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Economía

¿Por qué China usa un 16% menos de petróleo y transporta más carga?

China consume un 16% menos de petróleo en transporte pese a mover más mercancías y pasajeros, con coches y camiones eléctricos ganando peso.

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China consume menos petróleo

Resumen

  • China recorta un 16% el petróleo del transporte mientras mantiene la movilidad
  • Los eléctricos desplazan cada vez más gasolina y diésel en coches y camiones
  • El cambio empieza a alterar la demanda china de crudo y el mercado mundial

China está consiguiendo algo que durante décadas habría parecido una contradicción: mover más mercancías y pasajeros mientras quema bastante menos petróleo. En el segundo trimestre de 2026, el consumo de petróleo destinado al transporte cayó un 16% interanual, mientras el uso total de petróleo retrocedió alrededor de un 9%. No ocurrió porque los chinos dejaran el coche aparcado, los camiones descansaran en los polígonos o las ciudades se vaciaran.

Ocurrió, sobre todo, porque una parte creciente de esos desplazamientos dejó de necesitar gasolina o diésel. Los vehículos eléctricos, los camiones de baterías, el ferrocarril y el transporte público están sustituyendo combustible a una escala suficientemente grande como para que el cambio empiece a aparecer en las estadísticas nacionales de petróleo. Y ahí la historia deja de ser solo automovilística: el mayor importador mundial de crudo está alterando su relación con el barril.

Hay, eso sí, una segunda pieza que conviene no esconder debajo de la alfombra. La crisis en torno al estrecho de Ormuz y el fuerte encarecimiento de los combustibles durante 2026 empujaron a hogares y empresas a reducir todavía más su dependencia del petróleo. La electrificación puso la infraestructura; el precio del combustible apretó el acelerador.

El dato que cambia la foto del transporte chino

La caída del 16% resulta especialmente llamativa porque la movilidad china no sufrió un desplome equivalente. Durante el segundo trimestre, los viajes de pasajeros entre regiones siguieron ligeramente por encima de los niveles de un año antes, los desplazamientos urbanos crecieron cerca de un 3% y el volumen comercial de mercancías aumentó alrededor de un 2,4%.

Es decir, había más cajas circulando, más autobuses, más desplazamientos urbanos. Menos petróleo.

La excepción fue la aviación, que sí registró una caída de pasajeros durante mayo y junio, aunque su peso dentro del consumo energético total del transporte chino es mucho menor que el de la carretera. La explicación principal está abajo, a ras del asfalto: una flota eléctrica cada vez mayor está realizando una porción creciente de los kilómetros que antes pertenecían casi por derecho divino al motor de combustión.

Más mercancías, más pasajeros y menos combustible

Durante décadas, crecimiento económico y consumo de petróleo parecían viajar cogidos del brazo. Más fábricas significaban más camiones; más renta, más coches; más comercio, más diésel. China llevó esa ecuación hasta una escala gigantesca.

Ahora empieza a separar ambas curvas.

No significa que el país haya dejado atrás el petróleo, ni mucho menos. China continúa dependiendo de enormes cantidades de crudo para el transporte, la petroquímica, la industria y la aviación. Pero el consumo marginal, ese barril adicional que tradicionalmente acompañaba cada nuevo incremento de actividad, empieza a encontrar competencia.

Y la competencia sale de un enchufe.

Los eléctricos ya sustituyen barriles, no solo matrículas

Durante años se midió el éxito del vehículo eléctrico chino contando coches vendidos. La fotografía de 2026 resulta bastante más interesante porque empieza a medirse lo que realmente importa desde el punto de vista energético: cuánto petróleo dejan de consumir esos vehículos.

Los eléctricos desplazaron aproximadamente 36 millones de toneladas equivalentes de petróleo durante el primer semestre de 2026. Solo en el segundo trimestre evitaron unos 19 millones, alrededor de un 50% más que en el mismo periodo del año anterior.

La magnitud ya no es anecdótica. Se trata de una cantidad comparable al consumo petrolero de países enteros durante varios meses.

Y hay otro detalle revelador. El número de eléctricos en circulación creció con fuerza, pero la electricidad utilizada para cargarlos aumentó todavía más. Durante el segundo trimestre, los volúmenes de recarga subieron aproximadamente un 60% interanual. En el conjunto del primer semestre, los servicios de carga e intercambio de baterías consumieron unos 81.000 millones de kilovatios hora, un 56,9% más.

Los coches eléctricos chinos, en otras palabras, no solo están llenando los concesionarios. Están circulando más.

Los camiones son el punto de inflexión

El turismo eléctrico se lleva las fotografías bonitas; el camión eléctrico puede terminar llevándose los barriles.

Las ventas de camiones pesados eléctricos crecieron alrededor de un 77% interanual durante el segundo trimestre, mientras en junio su cuota llegó a superar el 45% de las nuevas matriculaciones de determinadas categorías pesadas. El combustible evitado por los camiones eléctricos aumentó alrededor de un 90% durante la primera mitad del año.

Aquí el efecto sobre el petróleo es especialmente intenso. Un turismo particular puede pasar muchas horas quieto delante de casa. Un camión trabaja: miles de kilómetros, cargas pesadas, jornadas largas. Sustituir uno de diésel por otro eléctrico elimina mucho más combustible que electrificar un pequeño coche urbano que recorre unos cuantos kilómetros al día.

China también está extendiendo la electrificación a maquinaria de construcción, equipos mineros, autobuses, taxis y otros vehículos profesionales. Es menos vistoso que un deportivo eléctrico con una pantalla del tamaño de un televisor, aunque para las petroleras quizá sea bastante más importante.

Las cifras de infraestructura permiten observar el fenómeno desde otro ángulo. En los seis primeros meses de 2026, el consumo eléctrico de los servicios de recarga e intercambio de baterías alcanzó unos 81.000 millones de kWh.

Que la electricidad suministrada crezca bastante más deprisa que el parque significa que los eléctricos existentes están recorriendo más kilómetros o utilizando con mayor intensidad la red pública de recarga. También apunta a que muchos conductores de híbridos enchufables están aprovechando más la batería y menos el depósito cuando el combustible se encarece.

Ese detalle importa. Comprar un eléctrico no reduce por sí mismo el consumo de petróleo. Hay que conducirlo. China los está conduciendo.

Ormuz aceleró un cambio que ya había empezado

Sería tentador explicar toda la caída del petróleo chino con una revolución eléctrica perfectamente ordenada, casi de folleto gubernamental. La realidad tiene más barro. La crisis de suministro vinculada al estrecho de Ormuz disparó los precios energéticos y redujo las importaciones chinas de crudo.

Durante el segundo trimestre, China importó alrededor de 8,1 millones de barriles diarios, un 32% menos que en el trimestre anterior. En mayo y junio, las entradas bajaron incluso de ocho millones de barriles diarios, algo que no ocurría desde 2016.

Pero importaciones y consumo no son exactamente la misma cosa. Parte de esa reducción se cubrió recurriendo a reservas acumuladas previamente. También influyeron una actividad inmobiliaria más débil, el comportamiento de la industria química y cambios de consumo provocados por los precios.

Por eso conviene separar el ruido coyuntural de la tendencia estructural.

El petróleo caro puede abaratarse otra vez. Una crisis geopolítica puede terminar. Un camión eléctrico comprado este verano seguirá siendo eléctrico cuando cambie el precio del Brent.

Antes incluso de la crisis, las grandes compañías energéticas chinas ya esperaban descensos del consumo de gasolina y diésel. Ormuz no inventó la transición; hizo que una tendencia gradual apareciera de golpe, con letras grandes, en las estadísticas.

