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¿Quién juega hoy en Roland Garros 3 de junio? Programa completo

Roland Garros entra en cuartos con Sabalenka, Berrettini, Chwalinska y el programa completo para seguir una jornada de París llena de nervio.

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Roland Garros 3 de junio

Roland Garros entra este miércoles 3 de junio en una de esas jornadas que separan el ruido de la sustancia: cuartos de final, plazas de semifinal en juego y una pista Philippe-Chatrier que empieza a oler a víspera de final, aunque todavía queden trampas, piernas cansadas y alguna pelota que bota mal. El programa grande del día reúne a Anna Kalinskaya contra Maja Chwalinska, Aryna Sabalenka contra Diana Shnaider, Félix Auger-Aliassime contra Flavio Cobolli y, como sesión nocturna, el duelo italiano entre Matteo Berrettini y Matteo Arnaldi, previsto no antes de las 20:15. En España, la jornada se puede seguir por Eurosport y HBO Max, con el matiz de siempre en París: el horario real depende de cuánto se alarguen los partidos anteriores. La tierra batida no mira el reloj; lo mastica.

La noticia deportiva ya trae una sacudida importante: Maja Chwalinska, jugadora llegada desde la fase previa, ha derrotado a Anna Kalinskaya por 7-6(3) y 6-3 y se ha metido en semifinales, una rareza preciosa en el tenis moderno, donde casi todo parece medido por el ranking, el equipo, el músculo y el presupuesto. Roland Garros, sin embargo, se ha permitido abrir una ventana. Una polaca de 24 años, discreta hasta hace nada para el gran público, ha pasado de invitada inesperada a protagonista central de París.

El programa completo del 3 de junio en París

La jornada oficial del 3 de junio pertenece a los cuartos de final individuales masculinos y femeninos, además de partidos de dobles, tenis en silla, juniors y otras pruebas del torneo. El cuadro principal de Roland Garros se disputa del 24 de mayo al 7 de junio, con la final femenina prevista para el sábado 6 y la masculina para el domingo 7. Esta parte del calendario ya no admite paseos: cada partido es una frontera. Quien gana entra en la conversación del título; quien pierde empieza a hablar de aprendizaje, de detalles, de temporada larga. Es el idioma diplomático de la derrota.

En la Philippe-Chatrier, el orden de juego fijaba el arranque a las 11:00, con Kalinskaya-Chwalinska como primer partido del día. Después llegaba Sabalenka-Shnaider, luego Auger-Aliassime-Cobolli y, en la sesión nocturna, Berrettini-Arnaldi, marcado oficialmente como partido no antes de las 20:15. En la Suzanne-Lenglen, el foco español estaba en el dobles: Marcel Granollers y Horacio Zeballos, primeros cabezas de serie, frente a Hugo Nys y Édouard Roger-Vasselin, no antes de las 12:00. No es un detalle menor: Granollers lleva años siendo una de esas figuras españolas que no ocupan portadas de neón, pero sostienen una carrera de altísima precisión, como quien afila cuchillos en silencio.

El orden del día, traducido a lectura rápida para el aficionado español, tiene tres capas. Primero, la historia improbable de Chwalinska, que ya ha explotado la jornada. Segundo, la pregunta sobre Sabalenka, número uno y gran martillo del cuadro femenino, obligada a jugar con autoridad pero también con paciencia, porque Shnaider no es una figurante. Tercero, el bloque masculino, donde Auger-Aliassime busca confirmar jerarquía y el tenis italiano asegura al menos un semifinalista con Berrettini o Arnaldi. Italia, quién lo iba a decir hace no tantos años, ha convertido París en una sucursal ruidosa de su tenis. No solo pizza, ópera y política creativa; también restos, derechas y cabezas que compiten sin pedir perdón.

Chwalinska rompe el guion y cambia la previa femenina

Lo de Chwalinska no es una nota de color: es el titular subterráneo del torneo. Llegó desde la fase previa, ganó ocho partidos consecutivos en París contando clasificación y cuadro principal, y en cuartos superó a Kalinskaya con un tenis más artesanal que brutal. No hay en su raqueta esa violencia moderna que parece salir de un gimnasio con luces blancas; hay otra cosa, más vieja y más bonita: variación, lectura, mano. Pelotas que no corren tanto, pero muerden. Cambios de altura. Paciencia. La inteligencia como pegamento.

