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VDS 2025: cómo València convierte tecnología en inversión

Un retorno de 14 euros por euro invertido y nuevas apuestas industriales explican el salto del ecosistema valenciano.

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VDS 2025 en valenncia

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VDS 2025 no solo reunió inversores y startups en la Ciutat de les Arts i les Ciències: dejó cifras que permiten medir cuánto negocio puede activar una gran cita tecnológica. El encuentro generó 26 millones de euros de actividad económica en València, un 29 % más que en 2024, y el informe de impacto atribuye a cada euro invertido un retorno de 14 euros para la economía valenciana. La escala importa, pero también qué hay detrás de ese multiplicador: conexiones empresariales, acuerdos potenciales y una ciudad que empieza a vincular innovación digital con proyectos industriales de largo recorrido.

La octava edición congregó a más de 12.000 profesionales de más de 120 países, junto con 3.000 startups, 1.500 corporaciones, más de 800 inversores y más de 600 ponentes. Esa concentración reduce la distancia entre una empresa que necesita capital, una corporación que busca soluciones y un fondo que estudia dónde invertir. Sin embargo, no todo el dinero previsto se cierra durante el evento ni toda actividad económica equivale a financiación para startups: el efecto más sólido de VDS está en facilitar oportunidades que después deben convertirse en contratos, rondas y crecimiento real.

De las reuniones a un impacto económico medible

El informe elaborado por Startup Valencia y EY-Parthenon calcula que la actividad vinculada a VDS alcanzó los 26 millones de euros en 2025, frente a los 20,3 millones de la edición anterior. La estimación distingue entre el impacto directo, de unos 1,9 millones, relacionado con el gasto e inversión de la organización; el indirecto, de 19,8 millones, generado por la actividad de asistentes y proveedores; y el inducido, de aproximadamente 4,4 millones, asociado al consumo que deriva de los ingresos y el empleo activados. Son categorías distintas que, en conjunto, explican cómo un evento repercute más allá del recinto.

La contribución estimada al producto interior bruto superó los 11,6 millones de euros. No es la misma magnitud que los 26 millones de impacto económico: el primer dato mide el valor añadido generado en la economía, mientras que el segundo recoge un conjunto más amplio de actividad. El estudio también calcula 2.119 euros de actividad económica por asistente y el equivalente a más de 2.209 empleos mensuales a tiempo completo, según su metodología. No significa que se hayan creado necesariamente 2.209 puestos permanentes; expresa el volumen de empleo equivalente asociado al movimiento económico analizado.

El retorno de 14 euros por cada euro invertido en la organización del encuentro duplica prácticamente el multiplicador de 7,4 calculado para 2024. Esa relación no es una rentabilidad financiera que reciba una sola entidad, sino una forma de comparar el coste de organizar el evento con la actividad que se estima que genera en el territorio. La diferencia es importante: el dato sirve para valorar el efecto económico local, no para afirmar que cada inversión privada en una startup obtiene ese mismo retorno.

Una concentración que reduce fricciones, no el riesgo empresarial

En dos jornadas, una startup puede encontrarse con responsables de innovación, posibles clientes, socios comerciales e inversores que de otro modo serían difíciles de reunir. Esa cercanía acorta la fase de presentación y permite discutir problemas concretos: si una tecnología funciona en una línea de producción, si una herramienta de inteligencia artificial puede integrarse con los sistemas de una empresa o si una solución de ciberseguridad responde a una necesidad operativa. El valor práctico está en acelerar conversaciones cualificadas, no en sustituir el trabajo de evaluación que viene después.

La presencia de más de 800 inversores y de entidades que representan más de 300.000 millones de euros en activos bajo gestión da amplitud al encuentro, pero esos activos no son dinero disponible para las compañías participantes ni capital comprometido con València. Son fondos gestionados por las organizaciones representadas. El dato sí indica que acuden perfiles con capacidad para estudiar operaciones de distintos tamaños y sectores, desde empresas jóvenes que buscan validar su modelo hasta compañías que preparan una expansión internacional.

El informe estima que las startups participantes esperaban captar más de 560 millones de euros después de VDS 2025 y calcula que más de 50 millones estaban directamente relacionados con oportunidades surgidas durante el evento. Se trata de expectativas y oportunidades identificadas, no de rondas cerradas automáticamente en el recinto. También conviene leer con cuidado los más de 26.750 millones de euros levantados, en conjunto, por startups que han pasado por alguna edición desde 2018: esa cifra corresponde a financiación acumulada por esas compañías a lo largo del tiempo, no a capital captado exclusivamente gracias a VDS.

El capital crece, pero las rondas tempranas siguen siendo el examen

La presencia inversora en VDS aumentó de más de 700 entidades en 2024 a más de 800 en 2025, mientras que los activos bajo gestión representados pasaron de 250.000 a más de 300.000 millones de euros. A la vez, el número de startups asistentes creció desde más de 2.500 hasta superar las 3.000. Son indicadores de escala y de interés; no resuelven por sí solos la dificultad que afrontan muchas empresas jóvenes para financiar sus primeros años o conseguir un inversor capaz de liderar una ronda.

El contexto español aporta otra medida de esa evolución. El valor agregado de las startups del país alcanzó los 132.400 millones de euros en 2025. La inversión en compañías emergentes pasó de 1.904 millones en 2024 a 3.022 millones en 2025, un incremento del 59 %, y el importe medio por ronda subió de 2,5 a 5,8 millones. También aumentó el peso de las operaciones superiores a cuatro millones: supusieron alrededor del 24 % del total en 2025, frente a cerca del 8 % en 2019. El mercado muestra más capacidad para financiar proyectos en fases de crecimiento, aunque la brecha entre demostrar que un producto funciona y poder escalarlo continúa siendo un punto delicado.

Ahí se entiende por qué el capital privado no se mide solo por el número de fondos presentes. Una empresa necesita inversores que comprendan su sector, acepten el tiempo necesario para desarrollar el producto y puedan acompañarla en rondas posteriores. Los fondos generalistas comparten espacio con tesis cada vez más especializadas, en campos como la salud conectada, la productividad empresarial, la energía limpia y la inteligencia artificial. Para los equipos emprendedores, presentar métricas comparables de adquisición y retención de clientes, ingresos y costes ayuda a que el riesgo sea más legible. Pero una buena presentación no elimina la necesidad de demostrar demanda ni garantiza financiación.

València ya tiene un ecosistema de mayor tamaño

El informe sitúa el valor del ecosistema startup valenciano en 7.300 millones de euros, cerca del 6 % del conjunto español. Entre 2019 y 2025 creció a una tasa anual compuesta del 35,9 %, desde 1.200 millones. El avance se acompaña de operaciones de distintos sectores: ARTHEx Biotech cerró una ronda de 73,9 millones de euros; Quibim, una de 50 millones; Bit2Me, de 30 millones; y Maisa, de 25 millones. La diversidad sectorial amplía el atractivo de la ciudad más allá del software y conecta la inversión con salud, finanzas, inteligencia artificial y actividad industrial.

La dimensión local también se apoya en más de 1.700 empresas innovadoras activas y más de 20.000 empleos cualificados, cifras difundidas por el Ayuntamiento. Startup Valencia ha descrito una comunidad en la que conviven fundadores, aceleradoras como Lanzadera, universidades y familias inversoras. Esa proximidad ayuda a compartir experiencia y a encontrar presentaciones útiles; puede acortar el camino hacia un primer cliente o un mentor, aunque no reemplaza el acceso a mercados amplios ni la capacidad de ejecutar con solvencia.

La colaboración entre compañías y grandes organizaciones añade una etapa decisiva: la prueba comercial. Un piloto con una corporación puede mostrar si una tecnología resuelve un problema bajo condiciones reales, con usuarios, plazos y exigencias de integración. Si funciona, aporta evidencias para negociar nuevos contratos o buscar financiación. Si no, puede revelar fallos antes de que el equipo invierta demasiado en escalar. Ese aprendizaje compartido es una de las formas menos visibles, pero más valiosas, de acelerar el capital: reduce incertidumbre con resultados, no con promesas.

La gigafactoría de Sagunto lleva la innovación a la industria

La apuesta de PowerCo, filial de Volkswagen, conecta el ecosistema tecnológico con una transformación productiva concreta. La compañía impulsa junto a la Universitat Politècnica de València y la Universitat de València un máster interuniversitario en producción de celdas de batería, orientado a formar perfiles que necesitará la gigafactoría de Sagunto. La planta construye su segundo bloque y mantiene el objetivo de iniciar la producción a finales del verano de 2026, con celdas unificadas previstas para vehículos eléctricos y almacenamiento energético. La formación especializada intenta acompasar el talento con las necesidades de una fábrica que requiere capacidades técnicas específicas.

El calendario industrial de PowerCo sitúa primero la producción en Salzgitter, Alemania; Sagunto se incorporaría en 2026 y St. Thomas, en Canadá, en 2027. Para las empresas tecnológicas valencianas, tener cerca una instalación de esta escala puede abrir oportunidades en automatización, sensores, control de calidad, software de producción, ciberseguridad industrial, trazabilidad y reciclaje de materiales. La cercanía facilita probar soluciones con usuarios y procesos reales; después, si el resultado es replicable, una startup puede presentar ese caso a otras plantas o mercados.

Ese vínculo entre industria y tecnología cambia la conversación sobre inversión. Una fábrica puede convertirse en cliente de referencia, pero también impone requisitos exigentes de seguridad, fiabilidad y continuidad que una compañía joven debe poder cumplir. PowerCo ha planteado además programas de desarrollo de talento y un Battery Campus de formación profesional. La autonomía europea en baterías depende de más que una planta: exige trabajadores cualificados, proveedores, investigación y capacidad para sostener la producción. La oportunidad para València es construir actividad alrededor de la gigafactoría, no limitarse a albergarla.

La estabilidad institucional también atrae inversión

La continuidad de un evento influye en las decisiones de inversores, empresas y ponentes que planifican su presencia con meses de antelación. El Ayuntamiento renovó su acuerdo con la organización para las ediciones de 2026 y 2027, dando más margen para preparar el encuentro y establecer relaciones que no se agotan en dos días. En mayo de 2026, el Gobierno declaró VDS Acontecimiento de Excepcional Interés Público, una figura que permite aplicar un régimen fiscal específico a las entidades colaboradoras vinculadas al evento. La declaración cambia el marco para captar patrocinio, aunque no convierte por sí sola el encuentro en una fuente automática de inversión.

La estrategia municipal València Innovation Capital también presenta cifras propias: el Ayuntamiento ha señalado una inversión cercana a los 17 millones de euros en dos años y más de 61 millones movilizados en proyectos asociados a la innovación. Esos datos describen una política más amplia que el presupuesto de VDS y no deben confundirse con el retorno de 14 euros por euro calculado para el evento. Distinguir ambos indicadores permite ver mejor cómo se combinan el apoyo público, la organización privada y la actividad empresarial sin atribuir a una sola iniciativa todo el crecimiento de la ciudad.

La colaboración institucional resulta especialmente relevante cuando ofrece continuidad y reglas previsibles. Una empresa que considera instalarse, contratar o colaborar en València necesita algo más que visibilidad: busca talento, clientes, proveedores y condiciones para operar. Los acuerdos públicos pueden ayudar a coordinar esos elementos, pero su efecto depende de que se traduzcan en proyectos concretos. La estabilidad funciona como una infraestructura silenciosa: reduce incertidumbre en la planificación, mientras el resultado económico depende de que las oportunidades encuentren empresas capaces de aprovecharlas.

Una puerta entre Europa, Latinoamérica y Estados Unidos

La edición de 2025 reunió profesionales de más de 120 países y reforzó la vocación internacional de VDS. Más del 45 % de los ponentes procedía del extranjero, más del 35 % eran mujeres y participaron ocho fundadores de empresas unicornio. Para las startups locales, esa mezcla permite comparar modelos y acercarse a redes de inversión, distribución y talento que operan en otros mercados. València busca ocupar una posición de enlace entre Europa, Latinoamérica y Estados Unidos, apoyada en conexiones lingüísticas y comerciales con América Latina y en la cercanía a los principales centros europeos.

La competición de startups ofrece otra ventana sobre el tipo de proyectos que atrae el encuentro. En 2025 recibió 1.246 candidaturas de 84 países; 50 empresas fueron seleccionadas y diez llegaron a la final. Las ganadoras fueron Spacebackend, de Luxemburgo, en la categoría Early Stage, y Zibra AI, de Ucrania, en Growth Stage. Una desarrolla tecnología en la nube para gestionar cargas útiles de satélites; la otra crea herramientas de inteligencia artificial para generar contenidos y efectos visuales tridimensionales. La variedad muestra que la competencia por el capital y el talento ya se juega en mercados internacionales, incluso para compañías en fases iniciales.

La inteligencia artificial, en particular, se ha convertido desde 2024 en el principal segmento de inversión tecnológica en España, por delante de áreas como climate tech, turismo, biotecnología, dispositivos médicos y pagos. El interés también alcanza la IA agéntica, sistemas diseñados para ejecutar procesos con objetivos definidos y menor supervisión humana. La valenciana Maisa, que cerró una ronda de 25 millones de euros en 2025, desarrolla agentes para procesos empresariales. La categoría despierta expectativas, pero todavía importa separar el potencial del mercado de los ingresos demostrados por cada compañía: los inversores buscan utilidad y adopción, no solo una tecnología llamativa.

Los límites que todavía frenan el crecimiento

La actividad de VDS no borra las dificultades que señalan los fundadores. La burocracia puede encarecer tareas cotidianas, la fiscalidad complica ciertos mecanismos de retribución con participaciones y algunos procesos de compra pública avanzan a un ritmo distinto del de las empresas tecnológicas. En sectores regulados, además, las zonas grises pueden alargar la decisión de lanzar un producto. Para las compañías de bienes físicos se suman los costes y las exigencias logísticas. El contacto adecuado ayuda a navegar esas barreras, pero no las elimina.

También cuesta atraer perfiles sénior de producto, datos y ventas con experiencia en empresas de crecimiento rápido. La presencia de profesionales internacionales en un evento puede abrir conversaciones, pero una contratación depende de las condiciones que ofrezca la compañía, de su proyección y de la posibilidad de desarrollar una carrera. A medida que una startup crece, necesita profesionalizar sus procesos, su información financiera y su gobierno corporativo; la visibilidad por sí sola no basta para sostener una expansión.

La siguiente edición de VDS está prevista para el 21 y 22 de octubre de 2026 en la Ciutat de les Arts i les Ciències, con la expectativa de reunir de nuevo a más de 12.000 profesionales, 3.000 startups, 1.500 corporaciones y 800 inversores. El reto será que las conexiones de 2025 dejen una huella que pueda comprobarse en nuevos clientes, rondas cerradas, empleos y proyectos industriales, sin confundir previsiones con resultados. València ya ha demostrado que puede atraer capital y actividad a escala internacional; su siguiente prueba es convertir esa atención en crecimiento duradero.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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