Síguenos

Actualidad

¿Por qué Tom Hanks dice que el tiempo es tu mejor aliado?

Tom Hanks, 69 años, vuelve a estar en boca de todos por una reflexión sencilla y contundente: “Esto también pasará”. La idea, tan clara que casi desarma, reaparece con fuerza porque el actor la formula como un antídoto contra la euforia y contra el desastre.

Publicado

el

Tom Hanks en un evento

Foto: Wiki

Tom Hanks rescata su lema útil: “Esto también pasará”. Contexto y ejemplos que explican cómo convertir el tiempo en aliado en la vida diaria.

Tom Hanks, 69 años, vuelve a estar en boca de todos por una reflexión sencilla y contundente: “Esto también pasará”. La idea, tan clara que casi desarma, reaparece con fuerza porque el actor la formula como un antídoto contra la euforia y contra el desastre. Si estás arriba, no dura para siempre; si estás abajo, tampoco. Hanks añade un paso más, práctico, que ha encajado como titular generacional: “El tiempo es tu aliado, solo tienes que esperar”. No lo lanza como consigna de autoayuda, sino como una regla de supervivencia que le ha servido dentro y fuera del cine. La frase, convertida en clip viral en España estos días, es útil por su economía: coloca cada experiencia en su tamaño real y concede margen a la perspectiva. Eso, en épocas de ruido constante, vale oro.

El contexto es reconocible incluso para quien no siga al detalle la actualidad de Hollywood. La reflexión procede de una conversación entre actores de primera línea y se ha reactivado en medios y redes por su vigencia inmediata. Hanks no predica milagros, defiende una estrategia: dar al tiempo la oportunidad de decantar los extremos. El éxito se disfruta más si se asume su carácter fugaz; la tristeza se hace soportable cuando se sabe que tiene fecha de caducidad. Esa es la esencia, el mensaje que ha prendido con rapidez en España: una invitación a esperar con método, a no confundir un pico emocional con la foto definitiva.

Qué ha dicho exactamente y por qué vuelve ahora

Las palabras clave son dos, cortas y fáciles de recordar: paciencia y proporción. Hanks encadena en el clip una secuencia que no necesita subrayados: cuando te sientes invencible, cuando crees tener todas las respuestas, pasará; cuando te sientes hundido, confundido o fuera de lugar, también pasará. En ambos casos, el actor remata con la misma receta: concede tiempo. La paciencia no aparece como un lujo contemplativo, sino como disciplina cotidiana que evita sobrerreaccionar a lo extraordinariamente bueno o a lo excepcionalmente malo. De ahí su fuerza periodística: es una explicación breve de por qué mantener la cabeza fría ha dejado de ser un tópico para convertirse en herramienta de higiene mental.

El clip ha resurgido en España con titulares que van al grano y con un dato biográfico que ordena la mirada: Hanks tiene 69 años y un historial de éxitos, tropiezos, diagnósticos de salud y renacimientos profesionales que avalan el consejo. No es solo una estrella de cine dando una frase redonda. Es un intérprete con cuatro décadas de carrera, dos Óscar, seis nominaciones a la estatuilla y cuatro Globos de Oro que conoce el ciclo entero: el aplauso sin matices, el silencio entre proyectos, la crítica severa, el regreso. Por eso funciona: porque la experiencia sostiene las palabras.

De una charla entre actores al lema compartido

La escena original pertenece a una mesa redonda de The Hollywood Reporter en plena temporada de premios, con un panel tan atractivo como improbable: Robert De Niro, Adam Driver, Jamie Foxx, Shia LaBeouf y Adam Sandler, además de Tom Hanks. No era un discurso solemne, sino un intercambio entre colegas sobre oficio, egos, caídas y remontadas. Ahí, con un tono casi de profesor paciente, Hanks articuló su pequeña teoría del péndulo emocional: nada es eterno, ni el vértigo del éxito ni la oscuridad del traspiés. Y, si uno se acostumbra a mirar así, el tiempo deja de parecer un juez y empieza a actuar como un aliado que te saca de la distorsión del momento.

Hay algo generacional en esa calma. Hanks nació en 1956, creció profesionalmente en la televisión de los 80, cruzó al cine con papeles de comedia que hoy son cultura pop (“Big”) y se asentó definitivamente como actor dramático en los 90 con “Philadelphia” (1993) y “Forrest Gump” (1994), por las que encadenó dos Óscar consecutivos. Después vinieron nominaciones por “Saving Private Ryan” (1998), “Cast Away” (2000) y “A Beautiful Day in the Neighborhood” (2019). Entre medias, proyectos de distinto impacto comercial y crítico. Ese arco entero —desde el fenómeno social hasta el parón— explica por qué una frase tan breve tiene recorrido fuera de Hollywood y fuera del momento puntual.

El eco español de la última semana tiene una lógica adicional: el clip cuadra con el clima cultural de ahora mismo, con el cansancio de la inmediatez y la sensación de que todo se decide a golpe de impulso. En ese terreno, un referente popular que sugiere bajar una marcha y posponer la reacción 24 horas suena razonable, casi higiénico. No hay truco: solo espera activa, la que consiste en no corregir con prisas, no magnificar una noticia favorable y no hundirse por una mala.

La biografía que da credibilidad

Hanks ha contado detalles de su salud que encajan con esa manera de mirar. En 2013 reveló que padece diabetes tipo 2 y que durante años ignoró señales que ahora no pasaría por alto: oscilaciones de peso, hábitos alimentarios poco sostenibles, exceso de trabajo. No lo narró buscando compasión; lo enmarcó en una decisión adulta de cuidado y seguimiento. Asumió medicación, ajustó la dieta, introdujo cambios de rutina y convirtió el control en una especie de calendario personal, con cifras, revisiones y objetivos realistas. De nuevo, el tiempo como un compañero que, a fuerza de constancia, mejora los resultados.

En marzo de 2020, durante el rodaje en Australia del biopic “Elvis” de Baz Luhrmann, Tom Hanks y Rita Wilson comunicaron que habían dado positivo por coronavirus. Aquella noticia fue uno de los primeros avisos de la pandemia que reventó la agenda global. La pareja siguió los protocolos de aislamiento, informó con sobriedad y, una vez recuperada, regresó al trabajo dentro de las normas del set. No hubo épica en ese tránsito, solo cumplimiento de reglas y paciencia. También ahí se lee la misma filosofía: reconocer que hay tiempos que no controlas, que un proceso de recuperación lleva su propio ritmo y que lo sensato es acompasarse.

El actor ha sido siempre explícito al reconocer errores, decisiones mejorables y etapas irregulares. En “Elvis” (2022) se expuso a un papel polémico —el coronel Tom Parker, manager de Presley— que no convenció a toda la crítica, y en “A Man Called Otto” (2022, estrenada en España como “El peor vecino del mundo”) optó por una historia íntima, con curva de boca a oreja de esas que se recomiendan de amigo a amigo. Ciclos diferentes, recepción diversa, la misma actitud de fondo: rodearse de equipos solventes, asumir que no todo conectará y sostener el plan a medio plazo.

Una idea que encaja en su filmografía

Quien busque en su cine un espejo de esa tesis no tardará en encontrarlo. Si algo recorre los papeles más memorables de Hanks es la relación con el tiempo como motor dramático. No es solo un tema: es casi una ética.

Náufrago: aprender a medir el mundo en mareas

“Náufrago” (2000), dirigida por Robert Zemeckis, es quizá el ejemplo más literal. Chuck Noland, ejecutivo que todo lo programa al minuto, naufraga y aprende a vivir a ritmo de mareas y estaciones. El reloj se vuelve inútil; el calendario, imprescindible. Sobrevive cuando comprende la idea que Hanks, años después, simplifica en una frase: esperar no es pasivo, es una acción sostenida que ahorra energía, que gestiona recursos, que lee el entorno. El rescate no llega por arte de magia; llega cuando las piezas —viento, salud, provisiones, ánimo— se alinean. El tiempo, aquí sí, juega a favor de quien sabe escucharlo.

Esa lógica aparece también en “Forrest Gump” (1994), donde la historia de Estados Unidos discurre como un río y el protagonista no lucha por detenerlo, sino por atravesarlo con dignidad. O en “The Terminal” (2004), la comedia dramática de Steven Spielberg donde Viktor Navorski queda atrapado en un aeropuerto y convierte la espera en un sistema de vida. Y en “Captain Phillips” (2013), su retrato del capitán Richard Phillips se apoya en la gestión de las horas como recurso táctico ante un secuestro. En todos los casos, la paciencia no es resignación: es el modo de hacer espacio a decisiones mejores.

Volviendo al presente, “Noticias del gran mundo” (2020) ofrece otro registro del mismo tema. Allí, un veterano de guerra que lee periódicos a comunidades aisladas se lanza a un viaje lento, peligroso, cuidando de una niña que no habla su idioma. El relato reclama tiempo para que crezca la confianza, para que la empatía tenga sitio, para que un vínculo improbable se vuelva necesario. Hanks, otra vez, imanta la pantalla desde la templanza.

Qué significa convertir el tiempo en aliado

Llevar esa idea al terreno práctico requiere despejar malentendidos. Hanks no habla de dejar que la vida se resuelva sola. Habla de gestionar la urgencia, de posponer la acción media hora, un día o una semana cuando intuimos que el impulso es peor consejero que un dato contrastado. El trabajo que propone es, en realidad, técnico: identificar el ruido, separar lo episódico de lo estructural y ordenar decisiones. Es útil para una carrera artística y para cualquier oficio en el que la exposición pública, las métricas o la presión aceleran los ciclos.

Hay un modo concreto de leer su frase en clave laboral. La industria audiovisual es una máquina que premia picos: taquilla del fin de semana, índices de audiencia, nominaciones y premios. Si uno se cree demasiado los días de champán, la caída posterior duele el doble; si se define por una racha discreta, pierde gasolina justo cuando la va a necesitar. Entender el tiempo como aliado ayuda a suavizar la curva. En términos prácticos: negociar mejor, elegir con más precisión, aguantar el proyecto que requiere maduración, abandonar el que ya no encaja, evitar el sí automático y el no defensivo.

Aplicado a la vida personal, el consejo se vuelve igual de operativo. Retrasar una decisión difícil 24 horas para que el enfado baje dos puntos suele dar resultados mejores; no responder a un mensaje de trabajo fuera de horario puede evitar un error; llevar un registro simple de hábitos —sueño, comida, actividad— otorga datos para ajustar rutinas sin dramas. Dicho de otra forma: el tiempo no resuelve por ti, pero mejora tu puntería si lo incorporas a la ecuación.

En salud, la biografía pública de Hanks ofrece un cuadro claro. La diabetes tipo 2 no se gestiona con un golpe de efecto. Se gobierna con una línea de tiempo: alimentación consistente, medicación pautada, seguimiento médico y ajustes. Quien ha pasado por un diagnóstico crónico sabe que la impaciencia empeora resultados. Si se asume el proceso, el tiempo se convierte en ese aliado del que habla el actor: aparece el premio de los pequeños avances sostenidos.

Hay un segundo terreno donde el consejo encaja: la conversación pública. En el ecosistema de redes sociales, la velocidad presiona para opinar al instante. La tesis de Hanks invita a frenar: observar 24 horas suele develar ángulos, contextos y datos que no estaban disponibles en el primer minuto. También reduce el margen de error y rebaja, de paso, la exposición a la vergüenza de tener que rectificar por precipitación.

Por qué el mensaje prende en España hoy

Las últimas jornadas han devuelto el clip a la circulación con titulares nítidos, y no es casual. España ha encadenado años intensos en lo social y lo económico, con una conversación pública ruidosa y picos informativos que apenas dejan espacio al sosiego. La frase de Hanks, en apariencia menor, funciona porque actúa como contrapeso: rescata la idea de que no todo es un juicio inmediato. El archivo reciente de su carrera ayuda a que suene verosímil; también el peso simbólico del actor, asociado a personajes que representan cordura, bondad o resiliencia sin caer en la caricatura.

El eco mediático tiene otro componente: la trasversalidad del mensaje. No exige suscribirse a una visión del mundo, no define bandos, no lleva ideología. Por eso gana espacio en informativos, columnas y tertulias sin necesidad de polémica. El contenido es verificable —una declaración concreta, en un foro concreto— y el enfoque es utilitario: reduce el estrés de las lecturas hiperboleadas, reclama margen para el análisis y devuelve una sensación de control que se agradece en contextos de incertidumbre.

También pesa la credibilidad del mensajero. Tom Hanks tiene el tipo de prestigio que en el periodismo se llama “capital reputacional” bien ganado. No solo por los premios; también por la percepción de seriedad y por el modo en que ha gestionado sus apariciones públicas. No hay exhibicionismo; hay relatos medidos, ironía amable y una preferencia por el dato frente a la estridencia. En un ecosistema saturado, esa sobriedad suma. Cuando alguien así deja una frase tan compacta, el eco dura más.

Por otro lado, la relectura en clave española es interesante. En nuestro mercado audiovisual, donde conviven plataformas, cine independiente, comedia costumbrista y superproducciones, el ciclo de expectativas y juicios se ha acelerado hasta niveles que hace cinco años parecían impensables. Un proyecto puede pasar de promesa a fracaso en 48 horas por una mala combinación de titular, tráiler y conversación en redes. La paciencia profesional a la que apunta Hanks no es un lujo de Hollywood: es una necesidad para sostener carreras, para blindar equipos de creación y para devolver aire a las historias sin condenarlas al veredicto exprés.

El impacto de su frase, por último, conecta con una tradición cultural más amplia. “Esto también pasará” tiene ecos antiguos, rastreables en proverbios y literatura sapiencial. Su valor moderno reside en ese segundo remate —“El tiempo es tu aliado”— que desplaza la carga del destino a la gestión personal. No es “sucederá lo que tenga que suceder”, sino “organízate para llegar mejor a lo que va a suceder”. Esa diferencia, sutil, es la que convierte una sentencia bonita en una herramienta práctica para empresas, equipos deportivos, familias o profesionales que trabajan en entornos —como la sanidad, la educación o la seguridad— donde la presión temporal altera decisiones.

Cuando la paciencia ordena las cosas

La noticia no es que Tom Hanks haya inventado una máxima. La noticia es que la reactualiza en un momento de sobrecarga informativa y lo hace desde una autoridad serena: la de quien ha vivido a ambos lados del foco, la de quien ha sumado éxitos, aceptado tropiezos y aprendido a tomarse el tiempo en serio. El clip que estos días corre por España no deja grandes spoilers ni promesas vacías. Deja una técnica que cualquiera puede ensayar: añadir tiempo a la ecuación para que baje el ruido, equilibrar la mirada y decidir desde un lugar menos inflamable.

Queda claro que la fórmula no exime de trabajo. Hanks no propone dejar pasar las cosas sin intervenir. Propone intervenir mejor. Para eso hay que practicar un par de hábitos: retrasar la respuesta cuando el pulso manda, comprobar el dato antes del tuit, distinguir la ola del fondo del mar, saber cuándo cerrar una etapa y cuándo resistir, medir —con el calendario, no con el corazón acelerado— qué ha cambiado y qué no. Ese es el terreno donde el tiempo deja de ser un enemigo que nos persigue y se convierte en aliado que nos acompaña.

En la medida en que el clip siga circulando, no será por la celebridad del autor, sino por la utilidad del contenido. Al recordarnos que los extremos son, por definición, momentáneos, su frase devuelve al centro lo que más escasea: la proporción. Y la proporción, en la vida pública y privada, suele mejorar la puntería, cuidar la salud, proteger relaciones y sostener carreras. Lo sabía el ejecutivo de FedEx que aprendió a vivir escuchando el viento en una isla desierta. Lo sospechaba el hombre que corrió durante años con una gorra roja. Lo repite hoy el actor que los interpretó: “Esto también pasará”. Y sí, el tiempo puede estar de tu parte. Si le dejas. Si esperas. Si conviertes la paciencia —esa palabra que tan poco vende— en una práctica diaria que ordena lo que, de otro modo, se confunde. Esa es, al final, la noticia. Y el recordatorio. Y el hilo conductor que explica por qué una frase breve pronunciada sin estridencias sigue funcionando.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído