Salud
¿Cómo cambia la vacuna del VRS en España este invierno?
España encara la temporada 2025–2026 del virus respiratorio sincitial con un esquema doble y muy claro: para los bebés, nirsevimab —un anticuerpo monoclonal de dosis única— sigue siendo la herramienta principal y financiada en el sistema público para reducir la bronquiolitis y las hospitalizaciones.

España refuerza la temporada del VRS: nirsevimab en bebés, vacunas para adultos de riesgo y embarazo con Abrysvo; acceso, pautas y eficacia.
Lo esencial, desde el principio. España encara la temporada 2025–2026 del virus respiratorio sincitial con un esquema doble y muy claro: para los bebés, nirsevimab —un anticuerpo monoclonal de dosis única— sigue siendo la herramienta principal y financiada en el sistema público para reducir la bronquiolitis y las hospitalizaciones en los primeros meses de vida; para adultos, existen ya tres vacunas autorizadas por Europa —Arexvy (GSK), Abrysvo (Pfizer) y mRESVIA (Moderna)— disponibles en distintos circuitos, pero sin una recomendación universal a nivel estatal, con decisiones que, por ahora, se están modulando por grupos de riesgo y por comunidad autónoma. La fotografía de fondo no es confusa: hay una estrategia prioritaria que protege a los lactantes y, en paralelo, un despliegue prudente en mayores y vulnerables mientras se consolida la evidencia en vida real.
La práctica cotidiana lo resume sin rodeos. Los recién nacidos y los menores de seis meses reciben nirsevimab en hospitales y centros de salud, generalmente en las primeras 24–48 horas si el parto sucede en temporada, o al inicio del otoño-invierno si nacieron en primavera o verano. No es una vacuna al uso: es inmunización pasiva, un “escudo” de anticuerpos listos para neutralizar al VRS durante toda la temporada. En embarazo, Abrysvo está disponible con prescripción entre las semanas 24 y 36 para transferir anticuerpos al feto y proteger al bebé tras el nacimiento; no sustituye la estrategia financiada del lactante, que continúa intacta. Y para mayores de 60 y determinados pacientes de alto riesgo, las vacunas frente al VRS han empezado a utilizarse en programas selectivos en algunas comunidades, con coadministración posible con la antigripal cuando procede y con seguimiento de resultados para ajustar calendarios.
Lo que rige esta temporada
El calendario común de inmunización fijado por el Ministerio de Sanidad mantiene a nirsevimab como intervención prioritaria en lactantes. La experiencia acumulada tras la primera campaña completa ha sido determinante: altas coberturas y una caída notable de los ingresos por bronquiolitis han consolidado lo que ya apuntaban los ensayos clínicos. La logística, además, se ha afinado: maternidades y servicios de neonatología están organizados para administrar la dosis antes del alta si el nacimiento sucede en pleno periodo de circulación del VRS, y atención primaria cita a los nacidos fuera de temporada cuando llega el pico respiratorio. La pauta es única: una inyección intramuscular que cubre toda la temporada y simplifica el seguimiento.
En términos de coordinación, los servicios regionales de salud han homogeneizado circuitos con una operativa que ya no es “excepcional” sino rutina: listados de nacimientos diarios, coordinación con pediatría y enfermería comunitaria, y sistemas de citación que permiten captar a los prematuros o a los lactantes con patologías específicas que exigen una vigilancia más estrecha. Este engranaje —que el año pasado aún se estaba ajustando— ahora fluye mejor, con menos citas perdidas y una comunicación más clara con las familias en paritorios y consultas. El resultado práctico es tangible: menos picos de colapso en urgencias pediátricas y camas de hospital liberadas durante las semanas de mayor presión asistencial.
Qué herramientas hay y cómo funcionan
Conviene diferenciar con precisión las piezas del tablero. Nirsevimab (Beyfortus) es un anticuerpo monoclonal que proporciona inmunización pasiva: no “entrena” al sistema inmune, aporta directamente anticuerpos frente a la proteína F del VRS en su conformación de prefusión, la llave que el virus usa para entrar en las células. Con una sola dosis, la concentración sérica se mantiene en niveles protectores durante el tramo más crítico de la primera temporada. Esta diferencia conceptual respecto a una vacuna tradicional es clave para entender por qué su rendimiento en lactantes ha sido tan rápido y evidente.
