Síguenos

Actualidad

Tiroteo en la Universidad de Brown ¿qué pasó y qué se sabe?

(Última actualización 12:23 hora de Madrid). La tarde del sábado 13 de diciembre de 2025 (22.05 en la España peninsular) un tirador abrió fuego en Barus & Holley, el edificio de ingeniería y física de la Universidad de Brown, en Providence (Rhode Island), en plena temporada de exámenes finales.

Publicado

el

Tiroteo en la Universidad de Brown

(Última actualización 12:23 hora de Madrid).  La tarde del sábado 13 de diciembre de 2025 (22.05 en la España peninsular) un tirador abrió fuego en Barus & Holley, el edificio de ingeniería y física de la Universidad de Brown, en Providence (Rhode Island), en plena temporada de exámenes finales. El balance consolidado por las autoridades es de dos estudiantes muertos y nueve heridos por arma de fuego, varios de ellos en situación grave. El presunto autor sigue huido. La universidad decretó una orden de refugio que se extendió a barrios colindantes, mientras un dispositivo masivo —con policía local, Policía Estatal de Rhode Island y equipos federales del FBI y la ATF— rastreaba el histórico College Hill. Horas después, la policía difundió imágenes de videovigilancia de un varón vestido de oscuro, en torno a la treintena, al que señalan como principal sospechoso.

No hay nadie bajo custodia. Un mensaje inicial que sugería una detención fue rectificado por las autoridades en sucesivas comparecencias. La investigación se centra en identificar al agresor, fijar su ruta de llegada y huida y reconstruir, minuto a minuto, lo ocurrido en el interior de Barus & Holley entre las 16.00 y las 17.00 hora local. Las víctimas —según confirmó la universidad— son estudiantes; nueve fueron trasladadas a Rhode Island Hospital, el centro de referencia de la capital del estado, y un décimo afectado sufrió lesiones por esquirlas cercanas al tiroteo. La presidenta de Brown, Christina H. Paxson, habló de “un día profundamente trágico” y ofreció apoyo académico y psicológico inmediato a la comunidad.

Lo ocurrido dentro del campus y la respuesta en tiempo real

Barus & Holley es un bloque clave de la School of Engineering y del área de Física de Brown; aulas, laboratorios, salas de ordenadores, pasillos largos con varias salidas a nivel de calle. A primera hora de la tarde, cuando aún había estudiantes repasando temarios y entregando prácticas, se escucharon los primeros disparos. A las 16.05, el Ayuntamiento de Providence y la universidad registran los primeros avisos al 911 y los sistemas internos de emergencia envían una alerta contundente al móvil de alumnos y personal: bloquear puertas, silenciar teléfonos, buscar coberturas seguras. La consigna de “shelter in place” —refúgiate donde estés— se activó para todo el campus.

En los minutos siguientes, el ruido informativo fue intenso. Se reportaron posibles detonaciones cerca de Governor Street, una vía inmediata al perímetro universitario, que activaron nuevos cierres de calles. Los equipos tácticos entraron por varias puertas de Barus & Holley, despejando plantas y evacuando zonas ya aseguradas. La escena, descrita por estudiantes y profesores, mezcla incredulidad y reflejos adquiridos en simulacros: luces apagadas, muebles pegados a puertas, grupos en espacios sin ventanas. La Policía de Providence pidió a vecinos y comercios colindantes que bajaran persianas y evitaran grabar o difundir imágenes que delataran posiciones de los agentes. Al mismo tiempo, Rhode Island State Police fijó un perímetro amplio con controles de acceso por las arterias de College Hill.

La rectificación sobre una supuesta detención llegó relativamente pronto. Un mensaje de redes, amplificado por medios locales, indujo a pensar que había un sospechoso bajo custodia; no era así. De ahí en adelante, los portavoces insistieron en dos ideas: no hay evidencia de más de un atacante y el individuo que aparece en vídeo —varón, de oscuro, con referencias a una posible mascarilla de camuflaje— es el foco de la cacería policial. La noche dejó imágenes de agentes escortando a grupos de estudiantes entre edificios y acordonando calles residenciales donde los campus se funden con la ciudad.

