Síguenos

Viajes

Carreteras cortadas hoy 5 de febrero: mapa DGT para Leonardo

El temporal Leonardo dispara cortes: carreteras por inundación y nieve, tramos muy clave cerrados y mapa DGT en vivo para seguirlo al minuto.

Publicado

el

Carreteras cortadas hoy 5 de febrero

El temporal Leonardo dispara cortes: carreteras por inundación y nieve, tramos muy clave cerrados y mapa DGT en vivo para seguirlo al minuto.

A media mañana de este jueves, el dibujo es claro: el temporal asociado a la borrasca Leonardo ha convertido el mapa de incidencias de la DGT en un tablero lleno de “⚫️”, con cortes totales por inundación sobre todo en Andalucía y, ya en la España del frío, cierres y restricciones por nieve y hielo en áreas de montaña del norte y del centro. En el cuadro de mando oficial de carreteras cortadas por inundación, generado a las 10:15, aparecen tramos cerrados en provincias andaluzas —con especial densidad en Cádiz— y algunos puntos aislados fuera del sur, como Pontevedra o Cáceres.

En paralelo, el parte específico de la DGT para hielo y nieve, generado a las 09:50, marca cierres en negro en puertos y carreteras de montaña —la estampa típica: asfalto oscuro, cunetas blancas, y esa niebla que parece algodón húmedo pegado al parabrisas— con casos muy visibles como los accesos a Sierra Nevada en Granada, y tramos cerrados en zonas de Navarra, Asturias o el norte de Castilla y León.

Leonardo aprieta: cortes, desalojos y rutas rotas

Leonardo no es solo lluvia: es lluvia donde ya había agua, viento empujando frentes, ríos con prisa y laderas que se reblandecen como pan mojado. El resultado, contado en cifras que se mueven con las horas, ha sido un pico de cierres por inundaciones y desprendimientos, concentrado en el sur y con España casi entera bajo avisos meteorológicos en distintos niveles. La cifra que ha circulado en la mañana habla de alrededor de 150 carreteras cerradas, con una mayoría abrumadora en Andalucía y con Cádiz como punto más castigado.

En la trastienda del tráfico, lo que se nota es el efecto dominó: cortes en comarcales que obligan a rodeos largos, accesos rurales que quedan “partidos” por arroyos crecidos, puentes donde el agua pasa por encima como si el tablero fuera una simple piedra plana. La DGT, en su aviso previo a lo peor del episodio, ya había advertido de ese “llueve sobre mojado” que acaba disparando cortes por inundación y deslizamientos, y recomendaba vigilar canales oficiales antes de ponerse en carretera, con especial atención a la zona sur, donde se concentraban los avisos más serios.

Mapa DGT en directo: leer el caos sin perderse

El mapa de la DGT no es un mapa “bonito”, es un mapa útil: un fondo claro, carreteras como venas finas, y encima una lluvia de iconos que parecen chinchetas. Cuando el temporal se pone serio, el truco mental es simple: no mirar cada incidencia como un “caso”, sino como una mancha, una zona donde la movilidad se vuelve frágil. Si el sur se llena de marcas por agua y el norte por nieve, el país queda como un jersey con dos tirones a la vez: el tejido aguanta, sí, pero notas dónde se ha tensado y dónde puede rasgarse.

En ese mapa se mezclan cierres totales, cortes parciales, incidencias por meteorología, obras, accidentes, y restricciones de circulación. La DGT lo alimenta con información de sus centros de gestión y lo complementa con un cuadro de mando que, en situaciones como esta, permite ver de un golpe qué carreteras están cerradas y en qué nivel. Es el mismo ecosistema que la propia DGT señala como canal oficial —web, boletines, redes, teléfono 011— y el mismo que consultan medios y servicios de emergencias cuando toca decidir si un trayecto es razonable o es una invitación al atasco… o a un giro brusco porque el asfalto, sencillamente, ya no está.

Carreteras cortadas por inundación: la foto fija de las 10:15

La “foto fija” de las 10:15 en el cuadro de carreteras cortadas por inundación deja una idea dominante: Andalucía concentra la mayor parte del negro, y dentro de Andalucía hay provincias donde el negro se encadena carretera tras carretera, con tramos cortos —un punto, un vado, un puente— y con tramos más largos donde la circulación queda anulada durante kilómetros. Es el tipo de situación en la que un cierre pequeño no se comporta como “pequeño”, porque te expulsa a rutas alternativas ya saturadas, carreteras secundarias que no están pensadas para absorber tráfico extra y, a veces, desvíos que también dependen de un paso bajo o de un puente cercano que está igual de tocado.