En adultos y en embarazo hablamos de vacunas propiamente dichas, con plataformas y formulaciones distintas. Arexvy combina un antígeno proteico con adyuvante; Abrysvo utiliza un antígeno proteico bivalente (subgrupos A y B) enfocado también en la prefusión de la proteína F; mRESVIA se apoya en la tecnología ARNm, que ya es familiar tras la pandemia de COVID-19. Las tres están autorizadas en Europa para ≥60 años. Abrysvo, además, está autorizada para embarazadas entre las semanas 24 y 36, con el objetivo de que la madre transfiera anticuerpos al feto y el recién nacido nazca con una protección basal. En términos de pauta, el mensaje es sencillo: una dosis única. Y, de momento, sin recomendación nacional de revacunación anual para población general, a la espera de ver la duración del efecto y el balance coste-efectividad en escenarios reales.
La comparación entre estrategias —vacunación materna y nirsevimab en el bebé— no debe plantearse como un “o esto o aquello”. Son enfoques complementarios. En España, la financiación pública ha priorizado la inmunización del lactante porque es donde el impacto clínico y la efectividad práctica son más directos, independientemente de si hubo vacunación materna. En paralelo, Abrysvo en el embarazo se ofrece en el canal privado con prescripción, y hay hospitales y consultas que ya discuten con cada gestante si tiene sentido en función de fechas probables de parto, circulación del virus y preferencias informadas.
Quiénes son prioritarios y cuándo se administra
La prioridad absoluta continúa siendo la misma: lactantes en su primer medio año de vida, por la vulnerabilidad fisiológica de sus bronquiolos y por la intensidad de la circulación del VRS en los meses fríos. ¿Cuándo se pone la dosis? Si el bebé nace entre octubre y marzo, la administración suele realizarse en el propio hospital, antes del alta; si nace entre abril y septiembre, se programa al inicio de la temporada. Hay itinerarios específicos para prematuros extremos, cardiopatías congénitas, displasia broncopulmonar y otras condiciones en las que un ingreso por VRS puede complicarse en pocos días. El objetivo operativo no es teórico: evitar la progresión hacia dificultad respiratoria y oxigenoterapia que ocupa camas durante una semana crítica para la familia y para el sistema.
En embarazo, la conversación es más individual, pero el marco es claro. Abrysvo se prescribe en la ventana 24–36 semanas, con una sola dosis, y el propósito es blindar al neonato durante sus primeras semanas de vida en caso de que el parto coincida con la temporada alta de VRS. ¿Sustituye esto al anticuerpo del bebé? No en la estrategia pública actual: si el niño cumple criterio para nirsevimab, se administra. Son capas distintas de protección que responden a lógicas clínicas diferentes: anticuerpos transplacentarios frente a anticuerpo monoclonal directo.
Para adultos mayores y colectivos de riesgo, la implantación real en España a diciembre de 2025 es selectiva. Comunidades como la Comunidad de Madrid han arrancado programas para personas institucionalizadas y determinados trasplantados a partir de 60 años, con posibilidad de poner la antigripal en el mismo acto. Otras autonomías, como Galicia, han priorizado estudios poblacionales para medir el rendimiento de estas vacunas en vida real antes de generalizar. La perspectiva sanitaria tiene lógica: el VRS en adultos no suele tener el dramatismo pediátrico, pero en crónicos respiratorios o cardiacos abre la puerta a neumonías y descompensaciones. Donde el riesgo es mayor, el beneficio potencial de una dosis única parece más claro.
Eficacia, seguridad y lo que ya sabemos
En lactantes, el impacto es difícil de discutir. Los datos observacionales acumulados tras la primera temporada completa con nirsevimab han mostrado caídas de hospitalización muy relevantes —cifras en torno al 70–80% en distintos análisis— y una reducción de urgencias por bronquiolitis que se traduce en menos soporte respiratorio y menos ingresos en UCI pediátrica. Que sea una sola dosis con efecto de temporada ha ayudado a que las coberturas rocen máximos, eliminando la fricción logística de esquemas multi-dosis en bebés que todavía están ajustándose a lactancia, sueño y controles rutinarios.
En adultos, la evidencia pivota sobre ensayos fase 3 y los primeros cortes de seguimiento. Arexvy ha mostrado una eficacia del 82,6% frente a enfermedad de vías respiratorias bajas por VRS durante la primera temporada tras la vacunación, con un descenso del efecto en las temporadas posteriores —algo esperable, que abre la discusión sobre si será útil una dosis de recuerdo en el futuro y en qué perfiles concretos. Abrysvo y mRESVIA han ofrecido resultados sólidos frente a enfermedad sintomática y formas de vías respiratorias bajas, con un mensaje común: una dosis que protege de manera significativa a mayores de 60 en el primer año, a la espera de más datos para modelar el beneficio acumulado.
