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Ciencia

¿Por qué China lidera la producción científica de calidad?

Durante el último año China ha pasado de ser “el país que más publica” a encabezar, con datos en la mano, varios termómetros exigentes de excelencia.

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China lidera la producción científica de calidad

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China toma la delantera en ciencia de élite: manda en química, física y materiales; EE. UU. resiste en biomedicina. Datos y papel de España.

Durante el último año China ha pasado de ser “el país que más publica” a encabezar, con datos en la mano, varios termómetros exigentes de excelencia. La edición 2025 de Nature Index —que contabiliza la contribución de autores a 145 revistas de primer nivel— sitúa a China como primer país por “Share” en el periodo comprendido entre el 1 de agosto de 2024 y el 31 de julio de 2025, por delante de Estados Unidos. No es un salto puntual: la distancia se ha ensanchado con fuerza en química, física, ciencia de materiales y ciencias de la Tierra y del medio ambiente, los pilares de la ciencia dura. En paralelo, los indicadores de impacto por citas del sistema japonés NISTEP colocan a China como número uno mundial en la proporción de artículos situados en el top 10% y en el top 1% de su especialidad, una forma exigente de medir la influencia sostenida del conocimiento. Sumado al empuje del listado de Highly Cited Researchers (HCR), donde la Chinese Academy of Sciences (CAS) vuelve a figurar como la institución con más investigadores altamente citados y China continental consolida el segundo lugar global por número de HCR tras EE. UU., el cuadro que se dibuja para 2025 es nítido: liderazgo compartido por áreas, con China a la cabeza del bloque físico-químico y Estados Unidos conservando la primera posición en salud y biomedicina.

El respaldo presupuestario ha sido decisivo. De acuerdo con las cifras oficiales, el gasto en I+D de China en 2024 superó los 3,6 billones de yuanes, con una intensidad del 2,68% del PIB. A la vez, el National Science Board estadounidense reconoce desde 2024 que China ha rebasado a EE. UU. en publicaciones científicas y patentes, además de talento STEM formado, lo que encaja con la fotografía que arrojan los termómetros bibliométricos. También el mapa de patentes marca tendencia: tras el bache global de 2023 en el sistema PCT de la OMPI —primer descenso en 14 años—, China mantuvo en 2024 la primera posición como origen de solicitudes internacionales, y figura como la gran locomotora en patentes de IA generativa. Son datos fríos que apuntalan un fenómeno de fondo: la ciencia de alto impacto publicada desde China pesa cada vez más en la discusión global, especialmente en los campos con traslación industrial rápida.

Qué significa realmente “liderar” la ciencia de calidad

No existe un medallero único para medir ciencia. Cada indicador captura una parte y deja sombras. Nature Index hace zoom en 145 revistas selectas de ciencias naturales y de la salud y ordena por Share (contribución proporcional del autor). En esa foto, China aparece número uno en el cómputo global del último ciclo anual disponible, con Estados Unidos como segundo. Al desagregar por áreas, China domina en química, física y ciencias de la Tierra y del medio ambiente, mientras que EE. UU. mantiene el primer puesto en “health sciences” gracias al músculo de su ecosistema biomédico y farmacéutico.

Otro termómetro, complementario, son las publicaciones más citadas. El informe Japanese Science and Technology Indicators 2024 de NISTEP confirma a China como líder global en el porcentaje de artículos situados entre el 10% y el 1% más citado de su disciplina. En castellano llano: no solo publica mucho, sino que coloca una parte creciente de sus trabajos entre los que otros científicos consideran más influyentes.

El tercer espejo son los Highly Cited Researchers de Clarivate. En 2025, Estados Unidos sigue como primer país por número de HCR; China continental refuerza la segunda plaza, y la Chinese Academy of Sciences figura otra vez como la institución líder mundial, con 258 investigadores HCR, por delante de Harvard, Stanford o NIH. Las listas HCR no son un oráculo (tienen sesgos y Clarivate ha endurecido los criterios tras detectar malas prácticas en algunos campos), pero ofrecen una instantánea útil del liderazgo por autor e institución y confirman el reequilibrio hacia Asia.

