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Carreteras cortadas por nieve hoy 2 de febrero: alerta DGT
Mapa de cortes por nieve y hielo: negro y rojo con tramos clave señalados y el foco en Sierra Nevada, Asturias, Salamanca, Cáceres y Navarra.

A las 14:15 de este lunes 2 de febrero, el parte de la Dirección General de Tráfico sitúa once carreteras en nivel negro, es decir, cerradas por nieve o hielo. Granada concentra los cortes de mayor repercusión, incluida la A-92 a la altura del Puerto de la Mora, pero el mapa alcanza también a Asturias, Salamanca, Cáceres y Navarra. En León figura, además, un tramo de la LE-473 con una indicación que exige atención: aparece en rojo, pero señalado expresamente como cerrado.
El dato importa tanto como su hora. El estado de una carretera durante un temporal puede cambiar con una nueva nevada, una bajada de temperatura o el trabajo de los equipos de mantenimiento. El parte de las 14:15 ofrece una fotografía precisa de ese momento, no una garantía para toda la jornada. También permite distinguir entre una vía por la que no se puede pasar y otra abierta únicamente para vehículos que cumplan restricciones de circulación.
Los cortes dibujan un mapa de montaña con una excepción importante
En Granada están en nivel negro la A-395, la A-4025 y la A-92. La primera queda cerrada entre los puntos kilométricos 32 y 39, en el acceso alto a Sierra Nevada. La A-4025 lo está desde el kilómetro 0 hasta el 7,35 por hielo. En la A-92, el corte se extiende del kilómetro 241 al 282, entre Albolote y Albuñuelas según la localización del parte, e incluye el sector del Puerto de la Mora comprendido entre los kilómetros 264 y 282.
Al norte, Asturias registra dos cierres: la LN-8, entre Los Pontones y El Quempu, del kilómetro 10 al 28, y la SD-2, entre Saliencia y La Farrapona, del 0 al 7,2. En Salamanca no se puede circular por la DSA-180 entre La Hoya y Navacarros, del 0 al 9,5, debido al hielo, ni por la DSA-191 en Candelario, del 0 al 10,6, debido a la nevada. Son carreteras de montaña o de acceso a zonas elevadas, donde unos pocos kilómetros pueden separar un firme transitable de otro cubierto.
Los otros cuatro cierres negros se reparten entre Cáceres y Navarra. En la provincia extremeña afectan a la CC-137, entre Nuñomoral y El Gasco, del kilómetro 0 al 8,9, y a la CC-437, en el entorno del Pico Villuercas, del 0 al 10,6. En Navarra permanecen cortadas la NA-2011, del kilómetro 7 al 10 en Pikatua, y la NA-2012, del 7,2 al 23,56 entre Muskilda e Irati. El cierre de la LE-473 leonesa no forma parte de esos once registros negros: su ficha dice rojo cerrado entre Geras y Caldas de Luna, del kilómetro 10 al 23,25. Pese al color, la palabra cerrado es la que determina la situación del tramo.
La distribución tiene una lógica geográfica clara, aunque no uniforme. Puertos, carreteras de sierra y tramos umbríos reúnen buena parte de las incidencias; la A-92 destaca precisamente porque el corte afecta a una autovía, no solo a una vía secundaria de montaña. Desde lejos, el mapa parece una serie de puntos dispersos. Para quien necesita cruzar uno de ellos, la diferencia entre abierto y cerrado puede obligar a replantear todo el trayecto.
Granada: el acceso a Sierra Nevada y la A-92, en el centro del episodio
La situación en Granada no se explica con un único cierre. La A-395 cambia de nivel en el kilómetro 32: desde el 11 hasta ese punto figura en rojo, con circulación condicionada, y desde el 32 hasta el 39 aparece en negro. Es una distinción decisiva para interpretar el acceso a Sierra Nevada. Que una parte de la carretera admita vehículos equipados no significa que el tramo superior esté abierto ni que las mismas condiciones se mantengan a lo largo de toda la subida.
