Síguenos

Actualidad

¿Qué revelan las fotos de agentes marroquíes en la crisis de Ceuta?

Un informe policial sitúa a agentes marroquíes, uniformados y de paisano, en la crisis de Ceuta y analiza indicios claros de organización previa

Publicado

el

mano de agente policia marruecos

Resumen

  • El informe policial sitúa a agentes marroquíes en la crisis de Ceuta
  • Las imágenes muestran uniformados y supuestos agentes de paisano
  • La Audiencia Nacional deberá aclarar quién organizó la entrada masiva

Las imágenes incorporadas al informe policial sobre la entrada masiva en Ceuta de los días 30 y 31 de julio muestran algo bastante más comprometedor que una mera ausencia de vigilancia en el lado marroquí. El Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) identifica en fotografías y vídeos a agentes uniformados y a supuestos agentes de paisano que, según el análisis policial, habrían orientado movimientos, dado indicaciones y mantenido una posición de control mientras decenas de miles de personas avanzaban hacia territorio español.

El documento, de 55 páginas y remitido a la magistrada de la Audiencia Nacional María Tardón, sostiene que aquella avalancha no tuvo un origen espontáneo y que existió algún grado de planificación previa. Eso no equivale, sin embargo, a demostrar que el Gobierno de Marruecos ordenase la operación: los propios responsables policiales subrayan que por el momento se desconoce la autoría intelectual. Entre una cosa y la otra hay una distancia jurídica considerable, aunque políticamente el terreno queme igual.

Las imágenes que ponen el foco sobre los agentes marroquíes

Una parte especialmente llamativa del informe está dedicada al comportamiento observado en el lado marroquí de la frontera. Los analistas distinguen entre miembros uniformados de las fuerzas de seguridad y unas figuras que denominan “agentes dinamizadores”, hombres vestidos de paisano cuyo comportamiento, según el CENIF, no encajaba con el de quienes trataban de entrar en Ceuta.

Esos individuos aparecen caminando en ocasiones en dirección contraria al flujo, apartados de las rutas seguidas por la multitud, observando la marcha, utilizando teléfonos móviles y mostrando, siempre según la interpretación policial, una actitud de vigilancia y liderazgo. El documento llega a apreciar en algunas secuencias que determinados hombres no uniformados estarían dando instrucciones a personal marroquí uniformado.

La identificación no procede de que esas personas enseñaran una credencial a cámara, naturalmente. Se basa en un conjunto de indicios visuales y de conducta. El CENIF describe hombres de entre aproximadamente 30 y 50 años, de complexión fuerte o atlética, con ropa discreta, pantalón largo y calzado cerrado, diferenciados físicamente y por su comportamiento del grueso de la multitud.

Conviene detenerse ahí. Una fotografía puede documentar una conducta, una presencia o una interacción, pero atribuir profesionalmente una identidad a una persona de paisano exige una investigación posterior. El informe aporta indicios policiales relevantes; no una resolución judicial que haya declarado probado quién era cada individuo.

Uniformados dando indicaciones cerca de la frontera

Más directa resulta la descripción de los agentes que sí aparecen uniformados. Según el informe, algunos miembros de las fuerzas marroquíes habrían dado indicaciones para superar obstáculos, orientado a personas que intentaban atravesar irregularmente la frontera y facilitado el acceso de vehículos de gran tonelaje que transportaban a numerosos migrantes hacia la zona.

El CENIF habla de una actitud de “total permisividad” y sostiene que no observó una tentativa seria de dispersar o alejar a la multitud del perímetro fronterizo durante las fases decisivas de la crisis. La cuestión deja así de ser únicamente por qué Marruecos no frenó el movimiento y pasa a otra bastante más incómoda: hasta qué punto determinados agentes participaron activamente en encauzarlo.

Una entrada masiva difícil de explicar como improvisación

Las dimensiones del episodio ayudan a comprender por qué la Audiencia Nacional está examinando el asunto. Las cifras manejadas han variado durante las últimas semanas: distintas estimaciones han situado el volumen total entre 70.000 y 80.000 personas, mientras que otros cálculos difundidos posteriormente han apuntado a unas 72.000 entradas durante la gran avalancha iniciada el 30 de julio.

El informe policial considera poco verosímil que semejante concentración pudiera producirse exclusivamente mediante una reacción espontánea. Había desplazamientos hacia puntos determinados, vehículos, mensajes coordinados en distintas plataformas digitales y grupos que fueron llegando en momentos diferentes. La casualidad puede llenar una plaza; movilizar decenas de miles de personas hacia una frontera en cuestión de horas exige algo más de combustible.

Los investigadores comparan lo sucedido con anteriores crisis fronterizas de 2021 y 2024 y observan diferencias importantes. En esta ocasión, aseguran, las rutas permanecieron practicables, hubo transporte disponible y el movimiento alcanzó una escala que, a juicio del CENIF, desborda la capacidad habitual de las organizaciones dedicadas al tráfico irregular de personas.

El papel de las redes sociales antes del 30 de julio

La otra mitad de la historia ocurrió en una pantalla. El CENIF analizó publicaciones de Facebook, Instagram y TikTok y solicitó acceso a grupos privados de WhatsApp en los que circulaban mensajes que animaban a jóvenes a dirigirse hacia Ceuta.

El informe detectó una veintena de grupos y estudió los teléfonos asociados a perfiles considerados relevantes para la difusión. Según ese análisis, el 90,8% de la muestra utilizaba prefijo marroquí. Los mensajes difundían informaciones falsas o manipuladas, incluida la idea de que la frontera estaba abierta y de que quienes consiguieran acceder podrían permanecer fácilmente en España.

Los analistas consideran difícil explicar esa difusión simultánea en varias plataformas como una cadena de mensajes puramente accidental. Su tesis es que existió una estrategia organizada de viralización, con contenidos preparados para alcanzar rápidamente a miles de potenciales participantes. No obstante, tampoco en esta parte del informe aparece identificado quién diseñó o dirigió finalmente la campaña.

El informe habla de planificación, pero no acusa al Gobierno de Rabat

Aquí nace buena parte de la controversia política. Una lectura apresurada permite afirmar que la Policía culpa a Marruecos. Una lectura completa obliga a ser más preciso.

El informe del CENIF señala la actuación de personas vinculadas presuntamente a las fuerzas de seguridad marroquíes, describe guiado activo, permisividad y comportamientos que considera incompatibles con una movilización improvisada. Pero no identifica a un ministerio, servicio de inteligencia, autoridad o miembro concreto del Ejecutivo de Rabat como autor intelectual de la operación.

Esa distinción explica la aparente contradicción surgida dentro de la propia Policía. El director general, Francisco Pardo, trasladó al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que no existe ningún informe que atribuya a las fuerzas de seguridad marroquíes la planificación o ejecución institucional de los hechos. Otros mandos insistieron después en que los datos disponibles no permiten responsabilizar a ningún gobierno, agencia o persona determinada.

Las dos afirmaciones pueden coexistir. El documento describe actuaciones de supuestos agentes marroquíes y sostiene que hubo planificación; lo que no hace es dar el siguiente salto probatorio y afirmar quién estaba detrás de esa planificación. No es un matiz decorativo. En una investigación que podría afectar a las relaciones entre España y Marruecos, es casi todo.

Por qué Marlaska asegura que desconocía el documento

La polémica adquirió otra dimensión cuando Grande-Marlaska explicó que había conocido por la prensa el contenido del informe. El ministro pidió entonces explicaciones a la dirección de la Policía.

Según la versión trasladada posteriormente desde el cuerpo, María Tardón había pedido máxima reserva sobre el trabajo encargado y sus autores no comunicaron su contenido a la cadena superior de mando mientras preparaban la documentación para la Audiencia Nacional. La magistrada solicitó el informe el 31 de julio, un día después del inicio de la crisis, dentro de unas diligencias abiertas tras una denuncia de Iustitia Europa.

El CENIF tampoco es una unidad de Policía Judicial dedicada propiamente a investigar delitos sobre el terreno. Está integrado en la estructura de Extranjería y Fronteras y trabaja fundamentalmente con inteligencia, datos migratorios, fuentes abiertas, imágenes y alertas. No dispone de agentes desplegados en Marruecos. Esa naturaleza explica tanto el valor analítico del documento como sus límites probatorios.

La incógnita que debe resolver la Audiencia Nacional

María Tardón tiene sobre la mesa un informe que introduce elementos suficientemente graves como para que resulte difícil despacharlos como simple ruido fronterizo. Hay fotografías, vídeos, movimientos coordinados, comunicaciones digitales, testimonios y un análisis policial que sostiene que la entrada tuvo organización previa y que determinadas fuerzas marroquíes desempeñaron, al menos en algunas fases, un papel que fue más allá de permanecer inmóviles.

Pero falta precisamente la pieza más importante: determinar quién organizó la operación, si existió una cadena de mando y si las conductas descritas fueron decisiones individuales, actuaciones coordinadas de determinados cuerpos o parte de una estrategia dirigida desde un nivel superior. La jueza espera también información de la Guardia Civil y el criterio de la Fiscalía antes de resolver el alcance que puede tener la investigación y la competencia de la Audiencia Nacional.

Hay incluso un dato que refuerza las dudas sobre el carácter estrictamente migratorio del episodio. Según el CENIF, aproximadamente solo un 10% de quienes entraron permanecía posteriormente en Ceuta, circunstancia que utiliza el informe para cuestionar que el único objetivo de aquella masa fuese instalarse en territorio español. Es una interpretación policial, no una verdad judicial cerrada, pero añade otra pieza al tablero.

Las fotografías cambian el foco de la crisis de Ceuta

Hasta conocerse este documento, la discusión pública había girado principalmente en torno a la capacidad de España para anticipar la avalancha, la presión migratoria y la cooperación con Marruecos. Las imágenes introducen una cuestión distinta: qué hicieron exactamente las fuerzas marroquíes mientras decenas de miles de personas se dirigían hacia Ceuta.

El material analizado por el CENIF ofrece indicios de agentes uniformados facilitando movimientos y de presuntos agentes encubiertos actuando como dinamizadores. Es una acusación suficientemente seria para investigar y demasiado seria para convertirla, sin más pruebas, en una condena anticipada al Estado marroquí.

La frontera entre ambas cosas es estrecha, pero existe. El informe policial ha colocado el foco sobre actuaciones concretas y ha debilitado la explicación de una movilización puramente espontánea. Lo que todavía no ha conseguido —y es precisamente lo que deberá esclarecer la investigación— es poner nombre y apellidos a quien dio la orden, si alguien la dio. Hasta entonces, las fotografías constituyen una pieza incómoda y poderosa del caso; no la sentencia.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído