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Economía

¿Por qué Unitree se dispara un 629% y roza 66.000 millones en bolsa?

Unitree irrumpe en Shanghái con una subida de hasta el 629% y una valoración de 66.000 millones que retrata la fiebre por los robots chinos.

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robot domestico de Unitree

Unitree Robotics ha protagonizado uno de esos estrenos bursátiles que obligan a mirar dos veces la pantalla. El fabricante chino de robots humanoides y cuadrúpedos llegó a cotizar este miércoles, 19 de agosto, a 1.100 yuanes por acción en su debut en el STAR Market de Shanghái, un 629% por encima de los 150,80 yuanes fijados para su salida a bolsa. Durante ese fogonazo inicial, la compañía llegó a alcanzar una capitalización cercana a 445.000 millones de yuanes, unos 66.000 millones de dólares.

La explicación mezcla tecnología, escasez y una dosis considerable de euforia. Unitree se ha convertido en una de las caras más reconocibles de la robótica china justo cuando Pekín considera este sector una pieza estratégica de su competición industrial con Estados Unidos. A eso se suma una demanda descomunal de acciones y una oferta limitada. Pero hay un dato que conviene dejar colocado desde el principio, antes de que el 629% empiece a adquirir vida propia: ese porcentaje corresponde al máximo del estreno, no al cierre. La acción terminó la jornada en 845 yuanes, todavía un extraordinario 460% por encima del precio de colocación.

El 629% que encendió la Bolsa de Shanghái

Unitree salió al mercado con una valoración inicial cercana a 61.000 millones de yuanes, alrededor de 9.000 millones de dólares. Emitió unos 40,45 millones de títulos, equivalentes al 10% de su capital después de la operación, y captó aproximadamente 6.100 millones de yuanes, unos 904 millones de dólares.

Después llegó la estampida. El precio saltó hasta 1.100 yuanes nada más comenzar la negociación y convirtió momentáneamente una compañía valorada en unos 9.000 millones de dólares en otra que rozaba los 66.000 millones. Es decir, el mercado multiplicó su precio por más de siete prácticamente de golpe. Un ascensor sin plantas intermedias.

La fiesta perdió algo de voltaje conforme avanzó la sesión. El cierre en 845 yuanes situó la revalorización diaria en torno al 460%, y la capitalización descendió desde el máximo inicial hasta unos 342.000 millones de yuanes, alrededor de 50.000 millones de dólares al cambio utilizado durante la jornada. Sigue siendo una cifra enorme para una empresa cuyo volumen de negocio todavía pertenece a otra escala.

Ese contraste importa. Unitree facturó alrededor de 1.700 millones de yuanes en 2025, unos 250 millones de dólares. Tomando como referencia la capitalización del cierre, el mercado estaba valorando la compañía en más de 200 veces sus ventas del pasado ejercicio. No es una comparación perfecta —las valoraciones bursátiles miran hacia el futuro, no solo al retrovisor—, pero ayuda a entender hasta qué punto los inversores están pagando por lo que esperan que ocurra, no por el tamaño actual del negocio.

Por qué el mercado está pagando tanto por Unitree

La respuesta empieza por algo bastante terrenal: hay pocas empresas cotizadas capaces de ofrecer una exposición tan directa a los robots humanoides. Unitree se ha convertido en una de las compañías más visibles de este campo dentro del mercado chino, en un momento en el que la robótica avanzada ha pasado de curiosidad tecnológica a gran apuesta industrial.

El momento tampoco podría estar mejor escogido. La inteligencia artificial incorporada a máquinas capaces de moverse, manipular objetos y desenvolverse en espacios físicos —lo que suele llamarse IA incorporada o embodied AI— es uno de los grandes territorios de competición tecnológica. Tras la fiebre por los modelos generativos y los chips, el mercado busca ahora la siguiente frontera: conseguir que la inteligencia artificial deje la pantalla y empiece a caminar por fábricas, almacenes, hospitales o viviendas.

Y Unitree resulta fácil de reconocer. Sus robots corren, bailan, dan volteretas y ejecutan movimientos de artes marciales. Eso puede parecer una anécdota de vídeo viral, pero tiene una consecuencia empresarial menos frívola: la marca ha conseguido una visibilidad internacional que muchas compañías industriales tardan décadas en comprar. Unitree ya era famosa antes de cotizar. En bolsa, ese detalle pesa.

Tecnología, marca y una escasez bursátil muy rentable

El apetito por las acciones fue extremo. La colocación destinada a inversores particulares recibió una demanda de miles de veces el volumen disponible, una señal bastante evidente de que el debut no llegaba precisamente con el público bostezando.

La escasez ayuda a explicar semejante salto. Solo una pequeña parte del capital de Unitree quedó disponible para negociación inmediata. La compañía tendría unos 404,46 millones de acciones después de la oferta, pero poco más de 30 millones eran inicialmente negociables sin restricciones, alrededor del 7,4% del total. Mucho dinero persiguiendo relativamente pocos títulos: la receta no garantiza una subida, claro, pero sí puede convertir cualquier movimiento en algo bastante más violento.

También hay algo de política industrial en el precio. Pekín ha colocado la robótica avanzada junto a la inteligencia artificial, los semiconductores y otras tecnologías consideradas críticas para reducir dependencias externas y construir nuevos motores económicos. El estreno de Unitree coincidió, además, con un momento de enorme exposición pública para la industria robótica china, que el país ya no presenta como una curiosidad futurista, sino como infraestructura económica.

