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¿Hasta dónde llega Ucrania? Ataca Perm y una base aérea en Volgogrado

Ucrania golpea una refinería en Perm y una base aérea en Volgogrado, llevando sus drones al interior de Rusia y elevando la presión militar.

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el plan europeo para Ucrania

Ucrania ha llevado de nuevo sus ataques de largo alcance al interior de Rusia. Durante la noche del 20 al 21 de agosto, las fuerzas ucranianas golpearon la refinería Lukoil-Permnefteorgsintez, en la región de Perm, y el aeródromo militar de Marinovka, en Volgogrado. El primero de los objetivos está situado a más de 1.500 kilómetros de la frontera ucraniana, una distancia que convierte la operación en algo bastante más significativo que otro intercambio de drones dentro de una guerra que hace tiempo dejó de respetar las líneas nítidas del mapa.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, reivindicó los ataques y los presentó como parte de la campaña de golpes en profundidad con la que Kiev pretende trasladar a territorio ruso parte del coste militar y económico de la invasión. Las autoridades rusas, por su parte, reconocieron actividad de sus defensas antiaéreas en Perm y daños en una instalación industrial. Por ahora, sin embargo, no existe una evaluación independiente que permita establecer hasta qué punto la refinería ha quedado afectada ni cuál es la magnitud de los daños en Marinovka.

Un ataque a más de 1.500 kilómetros de Ucrania

Perm está muy lejos del frente. Y precisamente ahí está una parte importante de la noticia. La ciudad se encuentra en la parte europea de Rusia, junto a los Urales, y hasta hace no demasiado tiempo esa distancia proporcionaba a determinadas infraestructuras una sensación razonable de seguridad. Esa comodidad geográfica se ha ido evaporando. Poco a poco, y ahora bastante deprisa.

Durante el ataque se activaron las sirenas y las defensas aéreas de la región. El aeropuerto de Bolshoye Savino restringió temporalmente sus operaciones por motivos de seguridad mientras residentes de Perm informaban de explosiones y de una columna de humo sobre la zona industrial.

El gobernador regional, Dmitri Majonin, aseguró que las fuerzas rusas derribaron 16 aparatos no tripulados sobre el territorio de Perm. También confirmó que un hombre resultó herido por metralla y que una instalación industrial sufrió daños, aunque señaló que no hubo víctimas en ese complejo. La coincidencia geográfica y temporal con los vídeos difundidos desde la zona apunta a la refinería atacada, cuya localización fue identificada también por fuentes ucranianas.

El Ministerio de Defensa ruso afirmó, en un balance mucho más amplio de la noche, haber interceptado 325 drones ucranianos sobre 15 regiones del país, la península de Crimea y los mares Negro y de Azov. Como ocurre habitualmente en esta guerra, las cifras comunicadas por los contendientes no pueden comprobarse de manera independiente en tiempo real.

Perm no es una refinería cualquiera

La instalación Lukoil-Permnefteorgsintez es uno de los grandes complejos rusos de procesamiento de petróleo. Su capacidad supera los 13 millones de toneladas anuales y de sus instalaciones salen gasolina, diésel, combustible para aviación y otros derivados. No es difícil entender por qué aparece una y otra vez en la libreta de objetivos de Kiev.

Golpear una refinería produce un efecto distinto al de atacar directamente una posición en el frente. No destruye por sí solo la capacidad militar rusa, ni mucho menos, pero puede obligar a detener unidades de procesamiento, realizar reparaciones costosas, modificar rutas de suministro y mover combustible desde instalaciones situadas más lejos. En una guerra de desgaste, ese tipo de pequeñas grietas logísticas importa. Una detrás de otra, más.

La planta de Perm tampoco era un objetivo virgen. Ya había sufrido ataques ucranianos el 30 de abril, el 7 de mayo y, más recientemente, el 29 de julio. La repetición revela que Ucrania no está buscando únicamente golpes espectaculares para las cámaras: intenta mantener presión sobre instalaciones que Rusia necesita para transformar su enorme producción de crudo en combustibles utilizables.

Eso no significa que la refinería haya quedado inutilizada tras el ataque de este viernes. A esta hora no hay información fiable que permita afirmar un cierre total de las instalaciones. Una columna de humo puede ser muy fotogénica; la capacidad real perdida se mide después, cuando se conocen las unidades dañadas, el tiempo de reparación y la reducción efectiva del procesamiento.

Marinovka lleva la presión a la aviación rusa

El segundo objetivo confirmado por Kiev fue el aeródromo militar de Marinovka, en la región de Volgogrado. Las autoridades ucranianas han indicado que todavía se están evaluando allí los resultados del ataque, por lo que cualquier cifra concreta de aeronaves destruidas o infraestructuras inutilizadas sería, de momento, prematura.

