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¿Por qué Ariana Grande exige a Trump que no vuelva a usar su música?

Ariana Grande carga contra Trump por usar una de sus canciones en un vídeo sobre deporte trans y le exige que no vuelva a utilizar su música.

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Cynthia Erivo frenó intruso Ariana Grande

Ariana Grande ha vuelto a chocar con Donald Trump. Esta vez, el detonante ha sido “We Can’t Be Friends (Wait For Your Love)”, uno de los grandes éxitos de la cantante, utilizado en un vídeo publicado el 20 de agosto por la cuenta oficial Team Trump en TikTok. El clip mostraba al presidente estadounidense caminando hacia un estrado mientras aparecía un mensaje contra la participación de personas trans en el deporte femenino. Grande respondió allí mismo, en los comentarios, con pocas palabras y ninguna diplomacia de salón: pidió que no volvieran a usar su música y rechazó el mensaje difundido por el equipo presidencial.

La polémica no es un simple rifirrafe entre una estrella del pop y un político con querencia por las redes sociales. Hay dos asuntos mezclados —y bastante combustible entre ambos—: el uso de canciones de artistas que no quieren aparecer asociados políticamente a Trump y una batalla estadounidense mucho más profunda sobre las personas trans, el deporte, el concepto legal de sexo y los límites de las políticas federales. La canción fue finalmente retirada del vídeo por el titular de los derechos, según la información disponible.

El vídeo de Team Trump que encendió a Ariana Grande

La publicación aprovechaba una de las frases de “We Can’t Be Friends” para construir el mensaje político. Mientras sonaba la canción de Grande y Trump avanzaba hacia el podio, el vídeo utilizaba la referencia a “mi verdad” presente en el tema para introducir después una afirmación sobre sexo biológico, embarazo y deporte femenino. La descripción remataba la pieza asegurando que aquello no debería resultar controvertido.

La combinación estaba hecha a medida de TikTok: canción reconocible, rostro reconocible, mensaje de pocas palabras y un asunto capaz de incendiar los comentarios antes de que termine el estribillo. Pero había una pequeña dificultad, bastante previsible: la autora de la música estaba en las antípodas del mensaje.

Grande contestó directamente desde su cuenta. Su frase fue breve: “Never use my music again. Also, your truth is false”. Es decir, pidió que no se utilizara de nuevo su música y añadió que esa “verdad” era falsa. Su comentario dejó de estar visible posteriormente. La respuesta, por cierto, parece jugar deliberadamente con la propia letra utilizada por Team Trump: el equipo presidencial convierte la expresión “mi verdad” en material político y la cantante se la devuelve. TikTok, política y semántica pop en apenas unos segundos.

El audio terminó desapareciendo del TikTok

La disputa no quedó únicamente en el comentario de Ariana Grande. A primera hora del 22 de agosto, el audio de la canción había sido retirado de la publicación para los usuarios de Estados Unidos. TikTok mostraba que el propietario de los derechos no había puesto ese sonido a disposición en el país.

Ese detalle importa. Una cosa es que un cantante publique su enfado y otra que el tema deje efectivamente de acompañar el contenido. En este caso ocurrió lo segundo. El vídeo podía seguir existiendo, pero había perdido precisamente el elemento cultural que le daba buena parte de su potencia viral: una canción mundialmente conocida de Ariana Grande.

No es la primera pelea entre Grande y la Casa Blanca

El episodio tiene precedente inmediato. En junio, la Casa Blanca empleó “Bye”, otro tema de Grande, en un vídeo sobre detenciones realizadas por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, el ICE. Las imágenes mostraban arrestos mientras la publicación jugaba con el título de la canción y el endurecimiento migratorio impulsado por Trump.

Grande reaccionó entonces con todavía más contundencia. Calificó el contenido de bárbaro, inhumano y atroz y pidió expresamente que su música no volviera a utilizarse en ese contexto. Poco después, la canción dejó de sonar en aquella publicación. No hacía falta precisamente una bola de cristal para imaginar que recurrir otra vez al catálogo de la cantante podía acabar mal. Dos meses después, pasó exactamente eso.

La repetición convierte el asunto en algo distinto de un desacuerdo ocasional. Grande no está protestando porque una canción concreta haya aparecido en un montaje que no le gusta; está marcando públicamente una frontera respecto al uso político de su obra por el entorno de Trump.

Trump se encuentra con un problema conocido: los músicos dicen no

Ariana Grande tampoco está sola. Distintos artistas han objetado durante años al empleo de sus canciones en actos, campañas o publicaciones relacionadas con Trump. En los últimos meses el problema se ha trasladado con especial intensidad a las redes sociales, donde una canción conocida puede transformar un vídeo institucional bastante gris en una pieza con millones de visualizaciones.