Durante buena parte de este siglo, cualquier análisis sobre el futuro del petróleo tenía una respuesta cómoda: China consumiría más. Su industrialización, sus ciudades, su gigantesco parque automovilístico y el crecimiento del transporte parecían garantizar nuevos millones de barriles de demanda.

Ese automatismo se está debilitando.

China continúa siendo el mayor importador mundial de crudo, por lo que un cambio relativamente pequeño en su consumo tiene consecuencias internacionales. Una reducción de cientos de miles de barriles diarios puede suavizar un mercado tensionado por problemas de suministro, modificar las expectativas de las refinerías y complicar las previsiones de los grandes productores.

No significa que la demanda petrolera china vaya a desaparecer. La petroquímica seguirá consumiendo crudo, los aviones continúan dependiendo fundamentalmente del queroseno y millones de vehículos de combustión permanecerán en las carreteras durante muchos años.

La diferencia está en la dirección del viaje. El transporte por carretera, uno de los motores tradicionales del crecimiento petrolero chino, ya no garantiza automáticamente más demanda de gasolina y diésel.

Hay incluso una pequeña ironía industrial. China construyó durante décadas carreteras, puertos y fábricas alimentándose con combustibles fósiles; ahora utiliza parte de aquella capacidad industrial para producir baterías, vehículos eléctricos, trenes y redes de recarga que reducen su necesidad de importar petróleo. El viejo motor fabrica las piezas de su propio sustituto.

Menos petróleo no significa todavía una China sin carbón

La caída del petróleo también dejó una señal climática poco habitual. Las emisiones totales de dióxido de carbono del país descendieron alrededor de un 1% interanual en el segundo trimestre, pese a que las emisiones asociadas a la generación eléctrica aumentaron y las centrales de carbón recuperaron actividad.

Es la primera vez que una caída del consumo petrolero aparece como principal responsable de una reducción trimestral de las emisiones chinas. Hasta ahora, los descensos habían estado mucho más vinculados al carbón.

La electrificación del transporte evitó aproximadamente 35 millones de toneladas de CO₂ en el segundo trimestre, incluso contabilizando las emisiones generadas para producir la electricidad utilizada en las recargas.

Ahí aparece la aparente paradoja: un coche eléctrico puede cargarse parcialmente con electricidad procedente de carbón y, aun así, contribuir a reducir el consumo total de petróleo y las emisiones del transporte. Cuanto mayor sea la proporción de solar, eólica, hidroeléctrica y nuclear en la red china, mayor será después el beneficio climático de cada kilómetro electrificado.

La transición energética china, por tanto, no dibuja una línea recta y pulcra. Hay carbón, renovables, baterías y petróleo, centrales nuevas y millones de cargadores funcionando a la vez. Una mezcla bastante menos elegante que los eslóganes, pero también bastante más real.

El petróleo pierde el monopolio del movimiento

El dato del 16% importa porque revela algo más profundo que una caída trimestral. China está demostrando que más transporte ya no tiene por qué significar más petróleo.

Los coches eléctricos explican una parte. Los camiones eléctricos, otra cada vez mayor. Ferrocarril, metro, autobuses, maquinaria electrificada y hábitos modificados por el precio completan el paisaje. La crisis de Ormuz hizo más brusco el movimiento, aunque muchas de sus piezas estaban colocadas desde antes.

Durante décadas, el barril fue una especie de contador oculto de la economía china: cuando el país fabricaba, viajaba y comerciaba más, la aguja subía. En 2026 ese contador empieza a fallar.

Las mercancías siguen cruzando autopistas. Los pasajeros continúan entrando en metros y coches. Los camiones no han desaparecido. Solo que cada vez más llevan debajo una batería en lugar de un depósito de diésel.

Y para el mercado mundial del petróleo, eso puede acabar siendo bastante más importante que cualquier nuevo modelo eléctrico presentado bajo los focos de un salón del automóvil.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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