El interés militar del aeródromo es evidente. Los ataques ucranianos contra bases aéreas buscan obligar a Rusia a dispersar aviones, reforzar defensas y alejar determinados medios del frente. Incluso cuando un dron no destruye una aeronave, conseguir que Moscú tenga que dedicar más sistemas antiaéreos y recursos a proteger cientos de kilómetros de retaguardia ya altera su planificación.

Zelenski también afirmó que existen resultados de operaciones recientes contra otros objetivos. Entre ellos mencionó un Su-34 ruso dañado en el aeródromo de Ajtubinsk y una instalación de Primorsko-Ajtarsk utilizada, según Kiev, para almacenar, preparar y lanzar drones de ataque contra Ucrania.

Del petróleo a los aviones, la lógica es la misma

A primera vista, una refinería en Perm y una pista militar en Volgogrado parecen objetivos de naturalezas distintas. En realidad encajan en la misma estrategia: atacar aquello que permite a Rusia sostener la guerra desde su retaguardia.

Combustible, depósitos, aeródromos, centros logísticos, instalaciones para drones. Kiev está intentando ensanchar el campo de batalla mucho más allá de las trincheras del Donbás. La profundidad territorial rusa continúa siendo gigantesca, claro, pero ya no funciona como una muralla automática frente a sistemas no tripulados capaces de recorrer más de un millar de kilómetros.

La ofensiva de esta semana deja bastante clara esa continuidad. Apenas un día antes, las fuerzas ucranianas habían confirmado ataques contra la refinería TANECO, en Tartaristán, y contra la terminal petrolera de Tamanneftegaz, en el territorio de Krasnodar. En ambos emplazamientos se registraron incendios. El patrón es difícil de pasar por alto: la infraestructura energética rusa ha pasado a ocupar un lugar central en la guerra de largo alcance.

Por qué Ucrania insiste en las refinerías rusas

Rusia es uno de los mayores productores de petróleo del mundo, pero extraer crudo y disponer de combustible listo para un tanque, un camión o un avión son dos cosas distintas. El petróleo debe refinarse, almacenarse y transportarse. Son procesos industriales complejos y, precisamente por eso, ofrecen objetivos relativamente concentrados.

Ucrania intenta explotar esa vulnerabilidad. Un país puede tener enormes reservas de hidrocarburos bajo tierra y sufrir, al mismo tiempo, problemas de suministro regional si varias refinerías reducen simultáneamente su actividad. La capacidad de refinado, no la mera existencia del petróleo, es el cuello de botella que Kiev pretende estrechar.

Hay también un efecto económico. Los daños obligan a invertir recursos en reparaciones y protección, pueden alterar las exportaciones de productos refinados y fuerzan a Rusia a desplegar sistemas antiaéreos lejos de otros puntos sensibles. Cada batería utilizada para vigilar una instalación industrial a 1.500 kilómetros de Ucrania es una batería que Moscú debe decidir dónde no coloca. La aritmética de una guerra larga tiene esas crueldades bastante prosaicas.

Eso sí: atribuir a un solo ataque consecuencias decisivas sería exagerado. Rusia posee una extensa red energética y capacidad para reparar instalaciones dañadas. La importancia aparece en la acumulación, en la frecuencia y en la posibilidad de que varios complejos queden degradados a la vez.

Una retaguardia rusa cada vez menos profunda

El ataque de este 21 de agosto deja una imagen estratégica más importante que las llamas concretas de Perm. Ucrania puede alcanzar regularmente objetivos situados a más de 1.500 kilómetros de su frontera, y Moscú tiene que asumir que instalaciones hasta hace poco consideradas remotas necesitan defensas, planes de contingencia y reparaciones.

Queda por conocer la magnitud real de los daños en la refinería y, sobre todo, qué ocurrió en Marinovka. Kiev asegura haber golpeado ambos objetivos; Rusia admite daños en una instalación industrial de Perm y una gran ofensiva de drones, aunque ofrece una lectura muy distinta sobre el éxito de sus defensas.

La geografía, entretanto, ha cambiado sin moverse un centímetro. Perm sigue estando junto a los Urales y Volgogrado sigue lejos de Ucrania. Lo nuevo es otra cosa: la distancia ya no garantiza seguridad. En una guerra donde pequeños aparatos cargados de explosivos recorren más de mil kilómetros durante la noche, la retaguardia empieza a parecerse cada vez menos a una retaguardia.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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