En seguridad, la vigilancia es estricta y transparente. Los sistemas de farmacovigilancia han señalado una posible asociación rara con síndrome de Guillain-Barré (SGB) en vacunas de VRS en adultos, lo que ha motivado avisos en fichas técnicas y estudios postautorización específicos. No es una contraindicación general, pero sí un factor que exige valoración individual del beneficio-riesgo, especialmente en personas con comorbilidad para quienes un cuadro respiratorio bajo por VRS puede precipitar descompensaciones. En la consulta, el consejo es sobrio: revisar antecedentes, documentar síntomas neurológicos previos, y, sobre todo, integrar la estacionalidad y la situación clínica real de cada paciente antes de recomendar.
Acceso, circuitos y costes aproximados
Para las familias, el itinerario es ya conocido y, a estas alturas, ágil. Si el parto ocurre en temporada, el hospital administra nirsevimab antes del alta. Si el bebé nació en verano, el centro de salud cita a principios de otoño. La inmunización es financiada y forma parte del calendario común para la población diana. Cuando hay dudas de calendario —por ejemplo, nacimientos muy próximos al arranque de la temporada—, la pediatría de referencia ajusta la fecha, ciñe la pauta a la ficha técnica y registra la dosis en la historia clínica y en las plataformas regionales.
En embarazo, Abrysvo se dispensa con receta en farmacias. La decisión suele tomarse en conjunto con obstetricia y medicina de familia, teniendo en cuenta antecedentes, semanas de gestación y probabilidad de parto en plena circulación del VRS. Dado que el programa público prioriza el anticuerpo del lactante, muchas gestantes optan por esa vía principal para el bebé y, en casos concretos, añaden la vacunación materna. La coadministración con otras vacunas del embarazo se maneja con prudencia y con la vista puesta en las ventanas temporales recomendadas.
Para adultos, el acceso depende de la comunidad autónoma y del perfil clínico. En regiones con programas selectivos, los equipos de residencias y hospitales están citando a institucionalizados y a determinados trasplantados a partir de 60 años para recibir Arexvy o, según disponibilidad, otra de las formulaciones autorizadas. Fuera de esos programas, la prescripción individual está encima de la mesa, con un pago privado que varía según presentación y acuerdos. En paralelo, se están lanzando estudios de efectividad en vida real que servirán para decidir si tiene sentido escalar a campañas más amplias o concentrarse en subgrupos donde el beneficio clínico y la coste-efectividad sean más contundentes.
En cuanto a costes, conviene separar el precio de compra del sistema —que no es público de forma homogénea y depende de contratos— del precio al público en farmacias. Para hacerse una idea de orden de magnitud en el entorno hospitalario, los análisis económicos utilizan referencias en torno a los 200 euros por dosis de nirsevimab para dimensionar impacto presupuestario, aunque la cifra real puede variar según acuerdos. Las vacunas de adultos tienen PVP propios y, por tanto, el gasto privado puede diferir entre comunidades y establecimientos. Lo importante es que la decisión clínica vaya por delante: ¿hay riesgo alto? ¿la temporada acaba de arrancar? ¿se puede coadministrar con la antigripal? Esa jerarquía evita compras impulsivas que no añaden protección significativa.
La foto que deja el VRS en 2025
La diferencia respecto a hace dos inviernos salta a la vista. El VRS —que durante décadas hemos asumido como un “catarro fuerte” de adultos pero una bronquiolitis temible en lactantes— ya no se gestiona con resignación; se planifica. Con nirsevimab, España ha colocado una pieza de alto rendimiento donde más daño hace el virus: los primeros meses de vida. Con Abrysvo en embarazo, existe una capa adicional para quien encaja en la ventana 24–36 semanas y valora esa protección transplacentaria. Y con Arexvy, Abrysvo y mRESVIA en adultos, hay una base regulatoria sólida para ≥60 años que el país está desplegando paso a paso, empezando por quienes más pueden beneficiarse.
No hay épica aquí, hay gestión. Los servicios de salud han bajado el ruido operativo, las familias salen del hospital con el anticuerpo puesto cuando toca, y las comunidades que han dado el salto en mayores lo hacen midiendo resultados y efectividad en entornos reales. El debate que queda —revacunación anual en adultos, perfiles que más ganan, precios y financiación— se resolverá con datos y con la experiencia de esta temporada 2025–2026, que ya avanza con menos camas ocupadas por bronquiolitis y con más herramientas disponibles en la estantería. Si algo ha cambiado de verdad es la sensación de control: el VRS seguirá circulando, pero ahora el sistema llega mejor armado y con una hoja de ruta que ya no depende de improvisar en enero. Con eso basta para respirar —literalmente— un poco más tranquilos.

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