Taylor Swift vio retirado en agosto su tema “August” de otro TikTok de Team Trump. Noah Kahan protestó después de que la Casa Blanca utilizara una canción suya; Katy Perry hizo lo mismo con “Firework” tras aparecer en un vídeo relacionado con acciones militares. Sabrina Carpenter y Olivia Rodrigo también han rechazado públicamente que su música se emplee para promover determinadas políticas de la Administración.

El mecanismo tiene una evidente paradoja: una maquinaria política utiliza el prestigio, la familiaridad y la emoción de la cultura popular para reforzar un mensaje, pero el artista puede aparecer horas después diciendo que no respalda nada de aquello. La banda sonora que pretendía suavizar o hacer viral la propaganda termina convirtiéndose en la noticia.

El mensaje sobre las personas trans no apareció por casualidad

El contenido elegido por Team Trump forma parte de una línea política mucho más amplia. Desde el inicio de su segundo mandato, Donald Trump ha situado las cuestiones relacionadas con sexo y género entre los ejes visibles de su Administración.

En febrero de 2025 firmó una orden ejecutiva destinada a impedir la participación de mujeres trans en categorías deportivas femeninas dentro del ámbito afectado por la política federal. El Gobierno sostiene que separar esas competiciones atendiendo al sexo biológico protege la igualdad competitiva, la seguridad y las oportunidades de mujeres y niñas. Sus críticos consideran que estas políticas discriminan a las personas trans y convierten casos deportivos concretos en una batalla política mucho más general.

El asunto, además, ha pasado por el Tribunal Supremo. El 30 de junio de 2026, el alto tribunal resolvió los casos procedentes de West Virginia e Idaho y sostuvo que esos estados podían mantener equipos femeninos definidos en función del sexo biológico sin vulnerar, en los supuestos examinados, el Título IX ni la cláusula de igualdad de protección de la Decimocuarta Enmienda. La decisión consolidó jurídicamente una parte importante de la posición defendida por los gobiernos republicanos, aunque no borró —ni mucho menos— la controversia social y política.

Por eso el vídeo de Team Trump no era una ocurrencia aislada del community manager de turno. Condensaba en unos segundos una posición política reconocible de la Administración y la empaquetaba utilizando uno de los grandes éxitos de una cantante que lleva tiempo mostrando posiciones muy distintas.

Por qué la respuesta de Ariana Grande ha tenido tanta repercusión

La fuerza del episodio está precisamente en su sencillez. No hubo comunicado de tres páginas, rueda de prensa ni abogado leyendo cláusulas. Una de las artistas más populares de Estados Unidos encontró su propia canción acompañando un mensaje político con el que no quería ser identificada y respondió públicamente.

Eso transforma la disputa por los derechos musicales en una cuestión de asociación política. Una canción no llega vacía a un vídeo. Lleva detrás la imagen de quien la interpreta, su público, recuerdos, emociones y una determinada carga cultural. Cuando una organización política la emplea, se beneficia inevitablemente de parte de ese equipaje aunque el músico no haya respaldado el mensaje.

Y ahí está el choque de fondo. Trump y su equipo dominan desde hace años una comunicación diseñada para ocupar la conversación digital: mensajes muy simples, provocación, memes, celebridades, canciones reconocibles. Funciona porque convierte cuestiones políticas complejas en pequeñas cápsulas fácilmente compartibles. El inconveniente aparece cuando la celebridad utilizada como combustible decide contestar.

Grande lo hizo y el relato cambió de dueño. El vídeo pretendía hablar de Trump y del deporte femenino; terminó hablando de Ariana Grande diciéndole a Trump que dejara sus canciones en paz. Difícil encontrar una demostración más limpia de cómo funciona —y cómo a veces se vuelve contra quien la utiliza— la política convertida en contenido para redes.

Una canción pop convertida en otra batalla política

El enfrentamiento entre Ariana Grande y Donald Trump resume bastante bien la política cultural estadounidense de estos años. Una canción de ruptura sentimental acaba atrapada en una discusión sobre personas trans, derechos de autor, comunicación presidencial y guerra cultural. Parece improbable hasta que uno recuerda que todo sucede en TikTok.

Lo indiscutible es más sencillo. Team Trump utilizó “We Can’t Be Friends” en un vídeo político, Ariana Grande rechazó públicamente ese uso y pidió que no se repitiera; después, el audio fue retirado de la publicación por el titular de los derechos. Y no era la primera vez: en junio había ocurrido algo parecido con “Bye” y un vídeo relacionado con el ICE.

El resto pertenece a una pelea bastante mayor. La Administración Trump seguirá defendiendo sus políticas sobre sexo y deporte; Grande seguirá teniendo derecho a dejar clara su posición política y artística. Lo que resulta cada vez más difícil es fingir que colocar una canción famosa detrás de un mensaje institucional es un gesto neutro. La música también comunica, incluso cuando quien pulsa “publicar” preferiría que el cantante no contestara.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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