Salud
¿Cuántos afectados dejó el eclipse en España? El balance de urgencias
El eclipse deja decenas de consultas oculares en España, sin casos graves confirmados y con un balance sanitario aún abierto tras la jornada.

El eclipse total de Sol del 12 de agosto dejó consultas por molestias oculares en las urgencias españolas, pero los primeros datos disponibles no dibujan, al menos de momento, una oleada de lesiones graves. Tampoco existe todavía un balance estatal cerrado que permita afirmar cuántas personas han resultado realmente afectadas en toda España. El dato territorial más completo procede de Euskadi: Osakidetza atendió a 58 personas por posibles problemas oculares relacionados con el eclipse, 22 en Atención Primaria y 36 en urgencias hospitalarias. Todas las lesiones comunicadas fueron leves o muy leves y no alteraron el funcionamiento habitual de los centros sanitarios.
En Baleares, el SAMU 061 recibió 14 llamadas de ciudadanos que referían problemas durante la observación del eclipse. En esos primeros contactos se sospechaban pequeñas afecciones oculares sin signos iniciales de gravedad, pero las autoridades no disponían todavía de una cifra que permitiera saber cuántos de esos ciudadanos terminaron acudiendo a centros de salud u hospitales. Dicho de otro modo: sumar 58 y 14 y anunciar 72 lesionados sería hacer contabilidad creativa con batas blancas. Las llamadas no equivalen a diagnósticos y los balances corresponden, además, a momentos y sistemas asistenciales diferentes.
Hay otra cautela importante. El recuento puede aumentar durante las horas posteriores porque una lesión retiniana no siempre se manifiesta mientras se mira el Sol. Los síntomas de una exposición inadecuada pueden aparecer con retraso, desde las primeras horas hasta uno o dos días después. Por eso el balance de la mañana del 13 de agosto es una fotografía provisional, no la película completa.
Euskadi registra 58 consultas, pero ninguna lesión grave
El País Vasco había preparado un refuerzo específico de sus servicios de Oftalmología ante el eclipse y acabó convirtiéndose en la comunidad que primero ofreció un recuento sanitario detallado. Según el balance provisional comunicado durante la mañana del jueves, 58 pacientes fueron atendidos por posibles lesiones o molestias visuales: 36 acudieron a urgencias hospitalarias y 22 fueron vistos en Atención Primaria. Entre los síntomas descritos figuraban manchas negras, destellos, pequeñas chispas en el campo visual, picor y otras molestias.
El dato más tranquilizador es el clínico: no se habían detectado lesiones graves. Los casos fueron clasificados como leves o muy leves y solo cuando resultó necesario se remitió a los pacientes a Oftalmología para seguimiento. Tampoco se produjo una presión asistencial capaz de trastocar la actividad normal de hospitales y centros de salud, algo relevante después de varios días de advertencias sobre un eventual aumento brusco de consultas.
Vitoria ofreció además otro corte asistencial, referido específicamente al Hospital Universitario de Álava. Hasta las 8:00 del jueves habían pasado por sus urgencias 12 personas relacionadas con la exposición al eclipse; cinco fueron valoradas en las urgencias especializadas de Oftalmología y siete presentaron cuadros leves que no necesitaron esa derivación. Este dato pertenece a un periodo distinto del balance general vasco y, por tanto, tampoco debe añadirse mecánicamente a los 58 casos.
Baleares: 14 avisos oculares dentro de una jornada con 46 incidentes
En Baleares el impacto sanitario directo fue más difícil de medir durante las primeras horas. El 061 recibió 14 llamadas por posibles molestias visuales, pero el balance disponible no confirmaba que las 14 personas hubieran sufrido retinopatía solar ni que todas hubieran terminado siendo atendidas presencialmente. De hecho, responsables sanitarios seguían sin disponer de una cifra cerrada de consultas hospitalarias provocadas por una observación negligente del eclipse.
El eclipse sí tuvo otras consecuencias. Emergencias contabilizó finalmente 46 incidentes relacionados con el fenómeno, entre problemas de tráfico, personas extraviadas, situaciones de riesgo para peatones, caídas, accidentes con embarcaciones y emergencias médicas. Hasta las 21:00 del miércoles, el 112 balear había recibido 1.848 llamadas y gestionado 510 incidentes de todo tipo; 38 estaban entonces vinculados al dispositivo especial del eclipse. La actividad fue superior a la habitual en algunos ámbitos, aunque las autoridades describieron la jornada como esencialmente normal.
Hubo sucesos más serios, como el accidente de una persona alcanzada por la hélice de una embarcación en Palmanova, pero no se trató de una lesión ocular causada por mirar el Sol. Conviene separar ambas estadísticas. El eclipse generó desplazamientos, concentraciones y accidentes indirectos; otra cosa es el número específico de pacientes con daño retiniano. Mezclarlo todo produce una cifra grande y un dato bastante pequeño.
El verdadero problema puede aparecer horas después
La lesión que más preocupa a los oftalmólogos es la retinopatía solar, un daño provocado por la radiación concentrada sobre la retina y especialmente sobre la mácula, la zona que utilizamos para leer, reconocer rostros o distinguir detalles finos. El Ministerio de Sanidad había identificado antes del eclipse la lesión retiniana por observación directa o inadecuada como uno de los principales riesgos sanitarios del fenómeno. El mecanismo es fundamentalmente fototóxico y puede afectar a las capas externas de la retina.
Aquí está la trampa: la retina puede lesionarse sin producir dolor. El hecho de que alguien mirara unos segundos hacia el eclipse, apartara la vista y no notara nada extraño en ese momento no demuestra que el ojo haya salido indemne. Entre las manifestaciones características figuran el escotoma central —una mancha o punto ciego—, la pérdida de agudeza visual, la fotofobia, las alteraciones de los colores y las metamorfopsias, que hacen que líneas rectas parezcan deformadas.
Las señales visuales que no conviene confundir con cansancio
La alarma es especialmente clara cuando aparece visión borrosa persistente, una mancha fija en el centro del campo visual, dificultad para leer o distinguir detalles, cambios en los colores o líneas que deberían ser rectas y empiezan a verse onduladas. Los síntomas pueden afectar de manera diferente a cada ojo y presentarse varias horas después de la exposición. Algunas referencias clínicas sitúan buena parte de las manifestaciones entre las primeras horas y las 48 posteriores.
El simple picor o la sensación de ojo seco pueden obedecer a causas mucho menos importantes, pero cuando existe una alteración real de la visión la situación cambia. La recomendación sanitaria es solicitar valoración oftalmológica, precisamente porque observarse en el espejo no sirve para saber qué está ocurriendo en la retina. Tampoco una aparente mejoría inmediata descarta la lesión.
La OCT permite ver daños que desde fuera son invisibles
Una de las pruebas utilizadas para estudiar estas lesiones es la tomografía de coherencia óptica, conocida como OCT, que obtiene imágenes de las diferentes capas de la retina. La literatura oftalmológica española lleva años documentando su utilidad: después del eclipse anular del 3 de octubre de 2005, médicos del Hospital Clínico San Carlos publicaron el caso de un hombre de 30 años que sufrió pérdida visual y un escotoma central tras observar directamente el Sol durante varios minutos; la OCT permitió identificar la alteración de los fotorreceptores foveales.
No existe, además, un tratamiento específico capaz de revertir de manera garantizada una retinopatía solar establecida. Parte de los pacientes puede experimentar recuperación con el tiempo, pero algunas alteraciones pueden persistir. Ahí reside la razón de tantas campañas preventivas: no era el habitual paternalismo administrativo empeñado en arruinar una tarde bonita, sino un riesgo ocular conocido y documentado desde hace décadas.
Sanidad ya esperaba consultas, aglomeraciones y más movilidad
El eclipse del 12 de agosto fue excepcional también por su alcance. El Instituto Geográfico Nacional lo definió como el primer eclipse total de Sol visible desde la península Ibérica en más de un siglo. La franja de totalidad atravesó España de oeste a este y pasó por numerosas capitales, entre ellas A Coruña, Oviedo, León, Bilbao, Zaragoza, València y Palma. En buena parte del resto del país el fenómeno fue parcial, pero eso no eliminaba el riesgo de observar directamente el disco solar.
Meses antes, el Ministerio de Sanidad había elaborado una evaluación específica para el denominado Trío de Eclipses 2026-2028. El documento señalaba que el eclipse no suponía por sí mismo un riesgo sanitario directo generalizado, pero sí podía generar problemas indirectos por observación inadecuada del Sol, grandes desplazamientos, concentraciones de personas y temperaturas extremas. La previsión oficial no era la de una catástrofe sanitaria nacional, sino la de incidentes concentrados en determinados escenarios y una posible carga adicional para algunos servicios asistenciales.
Los primeros datos encajan bastante bien con ese escenario. No hay señales de colapso sanitario ni de una epidemia de daño ocular, pero sí un goteo de pacientes suficiente para justificar los refuerzos que habían preparado varias comunidades autónomas. Euskadi ofrece por ahora la estadística sanitaria más clara; Baleares aporta un segundo indicador mediante las llamadas al 061. En otras comunidades que también reforzaron Oftalmología y Urgencias todavía no se había difundido, a mediodía del jueves, un recuento homogéneo que pudiera sumarse con rigor a esos datos.
El balance puede crecer durante las próximas horas
A mediodía del 13 de agosto, la cifra que puede afirmarse con mayor seguridad es 58 personas atendidas por posibles problemas oculares en Euskadi, todas con cuadros leves o muy leves en el balance comunicado, junto con 14 llamadas al 061 balear de ciudadanos que relacionaban sus molestias con la observación del eclipse. No son 72 diagnósticos confirmados y tampoco representan el total de España. Son dos indicadores territoriales de naturaleza distinta.
La ausencia inicial de casos graves es una buena señal, pero todavía pesa el retraso con el que puede manifestarse la lesión. Quien conserve una mancha fija, visión borrosa, distorsión de las líneas, pérdida de detalle o alteraciones de los colores después de haber mirado directamente al Sol necesita valoración oftalmológica. El eclipse duró apenas unos minutos en la memoria colectiva; sus estadísticas sanitarias, inevitablemente más prosaicas, tardarán algo más en quedar cerradas.

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