Un negocio real, aunque todavía lejos de justificar cualquier precio

Unitree tiene una ventaja relevante frente a buena parte de las empresas jóvenes del sector: ya vende robots y genera ingresos significativos. No estamos ante una sociedad cuya única mercancía sea una presentación de PowerPoint con androides sonrientes.

Pero tampoco hay miles de humanoides trabajando ocho horas diarias en fábricas y supermercados. Buena parte de los robots de Unitree sigue destinada a investigación, universidades, demostraciones y entornos experimentales. El reto verdaderamente difícil comienza cuando las piruetas desaparecen del escenario y una máquina tiene que repetir una tarea miles de veces, sin fallar, a un coste inferior al de las alternativas disponibles.

Las cifras de producción, aun así, empiezan a adquirir otra dimensión. Unitree y otros fabricantes chinos han elevado con rapidez sus entregas de robots humanoides, dentro de un mercado mundial todavía pequeño en comparación con el automóvil o la electrónica de consumo. No es producción masiva, ni de lejos, pero la pendiente empieza a llamar la atención.

China quiere convertir los robots en una industria masiva

Ahí está el verdadero significado del estreno de Unitree. No consiste únicamente en que una acción haya hecho un número extravagante durante unas horas. La Bolsa está intentando poner precio a una hipótesis mucho mayor: que China pueda industrializar los robots humanoides igual que logró fabricar a gran escala paneles solares, baterías, drones o vehículos eléctricos.

Fabricar prototipos espectaculares es relativamente sencillo comparado con producir cientos de miles de máquinas fiables y baratas. China cuenta aquí con una baza conocida: una inmensa cadena industrial de motores eléctricos, reductores, baterías, electrónica, sensores y componentes mecánicos. La batalla del robot humanoide quizá termine decidiéndose tanto en una línea de montaje de Shenzhen o Hangzhou como en un laboratorio de inteligencia artificial.

Unitree representa precisamente esa combinación. Nació en Hangzhou en 2016, fundada por Wang Xingxing, y comenzó ganando reconocimiento con robots cuadrúpedos relativamente económicos antes de avanzar hacia los humanoides. Frente al enfoque de máquinas extraordinariamente caras reservadas a laboratorios, la compañía ha tratado de rebajar costes y aumentar producción.

No está sola. Tesla trabaja en Optimus; Boston Dynamics continúa siendo una referencia tecnológica; y en China la competencia crece deprisa con nombres como AgiBot, Deep Robotics, Leju Robotics o X Square Robot. Varias compañías del sector buscan también financiación o una futura salida al mercado. El estreno de Unitree funciona, de hecho, como una primera gran etiqueta de precio para una industria que hasta hace poco vivía principalmente del capital riesgo.

Estados Unidos complica el mapa internacional

La expansión global introduce otra pieza menos cómoda. Más del 40% de los ingresos de Unitree en 2025 procedió del extranjero, mientras Estados Unidos representó aproximadamente el 13% de la facturación. Es una exposición considerable para una empresa situada exactamente en uno de los sectores donde Washington y Pekín se observan con menos cariño.

Las restricciones estadounidenses sobre determinadas tecnologías chinas han añadido incertidumbre al futuro comercial de Unitree. El sector de los robots humanoides y cuadrúpedos avanzados está cada vez más ligado a debates sobre seguridad nacional, dependencia tecnológica y posibles usos militares o de vigilancia.

El Pentágono también ha situado a Unitree bajo una atención creciente por sus posibles vínculos con la base industrial china. La compañía sostiene que sus robots están destinados a usos civiles, pero la tensión geopolítica convierte cada nuevo contrato internacional en algo más que una simple operación comercial.

Europa y otros mercados internacionales ganan así importancia. Si la empresa quiere justificar una valoración de decenas de miles de millones, difícilmente podrá vivir solo de universidades, demostraciones y compradores chinos fascinados por androides que dan patadas voladoras. Necesitará convertir esa ingeniería en productos útiles, repetibles y exportables.

Después del fogonazo empieza la prueba más difícil

El estreno bursátil de Unitree dice mucho sobre la compañía, pero quizá todavía más sobre el momento que vive China. Hace unos años, el símbolo de la tecnología del país podía ser una plataforma de comercio electrónico o una aplicación para móviles. Ahora el escaparate lo ocupa un robot que corre, salta y trabaja con inteligencia artificial, algo bastante más tangible que otro icono en una pantalla.

El 629% concentra toda la atención porque es una cifra irresistible. Sin embargo, el dato verdaderamente interesante está debajo: una empresa fundada hace apenas una década, con unos 250 millones de dólares de ingresos anuales, llegó a valer durante unas horas alrededor de 66.000 millones de dólares y terminó su primera sesión todavía valorada en torno a 50.000 millones. El mercado ha decidido adelantar muchos años de crecimiento en un solo día.

Puede que los inversores estén anticipando correctamente el nacimiento de una industria gigantesca. Puede también que hayan pagado demasiado pronto por ese futuro. Ambas cosas, de hecho, pueden ser ciertas a la vez. Las tecnologías que cambian el mundo no están vacunadas contra las burbujas; el ferrocarril, internet y las energías renovables dejaron unas cuantas pruebas históricas bastante caras.

Unitree ya ha ganado la primera carrera: ha conseguido que el capital persiga a sus robots. La siguiente será bastante menos vistosa y mucho más importante. Conseguir que esas máquinas abandonen las exhibiciones, entren de verdad en fábricas y negocios, trabajen durante años sin convertirse en un problema y produzcan suficiente dinero para sostener la formidable valoración que Shanghái acaba de colocar sobre sus hombros metálicos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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