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Ana Obregón relata su estancia de dos semanas en casa de Epstein
Su versión sitúa el vínculo en una ayuda puntual tras un incendio y rechaza que hubiera romance o negocios familiares.

Ana Obregón contó que pasó dos semanas en el apartamento de Jeffrey Epstein en la Quinta Avenida de Nueva York después de que un incendio dejara inhabitable su pequeño piso. Según relató en el programa ¡De viernes!, llamó al financiero porque estaba sola en la ciudad y necesitaba ayuda; él le ofreció alojarse en su casa. La actriz sostiene que entre ambos no hubo una relación sentimental ni sexual y niega que su familia hiciera negocios con él.
Su testimonio llegó después de que The New York Times publicara una investigación sobre los vínculos de Epstein con Obregón y su familia. El diario situó el primer encuentro alrededor de 1982 y describió una relación amorosa, versión que ella rechaza. La estancia de dos semanas y el motivo que la originó forman parte de la versión de la actriz; las interpretaciones sobre el alcance de su relación y el papel de su entorno familiar son precisamente el centro de la controversia.
Una ayuda puntual en Nueva York
Obregón explicó que entonces vivía en un apartamento pequeño mientras estudiaba y que una noche dejó encendida una cafetera. El fuego se extendió por la vivienda y, según su relato, perdió sus pertenencias y tuvo que acudir al hospital. En aquella situación recordó que tenía dos teléfonos de personas conocidas en Nueva York: los del actor Robert De Niro y Epstein. Decidió llamar a este último y pedirle ayuda. El incendio, no una convivencia planificada, fue el motivo que la llevó a su apartamento, tal como lo contó en televisión.
La oferta de alojamiento fue en la residencia de la Quinta Avenida que el financiero tenía en Manhattan. La actriz afirmó que permaneció allí dos semanas y que no ocurrió nada entre ellos. También describió a Epstein como alguien atractivo, amable y con dinero, pero dijo que no sentía interés sexual por él. En su relato, la hospitalidad no fue el inicio de un romance, sino una respuesta generosa a una emergencia personal. Esa distinción resulta importante porque contradice directamente la caracterización de la relación publicada por el diario estadounidense.
La versión televisiva no cambia el hecho de que ambos mantuvieron contacto y de que Epstein la ayudó en un momento delicado. Sí discute qué significado debe darse a esa cercanía. Una estancia compartida durante unos días no demuestra por sí sola una relación amorosa ni una asociación económica; para sostener esas conclusiones hacen falta pruebas distintas de la convivencia. Obregón ha insistido en separar el favor que recibió de cualquier vínculo empresarial y ha negado que el magnate obtuviera dinero gracias a su familia.
Cómo se conocieron y qué publicó The New York Times
La investigación de The New York Times situó el encuentro de ambos alrededor de 1982, cuando Obregón era una joven actriz española en Nueva York. Según el relato del periódico, un conocido común los presentó. El diario describió a Epstein como un hombre bien relacionado y sostuvo que durante años mantuvo un romance con la española, al tiempo que tenía otra relación con Eva Andersson, modelo y ex Miss Suecia. También recogió versiones de personas próximas al financiero que atribuían a Obregón un lugar destacado entre sus relaciones afectivas.
Obregón cuestionó de forma tajante esa reconstrucción y dijo que el periódico se había equivocado en todo lo relativo a ella. En el programa explicó que conoció a Epstein por la intermediación de un amigo y que se lo presentaron como uno de los solteros más codiciados de Manhattan. La actriz también negó que hubiera sido su pareja. En otra parte de su explicación señaló que entonces mantenía una relación con Miguel Bosé, aunque las circunstancias de esa relación cambiaron durante su estancia en Estados Unidos. El desacuerdo no se limita a una etiqueta: enfrenta relatos distintos sobre la naturaleza y la duración del vínculo.