La cercana A-4025 presenta otro problema. Su cierre del kilómetro 0 al 7,35 está atribuido al hielo, no a la nevada. Una carretera helada no necesita mostrar una capa blanca para resultar impracticable: el firme puede parecer despejado y conservar placas, sobre todo en zonas de sombra. El parte no describe el aspecto de cada curva, pero sí deja clara la consecuencia operativa. En el tramo afectado no se permite la circulación.
En torno a esos cortes, varias carreteras granadinas permanecen en rojo por nieve. La A-337 en el Puerto de la Ragua figura con distintos rangos kilométricos en ese nivel. También aparecen la A-4002, carretera del Fargue, del kilómetro 5 al 8,23; la A-4003 hacia Huétor Santillán, del 0 al 5,12; y la A-4030, carretera del Duque, del 0 al 7,38. No están clasificadas del mismo modo que los tramos negros, pero tampoco admiten una circulación ordinaria.
Completan ese entorno condicionado la A-4050, carretera de La Cabra, entre los kilómetros 14 y 29, y la A-4301, en la zona de San Clemente, del 21 al 38. El rojo implica, según las restricciones recogidas en el parte, cadenas o neumáticos de invierno, limitación de velocidad y restricciones para autobuses y vehículos pesados. Son condiciones que pueden complicar las conexiones incluso antes de llegar a una barrera: un vehículo sin el equipamiento exigido no puede tratar un tramo abierto en rojo como una alternativa normal.
La incidencia de mayor escala es la de la A-92. El parte sitúa en negro ambos sentidos entre los kilómetros 241 y 282 y recoge, además, una entrada específica para el Puerto de la Mora entre los kilómetros 264 y 282. Esa segunda referencia describe un sector incluido en el corte amplio, no otra carretera distinta ni kilómetros adicionales. La precisión evita duplicar la incidencia y, al mismo tiempo, identifica el puerto como una parte especialmente relevante de la interrupción.
Que una autovía figure cerrada cambia el alcance del episodio. Los cortes de las carreteras altas afectan de forma directa a sus accesos; el de la A-92 interrumpe un eje de conexión que utiliza tráfico de paso. La nieve en un puerto no solo reduce el agarre. Puede dificultar la visibilidad, ralentizar las máquinas de mantenimiento y convertir un vehículo detenido en un obstáculo para muchos otros. El parte no atribuye el cierre a una cadena concreta de incidentes: lo que confirma es la nevada y la imposibilidad de circular por el tramo señalado.
Asturias: dos pasos cerrados en los valles altos
En Asturias, los cierres se concentran en carreteras cuyos nombres ya sitúan al conductor en la montaña. La LN-8 permanece cortada del kilómetro 10 al 28, entre Los Pontones y El Quempu, por nevada. Dieciocho kilómetros son una extensión considerable en una vía secundaria: el cierre no afecta solo a una curva difícil, sino a todo el sector delimitado en el parte. Las conexiones y los accesos que dependan de él quedan sujetos a esa interrupción.
La SD-2 también está cerrada por nieve entre Saliencia y La Farrapona, del kilómetro 0 al 7,2. En los puertos, la altitud, las pendientes y la exposición pueden hacer que el estado del firme difiera del que se encuentra unos kilómetros más abajo. Por eso una carretera aparentemente practicable antes de ascender no permite deducir que exista paso hasta el final. La indicación oficial para ese tramo es inequívoca: nivel negro.
El tiempo añade dificultad a cualquier valoración basada en lo que se ve desde un punto de partida. En un paisaje húmedo, la nieve puede ablandarse durante las horas menos frías y endurecerse después sobre el asfalto. Una zona soleada puede mejorar mientras una curva en sombra conserva hielo. Ninguna de esas posibilidades sustituye al dato del parte, pero ayuda a entender por qué una vía de montaña no se abre solo porque haya dejado de nevar en el valle.
Los dos cortes asturianos muestran, además, una característica común a muchos puntos del mapa de hoy: son tramos donde la alternativa no siempre está al lado. Una interrupción de pocos kilómetros puede exigir un rodeo largo o impedir el acceso previsto. El número de carreteras cerradas sirve para medir la extensión del temporal; la importancia de cada una depende también de las localidades, los desplazamientos y los servicios que conecta.
Castilla y León: rojo en León, cierres en Salamanca y una etiqueta ambigua
En León predominan los avisos que permiten circular con condiciones. La LE-233 está en rojo del kilómetro 0 al 8, entre Besande y Siero de la Reina, y la LE-234 lo está del 13 al 29, entre Prioro y Siero de la Reina. En ambos casos, el parte contempla el equipamiento invernal exigido, la velocidad limitada y las restricciones para autobuses y pesados. Son vías abiertas bajo reglas severas; el color no equivale a circulación libre.
Otros tres tramos leoneses figuran en amarillo. Se trata de la LE-321 en Redipuertas, del kilómetro 40 al 45,74; la LE-333 entre Cofiñal y Maraña, del 5 al 14; y la LE-481 en Torrestío, del 11 al 15. El amarillo indica dificultades menores que el rojo, pero mantiene restricciones de velocidad y para vehículos pesados. La combinación de ambos niveles retrata una red de montaña afectada de manera desigual, no una provincia completamente bloqueada.
La LE-473 merece una lectura separada. En el tramo Geras-Caldas de Luna, del kilómetro 10 al 23,25, aparece con la indicación rojo cerrado por nevada. No sería correcto incluirla sin matices entre los once cierres de nivel negro; tampoco lo sería presentarla como transitable por estar asociada al rojo. Cuando una ficha combina un color con una indicación expresa de cierre, esa indicación elimina cualquier duda práctica sobre la posibilidad de paso.
Salamanca presenta dos cierres negros con causas distintas. La DSA-180, entre La Hoya y Navacarros, está cerrada por hielo del kilómetro 0 al 9,5. La DSA-191, en Candelario, lo está por nevada del 0 al 10,6. La diferencia meteorológica importa: retirar nieve y recuperar agarre sobre una placa de hielo no plantean exactamente el mismo problema, aunque el resultado para quien circula sea idéntico mientras dure el cierre.
En la misma provincia, la SA-203 hacia Peña de Francia se mantiene en rojo entre El Cabaco y el entorno del puerto, del kilómetro 0 al 12. El contraste con las dos carreteras cerradas ilustra por qué los colores deben leerse tramo a tramo. En una zona de sierra puede haber paso condicionado por una ruta y prohibición total por otra, según el estado del firme y las restricciones vigentes en cada punto.
Cáceres y Navarra: la nieve también corta accesos comarcales
Los cierres de Cáceres recuerdan que la nieve no es exclusiva del norte peninsular. La CC-137 queda cortada entre Nuñomoral y El Gasco, del kilómetro 0 al 8,9, por nevada. También se cierra, por el mismo motivo, la CC-437 del kilómetro 0 al 10,6 en el entorno del Pico Villuercas, identificada en el parte como puerto de montaña. La localización explica mejor la incidencia que cualquier idea general sobre el clima de Extremadura: la altitud cuenta.
En carreteras comarcales, un corte puede tener un efecto distinto al de una gran vía. No concentra necesariamente el mayor volumen de tráfico, pero reduce las opciones de conexión local y puede imponer rodeos que no resultan evidentes sobre un mapa pequeño. Ese es el alcance de los dos tramos cacereños: no constituyen una prohibición general de circular por la provincia, sino interrupciones precisas que afectan a quienes necesitan utilizar esos pasos.
Navarra suma dos carreteras en negro. La NA-2011 está cerrada en Pikatua entre los kilómetros 7 y 10; la NA-2012 lo está entre Muskilda e Irati, del 7,2 al 23,56. Ambas incidencias se atribuyen a la nevada. La sombra de los bosques y el relieve de estos accesos ayudan a comprender por qué la nieve puede permanecer en unos sectores mientras otros mejoran, aunque el parte de las 14:15 no permite anticipar cuánto durará cada cierre.
Más al norte, en el entorno de Isaba/Izaba, aparecen dos tramos abiertos en rojo: la NA-137 del kilómetro 55 al 59 y la NA-2000 del 0 al 9,18. Exigen cadenas o neumáticos de invierno, limitan la velocidad y restringen el paso de autobuses y vehículos pesados. El contraste resume la situación navarra de hoy: algunos accesos están cortados; otros admiten circulación, pero únicamente bajo las condiciones de un episodio de nieve.
Qué significan negro, rojo, amarillo y verde en el parte
El nivel negro significa carretera cerrada. Es la diferencia esencial frente a los demás colores: no expresa una recomendación de extremar la prudencia ni una invitación a valorar si el vehículo puede superar el tramo. Señala que no hay paso por la vía afectada. Los puntos kilométricos delimitan dónde se aplica esa situación, y por eso una carretera puede estar en rojo hasta cierto punto y pasar a negro a continuación, como ocurre con la A-395.
El nivel rojo permite circular solo con restricciones severas. En las fichas de hoy se repite la obligación de llevar cadenas o neumáticos de invierno y un límite de 30 km/h, además de las restricciones para autobuses y vehículos pesados. El rojo no describe una carretera cerrada por defecto, pero tampoco garantiza que cualquier turismo pueda usarla. La excepción de la LE-473 obliga a leer la indicación completa: allí el texto señala expresamente el cierre.
En amarillo, el parte recoge tramos donde se mantiene la circulación con limitaciones. Entre ellas figura el límite de 60 km/h y la restricción para pesados. Un ejemplo fuera de las provincias con cierres negros es la A-136, entre los kilómetros 25 y 26,7, en la frontera del Portalet, afectada por nevada. Que el nivel sea menos severo no elimina el efecto de un cambio meteorológico posterior; solo describe las condiciones vigentes cuando se emite la información.
El verde tampoco debe interpretarse como ausencia absoluta de medidas. La A-52 figura en verde del kilómetro 79 al 112, entre Triufé y A Canda, en el corredor entre Zamora y Ourense, con prohibición de adelantar para vehículos pesados. Es una restricción concreta en una vía por la que se circula. El sistema de colores, leído junto con los detalles de cada ficha, permite distinguir entre prohibición total, circulación condicionada y medidas preventivas sin confundirlas.
Esta gradación no responde únicamente a la cantidad de nieve visible. Importan el agarre del firme y la posibilidad de mantener el paso, además de la pendiente, la visibilidad, el tráfico y la evolución del tiempo. Un tramo puede conservar circulación en amarillo mientras otro de la misma zona se sitúa en rojo, y un tercero puede cerrarse. El color resume una decisión operativa; los kilómetros y las restricciones explican cómo afecta a cada carretera.
El hielo y la hora del parte cambian la lectura del mapa
Una nevada se reconoce desde lejos; el hielo, no siempre. En este parte hay dos cierres negros atribuidos específicamente a ese fenómeno: la A-4025 en Granada y la DSA-180 en Salamanca. El dato evita reducir toda la jornada a una cuestión de nieve acumulada. Una placa puede permanecer en un puente, una vaguada o una zona que apenas recibe sol mientras el asfalto próximo parece despejado. Esa diferencia es difícil de apreciar desde el vehículo y explica la importancia de la indicación oficial.
También importa el momento en que se consulta la situación. El documento de referencia está fechado a las 14:15 del lunes 2 de febrero; desde entonces, los trabajos de limpieza pueden mejorar un acceso y una nueva precipitación puede devolverle la nieve. Al caer la temperatura, el agua sobre el firme puede congelarse. No hay una hora universal a la que todos los tramos empeoren o se reabran: cada carretera responde a sus condiciones y a la evolución del episodio.
Los puntos kilométricos ofrecen más precisión que una referencia genérica al puerto o a la comarca. En la A-395, por ejemplo, el kilómetro 32 separa el rojo del negro en el parte. En la A-92, el sector del Puerto de la Mora está incluido dentro de un corte más extenso. Sin esas delimitaciones sería fácil creer que una prohibición alcanza toda la vía o, al contrario, que termina antes de lo indicado. En un temporal, unos kilómetros de diferencia cambian por completo el significado de una ruta.
La lectura también debe evitar una falsa seguridad en los tramos abiertos. Una carretera roja puede estar practicable para un turismo debidamente equipado y vedada a un autobús o un camión; una amarilla puede imponer una velocidad inferior a la habitual; una verde puede limitar los adelantamientos de pesados. Abierto no significa circular como en un día despejado. Significa que se admite el paso bajo las condiciones concretas que figuran para ese sector y en ese momento.
Las restricciones buscan impedir que un incidente bloquee toda la vía
Los temporales hacen visible una parte del trabajo de gestión del tráfico que normalmente pasa inadvertida. Restringir vehículos pesados en una subida nevada, limitar adelantamientos o reducir la velocidad no elimina el mal tiempo, pero disminuye el riesgo de que un vehículo detenido cierre el paso a los demás. En un puerto, una retención puede dificultar incluso el trabajo de las máquinas encargadas de despejar la calzada. Las restricciones responden a esa fragilidad del conjunto, no solo al agarre de cada coche por separado.
Un cierre también desplaza desplazamientos hacia otras carreteras. Las rutas alternativas pueden discurrir a menor altitud y, aun así, tener menos capacidad o concentrar tráfico que normalmente no reciben. Por eso un corte localizado puede afectar a conexiones más amplias sin que esas vías secundarias aparezcan cerradas en el parte. La A-92 ilustra especialmente bien ese efecto: al tratarse de una autovía, su interrupción tiene una repercusión distinta de la de un acceso alto utilizado por menos vehículos.
La nieve, además, no actúa sola en todos los sectores de un temporal. El viento puede volver a depositarla sobre un tramo despejado y la humedad puede favorecer la formación posterior de hielo. Son mecanismos que explican la evolución de las incidencias, no causas adicionales confirmadas para cada cierre de hoy. El parte atribuye sus registros a nevada o hielo; no detalla en todas las carreteras qué combinación de condiciones ha llevado a cada decisión operativa.
De ahí que el mapa tenga dos lecturas simultáneas. Una es inmediata: dónde no hay paso y dónde se circula con limitaciones. La otra muestra cómo se administra una red bajo presión: se cierra donde no puede mantenerse la circulación, se condiciona donde todavía es posible y se aplican medidas preventivas en los tramos menos afectados. Esa secuencia no es fija. Si cambian el firme y la meteorología, también pueden cambiar las restricciones.
Una jornada en la que cada tramo cuenta
La fotografía oficial de las 14:15 deja once carreteras en nivel negro, desde Sierra Nevada y el Puerto de la Mora hasta los valles asturianos, la sierra salmantina, las montañas de Cáceres y los accesos navarros. A esa relación se suma la LE-473, identificada como rojo cerrado. Alrededor hay carreteras en rojo y amarillo, y una A-52 en verde con prohibición de adelantar para pesados. El panorama no admite una etiqueta única para regiones enteras: depende de la carretera y, a menudo, de sus kilómetros concretos.
La nieve dibuja el episodio a simple vista, pero el hielo y los cambios de temperatura ayudan a explicar por qué unos tramos siguen abiertos y otros quedan vedados. En una misma subida puede haber circulación condicionada hasta un punto y cierre completo poco después. Esa frontera, invisible desde la distancia, es la noticia más importante del mapa de hoy: en la carretera de invierno no basta con conocer el destino; importa el estado exacto del camino que lleva hasta él.

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