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¿Cómo acabaron 36 turistas con carritos de bebé al borde del abismo?

Una excursión familiar en los Alpes acabó con 14 evacuados en helicóptero, niños, carritos de bebé y varios senderistas junto al precipicio.

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Una excursión familiar en los Alpes austríacos terminó en un rescate de alta montaña con dos helicópteros después de que un grupo de 36 personas, entre ellas varios niños pequeños y bebés transportados en carritos, se desviara repetidamente del sendero marcado y acabara en terreno escarpado por encima de los 2.300 metros. Catorce excursionistas tuvieron que ser evacuados por aire y los otros 22 descendieron acompañados por los equipos de rescate. Nadie resultó herido.

El episodio ocurrió el domingo 9 de agosto de 2026 en la zona de Vent, en el valle de Ötztal, dentro del municipio tirolés de Sölden. Y conviene aclarar una cifra que ha circulado de manera algo confusa: no eran 14 los integrantes de la excursión. El grupo estaba formado por 36 personas; 14 fueron evacuadas en helicóptero. Los excursionistas pertenecían a tres familias y entre ellos había ciudadanos belgas, británicos, austríacos y estadounidenses.

Un paseo familiar que dejó de parecer un paseo

La jornada comenzó sin aparente dramatismo. Los excursionistas habían subido mediante el Wildspitzlift y arrancaron la caminata desde la estación superior, situada a unos 2.325 metros de altitud. La intención era descender por la montaña. Sobre el papel podía parecer una excursión turística; el problema llegó al abandonar la ruta adecuada.

Había adultos, adolescentes y niños pequeños. Algunos bebés viajaban en carritos infantiles, un detalle que acabaría convirtiéndose en la imagen más llamativa del rescate. Según la información difundida tras el operativo, el equipamiento de montaña del grupo era muy deficiente y varios integrantes no llevaban material apropiado para desenvolverse en terreno alpino.

La montaña tiene esa incómoda costumbre de no adaptarse al plan del visitante. Un sendero que parece razonable desde una estación turística puede transformarse, unos cientos de metros más allá y después de un giro equivocado, en una pendiente de roca, hierba y vacío. Un carrito de bebé, por muy robustas que sean sus ruedas, tampoco convierte aquello en un paseo marítimo.

El error de ruta los llevó a terreno cada vez más expuesto

Durante el descenso, las familias se salieron varias veces del camino marcado y fueron entrando en zonas progresivamente más difíciles. El grupo terminó dispersándose por la ladera, hasta el punto de que algunos excursionistas quedaron separados por alrededor de 200 metros de desnivel.

En torno a las 17.15 horas, cuando continuar comenzó a resultar demasiado peligroso, se dio la voz de alarma. El momento no era menor: quedaban todavía numerosas personas repartidas por la montaña, había niños entre ellas y el final de la tarde iba reduciendo el margen para solucionar el problema antes de que llegara la oscuridad.

La excursión improvisada se había convertido ya en una emergencia alpina.

A medio metro del precipicio

Algunos integrantes fueron localizados en lugares especialmente delicados. Los responsables del operativo describieron a excursionistas situados a apenas medio metro de una caída, con enormes dificultades incluso para mantenerse seguros sobre el terreno. En una de esas zonas había también un carrito infantil.

El dato ayuda a entender por qué los rescatadores optaron por una evacuación aérea para parte del grupo. No se trataba simplemente de personas que habían perdido la orientación y necesitaban que alguien les señalara el camino de vuelta. Habían alcanzado sectores donde un resbalón podía tener consecuencias graves, y sacar de allí a niños y adultos exigía maniobras técnicas.

Dos menores llegaron a quedar atrapados en una zona de fuerte pendiente y tuvieron que ser asegurados antes de su evacuación, mientras otros miembros de la familia permanecían en puntos más elevados de la montaña.

Dos helicópteros y 36 personas sacadas de la montaña

La Bergrettung de Sölden movilizó a sus equipos y dos helicópteros de rescate participaron en el dispositivo. Catorce personas fueron evacuadas por aire desde el terreno escarpado; el resto, 22 excursionistas, pudieron ser acompañados hacia el valle a pie o mediante vehículos de los servicios de emergencia.

El balance, pese a lo aparatoso del operativo, fue extraordinariamente favorable: no hubo heridos. Ese es probablemente el dato más importante de todos. Un grupo numeroso, con menores y bebés, había terminado repartido por terreno de alta montaña y cerca de zonas expuestas, pero todos pudieron regresar sin lesiones.

También explica la magnitud del despliegue. En montaña no basta con contar personas; importa dónde está cada una. Rescatar a alguien situado sobre terreno firme no tiene nada que ver con alcanzar a una familia desperdigada por una pendiente donde apenas existe espacio para moverse. De ahí los helicópteros, las cuerdas y los equipos terrestres trabajando a la vez.

La posible factura después del susto

El rescate puede tener además una consecuencia menos espectacular, aunque bastante tangible. La información difundida por la policía austríaca indicó que los excursionistas tendrían que afrontar costes derivados del operativo, sin que se haya comunicado una cantidad definitiva para este caso.

En Austria, las intervenciones de salvamento en terreno montañoso y, especialmente, las evacuaciones mediante helicóptero pueden terminar siendo facturadas al rescatado cuando no existe una cobertura adecuada. La cuantía depende del tipo y duración de la operación, por lo que no sería serio trasladar al episodio de Sölden una cifra genérica como si fuese su factura real.

Es un detalle administrativo después de una situación bastante más elemental: salir de la montaña con todos ilesos. Pero también recuerda que una equivocación aparentemente banal —ese sendero que «parece que baja por allí»— puede movilizar helicópteros, especialistas y decenas de recursos.

Cuando la montaña turística sigue siendo montaña

Sölden y el valle de Ötztal reciben miles de visitantes y cuentan con remontes, alojamientos y rutas que facilitan el acceso a paisajes alpinos espectaculares. Esa accesibilidad puede generar una sensación engañosa. Llegar cómodamente a más de 2.000 metros no significa encontrarse en un entorno urbano domesticado.

Un telesilla elimina el esfuerzo de la subida, no los riesgos del terreno que espera arriba. Fuera de los caminos adecuados aparecen pendientes pronunciadas, roca suelta, pasos estrechos y zonas expuestas. Con niños pequeños, el margen se reduce todavía más.

La presencia de carritos es llamativa, incluso inevitablemente pintoresca vista desde lejos, pero lo verdaderamente relevante fue la combinación: ruta equivocada, equipamiento insuficiente, grupo muy numeroso y terreno alpino. Es esa suma, más que un único error extravagante, la que explica cómo una excursión familiar acabó necesitando un dispositivo de rescate de semejante tamaño.

Del paseo a la emergencia en apenas unos kilómetros

Las 36 personas salieron finalmente de la montaña sin heridas, y esa fortuna permite contemplar el episodio sin una tragedia detrás. Pero hubo momentos en los que la distancia entre la anécdota y algo mucho peor se medía literalmente en centímetros.

Catorce evacuaciones aéreas, 22 personas acompañadas hasta el valle y dos helicópteros: ese fue el balance de una excursión que empezó como un descenso familiar desde un remonte turístico y terminó al borde de un precipicio. Los Alpes hicieron el resto. No por capricho; sencillamente porque, aunque haya telesillas, restaurantes y fotografías bonitas a pocos kilómetros, siguen siendo los Alpes.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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