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Naturaleza

¿Por qué el alga asiática enfrenta a Cantabria y al Gobierno central?

El alga asiática vuelve a Noja y Cantabria estudia reclamar al Estado una limpieza marina de casi 600.000 euros tras retirar 7.000 toneladas.

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alga asiática en Cantabria

Cantabria estudia acudir a los tribunales para reclamar al Estado el dinero gastado en retirar el alga asiática invasora de sus playas. El conflicto se ha reabierto tras la llegada de nuevos restos a Trengandín, en Noja, aunque la cantidad observada en junio es pequeña, no impide el baño ni el paseo y, de momento, no requiere un operativo especial de limpieza.

Detrás de la amenaza judicial está la factura del verano de 2025: más de 7.000 toneladas recogidas en Noja y Santoña y un desembolso que el Gobierno cántabro cifra actualmente en casi 600.000 euros durante apenas tres semanas de agosto. La discusión no consiste solo en quién manda sobre el mar. Consiste, sobre todo, en quién abre la cartera cuando la marea deposita una montaña húmeda, oscura y maloliente sobre la arena.

El alga asiática nunca llegó a marcharse de Noja

La alcaldesa de Noja, Mireia Maza, ha rebajado la alarma ante los restos aparecidos en Trengandín. Son escasos, no cubren toda la playa y no han alterado su uso habitual. El Ejecutivo autonómico asegura que actuará si la acumulación crece o se aproxima al escenario vivido el pasado verano.

Lo ocurrido, sin embargo, no puede describirse como una nueva llegada. La Rugulopteryx okamurae sigue asentada en el medio marino. Parte de su biomasa se desprende, es transportada por las corrientes y termina encallando en la costa. A veces aparece como una franja discreta entre la espuma; otras, como sucedió en agosto de 2025, forma capas de más de un metro que reaparecen pocas horas después de haber pasado las máquinas.

Esa persistencia explica la frase de la alcaldesa: el alga no ha vuelto porque, en realidad, nunca se fue. Limpiar el arenal elimina las consecuencias visibles, pero no la población que continúa creciendo bajo el agua. Es como barrer una habitación mientras alguien sigue arrojando tierra por la ventana.

Por qué esta especie se reproduce con tanta rapidez

Originaria del Pacífico noroccidental, esta alga parda fue incorporada en 2020 al Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. Su expansión preocupa porque coloniza fondos rocosos, compite con comunidades autóctonas y produce una enorme cantidad de biomasa mediante reproducción vegetativa. Un fragmento desprendido no siempre es un resto inerte: puede contribuir a la dispersión.

Las temperaturas elevadas favorecen su proliferación durante los meses cálidos, cuando aumenta la presencia de individuos fértiles, propágulos y esporas. El calentamiento del mar puede ofrecerle temporadas más largas y condiciones favorables en zonas donde antes encontraba un clima menos cómodo. No es el único factor —influyen las corrientes, el oleaje, los fondos disponibles y el transporte marítimo—, pero sí añade combustible a una invasión que ya viaja con el depósito lleno.

Un problema ecológico que termina en la arena

La especie puede cubrir comunidades del fondo y alterar hábitats donde viven peces, moluscos y otras algas. Los pescadores también sufren sus efectos cuando la biomasa queda atrapada en redes y aparejos, reduce la eficacia de las capturas o multiplica las horas de limpieza.

En tierra cambia la naturaleza del problema. Las grandes acumulaciones pierden agua, fermentan al sol y desprenden un olor intenso. No existen pruebas de que el contacto ordinario con el alga suponga por sí mismo un peligro general para los bañistas, pero la descomposición masiva sí obliga a vigilar los gases y las molestias que puede generar, especialmente si permanece amontonada durante días.

Por qué no resulta sencillo recogerla antes de que toque la costa

La solución aparentemente obvia sería interceptarla en el mar. No es tan fácil. La estrategia estatal advierte de que esta especie no permanece flotando de manera estable: tiende a hundirse y vuelve a la columna de agua por efecto del oleaje. Recogerla allí puede resultar poco eficaz, remover el fondo o capturar organismos que nada tienen que ver con la invasión.

Por eso los documentos técnicos aconsejan, con carácter general, retirar la biomasa una vez depositada en la zona emergida, evaluando antes su volumen, el olor, la erosión de la playa y la presencia de especies sensibles. Cuando la cantidad es pequeña y discontinua, la maquinaria pesada puede causar más daño que el propio arribazón. Una pala excavadora no distingue con especial delicadeza entre alga, arena y ecosistema dunar.

Quién tiene realmente la competencia para retirarla

Cantabria sostiene que el Estado debe intervenir porque la especie vive en el mar, invade varias comunidades y exige una respuesta nacional. El consejero de Medio Ambiente, Roberto Media, reprocha al Ministerio para la Transición Ecológica que haya tratado el asunto como una simple limpieza de playas y plantea reclamar tanto los gastos de 2025 como los que puedan producirse este verano.

El Ministerio maneja una lectura distinta. La estrategia nacional aprobada en 2022 establece la coordinación general, la investigación y las directrices de control, pero atribuye a las comunidades autónomas la elaboración y articulación de los planes de gestión de biomasa. Una guía técnica publicada después insiste en que la preparación y aprobación de esos planes corresponde exclusivamente a los gobiernos autonómicos, en colaboración con las demás administraciones implicadas.

La legislación de costas añade otra pieza al rompecabezas: entre las funciones municipales figura mantener las playas y zonas públicas de baño en condiciones de limpieza, higiene y salubridad. Estado, comunidad y ayuntamiento tienen, por tanto, papeles distintos y parcialmente solapados. El alga, que no suele mostrar demasiado respeto por los organigramas, pasa de una jurisdicción a otra con cada golpe de mar.

La reclamación judicial no tiene una victoria asegurada

Cantabria todavía no ha presentado la demanda. Ha anunciado que estudia seriamente esa posibilidad, de modo que no existe por ahora un procedimiento judicial ni una cantidad reclamada formalmente. Antes de llegar a los tribunales tendría que concretar qué actuaciones considera competencia estatal, qué gastos pretende recuperar y en qué norma fundamenta la obligación de pago.

La posición regional cuenta con un argumento político sólido: una invasión marina de alcance nacional desborda la capacidad financiera de un municipio turístico como Noja. También puede defender que el Estado no debería limitarse a redactar estrategias mientras las administraciones territoriales pagan camiones, tractores, operarios, transporte y tratamiento.

El obstáculo jurídico está en los propios documentos estatales. Estos sitúan en las comunidades autónomas la responsabilidad de organizar los planes de retirada y gestión de la biomasa. La limpieza ordinaria de playas, por otro lado, aparece tradicionalmente vinculada a los municipios. Reclamar cooperación económica es razonable; demostrar que toda la factura corresponde legalmente al Estado será bastante más complicado.

Las cifras de 2025 muestran la dimensión del problema

Las cantidades difundidas han variado según el momento y los conceptos incluidos. Una iniciativa registrada en el Parlamento de Cantabria en septiembre de 2025 hablaba de más de 7.000 toneladas retiradas en Noja y Santoña, con un coste superior a 400.000 euros. El consejero eleva ahora el gasto autonómico de las semanas más críticas de agosto a casi 600.000 euros.

La diferencia puede responder a ampliaciones posteriores del operativo, contratos, transporte, tratamiento o periodos de cálculo distintos. En cualquier caso, el orden de magnitud no deja demasiado espacio para la poesía administrativa: miles de toneladas y cientos de miles de euros por una limpieza que podía quedar deshecha en dos o tres horas.

Noja llega a concentrar alrededor de 100.000 personas durante el verano. Una acumulación masiva afecta a la imagen del destino, complica el acceso al agua, genera olores y obliga a trabajar contra reloj. De ahí que la reacción institucional se produzca aunque la presencia actual sea reducida. Nadie quiere esperar a que la arena desaparezca bajo una alfombra marrón para empezar a discutir el contrato de las excavadoras.

Una invasión que exige algo más que pasar la máquina

La aparición de unos pocos restos en Trengandín no supone que las playas de Noja estén cerradas ni que exista una emergencia comparable a la de 2025. El baño y el paseo continúan con normalidad. La preocupación nace de lo que ocurrió hace menos de un año y de la capacidad de esta especie para multiplicarse y regresar con las mareas.

Cantabria trabaja con el Instituto de Hidráulica Ambiental para conocer mejor su comportamiento y anticipar los episodios de llegada. Esa vigilancia resulta más útil que convertir cada fragmento en una crisis política, pero también más seria que fingir que basta con limpiar cuando la arena empieza a oler.

El conflicto con el Estado apunta a una carencia más amplia: España dispone de una estrategia nacional, pero sigue sin contar con una financiación estable y claramente repartida para responder a acumulaciones extraordinarias. Mientras esa arquitectura no se concrete, cada arribazón traerá algas, facturas y una nueva edición del conocido deporte institucional de señalar al despacho de al lado.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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