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¿Cómo murió el paracaidista en Huesca y qué pasó durante el salto?

Edgar Mallo murió durante un salto nocturno en Huesca. Su trayectoria militar y las incógnitas del accidente dejan una tragedia aún abierta.

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paracaidistas españoles suben al avion

Resumen

  • Edgar Mallo murió durante un salto nocturno militar en Huesca
  • El Ejército investiga el accidente y aún no ha comunicado la causa
  • Su muerte reabre el debate sobre la seguridad en los entrenamientos

El cabo Edgar Mallo Baena, miembro del Ejército de Tierra, murió durante un salto nocturno realizado en la provincia de Huesca. El militar participaba en el ejercicio Tormenta Alada 26, unas maniobras de adiestramiento de la Brigada «Almogávares» VI de Paracaidistas.

El fallecimiento se produjo en la madrugada del 29 de junio de 2026. El Ejército ha confirmado el accidente, pero todavía no ha explicado qué ocurrió durante el salto ni ha detallado si se produjo un fallo del equipo, una incidencia en el descenso o un problema durante el aterrizaje. Ese es, por el momento, el límite de los hechos conocidos. Todo lo demás sería conjetura, y en una muerte así las conjeturas sobran.

Un salto nocturno dentro del ejercicio Tormenta Alada 26

Mallo Baena estaba destinado en el Batallón de Zapadores VI de Paracaidistas, integrado en la Brigada «Almogávares» VI, conocida habitualmente como BRIPAC. También formaba parte de la Compañía de Reconocimiento Avanzado, una unidad preparada para actuar sobre el terreno antes del despliegue del grueso de las fuerzas.

El cabo realizaba un lanzamiento nocturno dentro de Tormenta Alada 26, un ejercicio concebido para entrenar la entrada rápida de unidades paracaidistas en escenarios de alta exigencia. En estas maniobras militares se combinan movimientos aéreos, lanzamientos de personal, reconocimiento y apoyo terrestre. No son exhibiciones ni saltos recreativos: reproducen condiciones operativas en las que la visibilidad, el tiempo de reacción y el margen para corregir errores se reducen de manera considerable.

Los saltos nocturnos forman parte de la preparación ordinaria de las unidades paracaidistas, aunque incorporan riesgos específicos. La oscuridad dificulta la percepción de la altura, la orientación y la lectura del terreno; también obliga a confiar más en los instrumentos, en la preparación previa y en la coordinación del equipo. Eso explica la complejidad de la maniobra, pero no explica por sí solo el accidente.

La causa de la muerte sigue sin conocerse

El Ejército de Tierra no ha comunicado si el paracaídas llegó a desplegarse correctamente, si existió una colisión durante el descenso o si la incidencia se produjo al tocar tierra. Tampoco ha difundido datos sobre el punto exacto del lanzamiento, las condiciones meteorológicas o la secuencia seguida por los equipos de emergencia.

No hay, por tanto, elementos confirmados para atribuir la muerte a una avería concreta. Algunas informaciones han comenzado a rellenar los huecos con hipótesis, ese viejo deporte nacional que consiste en dictar sentencia antes de que termine de enfriarse el comunicado. La información disponible es más sobria: un militar murió durante el salto y las circunstancias deben esclarecerse mediante una investigación.

La investigación tendrá que revisar el material utilizado, la planificación del lanzamiento, la meteorología, las comunicaciones y los testimonios de quienes participaron en el ejercicio. También deberá reconstruir los minutos posteriores al accidente, incluida la asistencia recibida. Hasta que ese trabajo concluya, cualquier descripción cerrada de lo sucedido resulta prematura.

Quién era el cabo Edgar Mallo Baena

Edgar Mallo Baena ingresó en el Ejército de Tierra en 2018 y desarrolló su carrera en la Brigada Paracaidista. Durante sus ocho años de servicio participó tanto en operaciones internacionales como en dispositivos desplegados dentro de España.

El cabo estuvo destinado en Irak, dentro de las misiones en las que las Fuerzas Armadas españolas han colaborado en tareas de formación, asesoramiento y apoyo. Su trayectoria también estuvo vinculada a dos de las mayores emergencias civiles afrontadas por España durante los últimos años.