La diferencia entre ambas versiones obliga a tratar con cautela las afirmaciones que se atribuyen a terceros. El periódico presentó una investigación basada en documentos y testimonios, mientras que Obregón aportó su recuerdo personal de los encuentros y negó el romance. Con la información pública recogida en estas referencias no es posible convertir una de las narraciones en un hecho probado en todos sus detalles. Lo que sí queda establecido por su testimonio es que reconoce haber conocido a Epstein, haber recibido alojamiento y haber mantenido trato con él. Lo que discute es la interpretación de esa relación y su conexión con la fortuna del financiero.
La fortuna del financiero y la familia Obregón
Uno de los puntos más delicados de la información publicada fue la posible conexión entre Epstein, la familia de Ana Obregón y el origen de su fortuna. La actriz negó que el empresario hubiera hecho dinero gracias a ella o a sus padres. Para respaldar su objeción, recordó que cuando lo conoció ya disponía de una vivienda de grandes dimensiones en la Quinta Avenida, un Rolls-Royce y chófer. A su juicio, esos signos de riqueza mostraban que Epstein ya tenía recursos antes de que ella entrara en su vida.
Obregón también afirmó que Epstein conoció a sus padres durante una visita a España, pero negó que esa visita tuviera relación con negocios. Según su versión, el encuentro familiar se produjo después de la ayuda que él le había prestado en Nueva York y estuvo marcado por la gratitud hacia quien la había acogido. Conocer a sus padres no equivale, por sí mismo, a mantener una relación comercial, y la actriz rechazó expresamente que su familia le transfiriera una fortuna o participara en operaciones financieras con él.
La investigación periodística y la respuesta de Obregón deben distinguirse de las conclusiones que no están acreditadas por estos datos. Que el diario planteara una conexión familiar no convierte automáticamente esa hipótesis en una prueba de que la familia originara la riqueza del magnate. Del mismo modo, la negación de la actriz expresa su versión, pero no permite reconstruir por sí sola todas las finanzas de Epstein. El punto concreto que ella desmiente es que su familia contribuyera a crear o recuperar su fortuna; las referencias disponibles no detallan aquí operaciones, documentos o cantidades que permitan precisar más.
La fotografía en la limusina y la fiesta de Elizabeth Taylor
Entre las imágenes que han vuelto a circular está una fotografía de Obregón y Epstein en una limusina, camino de una fiesta homenaje a Elizabeth Taylor. La actriz recordó que él la llevó al evento poco después de conocerse y que la experiencia la impresionó. Según su explicación, la invitación también refleja que Epstein tenía acceso a círculos sociales y celebridades antes de que ella formara parte de su entorno. La fotografía prueba que compartieron una ocasión pública, pero no acredita por sí sola un romance ni una relación de negocios.
Obregón ha dicho que hoy le produce rechazo volver a ver esa imagen por la persona en que Epstein terminó convirtiéndose. Ese malestar posterior convive con el recuerdo de la ayuda que recibió en Nueva York: puede reconocer el gesto de alguien que la alojó y, a la vez, condenar con firmeza sus delitos. No es una contradicción necesaria. Los recuerdos de una relación personal no borran la conducta criminal que se conoció después, del mismo modo que conocer a alguien en una fiesta no implica saber de antemano qué actividades ocultaba.
El episodio también explica por qué la fotografía adquiere un sentido distinto con el paso del tiempo. En su momento, mostraba a una actriz joven acompañada por un financiero con contactos en el mundo del espectáculo; después, al hacerse públicos los delitos de Epstein, la misma imagen quedó asociada a una figura marcada por el abuso y la explotación sexual. El contexto posterior transforma la lectura pública de la foto, aunque no cambie lo que la imagen demuestra materialmente: que ambos estuvieron juntos en una limusina camino de un acto social.
Cuándo supo quién era Epstein
La actriz situó años después el momento en que conoció la dimensión de los delitos de Epstein. Contó que, en 2010, su hijo se marchó a estudiar a Carolina del Norte y ella se trasladó a Miami. Mientras veía un programa sobre depredadores sexuales, se encontró con información sobre el financiero y no reconoció de inmediato que se trataba de la misma persona que había conocido en Nueva York. Según explicó, llevaba muchos años sin saber de él. Su relato separa el trato que mantuvo en los años 80 del conocimiento posterior de los crímenes.