Su triunfo por 7-6(3) y 6-3 tiene un valor doble. Deportivo, porque la instala en unas semifinales de Grand Slam por primera vez. Simbólico, porque recuerda que el tenis, pese a su maquinaria cada vez más científica, todavía puede producir una grieta narrativa. Una jugadora fuera del escaparate grande, con una carrera mucho menos reluciente que la de las candidatas habituales, entra en la zona noble de Roland Garros. Hay días en los que el ranking parece una escritura sagrada. Y luego aparece alguien desde la previa y lo deja como una servilleta mojada.

La semifinal que se le abre será, muy probablemente, un salto de montaña. Si Sabalenka confirma su favoritismo ante Shnaider, Chwalinska tendrá enfrente a la jugadora con más peso de bola del cuadro, una tenista que convierte cada intercambio cómodo en un pequeño procedimiento administrativo: firma, sello y punto para casa. Pero la polaca ya ha demostrado algo que conviene no despreciar: no necesita dominar para incomodar. Puede perder potencia y ganar tiempo; puede no pegar más fuerte y aun así meter al rival en un pasillo estrecho. En tierra batida, eso importa. Mucho.

Sabalenka contra Shnaider: poder, viento y una favorita bajo vigilancia

El partido entre Aryna Sabalenka y Diana Shnaider llega con un aroma claro: Sabalenka es favorita, pero no puede jugarlo como si el cuadro se arrodillara por educación. La número uno tiene una ventaja evidente en potencia, peso de saque y capacidad para cerrar puntos desde posiciones incómodas. Cuando entra en ritmo, el partido se vuelve vertical, duro, casi industrial. Su derecha no pregunta; empuja la puerta.

Shnaider, por su parte, necesita justo lo contrario: ensuciar. Cambiar direcciones, variar alturas, obligar a Sabalenka a golpear una bola más y otra más, buscar esas fases en las que la bielorrusa puede confundir agresividad con prisa. El viento, habitual invitado maleducado en París, puede jugar aquí un papel curioso. Para la pegadora más potente, las condiciones incómodas son una molestia; para la jugadora que quiere romper ritmo, pueden ser una coartada útil. La pista no decide sola, claro. Pero a veces susurra.

El pronóstico deportivo favorece a Sabalenka, y no por inercia de ranking, sino por estructura de juego. Tiene más formas de ganar puntos cortos, más autoridad al resto y más margen cuando el partido se acelera. Shnaider necesita un encuentro casi perfecto: buen porcentaje de primeros, mucha lucidez en los segundos golpes y una resistencia mental alta para no mirar el marcador como quien mira una factura de la luz. Si el partido se convierte en una pelea de golpes limpios desde el fondo, Sabalenka sale beneficiada. Si se vuelve irregular, áspero, con pausas y dudas, Shnaider tiene una rendija.

Auger-Aliassime y Cobolli: el partido que puede partir el cuadro masculino

El duelo entre Félix Auger-Aliassime y Flavio Cobolli es, probablemente, el más interesante del día para quien mira más allá del cartel. Auger-Aliassime llega como cuarto cabeza de serie, con el empaque de quien ya lleva años instalado en la élite, aunque su relación con los grandes torneos haya sido, a ratos, una conversación incompleta. Tiene saque, físico, aceleración y una derecha capaz de abrir pista de manera brutal. Cuando juega suelto, parece que la pelota pesa menos en su raqueta que en la del rival.

Cobolli, décimo cabeza de serie, trae otra música. Más tierra. Más paciencia. Más oficio de arcilla. El italiano no necesita pintar líneas desde el primer golpe; puede construir, trabajar la diagonal, esperar el desequilibrio. Ese verbo, esperar, tan poco glamuroso y tan decisivo en Roland Garros. Frente a Auger-Aliassime, su gran tarea será impedir que el canadiense juegue siempre con los pies dentro de la pista. Si Félix manda pronto, Cobolli irá a remolque. Si Cobolli logra alargar los puntos, mezclar alturas y cargar sobre el revés, el partido puede volverse una tarde larga, de esas que dejan sal en la camiseta y dudas en la cabeza.

El pronóstico aquí es menos limpio. Auger-Aliassime tiene más jerarquía y más recursos para resolver con autoridad, pero Cobolli parece más natural en una batalla lenta de tierra. La lectura razonable apunta a partido largo, cuatro sets como mínimo si ambos sostienen su nivel, con ligera ventaja para Auger-Aliassime si sirve bien y protege sus turnos iniciales. Pero hay una condición: no puede regalar un set de desconexión, esa pequeña siesta competitiva que en Grand Slam se paga como hotel de lujo. Cobolli, con público italiano siempre dispuesto a convertir cualquier grada en una plaza, no va a devolver favores.

La presencia de tres italianos en cuartos masculinos es también un dato de época. No es casualidad ni flor de un día. Italia ha construido profundidad, calendario, cultura competitiva y una generación que ya no se conforma con tener un gran nombre aislado. La ausencia prematura de Jannik Sinner no ha vaciado el cuadro italiano; lo ha vuelto más coral. Berrettini, Arnaldi y Cobolli han tomado el relevo narrativo, cada uno a su manera: el cañón, el resistente, el emergente. París les ha dado una mesa. Y ellos han traído cubiertos.

Berrettini-Arnaldi: un duelo italiano con más nervio que nostalgia

El partido nocturno entre Matteo Berrettini y Matteo Arnaldi tiene algo de escena doméstica puesta bajo focos internacionales. Dos italianos, una plaza de semifinal, la Chatrier de noche y ese horario de “no antes de las 20:15” que en Roland Garros significa: prepárese, pero no se acomode demasiado. Berrettini representa la potencia reconocible, el saque pesado, la derecha que cae como una puerta de garaje. Arnaldi, más ligero en el imaginario del gran público, llega con una resistencia competitiva notable y muchas horas de pista acumuladas. No siempre gana el más fresco; a veces gana el que ya ha aprendido a sufrir sin hacer teatro.

Berrettini tiene el camino claro: imponer saque, acortar intercambios, atacar con derecha y evitar que el partido se convierta en una mudanza. Si Arnaldi consigue meterle en peloteos largos, moverle hacia el revés y obligarle a defender en carrera, el asunto cambia. La tierra batida perdona menos a los jugadores que necesitan ganar rápido. Les deja ganar, sí, pero les exige peaje. París es muy educada con las estrellas, hasta que se cansa.

El pronóstico concede una ligera ventaja a Berrettini por pegada, experiencia y capacidad para decidir con el servicio en momentos de presión. Pero el apellido Arnaldi no aparece aquí por sorteo simpático. Ha resistido, ha competido y ha sobrevivido a partidos duros. Si la noche se alarga, si Berrettini baja el porcentaje de primeros o si empieza a sentirse menos cómodo en desplazamientos laterales, Arnaldi puede convertir el duelo en una pregunta incómoda. De esas que no se resuelven con una derecha bonita.

Para el espectador neutral, este partido tiene un atractivo evidente. No solo por el pasaporte compartido, sino por el contraste. Berrettini juega con una estética más directa, más reconocible, casi de tenis de hierba adaptado a la arcilla: saque, derecha, golpe definitivo. Arnaldi propone una supervivencia más elástica, menos aparatosa. Uno busca imponer; el otro, desgastar. Uno quiere que el punto dure poco; el otro acepta vivir dentro del punto. En Roland Garros, ese tipo de choque suele dejar verdad. Y alguna mueca.

Dónde ver Roland Garros hoy en España

En España, Roland Garros se puede ver en Eurosport y a través de HBO Max con el plan deportivo correspondiente. La cobertura incluye los partidos del torneo en directo, con especial atención a la pista Philippe-Chatrier y a los encuentros principales del día. La emisión depende, como siempre, de la programación en directo y de la duración de cada partido, porque el tenis no cabe del todo en una parrilla televisiva. Se anuncia una hora, luego un primer set se alarga 72 minutos, aparece un 5-5, alguien pide fisio, otro salva tres bolas de break y la tarde ya va por libre.

Para seguir la jornada sin perderse, lo más práctico es tener presente la secuencia: primero el resultado de Chwalinska ante Kalinskaya, después Sabalenka-Shnaider, a continuación Auger-Aliassime-Cobolli y por la noche Berrettini-Arnaldi. El partido de Granollers y Zeballos en dobles añade interés español en la Suzanne-Lenglen, aunque no siempre reciba el mismo escaparate que los individuales. Mal hecho, por cierto. El dobles es una disciplina de reflejos, ángulos y lectura inmediata; tenis de ajedrecista con muñeca rápida. Pero la industria suele mirar hacia donde brillan los nombres más grandes.

El horario español coincide con el local de París, así que no hay que hacer cálculos raros ni recurrir a esa gimnasia mental tan típica de los Grand Slam oceánicos. Aquí todo se mueve en hora peninsular española. La jornada arranca a las 11:00, los partidos se encadenan en la central y la sesión nocturna está marcada para no comenzar antes de las 20:15. La frase “no antes de” es importante: no significa “a las 20:15”, significa que jamás empezará antes, aunque puede hacerlo después. Mucho después, si la tarde decide ponerse literaria.

El foco español: Granollers y el dobles que merece más ruido

La presencia de Marcel Granollers junto a Horacio Zeballos mantiene un hilo español en una jornada que, en el cuadro individual, ya no tiene el mismo peso nacional tras la eliminación de Rafa Jódar ante Alexander Zverev en cuartos. El joven español dejó una actuación de las que no se miden solo por el marcador: competir ante un jugador consolidado, ponerle en dificultades en el primer set y salir de París con la sensación de que el nivel existe. Luego el tenis profesional, que no es precisamente una ONG sentimental, le recordó que los partidos se cierran, no se decoran. Zverev avanzó y se medirá a Jakub Mensik en semifinales.

Granollers y Zeballos, mientras tanto, compiten en otro carril, menos mediático pero de enorme exigencia. En dobles no hay tiempo para componer una tragedia personal después de un error; la pelota vuelve enseguida, el rival se te echa encima, la red parece respirar. Su partido ante Nys y Roger-Vasselin es uno de esos cruces que pueden decidirse por dos restos, una volea baja y un juego de saque jugado con las pulsaciones en la garganta. No suena tan cinematográfico como un quinto set individual, pero tiene una tensión quirúrgica. Un bisturí en lugar de una espada.

Favoritos, trampas y lectura del día

El gran nombre femenino sigue siendo Aryna Sabalenka. No solo por ranking, también por el modo en que su tenis se adapta a los escenarios grandes: saque fuerte, golpeo plano, capacidad para cambiar defensa por ataque en un segundo. La incógnita, en su caso, no suele ser si tiene armas, sino cómo gestiona los tramos en los que esas armas pesan demasiado. Sabalenka puede ganar por demolición, pero también puede abrir puertas si encadena errores. Shnaider necesita mirar justo ahí, no al nombre, no al ranking, sino a los minutos vulnerables.

En el cuadro masculino, la situación está más abierta de lo que sugeriría una lectura superficial. Zverev ya está en semifinales, Mensik también, y del bloque de este miércoles saldrá el resto de la arquitectura. Auger-Aliassime tiene tenis para colocarse entre los candidatos, aunque su candidatura necesita una victoria convincente ante Cobolli. Berrettini, si gana a Arnaldi, añadiría una historia de regreso físico y competitivo que siempre seduce en los Grand Slam. Arnaldi y Cobolli, por su parte, encarnan otra cosa: la nueva profundidad italiana, jugadores que ya no aparecen como comparsa de una gran figura nacional, sino como amenazas reales.

El pronóstico general de la jornada deja una foto con matices: Sabalenka parte como favorita clara ante Shnaider; Auger-Aliassime tiene una ventaja leve por jerarquía, aunque Cobolli puede inclinar el partido si lo convierte en una pelea de tierra; Berrettini aparece un paso por delante de Arnaldi por saque y experiencia, pero no tanto como para caminar tranquilo. La sorpresa ya la puso Chwalinska. Y conviene no abusar de la palabra sorpresa, porque en el deporte se usa a veces para ocultar pereza analítica. Algunas sorpresas son simplemente jugadores buenos a los que nadie estaba mirando.

Roland Garros, a estas alturas, ya no premia solo el talento. Premia la digestión del cansancio. La manera de gestionar una ventaja. El modo en que un jugador acepta perder tres juegos seguidos sin incendiar su plan. La tierra batida exige paciencia, pero no paciencia de postal, sino paciencia sucia: resbalar, repetir, fallar, volver, mancharse los calcetines y seguir pensando. Quien confunde París con un escaparate suele durar poco. Quien entiende que es una obra larga, con barro bajo las uñas, empieza a tener opciones.

París no perdona los atajos

La jornada del 3 de junio en Roland Garros deja una mezcla potente: programa de cuartos, favoritos bajo examen, televisión clara para España y una historia inesperada que ya ha cambiado el tono del día. Chwalinska se ha ganado una semifinal desde la fase previa, Sabalenka busca confirmar que su condición de número uno no es solo una etiqueta, Auger-Aliassime tiene ante Cobolli una prueba de madurez y Berrettini-Arnaldi cerrará la noche con un duelo italiano cargado de nervio. Todo ocurre en ese territorio tan francés y tan cruel donde el tenis parece más lento, pero decide igual de rápido.

Quien quiera ver solo nombres grandes tendrá nombres grandes. Quien quiera mirar un poco mejor encontrará algo más: una jugadora que viene de abajo y ya está entre las cuatro mejores, un dobles español con oficio de alta relojería, un tenis italiano que ya no cabe en una sola figura y un cuadro masculino sin dueño absoluto. Roland Garros, cuando entra en esta fase, deja de ser una sucesión de partidos y se convierte en una criba moral. No gana siempre el más brillante. Gana quien aguanta el polvo en los ojos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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