Participó en la Operación Balmis, el despliegue militar activado durante la pandemia de COVID-19 para apoyar labores de desinfección, logística y asistencia a la población. Más tarde intervino en las operaciones desarrolladas tras la dana que devastó varias localidades de la Comunidad Valenciana en 2024.

Por esos servicios había recibido las medallas conmemorativas de la Operación Balmis y de la intervención por la dana. También estaba en posesión de la Cruz al Mérito Militar con Distintivo Blanco, una condecoración concedida por méritos y servicios destacados que no implican acciones armadas.

Un nuevo fallecimiento tras varias semanas difíciles

La muerte de Mallo Baena llega después de otros accidentes militares registrados durante junio en distintas unidades de las Fuerzas Armadas. No existe información que permita vincular técnicamente estos casos entre sí, pues sucedieron en circunstancias muy diferentes, pero su acumulación ha abierto una discusión incómoda sobre la seguridad durante los entrenamientos y las actividades físicas.

El 14 de junio, un vehículo militar VAMTAC sufrió un accidente en el campo de maniobras de San Gregorio, en Zaragoza. Dos militares del Batallón de Zapadores XVI tuvieron que ser evacuados. Un día después, un cabo mayor de la Armada fue encontrado muerto en el alojamiento logístico Galeaza, en San Fernando, Cádiz. Las causas quedaron bajo investigación judicial.

El 16 de junio murió en Ceuta Kevin Parra Mejía, legionario de 23 años destinado en el Tercio «Duque de Alba» 2.º de La Legión. El militar sufrió una parada cardiorrespiratoria mientras realizaba una actividad deportiva fuera del acuartelamiento y falleció después de ser trasladado al Hospital Universitario de Ceuta.

Aquella misma jornada, un alumno del Centro de Formación de Tropa número 1, en Cáceres, sufrió un golpe de calor durante unos ejercicios en el exterior. Fue evacuado de urgencia e ingresó en cuidados intensivos. La Asociación de Tropa y Marinería Española calificó entonces la sucesión de casos como una «semana negra» y pidió explicaciones, revisión de protocolos y medidas inmediatas.

El riesgo militar no elimina la obligación de prevenir

La profesión militar implica riesgos evidentes. Un salto en paracaídas, una marcha con temperaturas extremas o una maniobra con vehículos pesados nunca serán actividades inocuas. Pero aceptar que existe peligro no equivale a considerar inevitable cualquier accidente. Esa diferencia, pequeña en el discurso y enorme sobre el terreno, es la que separa el riesgo profesional de la negligencia.

Los protocolos de seguridad están precisamente para reducir aquello que puede anticiparse: revisar equipos, medir las condiciones ambientales, adaptar la exigencia física, establecer vías de evacuación y suspender una actividad cuando la seguridad deja de estar garantizada. Ningún manual puede borrar el peligro, pero tampoco la palabra «maniobras» debería convertirse en una alfombra bajo la que esconder preguntas.

La acumulación de incidentes no demuestra por sí misma un fallo generalizado dentro de las Fuerzas Armadas. Sería irresponsable afirmarlo sin datos. Sí justifica, en cambio, que las investigaciones sean rigurosas y que sus resultados no terminen diluidos en el lenguaje de siempre: pesar, compromiso, entrega. Palabras necesarias, desde luego. Explicaciones técnicas, también.

Las respuestas que todavía debe ofrecer la investigación

La muerte de Edgar Mallo deja una certeza y varias incógnitas. La certeza es que un cabo experimentado, con misiones en Irak y participación en grandes emergencias nacionales, perdió la vida durante un salto nocturno de adiestramiento. Las incógnitas afectan a casi todo lo demás: qué falló, en qué momento ocurrió la incidencia y si existía alguna posibilidad de evitarla.

El Ejército ha trasladado sus condolencias a la familia, a los compañeros y a los allegados del militar. Ahora corresponde esclarecer el accidente sin atajos y con el mayor grado posible de transparencia. No para alimentar sospechas ni para convertir una tragedia en munición política, sino para saber qué ocurrió y evitar que vuelva a suceder.

Una muerte que exige respuestas

En una institución asentada sobre la disciplina y la responsabilidad, investigar hasta el último detalle no debilita la cadena de mando. La fortalece. Edgar Mallo Baena tenía nombre, trayectoria y ocho años de servicio. Su muerte merece algo más que un comunicado solemne: merece respuestas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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