Obregón ha descrito esa revelación como una sorpresa y ha expresado repugnancia por lo que supo de Epstein. También contó que pidió a una amiga común su número porque quería llamarlo para transmitirle su rechazo. En sus declaraciones públicas, la indignación por los delitos aparece junto a la defensa de su propia historia: sostiene que fue engañada por la imagen social que él proyectaba y que no conocía entonces la conducta que salió a la luz después.
Ese desfase temporal es central para interpretar su testimonio, pero no debe confundirse con una prueba general sobre lo que otras personas sabían. La actriz habla de su experiencia y del momento en que dice haber descubierto la información; su relato no permite concluir qué conocían los demás miembros de los círculos de Epstein ni cuándo lo supieron. La diferencia entre el personaje que alguien muestra en una relación social y sus delitos ocultos puede ser difícil de detectar para quienes lo trataron, aunque esa consideración no resuelve por sí sola las preguntas que planteó la investigación periodística.
Una relación discutida, no una prueba de participación
Jeffrey Epstein fue condenado por delitos sexuales y murió en una cárcel en 2019. La posterior difusión de documentos y nuevas investigaciones mantuvo el caso en la agenda pública y volvió a poner bajo escrutinio a personas que habían coincidido con él. En ese contexto, la presencia de Obregón en una fotografía o su estancia en su vivienda adquirieron una relevancia que no tuvieron mientras la relación se entendía como un trato social entre conocidos. La gravedad de los delitos de Epstein hace necesario distinguir con cuidado entre haberlo conocido y haber participado en sus crímenes.
En las informaciones de referencia no se atribuye a Obregón una participación en los delitos sexuales del financiero. La controversia que ella abordó se refiere a cómo se conocieron, si fueron pareja y si su familia estuvo relacionada con el origen de la fortuna. Mantener esa precisión evita que la notoriedad del caso convierta cualquier vínculo personal en una acusación distinta. También impide el error inverso: que la explicación de una estancia en su casa se use como respuesta automática a todas las cuestiones económicas o periodísticas planteadas.
La actriz ha defendido que su relación fue una amistad puntual, marcada por la ayuda tras el incendio, y ha rechazado el relato sentimental del periódico. The New York Times, por su parte, publicó una reconstrucción que incluye testimonios y afirmaciones diferentes. La información disponible deja un desacuerdo entre la investigación y la versión de Obregón; presentar ese desacuerdo con claridad es más riguroso que resolverlo mediante una conclusión que los datos aportados no permiten sostener.
Lo que permanece detrás de la imagen
La estancia en la Quinta Avenida resume una historia con dos planos que no conviene mezclar. En el primero están los hechos que Obregón reconoce: conoció a Epstein, acudió a él tras un incendio, aceptó alojarse en su casa durante dos semanas y lo presentó a sus padres. En el segundo están las interpretaciones que rechaza: que fueran pareja, que él construyera su fortuna gracias a ella o que hubiera negocios con su familia. La actriz admite el contacto y niega que tuviera el significado que le atribuyó la investigación periodística.
También queda la imagen de la limusina, ahora cargada de una historia que no era visible cuando se tomó. Obregón ha expresado rechazo hacia el hombre en que Epstein se convirtió, aunque conserve el recuerdo de la ayuda concreta que recibió. Esa coexistencia puede resultar incómoda, pero forma parte de su explicación: una persona puede haber ofrecido un gesto amable en una circunstancia particular y, más tarde, quedar asociada a delitos gravísimos. El gesto no absuelve al financiero; los delitos tampoco alteran por sí solos los detalles verificables de aquella noche.
Por ahora, la manera más precisa de contar el episodio es mantener separados el testimonio de la actriz y las afirmaciones de la investigación. Dos semanas de alojamiento describen una experiencia personal; no bastan para demostrar una relación romántica ni una conexión económica. La relevancia pública del caso exige atender a las pruebas y atribuir cada versión a quien la sostiene, sin convertir una fotografía, una amistad o una ayuda puntual en algo que los datos disponibles no demuestran.

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