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¿Qué prepara Al-Khelaïfi con World Football Clubs frente a la FIFA?
La EFC estudia crear World Football Clubs mientras Madrid y Barça regresan a su órbita y crece la disputa con la FIFA por el negocio global.

Resumen
- Al-Khelaïfi impulsa el estudio de una asociación mundial de clubes
- Real Madrid prepara su regreso a la EFC y el Barça ha vuelto
- El pulso con la FIFA gira alrededor del poder, el dinero y el calendario
Nasser Al-Khelaïfi quiere llevar el poder organizado de los clubes europeos mucho más allá de Europa. El presidente del Paris Saint-Germain y de European Football Clubs (EFC) ha impulsado un estudio para crear World Football Clubs, una organización que podría representar a equipos de todo el planeta y darles una voz propia en las grandes decisiones del fútbol internacional. No sería una nueva competición ni una especie de Superliga mundial: sería, al menos en el planteamiento conocido, una asociación global de clubes.
La propuesta llega en un momento particularmente delicado. La EFC ha superado los 920 clubes miembros de 55 países y territorios europeos, el Barcelona ha regresado a la organización y el Real Madrid está en proceso de reincorporarse. Al mismo tiempo, las relaciones entre los clubes europeos y la FIFA atraviesan una disputa por el reparto de poder, los derechos comerciales y la forma en que se toman algunas decisiones. Dicho de otro modo: no se está discutiendo únicamente quién organiza un torneo. Se está discutiendo quién manda cuando llega la hora de decidir y repartir el dinero.
Qué es European Football Clubs y qué quiere cambiar Al-Khelaïfi
European Football Clubs es la organización anteriormente conocida como European Club Association (ECA). Su crecimiento ha sido vertiginoso: tenía 247 miembros en 2021 y actualmente supera los 900, con la aspiración de alcanzar los 1.000 clubes europeos. No hablamos, pues, de una pequeña mesa de presidentes ricos tomando café detrás de una puerta cerrada, aunque durante años esa haya sido más o menos la caricatura habitual. La EFC se ha convertido en un interlocutor de considerable peso dentro del negocio del fútbol europeo.
La novedad consiste en trasladar ese modelo a escala internacional. La EFC ha aprobado lanzar un estudio de viabilidad para constituir World Football Clubs debido al creciente interés de entidades no europeas. Al-Khelaïfi sostiene que los clubes se han convertido en organizaciones globales por sus jugadores, entrenadores, propietarios, patrocinadores, marcas y aficionados, mientras las estructuras que los representan siguen estando fundamentalmente divididas por continentes.
Aquí aparece la parte verdaderamente relevante. El fútbol mundial cuenta con seis confederaciones continentales que representan principalmente a federaciones nacionales dentro de la estructura de la FIFA. World Football Clubs aspiraría a crear una voz institucional específica de los clubes, una suerte de nuevo centro de poder paralelo —aunque no necesariamente enfrentado— a las estructuras tradicionales. Todavía no están definidos su estatus formal, su sistema de gobierno, sus miembros ni las competencias que reclamaría. Mucho músculo potencial; de momento, bastante papel por escribir.
Sudamérica, África y Asia entran en la ecuación
La expansión apunta especialmente hacia clubes de Sudamérica, África y Asia. En el caso sudamericano, grandes entidades llevan tiempo observando con interés mecanismos de representación parecidos a los existentes en Europa. Equipos de enorme dimensión internacional, como River Plate, Boca Juniors, Flamengo o Palmeiras, ilustran perfectamente el tipo de institución que podría encontrar acomodo en una organización mundial de clubes.
No es una cuestión menor. Los grandes clubes sudamericanos producen jugadores, audiencias y marcas con enorme peso mundial, pero operan en un ecosistema comercial muy diferente al europeo. Una organización internacional capaz de negociar colectivamente derechos, calendarios y compensaciones alteraría ese equilibrio. La cuestión será saber qué clubes entran, cuánto pesa cada uno y quién toma las decisiones. Ahí suelen comenzar los asuntos menos románticos del fútbol.
Barcelona vuelve y el Real Madrid prepara su regreso
El anuncio tiene todavía más carga dentro del fútbol europeo porque coincide con el regreso de los dos gigantes españoles al entorno institucional de la EFC. El Barcelona ha vuelto a la organización y Al-Khelaïfi dio públicamente la bienvenida a Joan Laporta durante la asamblea celebrada en Copenhague. El Real Madrid, por su parte, está en proceso de regresar.
La imagen habría resultado extraña hace pocos años. Real Madrid y Barcelona fueron dos de los grandes impulsores de la Superliga europea, mientras Al-Khelaïfi se convirtió en uno de sus principales adversarios desde su posición al frente del PSG y de la entonces ECA. El enfrentamiento entre Florentino Pérez y el dirigente catarí parecía estructural. El escenario, sin embargo, ha cambiado: el Barça regresa a la organización y el Madrid vuelve a acercarse a ella después de años de conflicto institucional.
Eso refuerza notablemente a la asociación. Una EFC capaz de reunir de nuevo a Real Madrid, Barcelona y buena parte de los principales clubes europeos dispone de bastante más fuerza negociadora cuando se sienta frente a la FIFA. Y justamente ahí aparece el otro protagonista de esta historia: Gianni Infantino.
Por qué World Football Clubs altera el equilibrio con la FIFA
La tensión no nace únicamente de la nueva organización mundial. Viene de antes. Durante el verano, la FIFA planteó el proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE), que habría creado una filial comercial controlada por el organismo y abierta a la entrada de inversores privados con una participación de hasta el 20%. Esa sociedad habría gestionado derechos vinculados a grandes competiciones de FIFA. El proyecto terminó siendo retirado después de encontrar una fuerte oposición.
La EFC había criticado que una iniciativa de semejante alcance avanzara sin una consulta suficiente con los clubes y reclamó procesos de gobernanza más transparentes. La disputa dejó al descubierto un problema viejo vestido con traje nuevo: la FIFA controla las competiciones, pero los clubes aportan futbolistas, generan una enorme parte de la audiencia y quieren intervenir mucho más en las decisiones comerciales.
Al-Khelaïfi evitó convertir la presentación del nuevo proyecto en un ataque personal a Infantino, pero reclamó diálogo, transparencia y honestidad en la gestión del fútbol internacional. Aleksander Ceferin fue bastante más contundente al cuestionar la forma en que FIFA había planteado determinados proyectos comerciales. El choque entre UEFA y FIFA, con los clubes en medio, deja así de parecer una sucesión de desencuentros aislados y empieza a dibujar una batalla bastante más amplia por la gobernanza del fútbol.
El dinero explica buena parte de la batalla
Detrás de las declaraciones solemnes hay cifras enormes. La EFC mantiene con UEFA la sociedad conjunta UC3, creada para gestionar comercialmente las competiciones europeas de clubes. Según las cifras presentadas por Al-Khelaïfi, esa estructura generará más de 20.000 millones de euros durante el próximo ciclo de cuatro años, más de 5.000 millones por temporada.
La EFC desea desarrollar con FIFA una fórmula comparable para las competiciones mundiales de clubes. El terreno, sin embargo, está lleno de cicatrices. Durante el verano, los principales clubes europeos llegaron a plantear la posibilidad de no participar en futuros Mundiales de Clubes si no avanzaba una estructura conjunta y si FIFA mantenía determinados planes comerciales. La disputa también ha alcanzado a los fondos de solidaridad vinculados al Mundial de Clubes de 2025.
Esto permite entender mejor World Football Clubs. Una asociación mundial no serviría solo para celebrar congresos, intercambiar tarjetas y hacerse la correspondiente fotografía familiar. Podría convertirse en una plataforma de negociación colectiva frente a FIFA, especialmente sobre derechos audiovisuales, ingresos comerciales, calendarios, liberación de futbolistas y diseño de nuevas competiciones.
Una asociación mundial, no una nueva Superliga
Conviene separar dos conceptos que inevitablemente acabarán mezclándose. World Football Clubs no es, por ahora, un torneo, ni existe un formato deportivo, una clasificación, partidos o un calendario propios. Tampoco se ha anunciado una competición destinada a sustituir al Mundial de Clubes. Lo aprobado es un estudio sobre la posible creación de una organización internacional de clubes.
El planteamiento es mucho más institucional: construir un organismo que represente internacionalmente a los clubes. Tampoco está decidido cómo se repartiría el poder entre un campeón de Europa, un gigante brasileño y un equipo de una liga pequeña africana o asiática. Esa será probablemente una de las discusiones esenciales si el proyecto avanza. Representar a todos es una frase impecable para un atril; conseguir que todos consideren justa su representación es otro deporte.
La propia evolución de la EFC ofrece alguna pista. Su reforma de gobernanza aprobada en Copenhague establece un consejo de 33 miembros con derecho de voto, reserva plazas para clubes asociados, introduce garantías de representación femenina y permite que cualquiera de sus más de 900 miembros pueda ser elegido para representar a la organización en comités de UEFA y FIFA. Parte de las reformas entra en vigor desde el 1 de octubre de 2026, mientras las nuevas disposiciones del consejo se aplicarán durante el ciclo 2027-2031.
El verdadero partido se juega fuera del césped
World Football Clubs está todavía en fase embrionaria, pero el anuncio señala con bastante precisión hacia dónde se mueve el fútbol. Durante décadas, las federaciones nacionales y las confederaciones acumularon buena parte del poder institucional. Los grandes clubes fueron aumentando progresivamente su fuerza económica. Ahora quieren convertir esa fuerza en poder formal dentro de la gobernanza mundial.
Al-Khelaïfi dispone para ello de una EFC mucho mayor que la que recibió en 2021, de una relación estrecha con UEFA y de algo especialmente valioso: la posibilidad de recuperar dentro de la misma estructura a Barcelona y Real Madrid después de la batalla de la Superliga. Al otro lado se encuentra una FIFA que continúa controlando las principales competiciones mundiales y que difícilmente renunciará alegremente a capacidad comercial o decisoria.
Por eso el proyecto importa aunque World Football Clubs todavía no tenga estatutos ni sede. La batalla no consiste en crear otro campeonato, sino en determinar cuánto poder tendrán los clubes cuando la FIFA diseñe los próximos torneos, negocie sus derechos y decida cómo se distribuyen miles de millones. En el fútbol contemporáneo, el balón sigue siendo redondo. La mesa donde se reparte el negocio, cada vez tiene más sillas.

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