Víctimas, hospital y el estado clínico comunicado

Las autoridades y la dirección del hospital han ofrecido un cuadro médico que fue actualizándose a lo largo de la noche. Los dos fallecidos son estudiantes de Brown, a la espera de notificación formal a las familias para publicar sus nombres. Entre los nueve heridos por arma de fuego hay varios en estado crítico, con estabilizaciones progresivas durante la madrugada. El hospital detalló que, a última hora del sábado, seis pacientes permanecían críticos pero estables, uno estaba crítico y dos se encontraban en situación estable. Se sumó un caso adicional con lesiones por fragmentos —sin impacto de bala— que, según especificó el Ayuntamiento, no revestía gravedad.

La universidad ha activado su red de apoyo psicológico y de acompañamiento académico: reprogramación de exámenes, plazos de entregas ampliados, tutorización individual, servicios de capellanía y atención 24/7 para quien lo necesite. En el Main Green y frente a Barus & Holley comenzaron a aparecer velas y mensajes de recuerdo, una estampa que, por desgracia, la comunidad universitaria estadounidense conoce demasiado bien. A primera hora del domingo, Brown pidió evitar concentraciones multitudinarias en el perímetro del edificio de ingeniería, aún bajo custodia policial y de forenses.

El sospechoso: el vídeo difundido y la búsqueda en College Hill

La pieza visible de la investigación es el vídeo que difundieron las autoridades: un hombre vestido de negro, que aparenta unos treinta años, saliendo del área del ataque con paso decidido. No se han facilitado rasgos faciales nítidos, en parte por la calidad de la imagen y por la referencia —que algunos testigos mencionan— a una mascarilla con estampado de camuflaje. La Policía de Providence y la Policía Estatal pidieron a cualquiera con imágenes de cámaras domésticas o de comercios en torno al campus que las suba a los canales habilitados por el FBI. Se trata de reconstruir una línea temporal que ubique al sospechoso antes, durante y después del tiroteo: por qué puerta entró, por dónde salió, si llegó a pie o en vehículo, si contó con apoyo.

El dispositivo desplegado es extraordinario para una ciudad del tamaño de Providence. Fuentes municipales y estatales hablaron de más de 400 agentes implicados en el rastreo, con equipos que peinaron calle a calle el entramado de College Hill. El mensaje del alcalde Brett P. Smiley fue claro: la orden de refugio se mantendría mientras el perímetro no estuviera asegurado y no era conveniente circular por la zona salvo necesidad. Daniel McKee, gobernador de Rhode Island, compareció junto al alcalde y a responsables de Brown para confirmar recursos estatales, refuerzo de patrullas y coordinación con agencias federales.

La comunicación oficial: alertas, correcciones y nombres propios

El sistema de alertas de Brown funcionó con mensajes concisos al móvil de la comunidad universitaria. “Encierra, silencia, cúbrete”, una cartilla que, pese a lo duro de su lectura, salva vidas cuando los minutos cuentan. Desde el consistorio, el equipo del alcalde Smiley actualizaba cortes de tráfico y puntos calientes del operativo. La presidenta Christina H. Paxson intervino en la noche con un tono sobrio: duelo por los estudiantes fallecidos, gratitud a quienes siguieron el protocolo y compromiso con la recuperación académica y emocional del campus. Es previsible que el domingo se sucedan nuevas comunicaciones internas con indicaciones sobre reanudación de actividades, accesos a edificios y servicios de apoyo.

El flujo informativo incluyó esa corrección clave sobre la inexistencia de detenidos, que corta bulos y evita decisiones arriesgadas por parte de vecinos ansiosos de “volver a la normalidad”. En episodios de esta intensidad, la precisión importa tanto como la rapidez. La experiencia demuestra que una sola frase poco pulida —“hay un sospechoso retenido”— se propaga a toda velocidad y cuesta frenarla. A partir de ese punto, la línea oficial se mantuvo firme: un tirador identificado en vídeo, ningún arresto, cooperación plena entre cuerpos y pedido de colaboración para obtener materiales gráficos y testimonios.

Qué se está investigando: del rastro balístico al objetivo del ataque

El trabajo dentro de Barus & Holley quedó en manos de unidades forenses y de balística. Los agentes recogieron vainas en el interior, un rastro que ayuda a precisar el calibre y la cadencia de disparo, y a inferir si el tirador recargó. Con esa información se cotejan referencias en bases de datos nacionales, lo que permite conectar armas recuperadas en otros casos o en incautaciones previas. El arma empleada, según las primeras valoraciones, sería una pistola; la confirmación exacta llegará con los análisis.