Dónde manda China y dónde se impone Estados Unidos

La ventaja china hoy es palpable en química, física, ciencia de materiales y en parte de las ingenierías y geociencias. No es casualidad: son áreas profundamente conectadas con la política industrial —baterías, fotovoltaica, catalizadores, fotónica, chips de potencia, hidrógeno— donde los incentivos públicos, la financiación a largo plazo y la proximidad a la fábrica se traducen en resultados publicables a gran velocidad. Ahí se mueven con soltura instituciones como la Chinese Academy of Sciences (CAS), la University of Science and Technology of China (USTC), Tsinghua University, Zhejiang University o Shanghai Jiao Tong University, que encadenan artículos en Nature, Science y cabeceras de referencia en materiales avanzados, catálisis y óptica.

En salud y biomedicina, el liderazgo continúa siendo estadounidense. La serie temática de Nature Index en health sciences viene mostrando a Estados Unidos en la primera posición, apuntalado por universidades e instituciones médicas que son gigantes globales de la investigación clínica: Harvard University, Mayo Clinic, Brigham and Women’s Hospital, NIH, Stanford University o Johns Hopkins. Es un ecosistema de larga maduración que combina financiación pública estable, filantropía, capital riesgo y una red de hospitales universitarios con capacidad para traducir descubrimientos en ensayos clínicos y fármacos. China, aquí, acorta distancias, con polos biomédicos en Pekín, Shanghái y Cantón, pero todavía no alcanza la capilaridad clínica y la transferencia de Estados Unidos.

Un vistazo por campos: de las moléculas al clima

En química, los grupos chinos despuntan en síntesis de materiales porosos, catálisis para combustibles limpios, electrolitos para baterías y química computacional acelerada con IA. En física, destacan materia condensada, fotónica integrada, óptica no lineal y cuántica aplicada en sensores y comunicaciones. En ciencias de la Tierra, crece la producción de trabajos punteros en modelización climática regional, monitoreo por satélite y riesgo geológico, con colaboraciones internacionales cada vez más densas. Son disciplinas con traslación industrial rápida, justo donde el país ha volcado recursos.

La maquinaria detrás del salto: inversión, talento y escala

El mapa presupuestario explica mucho. En 2024, China invirtió 3,61 billones de yuanes en I+D, con un 2,68% del PIB destinado al esfuerzo investigador y un aumento interanual superior al 8%. La intensidad no alcanza a los campeones de la OCDE —Israel o Corea del Sur—, pero la trayectoria sí: una década larga de crecimientos que ha doblado el músculo de laboratorios, equipamiento, personal técnico y proyectos de investigación de varios años. Además, el país ha elevado el peso de la investigación básica, un indicador de madurez que hace no tanto era su punto débil.

La escala marca la diferencia. Grupos numerosos, cohortes masivas de doctorandos, redes de centros de la CAS con presupuesto propio y universidades jóvenes que suben como la espuma en listados de ciencia natural. Ese “efecto enjambre” —mucho grupo, mucha coautoría, masa crítica— genera aprendizaje acumulativo y iteración rápida. Si un nuevo cátodo para baterías de sodio funciona en el laboratorio, hay industria y proveedores capaces de prototiparlo en meses. Si un algoritmo de IA mejora la microscopía de fluorescencia, hay fabricantes que lo integran en equipos. El laboratorio y la fábrica comparten pasillo.

El talento se ha reconfigurado. Programas de retorno han repatriado a miles de investigadores formados en Estados Unidos y Europa. Hoy lideran grupos que publican en las cabeceras más exigentes y atraen a su vez a jóvenes con doctorados en Zúrich, Boston o París. Se observa, además, una geografía de las colaboraciones cada vez más diversificada: junto al eje tradicional con Estados Unidos y la UE, crecen los lazos con Asia-Pacífico y países de la Franja y la Ruta.

La industria tira de la ciencia. El empuje manufacturero en energía, electrónica de potencia, vehículo eléctrico, bioprocesos o semiconductores demanda soluciones de laboratorio, protege resultados con patentes internacionales y financia investigación aplicada. El dato de la OMPI tras el bache de 2023 lo subraya: en 2024 China volvió a ser el primer origen de solicitudes PCT, con un avance notable en patentes de IA generativa y en tecnologías verdes.

Cómo leer los indicadores sin mitificar números

Conviene no sacralizar ningún ranking. Nature Index cubre solo 145 revistas —excelentes, sí, pero no todo el universo— y se centra en ciencias naturales y de la salud; su métrica Share no normaliza por tamaño de país ni ajusta por colaboraciones asimétricas. Es ideal para seguir la punta de lanza, no para describir el conjunto de la investigación.

Las listas HCR son útiles para identificar influencia por autor, pero han sufrido intentos de manipulación (autocitas, coautorías infladas o “carteles” de citas) y la propia Clarivate ha endurecido criterios y depurado perfiles en los dos últimos años. Tómese, por tanto, como un indicador parcial que necesita contraste con otros datos.

También cambian las patrones de citación. En campos con gran densidad regional —por ejemplo, materiales o ingenierías donde China es muy fuerte— puede crecer la citación doméstica o la de aliados científicos cercanos. Eso no invalida el avance, pero obliga a cruzar métricas: presencia en revistas troncales, impacto normalizado, colaboración internacional, premios y transferencia. Cuando Nature Index, NISTEP y OMPI apuntan en la misma dirección —más producción de alto impacto y más protección del resultado—, el riesgo de espejismo baja de forma considerable.

Europa y España ante el nuevo tablero

La Unión Europea mantuvo en 2023 una intensidad de I+D del 2,26% del PIB. Avanza, pero más despacio que los líderes. La entrada de China en el top 10 del Global Innovation Index en 2025 resume bien el desplazamiento de la frontera competitiva hacia Asia, mientras la UE se apoya en Alemania, Francia, Países Bajos, Suecia, Bélgica o Austria para sostener el bloque de excelencia.

España acelera por fin. El INE certificó que en 2023 el gasto interno en I+D alcanzó 22.379 millones de euros, un 1,49% del PIB, con un crecimiento del 15,8% interanual. Es el mejor registro histórico y un salto que reduce la brecha con la media europea, impulsado por los fondos Next Generation y por el reenganche del sector privado. En la foto de Nature Index 2025, España figura 13.ª por Share, con polos dinámicos en Cataluña, Madrid, País Vasco y Comunitat Valenciana. El sistema CSIC, las universidades de investigación y centros como el BSC, el ICFO o los CIC vascos aparecen con avances medibles en ciencias naturales.

¿Dónde hay recorrido? En biomedicina y en ciencia de materiales España juega competitiva si estabiliza la financiación y retiene talento. Las plataformas de supercomputación, la IA aplicada al descubrimiento científico y los consorcios paneuropeos —fusión nuclear, observación de la Tierra, chips, salud— son espacios de oportunidad. El reto ya no es tanto formar buenos investigadores, que los hay, como ofrecerles carreras y empresas capaces de absorber esa ciencia y pagarla. Si la UE quiere recortar la ventaja biomédica de EE. UU., tendrá que alinear regulación y despliegue tecnológico con una agenda de financiación ambiciosa y predecible.

España en las mesas que deciden

Para amarrar lo ganado, España necesita anclar tres cosas: contratos estables para jóvenes investigadores —evitando el bucle de becas precarias y convocatorias desconectadas del calendario de los proyectos—, fiscalidad que incentive la I+D empresarial en sectores tractores (química, farmacia, energía, agroalimentación avanzada) y compra pública innovadora que haga de la Administración un cliente real de soluciones científicas. Si estos engranajes giran, el avance en la foto Nature Index debería traducirse también en patentes, licencias y startups deep tech con mayor tracción.

Lo que explica el cambio de ciclo

El liderazgo chino no es fruto de una campaña de imagen, sino de tres vectores que han madurado a la vez. Presupuesto crecientemente estable y alto —con el 2,68% del PIB dedicado a I+D en 2024—, concentración institucional —la CAS como nodo central con decenas de institutos potentes— y acoplamiento con la industria para acelerar la transferencia. A ello se suma el uso intensivo de IA y supercomputación para diseño de materiales, descubrimiento asistido o simulación climática, y una red de colaboraciones que ya no depende exclusivamente del eje transatlántico.

En paralelo, el ecosistema estadounidense mantiene fortalezas clave —biomedicina, capital riesgo, universidades privadas de élite, hospitales— que sostienen su dominio en salud y su papel central en las tecnologías de propósito general como la IA. El resultado es un mapa multipolar: China lidera la ciencia dura en varias métricas de excelencia; Estados Unidos sigue siendo el gran imán en salud y en innovación digital que multiplica la productividad del propio trabajo científico.

Qué viene a continuación

La pregunta ya no es si China lidera parte sustancial de la ciencia de calidad; ya lo hace. La cuestión es cómo evolucionará el reparto por disciplinas y regiones. Hay señales a vigilar. Una: si la intensidad de I+D china sigue subiendo y mantiene el foco en básica, se consolidará el flujo de resultados en revistas top y la ventaja en patentes con valor tecnológico. Dos: si Estados Unidos reordena sus prioridades presupuestarias y protege la investigación clínica y traslacional, preservará su hegemonía sanitaria. Tres: si la UE acierta con su “acelerador” de IA científica y su nueva ola de infraestructuras —del LHC al EuroHPC—, equilibrará mejor el tablero.

Para el lector de noticias, el titular es sencillo y, a la vez, lleno de matices. China encabeza hoy la producción científica de élite en varios indicadores que miden excelencia y capacidad de impacto. Estados Unidos resiste y domina en salud. Europa se recompone, y España ha pisado el acelerador hasta marcar su mejor año histórico en I+D y situarse 13.ª en Nature Index, aunque todavía por debajo de la media de esfuerzo de la UE. La brújula común, en todo caso, apunta a lo mismo: financiación sostenida, talento estable y puentes sólidos con la economía real. Cuando esas piezas encajan, el liderazgo deja de ser una campaña y se convierte en una tendencia que, como vemos en 2025, empieza a ser difícil de discutir.

Un liderazgo con matices, pero menos dudas que nunca

Los datos de Nature Index 2025, los tops por citas de NISTEP, los HCR de Clarivate, el reconocimiento de la NSB estadounidense y la primera posición de China como origen de solicitudes PCT tras el bache de 2023 convergen en la misma lectura: China marca el paso en una parte decisiva del frente científico global. No lo hace en todo —la biomedicina sigue en manos estadounidenses, y el liderazgo en IA comercial se inclina hacia Silicon Valley—, pero sí en un núcleo duro de disciplinas estratégicas para la transición energética, la electrónica avanzada y la economía de los materiales.

Queda por resolver cómo se gestiona ese liderazgo: si se refuerza la integridad de los indicadores, si se mantiene el foco en básica y si la apertura colaborativa continúa a pesar de las tensiones geopolíticas. Porque el dato clave no es un puesto en una tabla, sino su persistencia durante los próximos ciclos. En la fotografía de 2025, China ya no es “el país que más publica”, sino el país que más aporta —y con mayor influencia— en un conjunto amplio de áreas troncales. Ese es el hecho, sin adjetivos. Y explica por qué, desde Shanghái a Hefei, pasando por Pekín y Shenzhen, la ciencia de élite se escribe con caracteres chinos… y con impacto global.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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