En Córdoba, por ejemplo, aparecen cierres asociados a puentes y pasos sensibles: la CO-3313 figura con anotación de “(PUENTE)” en el entorno de Almodóvar del Río, lo mismo que la CO-4205 y la CO-4207, también marcadas como puentes en tramos que enlazan zonas como Espejo, Montemayor o Jarata; y, en carreteras autonómicas, destaca un cierre largo en la A-333 entre Las Lagunillas e Iznájar, además de cortes puntuales en la A-331 a la altura de La Hoz y en la A-3131 cerca de Jauja. Todo eso suena técnico hasta que lo traduces a lo cotidiano: agua subiendo, arcenes que se deshacen, y un puente que deja de ser “infraestructura” para volver a ser lo que era antes de la ingeniería moderna, un lugar donde hay que parar y mirar.

En Granada, el parte mezcla negro y algún rojo —señal de afectación seria pero no necesariamente cierre absoluto en cada punto— con referencias muy concretas: la A-4026 (puente) entre Cenes de la Vega y Pinos Genil, la A-403R2 (puente) en Benalúa de las Villas, y carreteras provinciales como la GR-3401 en Zujaira o la GR-3412 en Caparacena. En esta provincia el agua tiene además una forma particular de complicarlo todo: convive con relieve, con cauces que bajan con fuerza desde zonas altas, con ramblas que pasan de “secas” a protagonistas en pocas horas, y con carreteras que serpentean cerca de ríos y barrancos.

En Jaén, el listado incluye cierres en la A-420 entre La Ropera y Marmolejo, puntos como Mengíbar (A-6000) o Espeluy (A-6075), y carreteras de la red provincial como la JV-2930 en Lopera. Aquí el patrón se repite con otra textura: mucho trayecto intermedio, carreteras que conectan núcleos relativamente cercanos, desplazamientos diarios que no son “viajes” sino rutina, y cuando la rutina se corta el impacto se nota en servicios, reparto, transporte escolar y entradas a polígonos o zonas agrícolas.

Y luego está Cádiz, que aparece como una constelación densa de cierres en carreteras autonómicas y provinciales: la A-405 en varios tramos (entre San Pablo de Buceite y Castellar, por ejemplo), la A-2101 y la A-2102 en el entorno de Castellar de la Frontera, San Martín del Tesorillo o Torreguadiaro, y un reguero de CA-3102, CA-3104, CA-3110, CA-3113, CA-4107, CA-5101, CA-6101, CA-6105, CA-6200, CA-8200… enumerarlas de corrido suena casi a matrícula, pero el mapa lo traduce bien: es una red secundaria muy extensa y muy pegada al terreno, y cuando el terreno se empapa, esa red es la primera en caer. Cádiz, además, arrastra la combinación típica de estos temporales: zonas donde el agua se acumula rápido, tramos próximos a cauces o vaguadas, y puntos donde la alternativa “fácil” no existe porque el siguiente itinerario te obliga a rodear bastante.

Fuera del sur también hay pinceladas negras: en Salamanca aparecen cortes en la DSA-106 y la DSA-206; en Valladolid figura la VP-4017 (en rojo, afectación importante); en Ávila, la AV-P-536 y la AV-P-537; en Cáceres, la CC-146 hacia Portugal en el entorno de Zarza la Mayor; y en Pontevedra, la PO-11 entre Gandarela y Os Praceres. No es “media España” cerrada en bloque: es más bien un país con puntos frágiles, como si alguien hubiese dejado chinchetas negras en lugares donde el agua se desborda o donde un talud cede, y esa fragilidad se vuelve muy visible justo cuando mucha gente intenta moverse para trabajar, volver a casa o enlazar con un transporte que también se ha visto afectado.

Los cortes que tocan la red principal

Aquí está el matiz que más inquieta cuando uno mira titulares: no es lo mismo que se cierre una local que vertebra dos pueblos que que se toque una autovía. En los recuentos de última hora publicados por medios nacionales se hablaba de dos carreteras de la red principal entre las cerradas, aunque el detalle completo cambia con rapidez y no siempre aparece desglosado igual en cada actualización. La propia DGT, en su nota previa a la fase más adversa, insistía en que las lluvias podían provocar más cortes y que era imprescindible consultar el estado de las vías antes de viajar, y ahí la red principal entra en juego por una razón muy simple: cuando se corta, el desvío no lo absorbe “la de al lado” sin más, lo absorbe una malla entera que ya va tensa, con más vehículos buscando ruta, más camiones reubicando horarios y más posibilidad de embotellamientos en enlaces que normalmente pasan desapercibidos.

Andalucía, Cádiz y compañía: por qué se repite el mismo patrón

En el cuadro de cortes por inundación se repiten dos palabras que dicen más de lo que parece: “(PUENTE)” y “AMBOS SENTIDOS”. Lo primero apunta a puntos donde la hidrología manda; lo segundo, a cierre total, sin medias tintas. En la práctica, muchos cortes se concentran en pasos sobre arroyos, ríos pequeños que se vuelven grandes en pocas horas, y accesos que están a cota baja. Es el tipo de infraestructura que funciona perfecto 360 días al año y que, cuando llegan 48 horas de lluvia persistente, se convierte en cuello de botella, con el agua haciendo de juez: o pasas o no pasas, no hay negociación posible.

Nieve y hielo: cuando el negro no es solo lluvia (09:50)

Mientras el sur pelea con el agua, el parte de hielo y nieve muestra otra España: la de las cadenas, la visibilidad irregular, el sonido seco de la grava bajo rueda cuando el firme empieza a “crujir”. A las 09:50, la DGT marcaba cierres en negro por nieve o hielo en varios puntos, con ejemplos muy claros en Sierra Nevada: la A-395 (puerto de montaña) cerrada entre los kilómetros 32 y 39, y la A-4025 (también puerto) cerrada en su arranque, ambos en la provincia de Granada. Aquí el contraste es casi cinematográfico: abajo, lluvia y barro; arriba, hielo y blanco; y en medio, carreteras que son la frontera práctica entre dos mundos.

En Asturias aparecen cierres como la LN-8 entre Los Pontones y El Quempu, y la SD-2 hacia La Farrapona; en la conexión de puerto, la N-630 por Pajares figura con condiciones de circulación (no cierre total en ese tramo del parte, pero sí señal de meteorología adversa). En Toledo, la TO-1375 se marca directamente en rojo con cierre; en León se acumulan carreteras afectadas con distintos niveles; en Salamanca aparece la DSA-180 cerrada por hielo entre La Hoya y Navacarros; y en Navarra destacan cierres en la NA-2011 y la NA-2012 en zonas de montaña. Es una lista que, más que leerse, se imagina: curvas, sombra permanente, hielo negro que no brilla, y el típico “parecía que estaba seco” que precede a un susto.

Este mismo enfoque lo adelantaba la nota de la DGT del martes, cuando enumeraba autovías y autopistas que podían verse afectadas por nevadas —A-6, AP-6, A-66/AP-66, A-1, A-52, entre otras— recordando que el episodio podía saltar de la comarcal a la vía de alta capacidad si la cota de nieve y la intensidad se alineaban mal. En episodios así, la nieve rara vez llega como postal: llega como problema de adherencia, de visibilidad, de camión cruzado, de retenciones donde el motor se queda al ralentí y el frío empieza a colarse por las rendijas.

Una guía realista para moverse hoy

Lo más honesto, en un día así, es asumir que el mapa es un organismo vivo: lo que a las 09:50 estaba en negro por nieve puede pasar a rojo o abrir con restricciones; lo que a las 10:15 estaba cortado por inundación puede reabrirse si baja el caudal… o empeorar si una balsa de agua revienta un margen. Por eso conviene leer las incidencias como se lee el cielo: no con ansiedad, sino con atención, buscando patrones y evitando el autoengaño del “seguro que ya ha pasado”, porque estos temporales tienen una mala costumbre: cuando parecen aflojar en un sitio, aprietan en otro, y a veces el golpe llega por donde menos ruido hacía.

Si el trayecto pasa por el sur, el núcleo duro está donde el cuadro de mando concentra cierres: Cádiz, Córdoba, Granada, Jaén, Málaga, Sevilla. Si el trayecto pasa por montaña o zonas frías, el parte de nieve/hielo recuerda que el problema no es solo “que nieve”, es que nieve y, después, hiele, y el hielo —ese barniz transparente— es el que hace que una carretera parezca normal hasta que deja de serlo. Y, en todo el país, incluso lejos del titular, quedan esos cortes sueltos fuera de Andalucía que obligan a no dar por hecho que “en mi zona no pasa nada”: ahí están la PO-11 en Pontevedra o la CC-146 en Cáceres como recordatorio de que una incidencia pequeña, en el punto equivocado, te cambia una hora de viaje por dos.

La España partida entre el agua y el hielo

En el fondo, Leonardo está dejando dos Españas simultáneas —agua y hielo— y una tercera, la de los servicios que se resienten cuando el territorio se corta: Renfe ha anunciado suspensiones y ajustes de servicios en el contexto del temporal, y cuando el tren se reduce, parte del tráfico “rebota” a carretera justo cuando la carretera está menos dispuesta a absorberlo. El mapa de la DGT, en días así, no es un accesorio: es el lugar donde se ve, con crudeza, qué tramo sigue siendo carretera y cuál ha vuelto a ser arroyo, y también dónde la nieve convierte un puerto en un portón cerrado con llave, aunque esa llave no la tenga nadie: la tiene la meteorología.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído