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¿Tom Brady se rinde? Apoya a New England Patriots tras el enfado

Brady pasa de la neutralidad al apoyo a Patriots en el Super Bowl: mensaje a Kraft, enojo en New England y duelo con Seahawks en Santa Clara. El mito volvió a hacer lo que tantas veces hizo en el campo: leer el ambiente y ajustar el tiro.

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Tom Brady se rinde

Tom Brady pasó de declararse neutral ante el Super Bowl LX a expresar su apoyo a los New England Patriots. Su primer comentario, en el que dijo que no tenía preferencia entre su antiguo equipo y los Seattle Seahawks, provocó reproches de excompañeros y aficionados. Después publicó un mensaje dirigido al propietario de la franquicia, Robert Kraft, en el que le animaba a conseguir el séptimo anillo de los Patriots para igualar los siete que él ganó como jugador.

El cambio no altera lo que ocurrirá sobre el césped del Levi’s Stadium, en Santa Clara, pero dice mucho sobre el lugar que Brady ocupa todavía en Nueva Inglaterra. Ganó seis Super Bowls con los Patriots y el séptimo con los Tampa Bay Buccaneers. Hoy es analista de Fox Sports y copropietario minoritario de Las Vegas Raiders: tiene motivos profesionales para guardar distancia. Para quienes lo vieron construir una dinastía en Foxborough, en cambio, su neutralidad resultó difícil de encajar precisamente ante el primer Super Bowl del equipo desde su marcha.

De la neutralidad al mensaje para Robert Kraft

La polémica empezó con una intervención en un pódcast. Brady explicó que no tenía un equipo favorito en el enfrentamiento y dejó el resultado en manos de los protagonistas. La postura podía leerse como respeto hacia ambos finalistas, pero también como una renuncia a tomar partido por la camiseta con la que alcanzó la mayor parte de sus éxitos. En un deporte donde la pertenencia sobrevive a menudo a la retirada, una frase prudente adquirió un peso inesperado.

La reacción se extendió entre antiguos jugadores de New England. Vince Wilfork, Rob Gronkowski y Asante Samuel figuraron entre quienes cuestionaron que Brady mantuviera esa distancia. También el linebacker Robert Spillane, integrante de la plantilla actual, mostró su malestar. No todos hablaban desde el mismo vínculo con el quarterback, pero el fondo de la crítica era reconocible: esperaban una señal pública de apoyo en una ocasión importante para la franquicia.

Brady terminó dándola mediante una publicación en Instagram dirigida a Kraft. Utilizó las iniciales del propietario y vinculó el posible triunfo del equipo con sus propios siete anillos. El mensaje era breve y cercano, sin necesidad de explicar veinte años de historia compartida. Su efecto fue más claro que el de una declaración general sobre el partido: Patriots ya tenía el respaldo explícito de su exquarterback más célebre.

No hace falta interpretar ese gesto como una retractación completa ni atribuirle una intención que Brady no ha explicado. Sus dos intervenciones responden a planos distintos: primero habló de sus preferencias ante un partido entre dos equipos; después se dirigió al dueño de la organización en la que se convirtió en leyenda. La contradicción existe en la recepción pública de ambos mensajes, aunque el vínculo personal con Kraft ayude a entender por qué eligió esa forma de expresarse.

Por qué la frase dolió tanto en Nueva Inglaterra

Brady no es un antiguo jugador más en la memoria de los Patriots. Durante dos décadas, su nombre estuvo ligado a una manera de competir que convirtió las remontadas y los finales apretados en parte de la identidad del club. La franquicia incluso le ha dedicado una estatua en las inmediaciones del Gillette Stadium. Con una presencia así, cada palabra suya se escucha como algo más que una opinión sobre un partido.

El regreso de New England al Super Bowl intensifica esa sensibilidad. El equipo ha atravesado cambios y temporadas de ajuste desde la salida del quarterback, y ahora disputa el título con otro entrenador y otra generación de jugadores. Para muchos aficionados, este encuentro representa la posibilidad de ver a los Patriots ganar de una forma distinta. La postura inicial de Brady se cruzó con ese deseo de reconocimiento: el pasado parecía mirar con distancia al presente.

También hay una diferencia entre lo que un exjugador debe hacer y lo que el público espera de él. Brady no tiene ninguna obligación deportiva de pronunciarse a favor de New England; tampoco ha sugerido que quiera ver perder al equipo. Pero los símbolos no se juzgan con las mismas reglas que una declaración neutral de un analista. Quien fue durante años el rostro de una franquicia sigue formando parte de su relato, aunque su carrera haya continuado en otros lugares.

Su etapa en Tampa Bay ya había demostrado que su biografía no terminaba en Foxborough. Allí ganó el anillo que elevó su cuenta personal a siete, uno más que los seis conquistados con los Patriots. Esa separación entre el palmarés del jugador y el de la franquicia vuelve especialmente expresivo el mensaje a Kraft: New England busca una cifra que igualaría el total de Brady, no únicamente los títulos que ambos consiguieron juntos.

El equilibrio incómodo de sus nuevos papeles en la NFL

La cautela inicial tiene un contexto que va más allá de los sentimientos. Brady trabaja como analista en Fox Sports, una función en la que sus comentarios se examinan desde la expectativa de imparcialidad. Fox no es la cadena encargada de la retransmisión principal de este Super Bowl, que corresponde a NBC, pero su condición de figura televisiva no desaparece cuando termina su jornada de trabajo. Su voz ya no pertenece solo al vestuario en el que jugó.

A ello se suma su participación minoritaria en Las Vegas Raiders. Ser propietario, aunque sea de una pequeña parte de otro equipo, coloca sus palabras en un terreno diferente al de la nostalgia de un exjugador. No implica que deba ocultar sus preferencias ni permite conocer los motivos exactos de su primera respuesta. Sí explica por qué la distancia pública podía parecerle razonable antes de que la reacción de Nueva Inglaterra mostrara su coste emocional.

Ese cruce de papeles hace singular el episodio. Brady es a la vez una leyenda de los Patriots, un exjugador que ganó con otra franquicia, un analista y alguien con intereses dentro de la liga. Ninguna de esas facetas borra las demás. Su mensaje a Kraft no resuelve para siempre esa tensión, pero recuerda que la identidad deportiva no se ordena como un organigrama: los vínculos creados durante años siguen ahí aunque cambie el puesto de trabajo.

Unos Patriots con otra cara y una defensa como argumento

El equipo que recibe ahora el apoyo de Brady no intenta reproducir exactamente su época. Mike Vrabel, campeón con New England como jugador, está al mando en su primer año como entrenador principal de los Patriots. Conoce la cultura del club desde dentro, pero dirige una plantilla distinta, construida alrededor de una defensa exigente y una idea de juego que evita regalar posesiones. La continuidad está en el escudo; el modo de buscar la victoria pertenece a esta generación.

El quarterback Drake Maye, de 23 años, es el rostro más visible del cambio. Su llegada al partido por el título le sitúa ante la posibilidad de convertirse en el quarterback más joven en ganar un Super Bowl. El dato llama la atención por el récord, aunque en el campo importará algo más inmediato: cómo responde ante una defensa capaz de reducir sus opciones de pase y castigar los errores. Maye no juega para repetir a Brady, sino para sostener su propio equipo en el escenario de mayor presión.

El ataque cuenta con Stefon Diggs como amenaza exterior y con TreVeyon Henderson y Rhamondre Stevenson para dar peso al juego de carrera. Esa variedad permite buscar avances sin depender de un intercambio permanente de grandes jugadas. Una posesión larga, una carrera que gana unos metros difíciles o un pase seguro pueden valer tanto como una acción espectacular cuando el rival defiende bien. Para New England, controlar el ritmo es una forma de proteger a su quarterback y de aprovechar el trabajo del otro lado del balón.

La defensa ha sostenido buena parte del recorrido de los Patriots en los playoffs, en los que ha concedido pocos puntos. Frente a Seattle, su reto será mantener esa solidez sin dar espacios a un ataque capaz de combinar carrera y pase. En un encuentro cerrado, cada tercera oportunidad y cada pérdida de balón pueden inclinar el marcador. Ahí aparece la gran diferencia con la memoria de los años de Brady: este equipo debe encontrar sus propias salidas cuando el partido se atasque.

Seattle, un rival que también llega con cuentas pendientes

Los Seahawks vuelven a cruzarse con los Patriots en un Super Bowl once años después de una derrota que dejó una de las imágenes más recordadas de la competición. El nuevo duelo no enfrenta a las mismas plantillas ni permite trasladar aquel resultado al presente, pero añade una capa de memoria para ambas aficiones. Seattle tiene una historia propia en este cruce y llega a Santa Clara con argumentos que van mucho más allá del deseo de revancha.

Sam Darnold dirige su ataque en su primera temporada con el equipo, después de una trayectoria profesional marcada por cambios de franquicia y expectativas difíciles de cumplir. Su presencia en el Super Bowl modifica la imagen que había acompañado buena parte de su carrera. A su alrededor, Jaxon Smith-Njigba y Cooper Kupp ofrecen opciones de pase, mientras Kenneth Walker aporta el juego de carrera. El equilibrio ofensivo de Seattle obliga a los Patriots a defender tanto los espacios exteriores como el centro del campo.

Mike Macdonald, en su segunda temporada como entrenador principal, ha dado forma a una defensa agresiva y ordenada. Leonard Williams y Ernest Jones destacan entre sus piezas, con Devon Witherspoon y el novato Nick Emmanwori en la secundaria. Su capacidad para presionar y cerrar líneas de pase plantea un examen serio para Maye. Cuando una defensa acorta el tiempo para decidir, cada error pequeño se hace visible: una ruta interrumpida o una protección tardía pueden cambiar una posesión entera.

Seattle aparece como favorito por unos 4,5 puntos en las apuestas previas, una estimación del mercado que no garantiza el desenlace. Tampoco los dos finalistas eran los favoritos indiscutibles al comenzar la temporada. Sus recorridos recuerdan hasta qué punto una campaña puede cambiar cuando encajan el entrenador, el quarterback y la defensa. El pronóstico señala una ventaja para los Seahawks; la disputa real se jugará posesión a posesión.

El séptimo anillo y lo que no decide un solo partido

El Super Bowl LX se juega en el Levi’s Stadium de Santa Clara, con el inicio fijado a las 15.30, hora del Pacífico; en la España peninsular, esa hora corresponde ya a la madrugada del lunes 9 de febrero. El espectáculo del descanso estará encabezado por Bad Bunny, otro foco de atención de una noche que reúne deporte y cultura popular a escala mundial. Pero, para New England, el significado deportivo cabe en una cifra: un triunfo elevaría a siete sus títulos.

Esa posibilidad explica la fuerza del mensaje de Brady a Kraft. Él ya posee siete anillos, aunque uno lo ganó lejos de los Patriots; la franquicia busca el primero sin él desde su salida. Igualar las cifras no haría idénticas ambas historias ni zanjaría las comparaciones entre épocas. Sí daría a los jugadores actuales un logro propio y a los aficionados una imagen nueva junto a las que conservaron de la antigua dinastía. Un título ampliaría el legado del club, no sustituiría el de su exquarterback.

El resultado tampoco determinará si Brady pertenece o no a la historia de Nueva Inglaterra. Ese lugar quedó establecido mucho antes de su comentario en un pódcast y de su publicación en Instagram. La secuencia ha mostrado, más bien, la dificultad de tomar distancia de una identidad compartida durante veinte años. Mientras los Patriots y los Seahawks preparan su encuentro, la última palabra sobre esta nueva etapa la tienen quienes juegan; Brady, por primera vez en un Super Bowl del equipo desde su marcha, la observa desde fuera.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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