Otra línea central es el mapa humano del edificio durante la franja del ataque: qué exámenes o prácticas se estaban celebrando, qué aulas estaban abiertas, qué personas se movían por pasillos y laboratorios. El objetivo es responder una pregunta determinante: ¿se trató de un ataque indiscriminado o el tirador buscaba un objetivo concreto —una persona, un grupo, un aula— y disparó a quienes estaban en su camino? De ese matiz dependen medidas inmediatas y decisiones de seguridad a medio plazo. En paralelo, los investigadores rastrean compras recientes de armas o munición en el área metropolitana, revisan lectores de matrículas y cruzan cientos de horas de vídeo procedente de cámaras públicas y privadas.

El edificio en sí condiciona parte del análisis. Barus & Holley es un edificio poroso: gran afluencia, múltiples accesos, tránsito continuo incluso en fin de semana cuando hay exámenes, talleres o sesiones de repaso. Ese diseño, tan funcional en la vida académica, complica un cierre hermético en minutos. La investigación prestará atención a puntos de embudo —escaleras, puertas laterales, pasillos estrechos— para entender por dónde se oyeron los primeros disparos, dónde se concentraron las víctimas y por qué rutas evacuaron los equipos de emergencia.

Brown, Providence y la dimensión de lo ocurrido

Brown es una de las ocho universidades de la Ivy League, y su campus se funde con las calles de College Hill: ladrillo rojo, casas históricas, cafés a pie de acera, un flujo continuo de estudiantes y vecinos. Ese costado amable de la vida universitaria se vuelve frágil en una emergencia: muchos accesos, demasiadas esquinas desde las que puede llegar un peligro. La política de control de armas de Rhode Island es, en términos comparativos, más estricta que la de otros estados; el debate reaparece cada vez que una tragedia golpea un espacio educativo. Anoche, más que consignas, emergieron demandas concretas en boca de alumnos y profesores: revisar cierres y accesos en época de exámenes, reforzar presencia de seguridad en fines de semana, mejorar la señalización de zonas seguras dentro de los edificios de alta afluencia.

La ciudad, por su parte, funcionó como coordinador de un operativo con múltiples capas. Desde el despacho del alcalde Smiley y con el respaldo del gobernador McKee, se garantizó la llegada de refuerzos, se ordenaron controles en los accesos de College Hill y se aseguraron rutas para ambulancias hacia Rhode Island Hospital. Esa coreografía —aparentemente aséptica— tiene un impacto muy humano: comercios que echan la verja con clientes dentro, familias que reciben mensajes de hijos atrincherados en un aula, vecinos que no pueden volver a casa hasta que un agente se lo autoriza. A lo largo de la tarde y la noche, Providence fue una ciudad en vilo.

Qué cambia a partir de hoy en el campus y qué permanece pendiente

El domingo amaneció con el campus en modo precaución. Barus & Holley permanece cerrado como escena de crimen, con acceso exclusivo para forenses y equipos de investigación. Las autoridades académicas anticiparon flexibilidad en plazos y evaluaciones: reprogramación de exámenes, opciones alternativas para trabajos y prácticas, dispensas justificadas para quien necesite tiempo. La red de salud mental —profesionales de la universidad y servicios concertados— refuerza turnos. Habrá vigilias y actos de recuerdo cuando la policía marque que es seguro realizarlos; se pide que los memoriales espontáneos no obstruyan vías de acceso a edificios o centros médicos.

Desde el punto de vista operativo, el campus revisará protocolos. No con titulares huecos, sino con medidas que se discuten a puerta cerrada y se aplican con precisión: control de accesos los fines de semana de exámenes, refuerzo de personal en edificios críticos, pruebas de comunicación internas para verificar que todos reciben alertas en segundos, simulacros específicos para laboratorios o salas de informática con gran afluencia. Nada de esto repara pérdidas, pero acota riesgos. Providence, ciudad universitaria por antonomasia, también reevalúa su convivencia con los campus: iluminación, cámaras públicas, rutas de patrulla, coordinación con asociaciones vecinales.

Nombres propios y mensajes oficiales que han marcado las últimas horas

En la primera línea institucional aparecen Brett P. Smiley, alcalde de Providence; Daniel McKee, gobernador de Rhode Island; y Christina H. Paxson, presidenta de Brown. Smiley fijó la cronología inicial con un dato concreto: el primer aviso a las 16.05. McKee garantizó el apoyo del estado y pidió paciencia a una ciudadanía que, en diciembre y con calles comerciales llenas, vivió una tarde de cierres. Paxson, con el peso de hablarle a una comunidad que ha perdido a dos compañeros, ordenó prioridades: seguridad, acompañamiento a víctimas y familias, y transparencia en la información a medida que la policía lo autorice.

En el plano policial, el jefe del Providence Police Department y mandos de la Policía Estatal detallaron la activación de una línea de sugerencias específica y el uso del portal digital del FBI para recopilar vídeos y fotografías. Se trata de una vía esencial para encajar piezas: un corte de cámara que muestre una matrícula, una imagen de entrada o salida del sospechoso, un testimonio sobre movimientos en minutos clave. Las autoridades han pedido enfáticamente no difundir rumores, no compartir imágenes que puedan comprometer posiciones de agentes y respetar zonas acordonadas aunque el perímetro parezca excesivo desde fuera.

Dudas razonables y certezas a 24 horas del ataque

A esta hora, no se ha comunicado el móvil del ataque ni la identidad del tirador. Tampoco hay confirmación pública de vínculos con la universidad o con alguna de las personas presentes en Barus & Holley. Hay datos firmes, sí, que sostienen la narración: dos estudiantes muertos, nueve heridos por arma de fuego con evoluciones diversas; el ataque ocurrió dentro del edificio de ingeniería y física; el primer aviso se registró a las 16.05; el autor no está detenido y existe un vídeo que lo sitúa saliendo del área. También es firme que la orden de refugio se levantará solo cuando los responsables de seguridad lo estimen seguro y que la escena permanecerá blindada hasta completar tomas y peritajes.

La lista de preguntas se reduce a unas pocas que atañen al corazón de la investigación: ¿planeó el agresor su entrada y salida o improvisó? ¿Tenía un objetivo concreto o disparó de modo indiscriminado? ¿Actuó solo? ¿Dejó rastro digital en los días previos —compras, consultas, visitas— que lo delate? En ese terreno, lo prudente es esperar a los hechos. La policía ha recuperado indicios balísticos, hay testigos y hay vídeos; la combinación de esas tres fuentes suele bastar para nombrar a un sospechoso en horas o días.

Lo que se ha sabido del escenario y sus particularidades

Barus & Holley no es un edificio cualquiera. Es una pieza histórica del corazón científico de Brown, adosado a ampliaciones recientes como el Engineering Research Center. Quien ha estado dentro recuerda la retícula de aulas, laboratorios y salas de ordenadores, y esa mezcla de generaciones arquitectónicas que crea rutas múltiples de paso. En una tarde de exámenes, con puertas abiertas para tutorías o repasos, ese ecosistema tiene mucha gente y mucha movilidad. La investigación mira con lupa dónde comenzó el tiroteo, qué planta y qué pasillo, y cómo se distribuyó el fuego. Es de ahí de donde nacerán decisiones de arquitectura de seguridad que afectarán a horarios, controles y pautas de uso.

La otra particularidad es College Hill como entorno urbano inmediato. Es un barrio residencial con una densidad notable de cámaras privadas en portales y comercios. Eso, que complica la intimidad en la vida cotidiana, acelera investigaciones como esta: en pocas horas, un equipo es capaz de trazar mapas de movimiento con precisión de manzana. Por eso el llamamiento a subir material digital es tan insistente: cada clip recorta el margen de fuga del sospechoso.

Puntos firmes mientras la investigación sigue su curso

La información verificada deja un cuadro tan sobrio como contundente: dos estudiantes han sido asesinados y nueve personas han resultado heridas por disparos en el edificio Barus & Holley de la Universidad de Brown; el sospechoso sigue huido y existe un vídeo con su imagen saliendo del área; el campus y la ciudad activaron un dispositivo de emergencia que llegó a movilizar centenares de agentes; las víctimas fueron atendidas en Rhode Island Hospital con varios casos críticos; la universidad ha puesto en marcha un plan de apoyo académico y psicológico. Lo que falta —el quién con nombres y apellidos, el por qué, el detalle último de la ruta del tirador— dependerá de las próximas horas de trabajo policial y forense. Hasta entonces, conviene atenerse a los hechos confirmados, evitar rumores y dejar que la investigación, que ya tiene material balístico y testigos clave, haga lo que sabe hacer: ordenar datos, atar cabos y llevar a un arresto que la comunidad espera cuanto antes.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído