, asesinados a puñaladas en su vivienda de esta localidad zaragozana, considera que existen indicios de que su hija, Carlota Sánchez Latorre, habría impulsado a su pareja, Luis Carlos Rivera, a cometer el delito y que ambos participaron en su planificación y ejecución. No es una sentencia ni establece todavía quién empuñó el arma, pero sí dibuja con bastante más nitidez la hipótesis judicial.

Las nuevas imágenes de las cámaras de seguridad conocidas este 1 de septiembre encajan, además, con parte de esa reconstrucción. Los dos investigados aparecen en Tauste antes del crimen y vuelven a ser captados horas después, con ropa diferente y cambios también en el equipaje que llevaban. Los teléfonos móviles los sitúan igualmente en la zona. Mientras tanto, siguen desaparecidas dos piezas fundamentales: el arma utilizada para matar al matrimonio y la ropa que vestían aquella madrugada.

La jueza atribuye a Carlota un papel decisivo en el crimen

El auto que acordó la prisión provisional de los dos investigados contiene una afirmación especialmente relevante. La instructora considera que existen indicios de que Carlota impulsó la comisión del delito y sostiene que los hechos habrían sido planificados y ejecutados por los dos.

La precisión importa. Hasta hace unas semanas, buena parte de la investigación pública giraba alrededor de una cuestión casi elemental: quién había estado en Tauste aquella noche. Esa presencia en la localidad parece ahora suficientemente respaldada mediante cámaras, movimientos telefónicos y otros indicios. El interrogante se ha desplazado. Lo que la Guardia Civil y el juzgado intentan precisar es qué hizo exactamente cada uno dentro de la casa.

Según la reconstrucción provisional recogida en el auto, Carlota y Luis Carlos viajaron desde Zaragoza hasta Tauste el 7 de agosto y accedieron a la vivienda familiar cuando Javier Sánchez y Esther Latorre todavía no se encontraban allí. La entrada no habría requerido forzar la puerta: la hija disponía de llaves. Ambos habrían esperado en el interior hasta el regreso de las víctimas.

Cuando Javier se encontraba dormido en el dormitorio, fue atacado con numerosas puñaladas. Esther fue agredida posteriormente en la planta superior de la vivienda. Su cadáver apareció en la zona de las escaleras, mientras que el de su marido fue localizado en el dormitorio principal.

La magistrada, sin embargo, introduce una cautela fundamental: todavía no se sabe quién portaba el arma ni quién causó materialmente cada una de las heridas. En una investigación penal esa diferencia no es pequeña. Determinar la participación concreta de cada persona puede condicionar tanto la acusación definitiva como la responsabilidad que se les atribuya.

Luis Carlos habría reconocido las dos muertes

Uno de los indicios de mayor peso recogidos por la investigación procede del propio Luis Carlos. Según el auto judicial conocido en las últimas horas, habría reconocido durante el examen forense haber causado la muerte de Javier y Esther. También habría realizado una confesión semejante ante dos amigos.

Carlota y Luis Carlos, no obstante, se acogieron a su derecho a no declarar cuando fueron puestos a disposición judicial. Ambos permanecen desde el 13 de agosto en prisión provisional, comunicada y sin fianza en el centro penitenciario de Zuera.

La situación procesal continúa abierta. La causa se investiga por homicidio y la calificación jurídica podría cambiar conforme avance la instrucción. Dicho de otro modo: existen indicios considerados suficientemente graves para mantener a los dos investigados en prisión, pero no existe todavía una condena y ambos conservan plenamente la presunción de inocencia.

Las cámaras reconstruyen una noche de siete horas

Las grabaciones de Tauste se han convertido en una especie de hilo silencioso de aquella madrugada. Sin declaraciones de los sospechosos ante la Guardia Civil o la jueza, las cámaras cuentan dónde estuvieron y cómo se movieron, y hasta algunos detalles aparentemente menores que, vistos después, dejan de serlo.

Carlota y Luis Carlos habrían llegado desde Zaragoza en autobús durante la noche del 7 de agosto. Algunas grabaciones los sitúan cerca de la parada y posteriormente camino de la vivienda. Cuando fueron captados antes del crimen llevaban determinada ropa y dos mochilas.

Unas siete horas después vuelven a aparecer. La estampa había cambiado: vestían de otra manera y en las imágenes se aprecia una modificación en el equipaje. Las grabaciones difundidas este 1 de septiembre muestran precisamente esa secuencia anterior y posterior al periodo en el que, según la investigación, se produjeron las dos muertes.

Después abandonaron Tauste andando en dirección a Gallur, desde donde habrían regresado a Zaragoza. Los datos de conexión de sus teléfonos a las antenas de telefonía son compatibles con ese itinerario y con las franjas horarias investigadas.

No es una prueba aislada y maravillosa, de esas que resuelven un crimen en cuarenta minutos de serie televisiva. Es más prosaico. Cámaras, antenas, horarios, ropa, declaraciones y lesiones, junto a una cerradura sin forzar. Piezas pequeñas que se superponen y van formando una escena cada vez más definida.

La ropa desaparecida y el arma que todavía no aparece

Hay, sin embargo, un agujero relevante. Ni la Guardia Civil ni el juzgado han conseguido localizar hasta el momento el arma homicida ni determinadas prendas que los investigados llevarían durante la madrugada.

El cambio de ropa observado en las cámaras ha ganado así una importancia evidente. La investigación trata de establecer dónde se produjo, qué ocurrió con las prendas anteriores y si en ellas podía existir algún rastro relacionado con el crimen. La desaparición de esos objetos fue uno de los elementos valorados judicialmente al analizar el riesgo de ocultación o destrucción de pruebas.

Las imágenes muestran otro detalle: en el trayecto anterior al crimen aparecen con un equipaje que no coincide exactamente con el observado posteriormente. No basta por sí mismo para demostrar qué contenían las mochilas ni qué ocurrió con su contenido, pero encaja en la línea de investigación sobre la ropa desaparecida y el arma blanca.

También las lesiones que presentaba Carlota después de aquella noche figuran entre los indicios considerados por la instructora. Los informes las sitúan temporalmente alrededor del momento de los hechos y se investiga si pudieron producirse durante un forcejeo dentro de la vivienda.

La frase de Carlota a su hermana que aparece en el auto

Otro elemento ha adquirido especial relevancia tras conocerse el contenido de la resolución judicial. Según consta en el auto, Carlota habría hablado posteriormente con su hermana menor y le habría trasladado que no veía otra manera de terminar con la situación familiar. También habría realizado una manifestación similar ante el médico forense.

No se trata de una confesión judicial formal y debe interpretarse dentro del conjunto de pruebas e indicios, no separadamente. Pero la jueza la incorpora a una secuencia en la que también aparecen las declaraciones de personas del entorno familiar que reconocieron haber sospechado de Carlota cuando conocieron las muertes.

La relación de la investigada con sus padres atravesaba desde hacía tiempo una etapa conflictiva. Han trascendido testimonios sobre discusiones frecuentes, peticiones de dinero y enfrentamientos familiares. Pocas semanas antes del crimen se habría producido otra discusión especialmente intensa en un establecimiento de Tauste.

La magistrada habla, de momento, de un posible conflicto familiar que podría haber actuado como desencadenante. El móvil definitivo, sin embargo, no puede darse por cerrado. Una cosa es que existieran tensiones conocidas; otra, convertirlas automáticamente en explicación de dos muertes. La instrucción tendrá que unir ambos extremos con pruebas.

Javier Sánchez y Esther Latorre, dos nombres muy conocidos en Tauste

El impacto del caso también se entiende por quiénes eran las víctimas. Javier Sánchez Ansó, de 67 años, había sido secretario general de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón, UAGA, y era una figura reconocida en el movimiento agrario aragonés. Esther Latorre, de 66, mantenía igualmente una estrecha vinculación con ese ámbito sindical y social.

Sus cuerpos fueron encontrados el 8 de agosto después de que su ausencia en un compromiso familiar provocara preocupación. La vivienda no presentaba el escenario típico de un robo y la investigación empezó pronto a mirar hacia el círculo próximo del matrimonio.

Carlota y Luis Carlos fueron detenidos dos días después en Zaragoza. Los investigadores ya habían intentado localizarlos pocas horas después del hallazgo de los cadáveres. Desde entonces, Criminalística ha ido reconstruyendo una noche de movimientos breves, desplazamientos discretos y silencios posteriores.

Tauste, un municipio de alrededor de 7.000 habitantes, recibió las detenciones con una mezcla difícil de explicar sin caer en la frase hecha de la conmoción vecinal. Aquí las víctimas tenían nombre, rostro, familia, décadas de vida pública. El crimen no ocurrió en un lugar anónimo: ocurrió dentro de una casa conocida y en un pueblo donde casi todo termina encontrando un testigo.

El foco pasa de quién estuvo allí a quién hizo qué

La investigación del crimen de Tauste ha avanzado considerablemente desde las primeras horas. La presencia de Carlota y Luis Carlos en la localidad aparece respaldada por cámaras y datos telefónicos; la jueza considera que existió una actuación conjunta y atribuye a la hija de las víctimas un papel impulsor; Luis Carlos, según la resolución, habría reconocido su participación ante el forense y dos conocidos.

Quedan, pese a todo, interrogantes esenciales. Quién utilizó el arma, qué participación material tuvo cada investigado, dónde están el cuchillo y la ropa desaparecida y cuál fue exactamente el móvil que desembocó en el doble crimen siguen formando parte de una instrucción que continúa abierta.

Las imágenes conocidas este 1 de septiembre aportan algo más que dos figuras caminando bajo una cámara de seguridad. Colocan tiempo y movimiento alrededor de una madrugada que hasta hace poco tenía demasiadas zonas oscuras. La hipótesis judicial es cada vez más concreta. La sentencia, en cambio, todavía queda lejos. Y esa diferencia —menos vistosa, bastante menos televisiva— es la que separa los indicios de los hechos definitivamente probados.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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